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Carlos Martínez
Rivas y la crítica |
"El mejor de nuestro grupo de tres es Carlos Martínez
Rivas. América lo conocerá algún día".
Ernesto Cardenal
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"Carlos Martínez Rivas es ante todo
el poeta de los poetas y hasta quizá principalmente un poeta para
poetas. Pero no olviden que, al fin de cuentas, los poetas para poetas son
los que pueden quizá revelar para los no poetas lo que realmente
es la poesía."
José Coronel Urtecho
(La poesía de) Carlos Martínez
Rivas es sin lugar a dudas la mayor en intensidad y profundidad, ya no se
diga en su poder de maravillar y producir admiración. Es sobre todo
la mayor en contenido humano. Carlos Martínez Rivas, sin embargo,
es uno de esos poetas realmente extraordinarios -o como se decía
en el siglo pasado, geniales o de genio- de los que por lo mismo es difícil
hablar en términos generales, porque se corre el riesgo de parecer
desproporcionado, aunque se diga la verdad.
José Coronel Urtecho
"Cuando digo de Ernesto Cardenal y Carlos Martínez
Rivas que uno es un tigre y el otro, un ave del paraíso, supongo
que lo que quiero decir es que no se pueden comparar."
José Coronel Urtecho
(de Culture & Politics in Nicaragua, Steven F. White, Lumen
Books, New York, 1986)
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Carlos Martínez Rivas es uno de los más
notables representantes del grupo que sigue al movimiento de la Vanguardia.
En realidad, no pertenece a ninguna de las generaciones existentes en su
país; comienza la poesía al lado de Ernesto Cardenal y Ernesto
Mejía Sánchez, muy joven todavía, después de
estudiar en San José de Costa Rica y en Granada. En Madrid sigue
la carrera de letras, especializándose en crítica de arte.
Vivió largas temporadas en Europa, a veces como diplomático.
Autor de una escasa obra poética en lo que se refiere
a la cantidad, Martínez Rivas se mantiene a un nivel elevado desde
su primer poema ("El paraíso recobrado") hasta sus más
recientes publicaciones, aceptadas con voz unánime hasta por los
jóvenes más rebeldes e iconoclastas. Hay alrededor de su
poesía una feroz admiración, posiblemente debido a su larga
ausencia del país, seguramente por su calidad de poeta muy importante
en un panorama de poetas verdaderos.
Stefan Baciu
(Antología de la poesía latinoamericana, Universidad
de Hawai, 1976)
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Carlos Martínez Rivas nos ofrece su primer libro: La insurección
solitaria. ¿Una nueva versión del poeta rebelde? Sí
y no. Rebelión y aislamiento pero también búsqueda
y reconocimiento de sí mismo y del mundo.
A diferencia de otros rebeldes, Martínez Rivas no quiere ser
dios, ángel o demonio; si pelea, es por alcanzar su cabal estatura
de hombre entre los hombres. Su rebelión es contra lo inhumano.
La rebelión solitaria es legítima defensa, pues ahí,
enfrente actual y abstracta como la policía, la propaganda o el
dinero, se alza
La ola de la Tontería, la ola
tumultuosa de los tontos, la ola
atestada y vacía...
Octavio Paz
(tomado de Las peras del olmo, Editorial Seix Barral, S.A., 1983)
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] en 1967 me encuentro de tertulia en el "Café
Gijón" con un variopinto grupo de escritores. Ahora la ingenuidad
se ha transformado en curioso dato literario. En aquella mesa se sentaban:
Diego Jesús Jiménez, Marcos R. Barnatán, Francisco
Umbral, el poeta vanguardista hispanoamericano Julio Campal (que se suicidaría
poco tiempo después), Javier Lostalé (gran animador de la
poesía por entonces, primero desde la Facultad de Derecho y luego
desde "Puente Cultural"), Ignacio Gómez de Liaño,
Luis Berenguer (con novela reciente en la Alfaguara de entonces), Carlos
Martínez Rivas ("el mayor poeta nicaragüense después
de Rubén Darío", solíamos decir entonces ante
su culta locuacidad) [
]
Antonio Colinas
(de "Fragmentos del diario italiano", Clarín, marzo-abril
1997 [Notas de un viaje por Italia, del escritor Antonio Colinas, que serán
editadas por Calambur.]
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Así como un poeta no sólo expresa o le da voz
al pueblo, sino que lo crea y lo modela, una institución de cultura,
si permanece, le da un rostro a una ciudad, a un estado, a una nación.
Nicaragua es pobre desde un ángulo económico; rica,
en cambio, si la vemos en el desarrollo de su palabra. Rubén Darío
ejerce magisterio universal y ha hecho que en Nicaragua el cultivo de la
palabra sea religión de honda raigambre nacional. Ahí han
nacido varios de los poetas más altos de la lengua castellana: Salomón
de la Selva, Ernesto Cardenal o Carlos Martínez Rivas.
Jaime Labastida
(de "Excélsior", México)
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Martínez Rivas, el más favorecido por la gracia
poética de los tres [poetas de la Generación del 40, junto
a Ernesto Mejía Sánchez y Ernesto Cardenal], ejecutó
en su adolescencia un poema de singular madurez: "El paraíso
recobrado" (1943) , diez años más tarde, un monumento
excepcional de la poesía española: La insurrección
solitaria (1953).
Presidido por una sabiduría fulgurante y un equilibrio verbal,
este poemario encierra un programa de vida y una nueva configuración
de elementos sustantivos de la sociedad. Para Hernández Sánchez-Barba,
la cima que sustituye, releva y contrapone a Neruda una conciencia nueva
del hombre en América es Martínez Rivas.
Por lo demás, su poesía realiza esplendorosamente el
axioma de Baudelaire: la Belleza como el resultado del entendimiento y
el cálculo. De ahí que toda su obra posterior, acaso la más
rigurosa que se escribe en el verso español de hoy, ofrezca textos
extraordinarios o dechados de concentración y perfección.
Jorge Eduardo Arellano
(de Antología general de la poesía nicaragüense,
Ediciones Distribuidora Cultural, Managua, 1994)
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Carlos Martínez Rivas es un hombre difícil, problemático,
solitario, porque vive en su mundo totalmente. Uno debe saber cómo
está uno en el mundo de Carlos para meterse allí sin dificultades
con él. Uno tiene que acercarse a él con mucho cuidado.
Vive en un su mundo poético como ningún otro, muy intenso
y muy valioso y muy importante, muy total, pero todo es conforme le vaya
a su situación y a su mundo donde él se mueve.
Yo he estado muy bien con él siempre, porque lo he querido
mucho y he creído mucho en él. Es en el que más creo
de todos. Creo que de todos los poetas nicaragüenses de nuestras generaciones,
de nuestra época, desde que aparecemos Cabrales y yo, al que más
admiro es a Carlos, porque sus capacidades me parecen enormes y sus realizaciones
también y su obra me parece muy significativa.
Aunque todo ese sucede en su mundo de él, que no es un mundo
puramente poético, de una poesía hermética e inabordable;
tiene también mucho de sus elementos vitales, de su vida, de su
mundo, de sus experiencias y de su país, que es su mundo de él,
pero lleno también de este mundo.
José Coronel Urtecho
(de Conversando con José Coronel Urtecho, Manlio Tirado,
Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1983)
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Nunca será lo suficientemente citada aquella frase que
Octavio Paz dijo en su libro de prosa crítica Las peras del olmo:
"La insurrección solitaria -escribía Paz hace
treinta años y pico- es el libro de un buen poeta y la promesa de
un gran poeta".
Acaso yo esté equivocado, pero es claro que la profecía
de Paz se ha cumplido a cabalidad. ¿Qué es lo que establece
el matiz entre el "grande" y "el bueno"? La continuidad,
supongo; el eslabonado encadenamiento, la sucesión de libro tras
libro, hacia una totalidad indiscutible y evidente. Neruda sería
solamente "bueno" si se hubiera contentado con publicar sus veinte
poemas de amor y una canción inesperada. También Lezama sería
simplemente "bueno" si tan sólo hubiera publicado "Muerte
de Narciso", poema escrito a los veintisiete años de su edad.
El silencio de Martínez Rivas es tópico trillado y
obligado entre nosotros, que somos sus discípulos, amigos y posibles
herederos. (Debo hacer una salvedad: una vez en Madrid, en 1965, cuando
lo llamé "maestro", el poeta me respondió que maestros
únicamente era los muertos; que jamás le llamara maestro
a un vivo, a un contemporáneo).
Beltrán Morales
(tomado de "Carlos Martínez Rivas",
La Prensa Literaria, agosto 1997)
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Carlos Martínez Rivas nació en la ciudad de Guatemala
en 1924 y se reveló como gran poeta desde muy temprana edad, casi
desde niño.
A los 16 años ganó un concurso nacional con una poesía
muy sorprendente por lo novedosa y original: un prodigio que a muchos pareció
muy semejante al de Darío.
A los 18, estando aún estudiando bachillerato en el colegio
de los jesuitas en Granada, escribió su extenso poema "El paraíso
recobrado" (publicado por los Cuadernos del Taller San Lucas en 1944)
que ha sido uno de los eventos importantes en la historia de la poesía
nicaragüense y que ha influido mucho.
Después de su bachillerato residió varios años
en Madrid, y otros en París, después tuvo otra época
en Managua y otra en Los Ángeles, California (Estados Unidos), después
nuevamente estuvo otros años en Madrid y actualmente vive en San
José de Costa Rica.
Ha publicado un libro de poemas, La insurrección solitaria
(1953), que no es conocido en América Latina como merece, pero
que ha influido en muchos poetas jóvenes nicaragüenses y es
un libro, en nuestra literatura, de capital importancia.
Su poesía rebelde y de protesta, aunque individual y personalista,
está muy bien definida en ese título. A partir de esa publicación
la mayor parte de la obra de Carlos Martínez Rivas está aún
inédita.
Esta renuencia a publicar es la causa de que este poeta --uno de
los que ha tenido más talento y genio poético en Nicaragua--
no sea conocido en el extranjero como debiera, pero creemos que cuando
sea más divulgado tendrá en otras partes la preeminencia
que ya tiene entre nosotros.
Ernesto Cardenal
(Poesía nueva de Nicaragua, Ediciones Carlos Lohlé, Buenos
Aires, 1974)
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Hasta cierto punto, Martínez Rivas es parecido a Picasso,
otro artista del siglo XX que conserva muchos ideales estéticos
del siglo anterior. En su libro "The Success & Failure of Picasso",
John Berger hace una paráfrasis de Ortega y Gasset en La rebelión
de las masas y habla de Picasso como un "invasor vertical",
un hombre primitivo, un bárbaro cuya obra artística siempre
contiene algo del propio país del creador y también del pasado.
Martínez Rivas mantiene en su poesía las mismas cualidades
salvajes que Baudelaire exalta en la pintura de Delacroix.
Steven F. White
(de Modern Nicaraguan Poetry, Bucknell University Press, London
1993
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