--¡Válgame Dios!, señor Gobernador
Tastuanes, viniendo yo por una calle derecha me columbró una
niña sentada en una ventana de oro, y me dice: ¡qué
galán el Güegüense!, ¡qué bizarro el Güegüense!,
aquí tienes bodega, Güegüense, entra Güegüense,
siéntate, Güegüense; aquí hay dulce, Güegüense,
aquí hay limón. Y como yo soy un hombre tan gracejo, salté
a la calle con un cabriolé, que con sus adornos no se distinguía
de lo que era, lleno de plata y oro hasta el suelo, y así una niña
me dio licencia, señor Gobernador Tastuanes!
(Parlamento tomado de El Güegüense)
Según don Pablo Antonio Cuadra, El Güegüense saldría
bien parado ante una comparación con obras clásicas de la
picaresca universal como El Lazarillo, Guzmán de Alfarache o la Pícara
Justina.
El Güegüense: multimedia El Güegüense puede ser considerado como "multimedia":
consta de danza (los movimientos y mímicas de los personajes); música
(que se interpreta en las fiestas regionales y que ha sido recopilada por
el musicólogo Salvador Cardenal); pintura y artesanía (las
máscaras y vestimentas de los personajes) y poesía (los parlamentos
tragicómicos de los personajes).
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El Güegüense o Macho Ratón es nuestra primera obra de
teatro, escrita anónimamente hacia el siglo XVI.
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A través de citas tomadas del propio Güegüense,
Pablo Antonio Cuadra demuestra que nuestro personaje es:
Burlador de las autoridades: "Ruego
a Dios que confunda al señor Gobernador Tastuanes", dice equivocándose
adrede.
Decidor de frases de doble sentido: --¿Dónde
conseguiste el vino?
--En la casa de un amigo.
--¿Quién te enseñó a hacerte de un amigo?
--Usted, tatita.
--¡Cállate, muchacho! ¿Qué dirá la gente
si sabe que yo te enseñé a hacerte de "un amigo"? Protestador por los constantes impuestos que "le
vacían la caja"
"...!ya lo ven, muchachos, lo que hemos trabajado para otro hambriento!"
Desconfiado cuando llama "peinador":
o como hoy decimos "cepillo" al que adula a la autoridad.
Sordo por conveniencia: "--¿Me
hablas, don Forsico?". --"No, tatita, serán los oídos
que te chillan."
Pícaro con las palabras y con
la falsa sordera, sobre todo cuando le cobran: "Reales de plata, Güegüense.
--¿Redes de platos?
--No, Güegüense, pesos duros. --¡Ah, quesos duros..."
Malicioso: ¿Dónde está
"su vara de insignia", pregunta al Alguacil.
Burlón del lenguaje virreinal y palaciego
y de la etiqueta que se le exige para visitar al Gobernador: "...¿debo
yo obtener un libro en romance para aprender cómo debo presentar
mis súplicas?". |