INTERVENCION

de Pablo Antonio Cuadra

Ya viene el yanqui patón
y la gringa pelo e’miel.
Al yanqui decile:
go jón
y a la gringuita:
veri güel.

 

 

 

 

 

 

 

 PARQUE IX (En domingo)

de José Coronel Urtecho

Temblores lindos, como el "si" de las niñas
hijos de los volcanes son los ratones
que abrevian la malicia de las campiñas
sobre el mantel de esperma de los sermones.

Pasan por los anteojos de los abates
como por una plaza las bicicletas
(plaza donde florecen los disparates
de los poetas).

Y pues Doña Venus come caramelos
un ratón la pincha como una espina
por eso en aeroplano sube a los cielos
se fuga en una sentencia latina.

Mueren las ventanas todos los domingos
y las novias nuestras van a las praderas—
La buena semana corre en los fotingos
por las carreteras.

Mas según declaran grandes fabulistas
el ratón del campo no es inteligente,
y las estenógrafas tomarán las vistas
(del pic nic) sin el menor inconveniente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 A DON RUBEN DARIO


de Manolo Cuadra


Cazador de venados. No te ofendas, maestro.
Era porque llevabas un gran foco en la cabeza
y porque era ruidosa tu escopeta
que gustaba vibrar en la hojarasca
para espanto y temor de los antílopes.

A la orilla del río,
tirabas el gran anzuelo de tu canto
como un gran señor despreocupado
que buscaba sirenas.
(¿Cuántos atunes
mordieron ese garfio milagroso,
en el siglo pasado?)

Tú eras pródigo.
El blasón que regalaste, lírico,
a tus manos,
fue pequeño y humilde.
Fue pobre. Porque al modo de los nababs borneses,
nacían entus dedos esterlinas
y perlas, y zafiros,
que tirabas arriba de los techos
por consejos de Tántalo.

Muchos vistiéronse contentos
con tus ropas.
Yo recuerdo que el más necio
pidió al crédito un par de tus tirantes
para ajustar un tanto su talento
que bailaba como un pantalón flojo.

Sólo yo pasé frío
antes tus levitas académicas
y no ultrajaron mis pies tus alpargatas.
De ahí que oiga tu voz agradecida
diciéndome complacida:
--Gracias, muchas gracias.

Soy orgulloso de mi luz tubular,
porque el aceite es mío, maestro.
Gasto chaquetas íntegras
vueltos los ojos hacia mí mismo.

De ti dijeron: el honor, la gloria.
No morir al través de los siglos
noble supervivencia que da al barro
el espíritu, vencedor de la sombra.
Y también: tu técnica, tu genio,
original como la culpa.

Es verdad, sólo yo te conozco,
descomunal ratero,
de enormes faltriqueras marsupiales.
Sólo yo supe en Grecia
de tus investigaciones sonambúlicas
y tus deprecaciones clandestinas.

Y en Francia, tal manía mortal,
te obligo a pernoctar en las vitrinas
--burlador de la policía—
y a hacer gimnasias sobre las verjas,
para multiplicar frutos ajenos,
en tus bolsillos hospitalarios.

Así entiendo,
cuando en tierras del Cid te preguntaron:
--¿Nicaragua?
Y tú:
--No la conozco.
Luego, el Támesis, el Ganges,
Eulalia y Clitemnestra
para olvidar el caso.
(Alarmadas, cacareaban en tanto
mis gallinas solares).

Y ahora, ¿quién sabe
que tus ninfas de dedos satinados
gastan unas manos puercas
de cigarrillos y volantes,
y que mejor que tus pájaros exóticos
vuelan nuestros zopilotes nacionales
y que a tu luna veneciana
le da luz nuestro sol?

El mal que nos hiciste, ¡oh , maestro!
Porque en tus filosofías de culebra
guindadas de unas ramas nos dejaste tus mudas
que vistieron después los papanatas.

Tipitapa, 1929

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 ORACION A SANTO DOMINGO

de Joaquín Pasos

Para que las vacas no estén flacas
para que el zacate no nazca mayate
para que sea entero el tiempo del aguacero,

te bailamos la vaca y el ternero chingo
Santo Domingo

Para que los hijos no sean canijos
para que no salgan lagartos en los partos
para que no duela la muela
para que no haya buñiga en la barriga

te bailamos la vaca y el ternero chingo
Santo Domingo

Porque nos alejas de las bebidas viejas de las viejas
porque cuidas los potreros capeas de mal a los terneros
porque sos bueno en soles para los frijoles y el arroz .
Porque con vos todo es chiche como el brinco en el trapiche
porque nuestro amor en flor en tu Sierra se encierra
porque tenés las vidas de nosotros a tu cuellos prendidas,

te bailamos la vaca y el ternero chingo
Santo Domingo

Portate bien
con el zacate, con el ganado, con todo lo criado.
Amén.

Fiesta de Santo Domingo, 1936

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 ODA A RUBEN DARIO

de José Coronel Urtecho

¿Ella? No la anuncian. No llega aún.
Rubén Darío.

I
(Acompañamiento de lija)

Burlé tu león de cemento al cabo.
Tú sabes que mi llanto fue de lágrimas,
y no de perlas. Te amo.
Soy el asesino de tus retratos.
Por vez primera comimos naranjas.
Il n’y a pas de chocolat –dijo tu ángel de la guarda—

Ahora podías perfectamente
mostrarme tu vida por la ventana
como unos cuadros que nadie ha pintado.
Tu vestido de emperador, que cuelga
de la pared, bordado de palabras,
cuánto más pequeño que ese pajama
con que duermes ahora,
que eres tan sólo un alma.

Yo te besé las manos.
"Stella –tú hablabas contigo mismo—
llegó por fin después de la parada",
y no recuerdo qué dijiste luego.
Sé que reímos de ello.
(Por fin te dije: "Maestro, quisiera
ver el fauno".
Mas tú: "Vete a un convento")

Hablamos de Zorrilla. Tu dijiste:
"Mi padre" y hablamos de los amigos.
"Et le reste est literature" de nuevo
tu ángel impertinente.
Tú te exaltaste mucho.
"Literatura todo –el resto es esto—"
Entonces comprendimos la tragedia.
Es como el agua cuando
inunda un campo, un pueblo
sin alboroto y se entra
por las puertas y llena los salones
de los palacios –en busca de un cauce,
del mar, nadie sabe.

Tú que dijiste tantas veces "Ecce
Homo" frente al espejo
y no sabías cuál de los era
el verdadero, si acaso era alguno.
(¿Te entraban deseos de hacer pedazos
el cristal?) Nada de eso
(mármol bajo el azul) en tus jardínes
--donde antes de morir rezaste al cabo—
donde yo me paseo con mi novia
y soy irrespetuoso con los cisnes.

 

II


(Acompañamiento de tambores)

He tenido una reyerta
con el ladrón de tus corbatas
(yo mismo cuando iba a la escuela)
el cual me ha roto tus ritmos
a puñetazos en las orejas…

Libertador, te llamaría,
si esto no fuera una insolencia
contra tus manos provenzales
(y el Cancionero de Baena)
en el "Clavicordio de la Abuela"
--tus manos, que beso de nuevo,
Maestro.

En nuestra casa nos reuníamos
para verte partir en globo
y tú partías en una galera
--después descubrimos que la luna
era una bicicleta—
y regresabas a la gran fiesta
de la apertura de tu maleta.
La Abuela se enfurecía
de tus sinfonías parisienses,
y los chicuelos nos comíamos
tus peras de cera.
(¡Oh tus sabrosas frutas de cera!)
Tú comprendes.
Tú que estuviste en el Louvre,
entre los mármoles de Grecia,
y ejecutaste una marcha
a la Victoria de Samotracia,
tú comprendes por qué te hablo
como una máquina fotográfica
en la plaza de la Independencia
de las Cosmópolis de América,
donde enseñaste a criar centauros
a laos ganaderos de las Pampas.

Porque buscándote en vano
entre tus cortinajes de ensueño,
he terminado por llamarte
"Maestro, maestro",
donde tu música suntuosa
es la armonía de tu silencio…
(¿Por qué has huído, maestro?)
(Hay unas gotas de sangre
en tus tapices).

Comprendo.
Perdón. Nada ha sido.
Vuelvo a la cuerda de mi contento,
¿Rubén? Sí. Rubén fue un mármol
griego. (¿No es esto?)

"All’s right with the world", nos dijo
con su prosaísmo soberbio
nuestro querido sir Roberto
Browning. Y es cierto.

 

FINAL

(Con pito)

 

En fin, Rubén,
paisano inevitable, te saludo
con mi bombín,
que se comieron los ratones en
mil novecientos veinte y cin-
co. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 OBRA MAESTRA

de José Coronel Urtecho

 

O

¡cuánto me ha costado hacer esto!

 

(1928)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 ARS POETICA
(fragmento)

 

de Pablo Antonio Cuadra

Volver es necesario
donde cantó sus versos el pueblo poblador,
hablar para cualquiera
con el tono ordinario
que se usa en el amor.

Que sonría entendida la juana cocinera
y que el verso no extrañe a la luz del comal,
que lo pueda en su trabajo decir el jornalero,
que lo cante el guitarrero
y luego lo repita el vaquero en el corral.
...
Decir lo que queremos:
Querer lo que decimos.
¡Cantemos
aquello que vivimos!


 

 

 

 

 El herrero-poeta

 Entre los tipos interesantes que formaban nuestro grupo en esos días, –relata Pablo Antonio Cuadra en su ensayo "Los poetas de la Torre: Memorias del Movimiento de "Vanguardia"-- no quiero dejar de citar a Bruno Mongalo, el herrero-poeta. Después de muchas invitaciones accedió a llegar a una tertulia nuestra, pero como Joaquín reía sin cesar y como era frecuente que alguien propusiera proyectos terribles –demolición de edificios, asesinatos de personalidades, complots perfectos, etcétera—se negó a volver diciendo que él era un poeta serio. Nosotros volvimos muchas veces a su taller a arrancarle sus últimos versos y nunca faltó su firma en nuestros manifiestos (aunque enviaba protestas incandescentes reafirmando su seriedad). Su poesía era maravillosa, como un Aduanero Rousseau escribiendo:

 Gurrión

de Bruno Mongalo


Decís que soy errante gurrión
Está bueno, pues. Seré errante gurrión.
Pero la primer flor que pique
será la flor de tu corazón.


Biografía

de Bruno Mongalo


Tú eres bueno
Tu eres malo.
Bruno Mongalo.

 

 

 

 

 PRIMER AGUACERO

de Luis Alberto Cabrales

 

Anoche, toda la noche,
cayó el primer aguacero.

Por eso
alegre estaba el campo en la mañana
con su camisa blanca de todos los domingos
y el pantalón azul de la Semana Santa

Alegre estaba el campo
de azul y de blanco.

Silbando se fue a la ciudad
con su nuevo sombrero de pita;
trascendía a hierba, a fruta y a humedad.

Como viera los árboles todos llenos de trino,
como viera las nubes todas llenas de sol,
compró para el colocho un centavo de olor
en la venta que puso mayo en el camino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 PEDRO URDEMALES

de Pablo Antonio Cuadra

 

Pedro Urdemales, profesor
de aquella misterisofía
mágica, dulce mentira
que hizo verdad tu boca de hablador.

!Tus cuentos, Pedro Urdemales:
pantalón de prosa y camisa
de fantasía! !Refrán con sombrero
de palma! Fuiste burlero
metiéndote en verenjenales
y llenando de mentira y risa
los caminos de Chontales.

Con tu olor a monte y a sajino
--caminero, logrero, palabrero—
vendedor de cotonas y cususa
cruzaste las lomas
y los llanos. Terror
de los alcaravanes.
Ladino.
Inventor
de los cuentos de camino.

 

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