¿Que eres reacia al Amor, pues
su manía
de eternidad te ahuyenta, y su insistente
voz como un chirriante ruiseñor
te exaspera y quieres solamente
besar lo pasajero en la cambiante
eternidad de lo fugaz? -entonces
¡soy tu hombre! Pues más
hospitalario
que el mío un corazón
no halló jamás
para posarse el falso amor. Igual
que llegué, parto: solo, y cuando
mudo
de cielo mudo también de corazón.
Pero, atiende: no vas a hacer traición
a tu alma infiel. No intentes, si una
chispa
del hijo del hombre ves en mis ojos,
descifrarla, ni trates de inquirir
mucho
en mi acento y el fondo de mi risa.
Donde quiero destierro y silencio
no traspases la linde. Allí
el buitre
blanco del Juicio anida y sólo
el
ceño de la vida privada ¡canta!