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ESCRITO EN LA CORTEZA DE UNA CEIBA
Esta ceiba que da sombra a mi casa es propiamente heráldica. Sería el emblema perfecto de tu escudo si esto que grabo aquí fuera tu lema: Ella no sabe de lo que de ella escribo pues ser lo que es y no saberlo es ella.
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PEQUEÑA ODA A TIO COYOTE
¡Salud a tío Coyote, el animal Quijote!
Porque era inofensivo, lejos de la manada, perro de soledad, fiel al secreto inquieto de su vida engañada sufrió el palo, la burla y la patada.
Fue el más humilde peregrino en los caminos de los cuentos de camino.
Como amaba las frutas sazonas, las sandías, los melones, las anonas, no conoció huerta con puerta, infranqueable alacena ni propiedad ajena, y husmeando el buen olor de las cocinas cayó en la trampa que le tendieron las vecinas de todas las aldeas mezquinas y se quedó enredado en las concejas urdidas por las viejas campesinas.
Y así lo engendró la leyenda como el Quijote de la merienda.
Pero su historia es dulce y meritoria. y el animal diente-quebrado, culo-quemado, se ahogó en una laguna buceando el queso de la luna. Y allí comienza su gloria donde su pena termina.
También así murió Li-Tai-pó, poeta de China.
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IDILIO EN CUATRO ENDECHAS
I
De nuevo. Sí De nuevo siento que voy, que llevo.
En el tren, en los trenes, siento que vas, que vienes.
Inútil preguntar a la tierra, a la mar, a la estrella polar.
Ni la arena, ni la espuma, ni la estrella darán razón de ti. De ella. Pero te esperaré. Te espero en las esquinas, a ver si vas, si ves, si lo adivinas.
II
Te quiero en diciembre, en enero. Te quiero día a día, el año entero.
Te quiero bajo el naranjo y bajo el limonero.
III
Ya parece que sí, que te das, que te entregas. Pero te busco a tiendas, busco a ciegas, busco donde no estás, donde no llegas.
Tus manos en mis manos tiemblan de frío. ¿En dónde está tu corazón, en dónde
el mío? En tu abandono estás desfallecida. ¿Qué se hizo tu sangre, tu vida?
No sabes tú, ni quieres saber quién soy, quién eres. Despierta. Escucha, escucha lo que digo. Lejos estás de mí si estás conmigo.
IV
Olvida mi vida, tu vida. Mira que el día nuevo es tiempo de relevo y deber militar.
Vienen tiempos de guerra y de sangre en la tierra, en el aire, en el mar.
Deja el recuerdo perdido en el mar del olvido. Deja el recuerdo en el mar.
Mira que tú has nacido sólo pra el olvido, sólo para llorar.
Olvidar y llorar en el mar.
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LO DICHO, DICHO
Si amarga el dedo sed para mi labio sufro al tocar tu frío como amigo si sierpe al corazón la hiel al hígado no me despeja el cielo y me despeja.
Si colmena en tu rosa era mi nido y yo de miel en tus venas corría corro tu vida vivo y muerto muero mas súbito el abismo amor vacío.
No quiero ser no puedo sola nada sola te quiero sólo tierra y cielo sé tú mi cuerpo sólido en tu cuerpo que abismo me hundo y nada me desdigo.
De presencia absoluta ansia te oprimo si bajo espera tierra que te caiga si subo estrella sube que te siga sea o no sea soy donde te quemo.
Quiero de tu ojo el otro insospechado que antes que pensamiento es ojo vivo quiero el eje del mundo en que tú giras y tu estrella natal sexo de fuego.
No te sospecho más que mi sospecha porque si eres verdad lo dicho, dicho la dicha dicha si presente siento que todo lo demás mentira miento.
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FEBRERO EN LA AZUCENA
Ya está seco el camino del río al valle y secos los senderos. Ya el río enseña el espinazo de piedra de su raudal como
- un potrillo flaco la fila de sus vértebras
Ya un friso oscuro marca en los paredones de la orilla el
- nivel que alcanzó la crecida
en el invierno
Ya brilla el sol en los bancos de arena Verano
Ahora es cuando salen
a calentarse en los bancos de arena los lagartos. Donde sale una hembra salen pequeños machos. Sale uno grande que los ahuyenta con ruidosos colazos. Como un hombre pesado que in- tenta hacer la planca, torpemente se levanta sobre sus cortas patas y avanza
hacia la hembra inconmovible, oscilando el extremo de la cola. Con la palanca de su larga trompa quiere volcarla. Va- rias veces la empuja bajo el codillo. Por fin la vuelca y la tiene indefensa.
Ahora es cuando bajan
las manadas de chanchos de monte de las montañas a los llanos para
comer coquitos. Se oyen de lejos los chasquidos de sus dientes. Las crías van
aparejadas a las madres rozándoles las costillas. Los machos buscan las hembras
cuando sombrean y se bañan en los charcos.
Ahora es cuando los
tigres siguiendo a las manadas de los chanchos amenazan a los ganados que también han bajado a los llanos. Los
leones pumas cazan terneros. El tigre osado y el león ya cebado de la carne del cerdo, roban chanchos caseros junto a los mismos ranchos del caserío. Se oyen
las hembras bramar de noche y el ronco bramido bajo los machos. Y el grito, el grito, el grito insondable del oso caballo.
Ahora es cuando aparece
una pareja solitaria de pelícanos que llegan todos los años desde el mar. Y las parejas de martimpeñas
bailan con lento paso militar durante días.
Ahora es cuando suben
al río los róbalos de mar para el deshove. Ahora es cuando encuentran viscosos nudos de víboras.
Celo Es el tiempo en que abunda la caza en
donde quiera. Cususcos o armadillos cruzan por los senderos meterse en sus hoyos. Los perros se fasti- dian de perseguir guatusas. En criques y que- bradas se ven guardatinajas o tepescuintes. Se hallan venados en los tacotales. Venados de ramazón. Venados cabros. Es posible aga- rrar cachorrillos de tigre y manigordas
o tigrillos de piel de terciopelo. Dantitos pintos y
venaditas temblorosas. Y también nutrias o perros de agua de piel más suave que la gamuza.
Es el tiempo de las pavas, las perdices,
las gongolonas, las becadas o chochas que llaman chúes los niños y sobre todo de las palomas. Paloma tora. Paloma posolera. Paloma azul. Paloma patacona. Y la paloma
penadora que da un quejido breve, profundo y espa- ciado que no se sabe de dónde viene cambia de sitio
y causa angustia.
Es el tiempo que dan los marañones
en el marañonal de Larios
Es el tiempo de los nidos y de los huevos
de colores. Fecundidad Han
florecido todos los árboles. Los corteses están tupidos de flores amarillas y alzan sus copas en el sol haciendo alarde de su amarillo apasionado.
Brillan, refulgen a lo lejos como las legendarias cúpu- las de oro de las siete ciudades. Los robles están
cuajados de crespas flores nacaradas. Laurel y sota- caballo perfuman todo el aire con la fragancia de sus
blancos ramilletes. El capirote de flores de un blanco de espuma. El almendro de monte, moradas,
el hombre-grande, rojas. Y la coaba, lilas.
Han
florecido los matorrales, las orillas de los caminos, las cercas, la humilde escoba de sus florecitas amarillentas.
Cuando ha soplado el viento el río se cubre de
flores y hasta las criques arrastran pétalos. Vuelan abejas y mariposas.
Han
florecido las yedras y las enredaderas de la montaña. Amapolas. Veraneras. Han florecido las orquídeas. Polen
Ya
desde ahora anuncia el tiempo de Semana Santa, con un silbido de penitencia, un pajarito pardo casi invisi- ble. El pajarito del Espíritu Santo Misterio.
Verano en La Azucena.
DOS CANCIONES DE AMOR PARA EL OTOÑO
I Cuando ya nada pido y casi nada espero y apenas puedo nada es cuando más te quiero.
II Basta que estés, que seas que te pueda llamar, que te llame María para saber quién soy y conocer quién eres para saberme tuyo y conocerte mía mi mujer entre todas las mujeres.
CREDO
Gracias porque abro los ojos y veo la salida del sol, el cielo, el río en la mañana diáfana de estío que llena hasta los bordes mi deseo.
Gracias, Señor, por esto que poseo que siendo sólo tuyo es todo mío aunque basta una gota del rocío para saber que es cierto lo que creo.
Creo que la belleza tan sencilla que se revela en esta maravilla es reflejo no más de tu hermosura.
Qué importa pues que esta belleza muera si he de ver la hermosura duradera que en tu infinito corazón madura.
LA CAZADORA
Mi señora, tan luego se levanta va a cazar un venado matutino, sin miedo a los colmillos del zaíno, ni al mortal topetazo de la danta.
Entra con ojo alerta y firme planta en la espesura donde no hay camino, y de los matorrales, repentino, salta un venado que su paso espanta.
Ella rápida apresta su escopeta, veloz le apunta, le dispara y mata --y después el marido, que es poeta,
cuando regresa la mujer que adora, en un soneto clásico relata la bella hazaña de la cazadora.
SONETO PARA INVITAR A MARÍA A VOLVER DE SAN FRANCISCO DEL RÍO
Si mi vida no es mía, sino tuya, y tu vida no es tuya, sino mía, Separados morimos cada día Sin que esta larga muerte se concluya.
Hora es que el uno al otro restituya Esa vida del otro que vivía, Y tenga cada cual la que tenía Otra vez en el otro como suya.
Mira pues, vida mía, que te espero Y de esa espera vivo mientras muera La muerte que, sin ti, contigo muero.
Ven, mi vida, a juntar vida con vida Para que vuelva a ser la vida que era Que la vida a la vida a la vida convida.
A UN ROBLE TARDE FLORECIDO
Un desmedrado roble sin verdor que seco ayer a todos parecía, hijo del páramo y de la sequía, próxima víctima del leñador,
Que era como una niña sin amor que en su esterilidad se consumía, con la lluvia de anoche oh, qué alegría!- ha amanecido esta mañana en flor.
Yo me he quedado un poco sorprendido al contemplar en el roble florido tanta ternura de la primavera,
Que roba en los jardines de la aurora, esas flores de nácar con que enflora los brazos muertos del que nada espera.
NOTA EN UN LIBRO DE HISTORIA
Mientras hojeo historiadores y toma notas Un pajarito canta entre las hojas de una rama Y su canto un silbido, tal vez una llamada me saca de la Historia.
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