In memoriam

Pablo Antonio Cuadra

(1912-2002)


por Franklin Caldera 


    

La noticia de la muerte de PAC me tomó por sorpresa. Pensé que iba a estar vivo siempre, rodeado de libros en su escritorio, donde le entregábamos nuestros poemas (que llevábamos doblados en el bolsillo de la camisa); o dando conferencias dentro y fuera de Nicaragua, con su figura de Quijote sensato de líneas sartoriales, que nos hacía sentir orgullosos de ser nicaragüenses.

 

PAC (de estirpe granadina aunque nacido en Managua y educado por los jesuitas en el Colegio Centroamérica de Granada) es nuestra personalidad literaria más importante después de Darío. Fue co-fundador del movimiento de Vanguardia, el cual evitó que la poesía nicaragüense se anquilosara bajo el peso enorme de Darío, abriéndola a todas las corrientes innovadoras del siglo XX.  También fue el primero que convirtió en protagonistas de su obra, la tierra nicaragüense, nuestros árboles frutales, nuestros mitos, nuestras raíces indígenas, nuestra historia…

 

Esto no significa que lo nicaragüense no haya estado presente en la obra de los poetas anteriores a PAC (recordemos el bellísimo soneto “Damiana” de Ramón Sáenz Morales), pero éstos (especialmente Cortés, Pallais y de la Selva), influenciados por el universalismo de Darío, daban a sus trabajos proyecciones metafísicas, helenísticas, ultramarinas, que rebasaban las fronteras patrias. PAC, recorriendo el camino inverso, hizo de lo nuestro el centro de su poesía, dándole una proyección panhispánica, universal. En reconocimiento de su deuda con Darío en este terreno, señaló: “¿Y mi poesía no comienza a recorrer los campos bajo ‘el nicaragüense sol’ arrastrada por aquel ‘Buey que vi en mi niñez echando vaho un día’”?  

 

También hizo parte inseparable de su labor literaria, su praxis política, caracterizada por un profundo humanismo cristiano. Desde las páginas del diario la Prensa, del que fue codirector con Pedro Joaquín Chamorro y director a raíz de la muerte de éste, luchó contra la dinastía somocista, y luego, en la década de los ochenta, contra el rumbo totalitario tomado por la revolución sandinista. Esto lo hizo víctima tanto del acoso del nuevo régimen como del escarnio y el aislamiento de la mayoría de nuestros poetas burocratizados, cuyas carreras, con pocas excepciones, PAC había impulsado desde las páginas de la Prensa Literaria.   

 

PAC fue el artista total, un Hombre del Renacimiento: poeta (“Poemas Nicaragüenses”, “Canto Temporal”), dramaturgo (“Por los caminos van los campesinos”), narrador, dibujante, pintor (óleo y témpera), ensayista (“El Nicaragüense”), cronista (“Otro rapto de Europa”), crítico, escultor; además de haber sido maderero, ganadero, periodista, catedrático…

 

Más que el momento de llorar una muerte (lo que nos resulta inevitable dada nuestra condición humana, sobre todo ante el vacío que deja la persona que se ha ido), es el momento de celebrar una vida vivida a plenitud, que fue significativa para tanta gente. La muerte de las personas que queremos nos mueve a reflexionar sobre la otra vida; a preguntarnos si desde alguna dimensión espiritual nos ven y escuchan; a repasar los mandamientos que sólo cumplimos a medias. Cuando el tiempo mitiga la pena, todo se olvida y volvemos a transitar nuestros caminos torcidos.

 

PAC será recordado siempre y estoy seguro de que hoy en su nueva morada, cosecha los frutos que sembró, como lo hizo aquí.

 

    


 

Regreso a Dariana

Regreso a Antología de la literatura nicaragüense