El Güegüense

--¡Válgame Dios!, señor Gobernador Tastuanes, viniendo  yo por una calle derecha me columbró una niña sentada en una ventana de oro, y me dice: ¡qué galán el Güegüense!, ¡qué bizarro el Güegüense!, aquí tienes bodega, Güegüense, entra Güegüense, siéntate, Güegüense; aquí hay dulce, Güegüense, aquí hay limón. Y como yo soy un hombre tan gracejo, salté a la calle con un cabriolé, que con sus adornos no se distinguía de lo que era, lleno de plata y oro hasta el suelo, y así una niña me dio licencia, señor Gobernador Tastuanes!

(Parlamento tomado de El Güegüense)

Según don Pablo Antonio Cuadra, El Güegüense saldría bien parado ante una comparación con obras clásicas de la picaresca universal como El Lazarillo, Guzmán de Alfarache o la Pícara Justina.


El Güegüense: multimedia El Güegüense puede ser considerado como "multimedia": consta de danza (los movimientos y mímicas de los personajes); música (que se interpreta en las fiestas regionales y que ha sido recopilada por el musicólogo Salvador Cardenal); pintura y artesanía (las máscaras y vestimentas de los personajes) y poesía (los parlamentos tragicómicos de los personajes).



 

 El Güegüense o Macho Ratón es nuestra primera obra de teatro, escrita anónimamente hacia el siglo XVI.

 Güegüense = el viejo

(en lengua náhualt).
  • El Güegüense es el primer personaje de la literatura nicaragüense.
  • El primer producto de nuestro mestizaje cultural.
  • La auto-caricatura y auto-sátira del nicaragüense.
  •  ¡Exito de taquilla! Escrita probablemente en el siglo XVI, El Güegüense aún sigue representándose en diversas fiestas patronales de la región del Pacífico de Nicaragua.

     El Güegüense es una "comedia-ballet" o "comedia-danzante". Consta de 14 partes musicales. Sus diálogos son bilingües (español y náhualt).

     El nicaragüense lleva al Güegüense en la sangre: "es la primera auto-burla de un pueblo burlesco". (Pablo Antonio Cuadra)

    A través de citas tomadas del propio Güegüense, Pablo Antonio Cuadra demuestra que nuestro personaje es:



    Burlador de las autoridades: "Ruego a Dios que confunda al señor Gobernador Tastuanes", dice equivocándose adrede.

    Decidor de frases de doble sentido: --¿Dónde conseguiste el vino?
    --En la casa de un amigo.
    --¿Quién te enseñó a hacerte de un amigo?
    --Usted, tatita.
    --¡Cállate, muchacho! ¿Qué dirá la gente si sabe que yo te enseñé a hacerte de "un amigo"?


    Protestador por los constantes impuestos que "le vacían la caja"
    "...!ya lo ven, muchachos, lo que hemos trabajado para otro hambriento!"


    Desconfiado cuando llama "peinador": o como hoy decimos "cepillo" al que adula a la autoridad.

    Sordo por conveniencia: "--¿Me hablas, don Forsico?". --"No, tatita, serán los oídos que te chillan."

    Pícaro con las palabras y con la falsa sordera, sobre todo cuando le cobran: "Reales de plata, Güegüense. --¿Redes de platos?
    --No, Güegüense, pesos duros. --¡Ah, quesos duros..."

    Malicioso: ¿Dónde está "su vara de insignia", pregunta al Alguacil.
    Burlón del lenguaje virreinal y palaciego y de la etiqueta que se le exige para visitar al Gobernador: "...¿debo yo obtener un libro en romance para aprender cómo debo presentar mis súplicas?".

     

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