Horacio Peña
(1936)
Bibliografía:Ars Morendi y otros poemas, 1967 La soledad y el desierto, 1970 Poema a un hombre llamado Roberto Clemente, 1973 Encuentro, 1978 Antología del inmigrante, 1988
Indice de poemas:
Regreso a Antología de la literatura nicaragüense
NO NECESARIAMENTE EN HIROSHIMA,
MI AMOR
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
En algún lugar debemos encontrarnos.
Desearía encontrarte.
Deseo encontrarte.
En cualquier calle de tu ciudad o de mi ciudad.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
En cualquier lugar:
cuerpos deformados. Rostros sin ojos.
No fotografías, sino cuerpos que salen al encuentro,
cuerpos con los cuales tropezamos
y de los que salen moscas, y ratas y sangre.
Todas las calles llenas de muertos.
En ciudades donde no han habido guerras.
Ni han estallado bombas.
Pero ciudades simplemente habitadas por el hombre.
La creación de mil muertes para los que hablan.
Para los que protestan.
No necesaramente en Hiroshima,
mi amor.
No conocemos ninguna de las cifras de estos muertos
que mueren en la democracia,
o en las dictaduras disfrazadas con el nombre de democracia,
pero sabemos que alguien muera por la mañana,
alguien muere por la tarde,
alguien muere por la noche.
Uno cada vez.
Con un horario bien preparado.
Pero desconocemos las cifras oficiales de estos muertos.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
En cualquier lugar deseo encontrarte.
Para reír juntos.
Para llorar juntos.
Para consolarnos mutuamente de tu muerte y de mi muerte.
Para que yo pueda conocer la profundidad y el misterio de tu cuerpo.
Para que tú puedas conocer la profundidad y el misterio de mi cuerpo.
Un goce que yo no conocía.
Un goce que tú no conocías.
Pero por este goce conoceremos miles de nuevos dolores.
Millones de nuevas muertes.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
Y sobre estos muertos nadie hace películas.
Nadie comenta. Nadie habla.
Pero tú y yo vamos a sacar estos muertos
de sus cenizas,
de los ríos en los cuales fueron echados con piedras al cuello,
de los cuartos en los cuales fueron abandonados
después que las maquinitas cumplieron su "trabajo",
pero además de tú y yo
están también los otros,
los que siempre llevan sangre a la rueda de su molino,
los que usan y usaron a lso muertos
para poner el odio en el corazón del hombre,
y permanecer en el poder,
y los que usaron y usan a los muertos
para poner el odio en el corazón del hombre,
y conseguir al poder.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
En todas partes somos devorados por el tiempo.
Mi cuerpo hecho de soledad.
Tu cuerpo hecho de soledad.
Y en la noche quisieras tener un cuerpo a tu lado
que te haga creer que estás menos sola.
Y en la noche quisiera tener un cuerpo a mi lado
que me haga creer que estoy menos solo.
Pero todo es inútil,
en vano recorremos los bares en los cuales habíamos visto
a nuestros amigos, todos se han ido.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
Pero tu dolor y mi dolor,
no pueden ser contenidos en un solo nombre,
porque tu nombre no es, no puede ser
Nevers,
sino que es Cuerpo Ardiente que crece bajo mis aguas,
y tu nombre no es, no puede ser
Hiroshima,
sino que es Cuerpo Desnudo puesto debajo de mi cuerpo desnudo,
para crecer y multiplicarse más allá del odio y de los miedos.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
Y aquí estamos tú y yo,
para recordar el Inmenso Muerto,
al Muerto que muere cada día en las democracias,
o en las dictaduras disfrazadas con el nombre de democracia,
al Inmenso Muerto,
nuevamente fusilado,
nuevamente en las cámaras de gases,
nuevamente en las sillas eléctricas,
nuevamente sobre un Arbol Ardiente,
no necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
Regreso a Antología de la literatura nicaragüense