MILAGROS TERAN 

(León, 1963)

 



Bibliografía:

Las luces en la sien, 1993

Plaza de los comunes, 2001


Indice de poemas:

Común es el amor

Fin de siglo

Dueña de todo

Las puertas


Regreso a Antología de la literatura nicaragüense


 

COMÚN ES EL AMOR
 
Común es el amor en sus inicios
cuando extiende sus ramas y toca
tu cabello, y lamina de pulsos
la epidermis. Común cuando se desvanece
y es agua que se escurre por la pendiente
como cera ante el fuego.
Ordinario el destierro, su dolor
el cuchillo en el vientre,  la torre
de Babel y su infortunio.
Común ese desapacible insomnio
la góndola que aguarda agazapada
en la corriente donde el garfio iluminado
nos acecha. Frecuente la sonrisa,
la nostalgia de ayer, el futuro terror
y su placer, el motor de la vida,
la poesía.
 
 

  
 
FIN DE SIGLO
  
Que el roce de su ala no me arrastre
que pase de lado, obtuso
vago, loco, desquisiado.
Que no quede prendida en mi memoria
la visión de su figura,
que puedan mis ojos esquivar su mirada.
Que olvide que existo en esta circunstancia
en este país, en este fin de siglo
en que lavo mi rostro de un cuenco vacío
y reparo en la suerte
que avisan las líneas de mis manos.
Que no vuelva a tocarme con su dedo de luz,
que no anhele dejarme marcada
que su aliento caliente mi almohada.
Díganle sí que cuando el día muera
venga en la noche a visitar mi cama
y que cabalgue sobre mi
            sin verme el rostro
            sin decirme su nombre
y que mañana
            como un ladrón se esconda.
 

 


 

DUEÑA DE TODO

cuando la libertad deje
pasar por alto
las imperfecciones,
cuando venga el olvido
se mueran las noches
con sus nombres,
cuando solo quede el esqueleto
de esperanzas e ilusiones
repartidas
estaré segura de haber sido
-al fin-
dueña de todo.

 


 

 

LAS PUERTAS

 

Se han abierto de par en par

las puertas

y entrado tempestades.

Han desfilado rostros.

Figuras desteñidas

han contribuido con piedras

a edificar el muro

de cada uno de mis años.

 

En la noche han excavado

mis entrañas de cobre

y caminado sobre mis asfaltos.

 

En medio de las paredes

entran y salen,

deambulando por mis confines

de sangre y de carne.

 

Son todos y nadie.

Tienen distintos ojos

y sus huellas suenan diferentes.

 

Han olvidado

cerrar las puertas,

donde aguardo sentada

—callada—

al desenlace.

 


 

Regreso a Dariana

Regreso a Antología de la literatura nicaragüense