José Coronel Urtecho conversa sobre La Vanguardia

 Desgraciadamente en Nicaragua no hay, antes de Rubén, nada que valga la pena. Se podría completar alguna antología desenterrando poetas muertos, como quien los incluye en una morgue de papel. Pero ése es trabajo de recopiladores de papeles. Esa no es la cosa.

No se trata de andar desenterrando lo que significa nada, aunque haya algunos que desde el punto de vista de la España de entonces, de repeticiones de la poesía ya editada y requetesabida, aparenten significar algo. No olvidemos que ese poesía requeterepetida es la que se hacía en España cuando Rubén Darío transformó el panorama de la propia España y de ahí vienen todos los grandes poetas españoles de esa época. Es el momento de la renovación. Del rechazo a un presente asfixiado por la falta de perspectivas. Darío da, y hace hacer y sin él, ni los españoles, ni desde luego nosotros, estábamos ya en capacidad de dar y hacer. Llegó en el momento preciso a rescatar la poesía escrita en español, de un virtual estado de coma.


Dentro de esa panorámica esquemática, lo que yo hice con la poesía o en la poesía tenía cierta gracia. Me refiero a entonces, cuando el Movimiento de Vanguardia. Así le llamamos y a mí no me gusta el término. Apenas tiene cierta importancia histórica, como un recomienzo, como el principio de una nueva tendencia que es como tal vez se entiende mejor.

También, decía, lo que yo hice tenía cierta gracia como la de un juego de fútbol o béisbol, porque era una poesía muy lúdica toda la poesía mía, salvo tal vez la "Cometa de ramos tristes", o de esas, donde hay alguna penetración hacia los fondos subconscientes, oníricos de uno.

Lo demás es juego externo, nuevas formas en juego, como un juego cualquiera, como un juego de boliche o lo que sea. Un juego que se entiende según su manera, y se propaga. Y se va extendiendo, de una pequeña fuente que era, entonces se convierte en río, en un río que riega toda la cultura nicaragüense, es decir, ya es la poesía nicaragüense, ya no es la Vanguardia, ni mucho menos ¡qué va! ya la vanguardia no tiene nada que hacer ahí en donde nació, este río nació en esta gotita de agua que cae aquí, en esta montaña y va siguiendo y hay poetas importantes como Joaquín Pasos, el mismo Pablo Antonio.

Muchos comienzan a jugar con la poesía, quitarle solemnidad, quitarle grandilocuencia que era el mal que venía teniendo desde la Independencia en toda América Latina. Hay poesía romántica, por ejemplo, extraordinaria; sin embargo, la elocuencia enorme, lo bombástico de todo el estilo, le quita mucho valor. Lo mismo la española en gran parte, no porque toda la poesía romántica española sea así, pero sí mucha está en eso, aunque hay excepciones muy importantes como Bécquer… pero ya eso es otra cosa.

 

 

 

 

 

  José Coronel Urtecho conversa sobre La Vanguardia

 La Vanguardia había significado la real separación ya de la posición, digamos estética, estilística del mismo Rubén Darío y del modernismo.

Pero nosotros comenzamos a reconocer mucho valor a tres poetas que en cierta manera venían directamente de Rubén Darío, pero eran ya muy originales y nos parecían a nosotros muy originales y muy importantes; el padre Azarías Pallais, un gran poeta en cualquier parte de América Latina y en cualquier parte de la lengua; Salomón de la Selva, otro gran poeta indudablemente, tan gran poeta en inglés como en español […]; y luego el extraordinario e increíble poeta que es Alfonso Cortés, un increíble poeta, de una lucidez de loco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  José Coronel Urtecho conversa sobre La Vanguardia

 Yo empecé publicando en el Diario Nicaragüense, porque yo no tenía en ese tiempo vinculación con El Correo, pero uno de los individuos más interesantes que se me acercó en esos días, cuando comenzaban a publicarse esas cosas mías y de otros que comenzaron a publicar, como Joaquín Pasos, fue Octavio Rocha que llegó a verme un día de tantos y me dijo que estaba leyendo esas cosas, que le habían interesado mucho.

Comenzamos, éramos amigos, aunque él era bastante menor que yo, pero tenía una condición muy especial, que es lo que le dio cierto pie a lo que siguió: era hijo de un señor, que tenía el diario El Correo, de Granada, en cierto modo el diario de la burguesía granadina, de la burguesía conservadora legítima granadina, lugar que era el más impenetrable para nosotros.


Resulta que Octavio tenía acceso, por ser hijo del dueño y entonces su padre le concedió una página literaria que fue la "Página de Vanguardia" como tal. Porque no hubo tal movimiento. El "movimiento" lo hacíamos unos cuatro individuos que ahí en Granada nos reuníamos en mi casa o en algunas otras casas o lugares y que publicábamos en la "Página de Vanguardia" de El Correo de Granada.

Lo que hacíamos era dar colaboración para lo que Octavio hacía ahí, que era tener la página, era la primera (algo se publicaba de poesía en La Noticia, etc, de poesía modernista) de poesía diferente, una poesía que rompe con las tradiciones modernistas, etc., y se iba por otros caminos, eso era lo que se publicaba ya en El Correo de Granada en la "Página de Vanguardia" y de ahí vino el nombre de Vanguardistas y el nombre del Movimiento de Vanguardia.

Regreso a Cápsula vanguardista

Regreso a Panorama de la literatura nicaragüense

Regreso a Dariana