CAROLA BRANTOME 
 
(San Rafael del Sur, 1961)
 


Bibliografía:
Más serio que un semáforo
Marea convocada

Indice de poemas:
  • Mientras la larga sombra en la distancia alumbra
  •  En piernares como en lontananza
  • Libre

  •  
    Regreso a Antología de la literatura nicaragüense
     
     

     
    MIENTRAS LA LARGA SOMBRA EN LA DISTANCIA ALUMBRA
                                                    ...nuestra voz yerra como un olvido
                                                                            Alfonso Cortez
     
    Acaso en días desprevenidos
    “nuestra voz yerra como un olvido”
    y dice pérdida donde no la hay.
    Acaso a tientas la larga sombra
    en la distancia a las sombras ilumina
    para que el odio no rodee su nombre.
    Cocoteros insulares eligen
    el manchón de playa que no espera tempestad
    a sabiendas que pleamar rebalsa siempre.
    Acaso en la umbredad el obscuro acecha al ojo
    por desconocidas páginas
    adentrándose como larva sobre hojas el ruido
    de la noche que el negro lomo de mi gato escucha
    recostada en periódicos a mi lado
    cuando quémanse manos con poemas ajenos
    que en el pórtico abandonan su nombre
    porque
    alguien entrará esta noche
    alguien hablará en sueños
    alguien
    mientras la larga sombra en la distancia alumbra.

      
     
    EN PIERNARES COMO EN LONTANANZA
     
    Preguntába-
    se, sin saber a nadie
    en el viaje que fue desasosiego,
    quién llegó a comunicar y por qué.
    En él nadie habita,
    ni le vio caer un lugar del día,
    y en balde le costó gritar,
    pero coinciden con el ayer
    a saber, sueños que tardaron en explicarse,
    reinciden habitar paraísos de ayes,
    estos pulsares
    en piernares
    como en lontananza.
     
     

     
    LIBRE
     
    Ya puedes sentir miedo
    le dijeron –
    de ahora en adelante
    un animal, como una piedra,
    como una boca,
    va a perseguirte.
    Hoy empieza tu camino,
    Ya puedes estar solo,
    que el miedo
    es un laberinto obsceno.
     

       
     
     
     
     
     
    KARLA SANCHEZ
     
     
     (León, 1958)
     
     


    Bibliografía:
    A luz más cierta
    Prosemas urbanos

    Indice de poemas:
  • No estoy escondiendo manuscritos
  • Locura congénita
  • Caminata florida
  •  

     
     
    Regreso a Antología de la literatura nicaragüense
     
     

      
    NO ESTOY ESCONDIENDO MANUSCRITOS
     
    No estoy escondiendo manuscritos
    bajo leve oscuridad de tarde
    o guardándome en noches
    para asombro de luz postrera.
     
    Sólo estoy observando los huecos en la capa de ozono.
    Y con intensidad de hambre mido el espacio que media
    entre cada uno de nosotros.
     
    Algunas veces la mirada adquiere el modo de una película
    en cámara lenta
    y todo lo que transcurre es remoto.
     
    Entonces la ciudad se agita bajo el sol
    Y crecen edificios breves (aparentemente vacíos)
    Y casas jóvenes
    pintadas bajo un sol
    ardiente de pobreza
     
    Quizás lleguen
                               - ajenos al suceso -
    los inversionistas
    pero yo no sé si las piedras peladas de los ríos
    esperen por mi.
     
    No.
    Yo no guardo manuscritos para la posteridad,
    y cuando permanezco en túneles,
                hay desasosiego.
     
    Sin embargo,
    qué me espera en el vértice de la mañana
    si ya no hay alondras,
    y desconozco el canto de los güises
    para discernir el momento de la llegada.
     
     

     
     
    LOCURA CONGENITA
                (..Tendí cuerdas de campanario a campanario; guirnaldas de
                 ventana a ventana; cadenas de oro de estrella a estrella, y
                bailo)
                            J.A. Rimbaud
     
    Puedo decir con precisión que esos versos tienen
    un significado:
                            Motel en Soledad
    Mezcla de lluvia soplando memorias
    locura ancestral brotando rojas semillas
    estimulando en suave caricia la noche que pasa
     
    Las suaves manos de mi padre alisan
     
    Sus dedos sella canto de rey sin súbditos
    y una llama sólida
    baile de continuo pensamiento-
    eleva altisonantes monólogos
    de lobo solitario
                            que aúlla tendido sobre el pavimento
     
    Interminables volutas de nubes grises
    brotan de su boca
    depositando en cada uno
    su carga de congénita locura
                así
                            grises volátiles entrelazan mi alma
                para ser arlequín o pensador
                            o simplemente
                                        ploma tornasol.
     
     
     

     
     
    CAMINATA FLORIDA
     
    Bajo el calientísimo sol cenital del sur del coloso, la Florida en toda su dimensión comercial y una sola, escaza, rala, diluida caminata. Qué haría allí, sino versos claros como ingrávida es la tarde. Transparente multitud del vacío, las grandes ciudades, gorjeo de pájaros prisioneros, tras-barrotados entre rascacielos, desperezándose en la cúpula de los edificios. Sueño de árboles que brotan del cuerpo, para posarse sobre las ramas, como si las ventanas fueran nidos y no vidrio.
     
     

     
     
     
     
     
    BLANCA CASTELLON 
     
     
    (Managua, 1958)
     


    Bibliografía:
    Ama del espíritu, 1995
    Flotaciones, 1998
    Orilla opuesta, 2000

    Indice de poemas:
  • ¡Tápenle la boca!
  • Pre-textos
  • Despierta ya
  •  

     
     
    Regreso a Antología de la literatura nicaragüense
     
     

     
     
    ¡Tápenle la boca
                a estos pensamientos míos!
     
    No sirven para calmar
    El acoso constante de los elementos
      
     

      
    PRE-TEXTOS
     
    Seguramente se trata del cansancio
    De lidiar con las paredes
     
    Caminar en las aceras
    Mirar fotografías viejas
     
    Es el cansancio de los ojos abiertos
    Y del parpadeo
     
    Tragar saliva sin contemplaciones
     
    En serio cansa
    Cargar las manos llenas de principios
     
    Y soportar a todos lo que arrastran
    El sexo en sus pestañass
     
    Tal vez alivie un beso con el diccionario abierto
     
    Probablemente se cure
    Enterrándose en tu cuerpo ausente
      
     

      
     
    DESPIERTA YA
     
    En la punta de la lengua
    Permanece somnolienta
     
    La palabra que no llega a despertar
    Para nombrar el revoltijo de placer
     
    El vértigo que suscita tu imagen
    Sobrevolando a mil años luz
     
    De esta distancia negra
     
    Sólo rastros
     
    En
                Aquí
    Dentro
     
    Ramas calcinadas cercando el precipicio.
     
     

     
     
     
     
     
     
    ISOLDA HURTADO 
     
    (Granada, 1957)
     


    Bibliografía:
    Silencio de alas, 1999

    Indice de poemas:
  • Cristales
  • Solsticio de invierno
  • En sol mayor
  •  

     
    Regreso a Antología de la literatura nicaragüense
     
     

     
      
    CRISTALES
     
    De puras lágrimas crecían begonias
    en la ventana
    lejos dejaba el gorrión el bosque
    para posar su canto
    sobre el tejado
     
    danza tímida de zapatillas rotas
    acariciaba el ritmo
    la ilusión a media luz
    pequeña y honda clavada al pájaro
    mirando  
     
    la flor abriendo el amanecer
    venía.
     

      
     
    SOLSTICIO DE INVIERNO
     
    Signos diferentes golpean el mismo camino
    desde la primera piedra circular.
     
    ¿Cuántas horas sonó el tambor
    tu mirada ronca
    hasta elevar la danza divina
    cuando la nube gris reverdecía
     y todo era silencio en el ritual?
     
    Tu seña se perdía en las estepas del papiro
    cuando en el río se ahogaba el tallo
    en remolinos
    y el viento soplaba el envés de la hoja.
     
    ¡No te basta el calor del invierno
    y el verano de sombras!
     
    Quizás una lluvia desierta
    o una ocre sonrisa te acerquen
     
    Huye del vértice sin nombre
    sin rostro...
     
    Máscaras reclinadas al vidrio
    para ver el otro lado
    del vértigo
    en silencio
    gritan.
      
     

      
     
    EN SOL MAYOR
                                                        a Karla, Blanca y Carola
    La fiesta sigue a la sombra
    de las voces
    que rompen de amor
    la incertidumbre
    entre la multitud
     
    Enciende la palabra la línea
    solitaria
    la extensión que imprime al tiempo
    su memoria
     
    ¿Qué hacés cuando el trueno rueda
    sobre la piedra
    negra de tanto brillo?
     
    ¿Qué hacés cuando te ciega desnuda
    la luz herida?
     
    ¿Qué haremos cuando la piel
    cansada extienda sus estrías largas
    del camino
    cuando se acerque la mano al lirio
    para buscar su aroma
    el mismo y diferente aroma?
     
    Entonces regresará al viento
    el aullido primigenio
    al tono sostenido
    del concierto
    en el alma.  
     

     
     
     
    MARTA LEONOR GONZALEZ 
     
    (Boaco, 1972)

    Indice de poemas:
  • 1985. diez años después.
  • Si ves un gato negro, decía mi abuela


  • Bibliografía:
     
    Huérfana embravecida, 1999
     
     

     
    Regreso a Antología de la literatura nicaragüense
     
     

     
    1985. DIEZ AÑOS DESPUÉS.
     
    El corazón que está en mis manos
    dice: lentitud de vida corre por la sangre,
    los restos de esta tarde ser irán conmigo,
    mi mañana la guardarás entre tus ojos
    como dos lágrimas puras de invierno,
    las venas se enfriarán como vigas de cemento
    opacas de naturaleza.
    Y recogerás ese corazón que una vez dijo:
    hija, madre, niño, taxi, avión, caballo,
    rosas negras y blancas en un jardín
    que nunca recordarás.
    Y como días en tu bolso lleno de alfileres
    se guardarán la risa, las manos, tu silencio.
    Y aquella barba que afeitabas muy bien
    los días de mi cumpleaños.
     
     

      
     
    SI VES UN GATO NEGRO, DECIA MI ABUELA
     
    Manadas de gastos merodean la noche de mis tejados,
    manosean el secreto de los amantes,
    y con sus garas afiladas corcovean sobre la hembra herida,
    lloran porque están solos,
    recorren las calles abandonadas,
    con el temor que una mano los condene,
    olfatean un olor a pollo asado, a pan recién horneado
    y en el solar, macho y hembra,
    aislados, perteneciéndose en cada marejada.
    Si ves un gato negro, decía mi abuela,
    te abrumará de noches,
    y con las uñas te sacará los ojos.
    Como auténticos cuervos de la existencia,
    arrimados a la puerta con aire de perdón,
    no sabrán que esa misma nochez,
    serán gatos en la ventanilla de un bus azul.
      
     
     

     
    Regreso a Dariana
    Regreso a Antología de la literatura nicaragüense