ESCENAS Y EPISODIOS

 

 

                                   Edwin Yllescas

 

I

El cine Montenegro tenía unos parlantes

colgados en los balcones

anunciando cañonazos mexicanos.

Y el otro cine

Ibis

donde por primera vez vi

El Tercer Hombre

o

El Hombre del Brazo de Oro

o

El Hombre del Traje Gris

o tal vez era otra película en blanco y negro

pero había un hombre que estaba

huyendo todo el tiempo

en una ciudad que tal vez era Estocolmo.

 

¡Cañonazos mexicanos!

Si lo quisiera, muchos podría recordar

 

¡Y con razón Ufemia!

 

Secos sonaban los cañonazos. Unas contra otras

sonaban las bolas contra la banda verde-hule.

               

Contra el piso del Club de Obreros.

 

Siempre estaban sonando

antes de la función

al doblar la esquina del Hotel Alpino

y también un poco después

cuando todavía quedaban algunos billaristas en

el Club de Obreros.

O cuando comenzaban

y las mesas no alcanzaban para todos

y los que no alcanzaban en las mesas

se ponían en las puertas a ver gente

y la gente seguía pasando

y los que seguían en las mesas

pedían tiempo,

pedían tiza,

talqueaban,

rompían el juego.

 

El dueño del cine

puso la primera venta de Eskimos

y prohibió la venta de chiclets

pirulines

turrones

hojaldras

buñuelos y

naranjas.

 

–también suprimió las ventas de ponche–

 

Ya no se oía –como antes–

¡Chiclets por favor!

¡Pirulines hijueputa!

¡Renco, traé las hojaldras!

Sólo se oía

(no parecía el cine Montenegro)

Eskimos

Eskimos

Eskimos

y el renco que los vendía gritaba

¡Eskimos!

¡Eskimos!

¡Eskimos!

 

Y si la película se reventaba repetían el rollo

 

REPETICIÓN

 

¡Eskimos!

¡Chiclets por favor!

¡Pirulines hijueputa!

 

La serie continuaban al día siguiente.

Y muchas vi y muchas recuerdo

suspendidas y retaceadas

proyectándose sobre la pantalla.

 

ESCENAS Y EPISODIOS

 

Los de los episodios y los de las escenas salían por último

con sus pañuelos y sus programas.

Contra el frío el pañuelo cubría la nariz y la boca.

 

Fría y ventosa la noche.

La tinaja sobre el tizón

y la mujer enrollada en su toalla

soplando el tizón debajo de la tinaja.

Se divisaban chispas saltando bajo la tinaja.

Se oían las bolas contra el piso del billar.

 

MON-TE-NE-GRO

 

Las letras luminosas

apagándose al doblar la esquina

del Hotel Alpino.

 

II

 

A esa edad, un muchacho recuerda

un paño de billar,

una bola de billar,

al dueño del cine.

A sus hijas bellas,

casi artistas de cine,

y casi, entonces, de mi edad:

Rubias,

Pecosas,

olorosas a

San Francisco de California.

Y muchas otras cosas radiantes

porque a nadie le he conocido

una bicicleta rueda ancha,

un tren eléctrico amarillo,

un rifle de balines,

un caballo grande de mentira,

un arco y una flecha de güiscoyol

como las que yo le conocí

al hermano de esas muchachas;

ni tampoco recuerdo a nadie

que las usara tan mal como él.

 

Juntos marcamos las bancas

¡ESCENAS Y EPISODIOS!

Los novios sobre las bancas

¡ESCENAS Y EPISODIOS!

¡REPETICIÓN SOBRE LAS BANCAS!

 

Humo espiral colándose entre el haz de la proyección.

 

Así recuerdo algunos de esos nombres y rostros.

 

Muchos años después

–entonces, ahora en la memoria–

yo marqué en algún lugar del aire

una cruz bien grande,

poco después de leer en un peródico de Managua

un comunicado de la 101 Aerotransportada.

Entre otras cosas hablaba

de un nica muerto en combate cerca de Khe Sanh.

Y agregaba:

Entre sus cosas se encontró esta foto:

 

 

 

Con esta dedicatoria:

Para que no vayas ni tan triste ni tan

solo y para que veas que en todo

momento me acuerdo de vos.

Jane

Denver, Colorado, 1963.

 

Creo que entonces volví a recordar a sus hermanas.

Casi artistas de cine

y casi, entonces, de mi misma edad.

 

 


Regreso a Antología de la literatura nicaragüense