GIOCONDA BELLI

(Managua, 1948)


Bibliografía:
Sobre la grama, 1974

Línea de fuego, 1978

Truenos y arcoiris, 1982

Amor insurrecto, 1984

De la costilla de Eva, 1986

El ojo de la mujer, 1995


Indice de poemas:

  • Dando el pecho
  • Esperándolo
  • Menstruación
  • Desafío a la vejez

  • Regreso a Antología de la literatura nicaragüense




    DANDO EL PECHO

    Al cogerla tengo que tener mucho cuidado.

    Es como tratar de cargar un montoncito de agua
    sin que se derrame.

    Me siento en la mecedora,
    la acuno,
    y al primer quejido,
    empiezo a dar leche como una vaca tranquila.

    Ella vuelve a ser mía,
    pegadita a mí,
    dependiendo de mí,

    Como cuando sólo ya la conocía
    y vivía en mi vientre.


    ESPERÁNDOLO

    Por la mañana
    me alzo como gacela
    gozosa entre el monte
    esperándote.

    Al medio día,
    hundida entre flores,
    voy dibujando
    tu nombre en el vientre de agua del río.

    En el crepúsculo,
    llena de amor, me doblo
    y luego voy a esperarte
    a que vengas de noche,
    a que vengas a posarte en mí como un pájaro
    y ondees tu cuerpo
    como bandera
    sobre mi cuerpo.




    MENSTRUACIÓN

    Tengo
    la "enfermedad"
    de las mujeres.

    Mis hormonas
    están alborotadas,
    me siento parte
    de la naturaleza.

    Todos los meses
    esta comunión
    del alma
    y el cuerpo;
    este sentirse objeto
    de leyes naturales
    fuera de control;
    el cerebro recogido
    volviéndose vientre.




    DESAFÍO A LA VEJEZ

    Cuando yo llegue a vieja
    --si es que llego--
    y me mire al espejo
    y me cuente las arrugas
    como una delicada orografía
    de distendida piel.
    Cuando pueda contar las marcas
    que han dejado las lágrimas
    y las preocupaciones,
    y ya mi cuerpo responda despacio
    a mis deseos,
    cuando vea mi vida envuelta
    en venas azules,
    en profundas ojeras,
    y suelte blanca mi cabellera
    para dormirme temprano
    --como corresponde--,
    cuando vengan mis nietos
    a sentarse sobre mis rodillas
    enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
    sé que todavía mi corazón
    estará rebelde-- tictaqueando
    y las dudas y los anchos horizontes
    también saludarán
    mis mañanas.





     



    LEONEL RUGAMA
    (Estelí, 1949 -- Managua, 1970)


    Indice de poemas:

  • La tierra es un satélite de la Luna
  • Biografía
  • Regreso a Antología de la literatura nicaragüense
     
    LA TIERRA ES UN SATÉLITE DE LA LUNA
     
    El Apolo 2 costó más que el Apolo 1
    el Apolo 1 costó bastante.
     
    El Apolo 3 costó más que el Apolo 2
    el Apolo 2 costó más que el Apolo 1
    el Apolo 1 costó bastante.
     
    El Apolo 4 costó más que el Apolo 3
    el Apolo 3 costó más que el Apolo 2
    el Apolo 2 costó más que el Apolo 1
    el Apolo 1 costó bastante.
     
    El Apolo costó un montón, pero no se sintió
    porque los astronautas eran protestantes
    y desde la luna leyeron la Biblia,
    maravillando y alegrando a todos los cristianos
    y a la venida el papa Paulo VI les dio la bendición.
     
    El Apolo 9 costó más que todos juntos
    junto con el Apolo 1 que costó bastante.
    Los bisabuelos de la gente de Acahualinca tenían menos
    hambre que los abuelos.
     
    Los bisabuelos se murieron de hambre.
    Los abuelos de la gente de Acahualinca tenían menos
    hambre que los padres.
    Los abuelos murieron de hambre.
    Los padres de la gente de Acahualinca tenían menos
    hambre que los hijos de la gente de allí.
    Los padres se murieron de hambre.
    La gente de Acahualinca tiene menos hambre que
    los hijos de la gente de allí.
    Los hijos de la gente de Acahualinca no nacen por
    hambre,
    y tienen hambre de nacer, para morirse de hambre.
    Bienaventurados los pobres porque de ellos será la luna.



    BIOGRAFIA

    Nunca apareció su nombre
    en las tablas viejas del excusado escolar.
    Al abandonar definitivamente el aula
    nadie percibió su ausencia.
    Las sirenas del mundo guardaron silencio,
    jamás detectaron el incendio de su sangre.
    El grado de sus llamas
    se hacía cada vez más insoportable.
    Hasta que abrazó con el ruido de sus pasos
    la sombra de la montañaa.
    Aquella tierra virgen le amamantó con su misterio,
    cada brisa lavada su ideal
    y lo dejaba como niña blanca desnuda,
    temblorosa, recién bañada.
    Todo mundo careció de oídos y el combate
    donde empezó a nacer
    no se logró escuchar.




     

     

     


    DAISY ZAMORA
    (Managua, 1950)


    Bibliografía:

    La violenta espuma, 1981

    En limpio se escribe la vida, 1988

    A cada quién la vida, 1994

    Indice de poemas:

  • Preñez
  • Qué manos a través de mis manos
  • Vuelvo a ser yo misma
  • Al pie de la diosa blanca
  • Mensaje urgente a mi madre
  • Regreso a  Antología de la literatura nicaragüense


     

    PREÑEZ

    Esta inesperada redondez
    este perder mi cintura de ánfora
    y hacerme tinaja,
    es regresar al barro, al sol, al aguacero
    y entender cómo germina la semilla
    en la humedad caliente de mi tierra.



    QUÉ MANOS A TRAVÉS DE MIS MANOS

    Las anchas manos pecosas y morenas de mi abuelo
    con igual destreza vendaban una herida,
    cortaban gardenias
    o me suspendían en el aire feliz de la infancia.

    Las manos de mi abuela paterna
    artríticas ya cerca de su muerte,
    una vez fueron frágiles manos, filigrana de plata,
    argolla de matrimonio en el anular izquierdo;
    pitillera y traguito de scotch o de vino jerez
    en atardeceres de blancas celosías
    y pisos de madera olorosos de cera,
    recostada en su chaise-longue leyendo trágicas historias
    de heroínas anémicas o tísicas.

    Mi padre siempre cuidó la transparencia de sus manos
    delicadas como alas de querube
    hechas para lucirlas
    con violín o batuta.

    Mi madre heredó las manos de mi abuelo Arturo,
    pequeñas y nudosas, con dedos romos.

    De tantas manos que se han venido juntando
    saqué estas manos.
    ¿De quién tengo las uñas, los dedos,
    los nudillos, las palmas, las frágiles muñecas?

    Cuando acaricio tu espalda,
    las óseas salientes de tus pies
    tus largas piernas sólidas,
    ¿Qué manos a través de mis manos
    te acarician?



    VUELVO A SER YO MISMA

    Cuando entro con mis hijos a su casa, vuelvo
    a ser yo misma.
    Desde su mecedora ella
    nos siente llegar y alza la cabeza.
    La conversación no es como antes.
    Ella está a punto de irse.
    Pero llego a esconder mi cabeza
    en su regazo, a sentarme a sus pies. Y ella me contempla
    desde mi paraíso perdido
    donde mi rostro era otro, que sólo ella conoce.
    Rostro por instantes recuperado
    cada vez más débilmente
    en su iris celeste desvaído
    y en sus pupilas que lo guardan ciegamente.



    AL PIE DE LA DIOSA BLANCA

    Es cierto que te he traicionado.
    Por años te pospuse con argumentos vanos.
    ¡Cómo desatendí tus llamados!
    Quise taparme los oídos con la dorada
    cera de las abejas, pero
    no era de sirenas tu canto.
    Hasta en sueños me perseguías
    e hiciste yunque de mi pobre cabeza
    y yo, necia, me negaba a obedecerte.

    Pero prevaleciste, oh Diosa, sobre mí
    y sobre la voluntad de quienes quisieron
    encadenarme en el antiquísimo rol.

    Tampoco puede decirse que fui cobarde
    porque de algún modo supe resistir.
    Te filtrabas, aliento que hinchó el alma.
    He sobrevivido al menos, Diosa, y te hablo,
    vencedora: soy tuya para siempre.




    MENSAJE URGENTE A MI MADRE

    Fuimos educadas para la perfección:
    para que nada fallara y se cumpliera
    nuestra suerte de princesa-de-cuentos
    infantiles.

    ¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar
    que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo
    atesoradas!

    Pero envejecieron los vestidos de novia
    y nuestros corazones, exhaustos,
    últimos sobrevivientes de la contienda.
    Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
    velos amarrillentos, azahares marchitos
    ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.

    Perdón, madre, por las impertinencias
    de gallinas viejas y copetudas
    que sólo saben cacarearte bellezas
    de hijas dóciles y anodinas.

    Perdón, por no habernos quedado
    donde nos obligaban la tradición
    y el buen gusto.

    Por atrevernos a ser nosotras mismas
    al precio de destrozar
    todos tus sueños.





     

     

    ROSARIO MURILLO
    (Managua, 1951)


    Bibliografía:

    Gualtayán, 1975

    Sube a nacer conmigo, 1977

    Un deber de cantar, 1981

    Amar es combatir (antología), 1982

    En las espléndidas ciudades, 1985


    Indice de poemas:

  • Las dificultades de un poeta...
  • Hombre, de qué nos sirven las noches
  • Yo la mujer de barro

  • Regreso a  Antología de la literatura nicaragüense


     

    LAS DIFICULTADES DE UN POETA QUE ENTRE ESCRITORIOS, MÁQUINAS Y OTRAS INCONTABLES COSAS GARABATEA POEMAS Y LOS VUELVE A GARABATEAR

    Quería escribirte un poema
    de aquellos nuestros con palabras mezcladas
    fresco como la grama del patio
    repleto como la tinaja debajo del alero
    quería escribirte este poema que te estoy diciendo
    pero ya ves que no pude
    tuve que agotar mis dedos interminablemente
    hacer montones de sobres
    doblar papeles cerrar los sobres sellarlos
    tuve que alzar el teléfono y responder melodiosa
    no, no está, no ha venido
    sí, como nó, pase usted
    tuve que hacerme sonrisa en cuatro dientes
    contestar las preguntas
    meterme y salirme de vos miles de veces
    pero aunque así,
    entrecortado apretujado malhumorado y todo
    aún así te parí en esta tarde
    con cuatrocientos cincuenta sobres con nombre y dirección
    y una fila de incansable preguntones
    sobándose la barriga complacidamente.



    HOMBRE, DE QUÉ NOS SIRVEN LAS NOCHES

    Hombre, de qué nos sirven las noches
    si hemos abandonado el amor
    solo a su propia suerte
    mudo y arrinconado como una anciana guitarra
    que dejó de cantar.
    Para qué sirve la brisa, este amarillo que encendimos
    los barquitos de papel sobre el estanque del parque
    los chingorros brillantes que dejamos
    sobre la misma pared donde claváramos, ilusionados,
    los sueños.
    De qué nos sirve este montón de esperanza entre las manos
    a qué jugar con gotas de rocío que nos empapen el cuerpo
    con tardes que nos enciendan el pelo
    a qué, si hemos perdido la tierra
    y la batalla.



    YO LA MUJER DE BARRO
    "Se estremecieron las espesuras y las sombras"

    Yo la mujer de barro
    hecha y guardada por los siglos y siglos
    surgida del mismo tiempo
    con una costilla de más, me dice Adán
    y una semilla de nancite para Eva
    yo la mujer de barro
    con un grito de triunfo me persigno
    por la señal de mis piernas
    Ppr la santa cruz de mis caderas
    Ccn el clamor de mi ombligo que se ahueca
    y exclama araña tus ojos
    Soy la furia del tiempo sin cabeza
    Como una cara sin rostro
    o un final de amores sin espejos.
    Viva vivo y he vivido en el barro
    a través de los ríos y las estaciones
    y las capas geológicas y las erupciones
    y los sinfines de culturas que no acaban
    y las que apenas principian
    en medio de todo el ruido
    Yo, mujer, cargo la furia de amamantarte y amarte
    hombre de barro, mi esclavo y mi señor
    yo tu señora y tu esclava
    mujer arcaica o clásica o moderna
    siempre orgullosa de mi hoguera temblando
    en el centro de Venus mi temblor.
    Mujer de barro yo, descabezada
    guardo y dibujo fertilidad de luceros
    descabellada, quebrada y recocida
    de mi amor inicial sembré los frutos
    sigo sembrando y pariendo
    y recogiendo y regando
    en este comal de silencios
    aquí volteada a la izquierda
    con la piel siempre inmensa
    sumergida en el canto de barro, carne y caminos
    sólo me asusto de las cosas que no entiendo
    como la cibernética
    o el átomo envuelto
    o mis hijos con la rodilla en el suelo
    sólo y de nada me asusto
    me persigno.







     

    FANOR TELLEZ
    (Masaya, 1944)



    Bibliografía:

    La vida hurtada, 1974

    Los bienes del peregrino, 1975

    El sitial de la vigilia, 1976

    Edad diversa, 1993


    Indice de poemas:

  • Funeral en la familia
  • Miss Babian atendiendo en un bar de la Costa Atlántica
  • Regreso a  Antología de la literatura nicaragüense


     

    FUNERAL EN LA FAMILIA

    Que hace toda esta gente
    dándome la mano, madre,
    y por qué esa música acompasada
    y hay hombres que hablan
    y hemos caminado tanto,
    hasta la noche casi,
    oyendo voces
    y por qué mi papá duerme tanto
    y no ríe y baila como siempre,
    sino que desaparece
    y nos volvemos en bus
    después de haber llorado
    toda la tarde
    y estamos todos tan tristes.




    MISS BABIAN ATENDIENDO EN UN BAR DE LA COSTA ATLANTICA

    Miss Babian, en este bar costeño,
    atiende a rudos negros
    recién llegados,
    que tienen sombreritos comprados
    en la Quinta Avenida de Nueva York.

    Es la reina de Saba,
    sonriente y frágil
    con cejas tupidas finas
    y falda como bolsón
    pero debajo está su carne tensa,
    toda la piel nocturna
    con la luna de los dientes
    y las dulces lascivas estrellas de sus ojos
    ardiendo al sonido de su corazón-tambor
    de Africa.

    Miss Babian camina
    como que danzara
    y una oscura cintura te mostrara
    en prolongaciones de onda,
    pulidos de luz vientre o caderas,
    adentrándote al sueño elíptico
    en eternal copulación.





     

     

    ERICK BLANDON
    (Matagalpa, 1951)


    Bibliografía:

    Aladrarivo, 1975

    Juegos prohibidos, 1982

    Las maltratadas palabras, 1990

    Indice de poemas:

  • Negra


  • Regreso a Antología de la literatura nicaragüense


     

    NEGRA

    Negra nació en el norte un jueves santo de abril y llegó a ser la más hermosa de la casa. Un día Negra se vio muy grave y los doctores, que se muere; pero Negra los burló y no hubo llanto, y madre que sonríe. Negra creció jugando y escapando hassta los patios de donde regresaba, heridas las rodillas, porque Negra en el Kickball era campeona y a los mansos defendía con sus puñoso su lengua airada. Iba al colegio con las monjas y ganaba los primeros puestos en servicio y las niñas de su clase la escuchaba con asumbro cuando hablaba del dolor, del hambre y del yugo en algún sitio. Negra, que cantaba, fue Contralto en el coro del Conservatorio y amanecía a días-- cantarina tarareando algunos trozos del Messias o bien, a la hora del oficio, dulce: la guerrillera tiene, vidita, sangre en el alma. Y Negra un día abandonó la escuela y militó en la resistencia y su voz se oía, entre la multitud, coreando las consignas del odio y del amor. Y fue en primera fila y peleó movida por cierto aire milenario de mujer en el combate. Y después de idos los valientes, en los muros de la ciudad rezó su nombre entre los muertos y su casa se llenó de sobras y de pasos enemigos que buscaban una seña de su rostro, de sus manos y su pelo. Y sus hermanos, tristes, esperan los pies de un mensajero que les diga que no es cierto, que aún vive, que acaso halló un modo de quedarse entre los suyos.





     

    ALVARO URTECHO
    (Rivas, 1951)


    Bibliografía:

    Cantata estupefacta, 1986

    Cuaderno de la provincia

    Esplendor de Caín, 1994

    Indice de poemas:

  • Lázaro
  • Sábado a mediodía

  • Regreso a Antología de la literatura nicaragüense


     

    LAZARO

    El seco estrépito

    de un repentino alzarse de palomas

    estremeció mis pasos.

     

    Fue como si algo

    se me escapará de la carne,

    sorprendida su raíz.

     

    Como si al muerto que guardo

    le levantaran la losa y por el mundo

    caminara ya sin nada entre las manos.

     




    SABADO A MEDIODIA

    Azorado, ceñido el corazón a sus imágenes,
    frente al intenso resplandor del sol
    que se endurece entre el tejado de zinc
    y los cables del alumbrado público,
    piensa en la ciudad en que ahora vive
    y se sabe, como en todas, extranjero.
    piensa en la lentitud del mundo,
    y las cosas rotundas que ha visto.
    Símbolos, seres, signos. Todo tan real:
    el paso de los años, el rito de los hijos
    enterrando a sus padres, tántos
    cuerpos amados, sus bocas olvidades,
    la dulzura del niño perdido, el fragor,
    el oscuro designio, la incandescencia
    Reclama un horizonte que no lo petrifique,
    una patria florida y generosa que dé amor
    a sus hijos, un color, un movimiento
    para la imaginación.

    Cree que hay un lugar
    donde él iría, un oculto lugar en un bosque,
    Se siente allí, se imagina una senda esencial:
    una cierta vereda con muy pocas figuras
    en la bruma lechosa, un breve cementerio,
    una fronda cercana de ondulados rumores
    y ladridos y voces y campanas fluyendo
    de otros tiempos como sangre...
    Se sabe
    tenebroso, es cierto y siente
    como le crece por dentro la condena.





     

    JULIO VALLE CASTILLO
    (Masaya, 1952)


    Bibliografía:

    Las primeras notas del laúd, 1977

    Formas migratorias, 1979

    Materia jubilosa, 1986


    Indice de poemas:

  • Catulo amigo mío...
  • Chepita rezadora

  • Regreso a Antología de la literatura nicaragüense



    CATULO AMIGO MIO

    Catulo amigo mío,
    por fin Cornelio logró sentarse a la mesa.
    El hombre es el vivo retraro de las víboras,
    penetra hasta por las rendijas de cualquier recinto.

    Ya no es visto de soslayo,
    ya no avientan puertas a la cínica calvicie
    que anuda la sonrisa en la nariz.

    Todas las mañanas los buscadores de dones
    le roban la dicha del último sueño.

    Al verse en ricos tapices, al saberse
    dueño del vino y de la libertad de la gente,
    enloquece y levanta la estatua
    en el jardín de la casa, se ufana de ser
    la lengua que limpia mejor los intestinos del César.



    CHEPITA REZADORA

    La Josefa Vega desde la flaca altura de sus fémures,
    con el tobillo seguro en el tacón de sus zapatitos de tango,
    clara de piel y suave como medias de hilo,
    se pasó la vida después de los 60
    --cuando la viudez derramó sobre sus hombros el rebozo negro--
    enseñando los novenarios de nuestros finados,
    de todos los infieles difuntos de mi pueblo.

    Sus padrenuestros y réquiem
    se interceptaban por rápidas flemas y toses débiles,
    mientras los nardos del catafalco
    difundían en repelos olor a muerto y miedo
    Gracias a sus letanías,
    a la resistencia de su ruega por ellas
    Casa de oro,
    Arca de la Alianza,
    ruega por ellas,
    Puerta del Cielo,
    ruega por ellas,
    Estrella de la mañana,
    ruega por ellas,
    Salud de los enfermos,
    ruega por ellas,
    Refugio de los pecadores,
    ruega por ellas,
    Consoladora de los afligidos,
    ruega por ellas,
    Auxilio de los cristianos,
    ruega por ellas,
    vimos salir ánimas en pena que iban a descansar.
    Las vimos agarrarse del escapulario de la Virgen del Carmen
    que desciende al Purgatorio los sábados;
    y algunas hasta librarse quizá del aceite hirviendo,
    de las parrilas y brasas del Infierno.

    Aunque palpó el agradecimiento de los deudos
    en yardas de tela para su higiene almidonada;
    en brazos respetuoso que la llevaban a su casa,
    o en tazas de ponche: huevos batidos, aguardiente y leche de insomnio.

    Quién rezó por ti, Chepita Vega,
    quién bajó por ti toda la corte del Cielo,
    quién meció como una cuna senecta tu silla de junco
    para que en el otro barrio
    reposaras tranquila tus canas de albahaca y jazmín en la peineta.

    Qué sino esta lámpara de gas y este vaso de agua
    que en una esquina de la memoria no se agotan
    garantizan que brilla para ti la luz eterna.



     

     

     

    CHRISTIAN SANTOS
    (Managua, 1941)


    Bibliografía:

    Agualuna, 1998


    Indice de poemas:

  • Que siga otro rumbo la ceremonia de tu amanecer

  • Nada amor... nada

  • Su preciosísima sangre


  • Regreso a Antología de la literatura nicaragüense


    QUE SIGA OTRO RUMBO LA CEREMONIA DE TU AMANECER

     

    Porque sé que en tu piel

    solo despierto terremotos,

    y el perfume de mis flores

    no alimenta el tejido de tu alma,

    que siga otro rumbo

    la ceremonia de tu amanecer.

     


     

     

    NADA AMOR... NADA

     

    Sentada en el zacate

    con los pies hundidos

    en la tibieza de las aguas.

     

    Viendo caer las flores del malinche

    como gotas de sangre al suelo.

    Me quedé pensando...

     

    Nada en la vida es eterno,

    ni tu amor

    que rabalsó el tuétano de mis huesos,

    ni mi amor que arañando las mañanas

    arrancaba alaridos a tus sienes.

     

    Nada amor nada,

    ni siquiera esta noche de desvelo.

     


     

     

    SU PRECIOSISIMA SANGRE

     

    Ya con la batalla perdida y

    estando sus huesos

    pegados al pavimento

    y su preciosísima sangre

                                                    chorreando

    por cunetas y alcantarillas

                                                    con voz potente

    a pesar de su agonía

                                        grita:

    ¡No se rinda, jodido!

    ¡Hay que morir peleando!

    y así por espacio

    de un larguísimo tiempo

    han venido quedando

    con sus huesos pegados

    al pavimento

    y su preciosísima sangre

                                                    chorreando

    por cunetas y alcantarillas

    miles de nicaragüenses

                                                    ¡peleando!



     

    Regreso a Dariana

    Regreso a  Antología de la literatura nicaragüense