ERNESTO GUTIÉRREZ
Granada (1929-1988)



Bibliografía:

Yo conocía algo hace tiempo, 1953
Años bajo el sol, 1963
Terrestre y celeste, 1969
Poemas políticos, 1970
Temas de la Hélade, 1971

Calistenia poética, 1975

Motivos mayas, 1980

En mí y no estando, 1983


Indice de poemas:

  • En mí y no estando
  • El jefe
  • Ella, la inefable
  • Se describe el otoño
  • Resucito ahora
  • Aedas y tiranos

  • Regreso a Panorama y Antología de la literatura nicaragüense


     

    EN MÍ Y NO ESTANDO

    Siempre ausente la mirada
    los ojos y el corazón
    puestos en Nicaragua
    en las personas que he amado
    en mis hijos
    en las personas que me han amado
    en mi familia en Nicaragua
    en los sitios donde he vivido
    en lo que he soñado
    en mi familia en Nicaragua
    en vanos entusiasmos, ya pasados
    en mis estudios, inútiles ahora
    --en la poesía
    en mi familia en Nicaragua
    en mis buenos amigos
    en mis padres
    en mis hermanos
    en mi familia en Nicaragua
    en lo que he amado
    en esto y en lootro
    enlo contradictorio
    en lo que he fracasado
    en lo que me ha empeñado
    en mi familia en Nicaragua
    y ausente de mí mismo estoy
    con mi familia en Nicaragua.


     


    EL JEFE

    Este me dará comisiones
    Fifty-fifty
    el otro, es demasiado honrado
    --debemos separarlo--

    No hay que olvidar el onomástico del Hombre
    ni tampoco su cumpleaños
    --pongamos su retrato en lugar visible--
    (y mi mujer tendrá además
    que hacerle un regalo a la comadre)

    Aquí nada es urgente
    el trabajo tiene que caminar despacio
    y en cuanto al precio
    --No debemos preocuparnos--

    ¡Viva el jefe!, Gritó el Coro
    del Administrador
    del Comprador
    del Bodeguero
    del Comisionista
    del Auditor
    y demás saltimbanquis
    y comparsas.






    ELLA, LA INEFABLE

    A Ella, porque en ella es la mujer
    lo que nosotros quisiéramos que fuera.


    Desde las antiguas civilizaciones
    se afana el hombre por encontrarla
    y su oído dice:
    un nombre seductor, una historia adorable.

    ¿Es ella Semíramis
    mirando desde los jardines
    cómo los hombres olvidados del amor
    contruían la gloria de Babilonia?

    ¿Es ella Helena
    entrando con blanco pie
    a la alcoba de Paris
    después del batallar?

    ¿Es ella Cleopatra
    cuyo ardiente paso hollando el corazón
    aún resuena fatal?

    ¿Quién, contra el oro de la tarde
    no ha sentido sus miradas?
    ¿Y quién no ha oído en su propio aire
    el llamado de su voz?

    Con reunidas ansias la he imaginado.
    El aroma de su ser
    rezuma entre sueños,
    su substancia diseminada
    climas de amor inunda.

    Pero sólo la eterna belleza
    la inagotable dulzura
    y el ilimitado amor
    acumulados a su nombre

    Y sin mañana, y sin talvez, nada
    sino oceánicas desesperanzas juntas.






    SE DESCRIBE EL OTOÑO

    Sobre mosaicos de caídas hojas paso
    --sonora y aleteante alfombra--
    más admirable que la seda
    más bella que las rosas.

    Del verde al oro
    al semitono anaranjado
    al rojo sangre
    al púrpura
    al escarlata

    Ah! Los grandes árboles, más altos que las casas
    en un constante agitar de su multicolores hojas
    que el viento otoñal suavemente desgaja.

    Oh! Increíble y fascinante estación
    más bella aún que la resurrección primaveral
    canto de cisne entonas, amada naturaleza
    cuando el inverno, de muerte temporal
    con catafalco de nieve te amenaza.

    Así, como estremecida tú,
    yo, trémulo
    canto de cisne creo ahora escuchar
    en mi insoportable y angustiado corazón.






    RESUCITO AHORA

    Innumerables cosas me han sucedido
    Virgen santa
    apiádate de mí
    Inmaculada

    Como el ahogado
    antes de sucumbir
    se apoya en el fondo del mar y salta
    sacando fuera
    su cabeza exhausta
    resucito ahora
    mientras la muerte como el mar
    mi hundimiento espera
    ajena a mi lucha
    ciega a tu milagro.






    AEDAS Y TIRANOS

    Cuenta Pausanias:
    que Anacreonte en la corte de Polícrates
    y Esquilo con Hierón en Siracusa
    rendían su cantar a los tiranos
    y Simónides también;
    pero Hesíodo y Homero, NO
    no tropezaron con reyes
    y pospusieron
    la riqueza de los poderosos
    a la fama entre los muchos

    No era inmoralidad exactamente
    la de aquéllos
    pues no hay que olvidar
    que en Maratón y Salamina
    Esquilo luchó contra los persas;
    pero es en Hesíodo virtud agreste
    y excelso don en el andariego Homero
    cantar para el Demos
    y no a quien tiránicamente lo rigiera

    por eso y hasta ahora
    han seguido los poetas
    unos con los tiranos
    y otros contra ellos

    pero Hesíodo y Homero
    cubren toda la Hélade
    y Anacreonte y Esquilo y Simónides
    tan sólo una parcela.



     

    Regreso a Dariana

    Regreso a Antología de la literatura nicaragüense