Franklin Caldera

 

UN HEROE

 

Toulouse (el enano con nombre de ciudad)

Colocó su sombrero sobre la mesa

y comenzó a dibujar a la bailarina

que enseñaba las piernas aparentando descuido.

 

Aquella noche pudo haberse emborrachado

o pasarla en la Rue des Moulins

o discutir con Yvette Guilbert sobre la función del corazón en cuestiones de amor.

O hacer las tres cosas.

 

Al día siguiente iría al circo

            o a la ópera

            o al Moulin Rouge.

 

O tal vez sucedía algo interesante.

 

Casi de madrugada se retiraba.

Caminaba solo (como un precursor de Bogart o Aznavour: “aunque camine acompañado, está solo”).

 

Llegaba a su estudio en la 27 Rue Caulaincourt,

se quitaba la ropa y los lentes,

y quedaba envuelto en su mayor alivio:

la oscuridad.

 

Su historia es muy sencilla:

Luchó contra la vida para poder encontrar la felicidad.

Su lucha fue tan fuerte que murió en combate

(Rosa la Roja le mostró la parte más dolorosa del placer).

 

Pudo haber luchado por la humanidad

o haber liberado una nación

o haber defendido algún ideal.

 

Pero prefirió morir por la única persona por la que valía la pena morir: él mismo.

 

Por eso le he escrito este poema.

 

(11 de noviembre de 1968)

 

 

 



 


 

Regreso a Dariana

Regreso a Antología de la literatura nicaragüense