Gloriantonia
Henríquez
LA POESIA
"La poesía es encuentro,
don, hallazgo por gracia."
María Zambrano
Tesitura inasible,
geoda, vientre, runa.
Gesta, engendra, anida.
Abrevia la urgencia de la
materia
arrulla su episodio apodíctico
le inventa su refugio.
Es una sola escala, una sola
armonía,
un sólo puño,
un pétalo unido a otro pétalo.
Las alas de un instante su afán entero.
Las huellas del intruso, sus
despojos,
las cifras de esa historia su larga singladura
y de esos vestigios entre signos
los subterfugios del silencio.
La verdad, como una hoguera,
desde el tamiz de su inocencia.
Del sueño la vigilia,
la palabra ceñida, cristalina.
Ninguna desmesura.
Serena...
En el clamor del aislamiento
la asonancia inmanente del asombro.
De epifanía, todas las voces.
Algunos, sólo algunos,
tras el sigilo de sus pasos,
la piel de su memoria
la curva de sus senos.
Púdica se
descubre,
linfa, advierte, premoniza,
la belleza derrama.
Desnuda, desamparada incluso,
excede.
VERDE ES EL RIO
“Mi reino vivirá mientras
estén verdes mis recuerdos.”
José Hierro
¡Aquí todo es verde! Verde el camalotal de
las vegas.
Verdes los guabos y sus vainas henchidas de
habas dulces.
Verdes las iguanas tendidas al sol.
Verdes sus crestas férreas y altivas.
Verdes los chocoyos que pasan en bandadas
o se almuerzan en jubilosa algarabía un
guayabal.
Y
las tortugas hurañas que saltan de sus troncos viejos
se zambullen y luego se pierden.
Verde el canto de las oropéndolas
cuando terminan de colgar sus nidos.
Verdes las hormigas náufragas sobre algas a
la deriva.
Verde el sombrero de hojas que se hacen los
niños
para esconderse del sol en el reflejo del
río.
Verde-rojo. Verde-azul. Verde-amarillo.
Verde-marrón.
Verde las loras. Verde los garrobos. Verde
los chichimecos.
Verdes como el viento que despierta a la
mañana.
Verde la lluvia fresca sobre el ramaje de los
mangos.
Verde, a veces, el vientre suculento de las
ceibas
y la sombra de los elequemes en el espejo del
río.
Verde por tierna la leche de los jocotes
verdes.
Verde siempre el aliento y la silueta de la
montaña.
Verdes las olas que mecen el bote que nos
lleva y nos trae al río.
Verde el silencio de las mareas y la brisa.
Verde también la mirada si te asomas al fondo
del río
y lo abrazas con los ojos sin tocar sus
orillas.
Verde es el río. Verde. Muy verde.
Verde y Escondido. Verde y esquivo. Sólo mío.
¡Verde es todo el año y en todas las horas!
Aun cuando se vuelve oscuro para auscultar la
noche
y compartir su misterio con unos ojos negros
o llorar la violencia de sus hijos.
¡Río-Madre!
Para mí siempre es verde porque me corre por
dentro
el verde de sus riberas. El verde de sus
aguas nuevas.
El verde del cielo que se contempla en ellas.
¡Verde! Que no hace falta que lo quiera
verde.
Verde sería ayer. Verde hoy para mañana y
todavía.
Verde-mío. Verde-tuyo. Verde-nuestro.
Verde. Más verde el deseo de que no lo devore
nunca el marasmo...
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