TANIA MONTENEGRO 
(Estelí, 1969)


Bibliografía:

 

Montenegro es uno de los poetas antologados en Los huérfanos de Rubén (2001). Asimismo sus poemas figuran en revistas y suplementos literarios, entre ellos 400 Elefantes y Artefacto.


Indice de poemas:

  • Piropos de neón avienta la ciudad

  • Parte de hueso en decadencia

  • Ojos grandes curiosean


  • Regreso a Antología de la literatura nicaragüense


    PIROPOS DE NEON AVIENTA LA CIUDAD

     

    Un mordisco labial horizontal sobre várices encarnadas

    inflama su deseo a tal conmoción

    que se cosquillea caliente y con destellos, como haciendo globos.

     

    Siente ricura que atiza candente,

    atascándose con estop respiratorios

    hace bramar a La.

     

    Y explotan implosiones celulares

    que minan recuerdos que no tragan postales.

     

    mz 97

     


     

    PARTE DE HUESO EN DECADENCIA 

    Mujer antónima flaquea y se come las uñas de los pies a pedacitos,
    astillazos que saben caer filudos al hoyuelo triturante
    que infeccionan las emociones ante la comida digerida en el momento pasado.
    Eructos como hablar entre cerdos comentan
    ¿qué se puede esperar de un estómago destruido?

    II

    Pronto encuentro doloso reconstruyendo hueso con carne, infecciones de caries
    llegando al cuerpo, la cabeza, la situación en general. Por su cráter cáscara entran
    helajes que simulan dolores
    que matan palpitan y matan palpitan escupen palillos de nervios
    que inflan y bajan y viven y matan palpitan.

    III
    La certeza de engendrar algo oscuro que chifla corazones de huesos
    la gota de miel,
    el dolor de muela,
    palomitas de maíz asoman por ventana circular.

    e n 98

     

     

     


    OJOS GRANDES CURIOSEAN

     

    Soñaba difunta

    con un ataúd rojo quemado atravesado en la puerta de la sala.

    Era una niña y preguntaba ¿quién se murió?

    e iba a ver la ventana de vidrio de la caja y se miraba ahí dentro.

    Y pensaba que no podía ser porque ella era esa misma que miraba.

     

    Daba la vuelta y corría a avisar que la vieran muerta, y le respondían que ahí no

    había nada.

    Entonces ella se volvía hacia la puerta y se topaba nuevamente con su cuerpo

    muerto dentro del ataúd que no la dejaba salir a hacer los mandados.

     

    22en98

     

     


     

     

     

     

     

     

     

       

    HELENA RAMOS 
    (URSS, 1960)


    Sus poemas y críticas literarias aparecen a menudo en revistas y suplementos literarios del país. Tiene un poemario en prensa.


    Indice de poemas:

  • León

  • Cantos caprinos

  • Abocastro


  • Regreso a Antología de la literatura nicaragüense


     

    LEON

     

    Ciudad de fantasmas y poetas,

    te pareces

    -de golpe-

    a Leningrado,

    siempre

    con una corona

    de sonetos,

    con el nimbo de belleza irrevocable.

     

    Tantas veces ha pernoctado aquí la Musa,

    que impregnó de su aliento

    la noche,

    donde, siglo tras siglo, Arrechavala

    cabalga callejones misteriosos.

     

    El caminante -pálido,

    asustado-

    inútilmente toca la puerta ajena,

    y el Jinete de Cobre se disuelve

    en la sombría

    noche

    peterburguesa.

     


     

    CANTOS CAPRINOS

     

           A Carlos Martínez Rivas, con amor y dolor.

     

    En aquella casa

    -dostoyevskiana,

    insomne-

    el gemido de los peldaños despertó la puerta,

    y frente a ella me detuve,

    embrujada -sin querer-

    por aquel gemido.

     

    Adentro, la casa era sin fondo y alta.

    Como gelatina, temblaba

    la calma atormentada,

    mas los mortales no

    enjuiciamos

    el Juicio Final,

    y la bala

    ya perdió su sien.

     

    Los cabros

    iban subiendo la abrupta escalera,

    brillando

    sus ávidos ojos

    amarillos,

    y eran principios irrevocables

    de lo que suelen llamar

    belleza.

     

    Desde entonces, el dolor no ha sido vano.

    La sangre chorreaba y se hacía

    verbo.

    Implacablemente nuevo,

    se alzó el mundo

    bajo el cielo al rojo blanco.

     


    ABOCASTRO

     

               A Bayardo Gámez

     

    Agazapado entre alegras

    y aguacates afrancesados,

    vigila.

     

    Primo hermano del chupacabras,

    repta por el terror nocturno,

    lamisca sueños.

     

    Quién sabe de qué antañadas fecho,

    de qué cavernas, de qué delirios.

     

    Abrí el Sopena una tarde

    y lo dejé salir.

     

     


     

     

     

     

     

     

     

     

     

     


     

    JUAN SOBALVARRO
    (Managua, 1966) 



    Bibliografía:

    Unánime (poesía y prosa), 1999

    ¿Para qué tanto cuento? (cuentos), 2000

    Poesía de fin de siglo. Nicaragua–Costa Rica (antología), 2001


    Indice de poemas:

  • Qué suerte que nadie más sea Juan Sobalvarro

  • Boceto desvelado de Managua


  • Regreso a Antología de la literatura nicaragüense


    QUÉ SUERTE que nadie más sea Juan Sobalvarro

    suerte para él para el que no fue
    él que no recoge los pliegos nebulosos de la madrugada
    que no transita en la vulgaridad consciente
    de su innecesaria conciencia
    sin su doble eco fustigante
    sin la duplicada vulgaridad de su ego
    porque nada de noticia hay en ser cuando se han
    apagado los faroles del placer

    así lo admito
    me doy en ser simplemente sin deudas
    me permito regresar a mí mismo y saludarme extrañándome
    extrañándome en mi poder de ser ordinario.

     


     

    BOCETO DESVELADO DE MANAGUA

    I
    Uno bien se pierde en Managua
    y olvida su nombre
    o sos asaltado por un niño asesino
    y te es robado el poder del perdón.

     

    II
    Managua es como un mercado
    o como casas prestadas por el sueño,
    que transitorias pronto se van a borrar,
    como que aquí era un hermoso basurero
    y venía la gente a descansar sus sobras
    y luego todos, olvidaron el camino de regreso.

     

    III

    ¡Nadie quiere ciudad!
    gritan que nadie quiere ciudad,
    no todos quieren perderse extranjeros,
    no todos buscan un sol más aplastante,
    es el temor a una pequeñez más grande.
    Por eso hay gente abrazada a los árboles,
    por eso hay nombres escritos con lodo en las aceras.

     

    IV
    Managua es la vocación de perderse y retomar
    o el misterio de caer por la noche
    y no volver a ser el mismo,
    en alguna medida,
    Managua es sólo un nombre de índole remota.

     


     

     

     

     

     

     

     

     

     

    HECTOR AVELLAN
    (Managua, 1973) 



    Bibliografía:

    Las ciruelas que guardé en la hielera - Poemas 1994-1996


    Indice de poemas:

  • Visión del enemigo, mientras duerme

  • Hombre que se aleja

  • Muerto entre los muertos


  • Regreso a Antología de la literatura nicaragüense


    VISIÓN DEL ENEMIGO, MIENTRAS DUERME

    El pelo que has dejado en nuestro lecho,
    en los distintos lugares donde nos hemos amado,
    como dos caballeros que acuden a un duelo,
    se hizo nido en mi garganta,
    soga alrededor de mi cuello.

    Trozos de tu piel se esconden
    entre los pliegues de nuestra sábana,
    bajo mis uñas,
    entre mis dientes.

    Veo tu cuerpo desnudo y traicionado.
    Me pregunto:
    ¿Dónde podría hundir el cuchillo antes que despiertes?
    ¿En qué parte la muerte te resultará más certera?
    ¿Dónde sino en mi pecho?

     


     

    HOMBRE QUE SE ALEJA

    Detrás de cada uno
    vela su casa, el campo, la distancia.
    Jaime Gil de Biedma


    Tanto tiempo estuvimos cercanos
    como manos
    del mismo
    único cuerpo.

    Y así nos distanciamos,
    a la velocidad que cae el marañón maduro al suelo
    y explota en jugos azucarados
    que devoran hormigas
    igual que a un cadáver humano.

    Él se aleja con el bigote crecido.

    Queda la mugre en
    mis uñas y una mosca verde ronda mi pelo.
    Con orgullo
    y desentumeciéndome,
    la espanto.

     


     

     

    MUERTO ENTRE LOS MUERTOS

    Si a este lado de la vida, no llega un viajero
    como una carta, como una paloma, como una ola.
    Si estos ojos no ven el pan ni las piedras.
    Si en la mañana no golpea a la puerta el sol.
    Si de la mañana a la noche,
    de la noche a la noche,
    no se oye tu voz en el auricular de un teléfono público.

    Entonces
    me conformaré con el premio:
    una mano eterna y morena posada sobre mi frente,
    y el vacío para la tranquilidad de estos huesos.


     

     

     

     

     

     

     

     

    DANILO LOPEZ
    (Managua, 1954) 



    Bibliografía:

    Antología de Tarde, (poesía) 1994

    Dead Souls, (poesía) 1995 

    Génesis y Otras Fantasías, (poesía) 1996 

    Return to Guatemala, (poesía) 1996)

    11 Nicaraguan Poets in the USA, (antología) 1996 

     18 Poems, (poesía) 1997


    Indice de poemas:

  • Terra incognita

  • El beso


  • Regreso a Antología de la literatura nicaragüense


    TERRA INCOGNITA

     

    Nací en otra ciudad que no es Miami

    Donde había un barrio con calles de tierra y perros que

                Vagaban en pandilla;

    Vacas grises y carretones tirados por mugrientos chavalos

     

    Había mendigos ciegos y cojos

    Y merodeadores de sirvientas en los patios traseros;

    Un cauce lleno de agua e inmundicias

    Y casitas de tabla al borde del descalabro

     

    Había un vendedor de periódicos

    Con chelines en la bolsa de cuero

    Y muchachas descalzas con

    Panas de tortillas en la cabeza;

    Un afilador de cuchillos

    Y un panadero gordo, que circulaban en bicicleta

     

    Había un vecino con una hija retardada y otra casada;

    Credos que se revolcaban en el lodazal

    Y un poeta que soñaba con Víctor Hugo

     

    Había pulperías abarrotadas de chilindrujos y confites y

    Carretas con pichngas de leche

    Y un par de bueyes babeados;

    Escuelas de pordioseros

    Y una iglesia Católica empobrecida

     

    Había la Nunciatura Apostólica

    Rodeada de cercos de mampostería y Mercedes Benz

    Y la escuela Pío XII, donde besé por primera vez

     

    A menudo me pregunto

    Qué animales hubiere cazado con mi Honda si hubiese

                Nacido en Madagascar

    O qué juegos hubiera jugado si un tal Stevenson hubiese

    Suplantado a José Aguado Matus

    O qué buses hubiera abordado si el Metro de París

    Hubiese corrido por la esquina

     

    O qué lunas hubiera admirado con Amelia Patricia

                Aguilera Rojas

    Si una Edvika Krüeger hubiese sido mi pareja

     

    Ignoro que innumerables destinos habría vivido en otros

                Cuerpos cansados

    En otros lugares hostiles o qué flechas habrían zurcado mi

                Pecho lóbrego

    O qué Arabes hubieran cortado mi mano derecha

    Sé que esta Mirada ida me habrá acompañado en la dura

                Batalla

    Y que los solitarios caminos de El Cairo

    Antes me condujeron a Gnosos y Karnak

    Y que mis dedos trazaron en Altamira las tenues figures

                Del buffalo

    Y que en un lugar de Alfa Centauri, Tahor me

    Mostró el Cristal Sagrado

    Donde el Espíritu le habría revelado el secreto de la Mente

                Cósmica.

     

     

     


      

    EL BESO

     

    Sus ojos negros te hipnotizan

     

    En un parpadeo eterno ves como:

     

                Las moléculas de ADN se aglutinan

                            En el caldo para formar la

                            Vida física inicial,

                En el plano intemporal la

                            Mente de Dios sonríe,

                Noé suelta la paloma avizora

                            Que más tarde regresa con la

                            Rama de olivo en el pico

     

                El buen ladrón teme y

                Un terremoto anuncia la muerte del Mártir,

                Un sinnúmero de flechas

                            Susurran sobre el yelmo

                            De Rodrigo Díaz de Vivar y

                Cristóbal pone un pie en América

     

    En una isla ajena

                            Un ex-conquistador Francés

                            Languidece envenado y

    Otro, Alemán, morirá carbonizado,

    Un niño grita silencioso en

                Los hornos de Auschwitz

    Y un proyectil se clava en

                El kibutz reciente

     

    En las montañas de Dipilto

                Un indio cae herodo,

    Y un astronauta solitario

                Ve surgir Angeles en la cara oculta de Luna

     

    En ese mismo instante

    La Realidad cesa y

     

    Empieza la Fantasía

     

                De soltar

     

                            Sus labios.

     

     

     

     


     

    Regreso a Dariana

    Regreso a Antología de la literatura nicaragüense