EL PORQUE DE ESTA PAGINA
 
 
Se ha dicho que el mejor producto de exportación de Nicaragua es su poesía. Y toda nuestra mejor poesía, y por qué no, nuestra misma nicaraguanidad nacen y se fundamentan en Rubén Darío. Por tanto, esta página literaria quiere rendir homenaje al "paisano inevitable". Quiere darlo a conocer. Dar a conocer a Darío mediante su poesía. Darío pronosticó que un día su poesía, indefectiblemente, iría a las muchedumbres. Valga esta humilde página y esta todo-abarcante tecnología para intentarlo.
 
 
 
 
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ANTOLOGÍA DE POESÍA DARIANA

EPÍSTOLAS Y POEMAS
LA CABEZA DEL RAWÍ

ABROJOS
Día de dolor
¿Cómo decía usted, amigo mío?
Primero, una mirada
Lloraba en mis brazos vestida de negro
¿Que lloras? Lo comprendo.
Yo era un joven de espíritu inocente.
Cuando cantó la culebra,
Cuando la vio pasar el pobre mozo
Lodo vil que se hace nube
Vamos por partes:
¿Que por qué así? No es muy dulce

RIMAS
Voy a confiarte, amada
¿Que no hay alma? ¡Insensatos!
El ave azul del sueño

AZUL...
AUTUMNAL
CAUPOLICÁN
VENUS

PROSAS PROFANAS Y OTROS POEMAS
ITE, MISSA EST
SONATINA
YO PERSIGO UNA FORMA
EL REINO INTERIOR
COLOQUIO DE LOS CENTAUROS

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA ,
LOS CISNES Y OTROS POEMAS


CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA
SALUTACIÓN DEL OPTIMISTA
LOS CISNES
LETANÍA DE NUESTRO SEÑOR DON QUIJOTE
MARCHA TRIUNFAL
NOCTURNO
ALLÁ LEJOS
A ROOSEVELT
NOCTURNO
DE OTOÑO
LO FATAL

EL CANTO ERRANTE

NOCTURNO
EPÍSTOLA
CAMPOAMOR

POEMA DEL OTOÑO Y OTROS POEMAS

RETORNO
A MARGARITA DEBAYLE

CANTO A LA ARGENTINA Y OTROS POEMAS

LOS MOTIVOS DEL LOBO
LA CARTUJA

OBRA DISPERSA

LA CALUMNIA
DEL TRÓPICO
DIVAGACIONES
TRISTE, TRISTEMENTE


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EPÍSTOLAS Y POEMAS



LA CABEZA DEL RAWÍ

I
¿Cuentos quieres, niña bella?
Tengo mucho que contar:
de una sirena del mar,
de un ruiseñor y una estrella,
de una cándida doncella
que robó un encantador,
de un gallardo trovador
y de una odalisca mora,
con sus perlas de Bassora
y sus chales de Labor.

II
Cuentos dulces, cuentos bravos,
de damas y caballeros,
de cantores y guerreros,
de señores y de esclavos;
de bosques escandinavos
y alcázares de cristal;
cuentos de dicha inmortal,
divinos cuentos de amores
que reviste de colores
la fantasía oriental.

III
Dime tú ¿de cuáles quieres?
Dicen gentes muy formales
que los cuentos orientales
les gustan a las mujeres;
así, pues, si ésos prefieres
verás colmado tu afán,
pues sé un cuento musulmán
que sobre un amante versa,
y me lo ha contado un persa
que ha venido de Hispahán.

IV
Enfermo del corazón
un gran monarca de Oriente,
congregó inmediatamente
los sabios de su nación;
cada cual dio su opinión,
y sin hallar la verdad
en medio de su ansiedad,
acordaron en consejo
llamar con presura a un viejo
astrólogo de Bagdad.

V
Emprendió viaje el anciano;
llegó, miró las estrellas;
supo conocer en ellas
la cuita del soberano;
y adivinando el arcano
como viejo sabidor,
entre el inmenso estupor
de la cortesana grey,
le dijo al monarca: !Oh Rey!
Te estás muriendo de amor.

VI
Luego, el altivo monarca,
con órdenes imperiosas
llama a todas las hermosas
mujeres de la comarca
que su poderío abarca;
y ante el viejo de Bagdad,
escoge su voluntad
de tanta hermosura en medio,
la que deba ser remedio
que cure su enfermedad.

VII
Allí ojos negros y vivos;
bocas de morir al verlas,
con unos hilos de perlas
en rojo coral cautivos;
allí rostros expresivos,
allí como una áurea lluvia
una cabellera rubia;
allí el ardor y la gracia,
y las siervas de Circasia
con las esclavas de Nubia.

VIII
Unas bellas adornadas
con diademas en las frentes,
con riquísimas pendientes
y valiosas arracadas;
otras con telas preciadas
cubriendo su morbidez;
y otras de marmórea tez,
bajas las frentes, y mudas,
completamente desnudas
en toda su esplendidez.

IX
En tan preciosa revista,
ve el Rey una linda persa
de ojos bellos y piel tersa,
que al verle baja la vista;
el alma del Rey conquista
con su semblante la hermosa;
y agitada y ruborosa
tiembla llena de temor
cuando el altivo Señor
le dice: Serás mi esposa.

X
Así fue. La joven bella
de tez blanca y negros ojos,
colmó los reales antojos
y el Rey se casó con ella.
¿Feliz diras, tal estrella,
Emelina? No fue así:
no es feliz la Reina allí
la linda persa agraciada,
porque ella está enamorada
de Balzarad el rawí.

XI
Balzarad tiene en verdad
una guzla en la garganta,
guzla dúlcida que encanta
cuanda canta Balzarad;
viole un día la beldad
y oyó cantar al rawí;
de sus labios de rubí
brotó un suspiró temblante...
Y Balzarad fue el amante
de la celestial hurí.

XII
Por eso es que triste se halla
siendo del monarca esposa
y el tiempo pasa quejosa
en una interior batalla.
Del Rey la cólera estalla
y así le dice una vez:
Mujer llena de doblez:
di si amas a otro, falaz.
Y entonces de ella en la faz
surgió vaga palidez.

XIII
Sí le dijo, es la verdad;
de mi destino es la ley:
yo no puedo amarte ¡Oh Rey!
porque adoro a Balzarad.
El Rey, en la intensidad,
de su ira, entonces, calló;
mudo, la espalda volvió;
mas se vía en su mirada
del odio la llamarada,
la venganza en que pensó.

XIV
Al otro día la hermosa
de parte de él recibió
una caja que la envió
de filigrana preciosa;
abrióla presto curiosa
y lanzó, fuera de sí,
un grito; que estaba allí
entre la caja guardada,
lívida y ensangrentada
la cabeza del rawí.

XV
En medio de su locura
y en lo horrible de su suerte,
avariciosa de muerte
ponzoñoso filtro apura.
Fue el Rey donde la hermosura:
y estaba allí la beldad
fría y siniestra, en verdad;
medio desnuda y ya muerta,
besando la horrible y yerta
cabeza de Balzarad.

XVI
El Rey se puso a pensar
en lo que la pasión es;
y poco tiempo después
el Rey se volvió a enfermar.

[1884]



 

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