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Pablo Antonio
Cuadra:
la construcción de un imaginario nacional
Nicasio Urbina
(Tulane University)
Pablo
Antonio Cuadra es el escritor más
importante de las letras nicaragüenses después
de Rubén Darío. Su obra poética es de la mejor
calidad, manteniendo a lo largo de setenta años
su refinado lirismo y su profundidad humana. De
no menor importancia es su labor como prosista,
destacándose por la sutileza de su pensamiento
así como por la honestidad de sus juicios. En su
obra también figuran cuentos, obras de teatro y
una novela corta que muestra su habilidad en el
manejo de la forma y el lenguaje. Pablo Antonio
Cuadra nació en Managua, Nicaragua, el 4 de
noviembre de 1912. Hijo del Dr. Carlos Cuadra
Pasos y de doña Mercedes Cardenal, PAC -como
habría de firmar sus numerosos escritos- heredó
las cualidades intelectuales de su padre, uno de
los más destacados historiadores de Nicaragua.
En 1916 su familia regresó a vivir a Granada,
donde PAC ejercería su labor poética dentro del
Movimiento de Vanguardia, hasta trasladarse a
Managua en 1955. Cuadra estudió con los jesuitas,
en el Colegio Centroamérica, y pasó gran parte
de sus vacaciones en el campo, en contacto con
la naturaleza y los campesinos, elementos que
habrían de sellar para siempre su sensibilidad y
su poesía. En su juventud PAC se dedicó a la
agricultura y la ganadería y empezó una pequeña
empresa maderera, pero más que aventuras
financieras estas fueros experiencias
vivenciales que el alma refinada del poeta
habría de transformar en poesía y metáfora.
La guerra civil y el levantamiento de
Sandino en las Segovias marcaron la juventud de
PAC, fortaleciendo su espíritu nacionalista y
ahondando en su visión del ser nicaragüense. PAC
publica sus primeros poemas en la revista
Criterio, dirigida por José Coronel Urtecho
y Dionisio Cuadra cuando todavía era un colegial,
y cuando en 1931 se publica el primer manifiesto
de Vanguardia, su firma aparece junto a la de
Joaquín Pasos, Octavio Rocha, Luis Alberto
Cabrales, Manolo Cuadra, Joaquín Zavala, Luis
Castrillo, y por supuesto, Bruno Mongalo y José
Coronel Urtecho, líderes del movimiento. "Hay
que aprovechar la presencia en esta ciudad de
algunos elementos jóvenes de afición literaria
para formar un núcleo de vanguardia que trabaje
por abrir la perspectiva de una literatura
nacional y construir una especie de capital
literaria que sea como el meridiano intelectual
de la nación."(Primer manifiesto, artículo 1).
De esta época datan sus "Canciones de pájaro y
señora" (1929-1931) libro inédito,
fragmentariamente publicado en la antología
Poesía (1929-1962) y recogido en su Obra
poética completa, publicada por Libro Libre,
en Costa Rica. Según José Emilio Balladares "Canciones
de pájaro y señora" fueron "un contrapunto
pertinente a la pomposidad y las sonoridades
excesivas de lo menos eximio de Rubén y de sus
epígonos, llamando la atención de los distraídos
hacia la verdadera esencia de la poesía."(La
palabra, 24).
El 14 de junio de ese año Pablo Antonio
Cuadra y Octavio Rocha empiezan a publicar en el
diario granadino El Correo un suplemento
literario bisemanal que se llama al principio
Rincón de Vanguardia y luego simplemente
Vanguardia (1931-1933). En el 2† número
correspondiente al 28 de junio de 1931 PAC
publica su corto artículo "Dos perspectivas,"
donde define el perfil intelectual del
movimiento:
Yo explico
breve: Nuestro movimiento (Movimiento de
Vanguardia que llamamos) es dinámico por dos
fuerzas. Una: Nacionalizar. Dos: Hacer un empuje
de reacción contra las roídas rutas del siglo
XIX. Mostrar una literatura nueva (ya mundial).
Regar su semilla.
Este espíritu nacionalista lleva al poeta
a una reevaluación de lo nicaragüense que habría
de rechazar la elaboración modernista y optar
por un estilo simple y campechano, creador de
una estética nueva y revolucionaria,
auténticamente nicaragüense y trascendental, tal
como lo expresó en su «Ars Poetica»:
Volver es necesario
a la fuente del canto: encontrar la poesía de
las cosas corrientes,
cantar para cualquiera
con el tono ordinario/ que se usa en el amor,
que sonría entendida la juana cocinera
o que llore abatida si es un verso de llanto
y que el canto no extrañe a la luz del comal;
que lo pueda en su trabajo decir el jornalero,
que lo cante el guitarrero
y luego lo repita el vaquero en el corral...(88)
La poesía de PAC habría de evolucionar
mucho a lo largo de los años, pero la sencillez
y la profundidad habrían de ser siempre
características constantes de su poesía.
A los veinte años PAC es uno de los poetas
más destacados de su generación, dedica gran
parte de su tiempo a la lectura de los clásicos
y las nuevas literaturas extranjeras, participa
en diversas polémicas y co-dirige el ya
mencionado suplemento Vanguardia. A
finales de 1933 PAC viaja a Suramérica, lleva
consigo el material que la editorial Nascimiento
habría de publicar al año siguiente en Santiago
de Chile bajo el título de Poemas
nicaragüenses que fue según Jorge Eduardo
Arellano, "...el primer libro nuevo de tendencia
vernácula en Centroamérica, a partir del cual
comenzó una obra fiel a lo nicaragüense que,
tras cuatro décadas de quehacer, llegó a la más
serena y hermosa universalización." (Panorama,
148).
Poemas nicaragüenses es un libro
aparentemente sencillo. Su lenguaje es
coloquial, despreocupado y cristalino, sus
metáforas son claras y aparentemente fáciles,
pero es en realidad una obra que alberga un
complejo sistema de relaciones míticas. Es una
obra fundacional, y como toda obra fundacional,
maneja complejos sistemas de valores íntimamente
ligados a la intra-historia de ese pueblo, de
esa gente, de esa cultura. En Poemas
nicaragüenses encontraremos el origen de
nuestra nacionalidad, la génesis de nuestros más
antiguos deseos e ilusiones, la búsqueda
visceral de la nacionalidad, del sentido y el
ser histórico, y del arraigo existencial. Como
dice nuestro crítico inevitable Jorge Eduardo
Arellano, este libro "funda la poesía nacional
en Centroamérica... canta el campo y la patria
de tercera, capta el paisaje y la geografía -la
naturaleza desbordante de Nicaragua- y, frente a
la intervención extranjera, exalta la identidad
propia". (Pablo Antonio Cuadra, 27). Mi
lectura de Poemas nicaragüenses es una
lectura mítica, una lectura que se sitúa en la
dialéctica entre el Paraíso Perdido y la Tierra
Prometida (Urbina, "Formaciones míticas en
Poemas nicaragüenses "). Como país poblado
por tribus inmigrantes, nuestros antepasados
llegaron a estas tierras en busca de un futuro
mejor, en busca de tierra que cultivar y un
espacio para desarrollarse y crecer, pero a cada
esfuerzo se le contrapone una derrota, a cada
Tierra Prometida se contrapone un Paraíso
Perdido. Poemas nicaragüenses refleja por
un lado la tradición náhuatl-chorotega de
nuestros mayores, su Tierra Prometida, su
búsqueda de "una isla con dos sierras altas y
redondas", y por el otro la amplia y rica
tradición bíblica que luego pasa por Dante, por
Milton y Elliot, por Baudelaire y Lautreamont,
por Novalis y Rilke, y que en América Latina
tomará la forma de un José Asunción Silva o
César Vallejo, o de Darío, que en su
experimentación formal y su culteranismo
estético también buscaba su Paraíso Perdido y su
Tierra Prometida. Ahora bien, más que en ningún
otro escritor nicaragüense, es en Pablo Antonio
Cuadra donde el mito de la Tierra Prometida y la
búsqueda del Paraíso Perdido aparece con toda su
fuerza. La búsqueda del Paraíso Perdido como
búsqueda de la identidad nacional, como búsqueda
de las raíces en la cultura popular y la
tradición era uno de los objetivos del programa
del movimiento de Vanguardia. En el punto número
tres del "Primer manifiesto" se lee:
El trabajo de la Anti-Academia se
circunscribirá únicamente a las manifestaciones
comprendidas en el nombre de bellas artes, en
las fronteras de nuestra Patria. Este trabajo
comprenderá dos movimientos: el de investigación
y el de creación. El movimiento de investigación
tiende a descubrir y a sacar a luz a toda
manifestación artística nicaragüense del pasado,
que pertenezca a la veta pura de nuestra
tradición nacional, movimiento que supone la
posición de combatir toda manifestación del
pasado que sea espúrrea, hechiza, estéril, en
una palabra, académica. El movimiento de
creación se refiere a nuestras propias obras
construidas en un espíritu esencialmente
nacional y por consecuencia umbilicalmente
personal.[1]
En esta declaración podemos ver por un
lado, el interés del grupo por rescatar lo
verdaderamente nicaragüense, por ahondar en la
cultura popular nacional para rescatar todo lo
valioso que en ella había, y deshacerse de lo
foráneo, de los falsamente adoptado, de la
importación esnobista. Esto implica la
concepción de que lo valioso, lo verdadero, está
contenido en la cultura popular, que el
verdadero perfil de la Patria hay que buscarlo
en sus gentes y sus tradiciones, en sus cantos
ancestrales, en su flora y su fauna. Por el otro
lado esta declaración señala la intención de
hacer una obra de creación que incida en ese
espíritu nacional, que al mismo tiempo de ser
original y personal, contribuya a la
(re)creación de un perfil nacional, a la
(re)constitución de la Patria. En ambos puntos
trasluce una preocupación fundamental por la
Patria, por la nacionalidad, por todos los
elementos de la nacionalidad perdidos o no
valorizados. Este concepto de Patria que se
encuentra en la base del proyecto vanguardista
es una transformación, una variante del mito
ancestral de la búsqueda del Paraíso Perdido, de
la Tierra Prometida.
Aunque esta búsqueda de la Tierra
Prometida está presente desde los primeros
poemas de Pablo Antonio Cuadra recogidos en
Cantos de pájaro y señora, donde se refleja
claramente esta preocupación es en Poemas
nicaragüenses, cuyo poema inicial,
significativamente, se titula "Introducción a la
Tierra Prometida". Aquí Cuadra desarrolla una
visión mítica de la poesía y el canto, propone
una poética basada en la reconstrucción de un
pasado idílico, en la preservación de las
palabras mágicas, de la evocación de una
historia y un espacio físico que se realizan en
el espacio del discurso poético, en la
representación de la historia. El poema consta
de dos partes: la primera establece el marco
referencial del poema, sirve de preámbulo al
canto propiamente dicho y sienta los propósitos
de la enunciación. La segunda parte desarrolla
el programa poético que rige o lo largo del
resto del poemario, establece las leyes de su
semiótica. La relación que establece este poema
entre "canto" y "peregrinación, migración" es
fundamental para entender la poética de Cuadra y
la red de relaciones discursivas que se
establece en esta poética. El canto es la figura
que alberga los desplazamientos, los cambios que
se han operado a lo largo de la historia, y la
función del cantor es recordar esos
desplazamientos, dar testimonio de esa búsqueda
y establecer su significación.
Voy a enseñarte a ti, hijo mío, los cantos
que mi pueblo recibió de sus mayores
cuando atravesamos la tierra y el mar
para morar junto a los campos donde crece el
alimento y la libertad (115).
Vemos pues que existe una relación
semiótica directa entre la migración ancestral
ocurrida en los albores de la historia y la
función del canto. El momento de la migración
contiene en sí el proceso de búsqueda, la
activación de una certeza, de una intuición
previa sobre la existencia del objeto buscado
contenida en la figura del canto. El discurso
poético es así una "promesa", registra la
existencia de un espacio de promisión hacia el
cual se ha de caminar, hacia el que se dirigen
las huellas del andar y las del poema, las
marcas de la enunciación, los signos. Alimento y
libertad son el contenido de esa promesa,
representámenes de la Tierra Prometida, de la
significación del andar. Tanto en su sentido
literal como en su sentido mitopoético, alimento
y libertad guían la búsqueda del sujeto, son el
contenido de la promesa. El valle fértil,
pródigo en alimentos y libre de opresión y
dominio, se refiere tanto al contenido de un
discurso histórico como al contenido del
discurso poético. Literalmente evoca la
migración náhuatl provocada por las invasiones
aztecas, memorial inolvidable de un pasado
azaroso y la búsqueda de la tierra de promisión;
pero también se desdobla su significación
apuntando a la creación poética, al espíritu del
canto, a la riqueza semántica del discurso y su
realización como ejercicio de la libertad. De
esta forma se ve claramente la red de
significaciones que se establece entre el canto
como registro y lugar de la significación, y la
historia como registro y lugar de los
desplazamientos, inscritos a su vez en un
discurso. El discurso poético es el lugar de
convergencia de ambos, contiene y a la vez
realiza la promesa, transmite los signos de
promisión y al mismo tiempo ofrece el espacio
para la realización de ese promesa.
"Introducción a la Tierra Prometida" abre
y establece de esta manera el proyecto poético
de Pablo Antonio Cuadra. En realidad su
utilización del espacio físico es mucho más que
lo que Manolo Cuadra ha considerado, ya que no
se trata de "presentarnos algo así como una
"Geografía cordial nicaragüense"(151) sino una
auténtica apropiación del espacio para construir
una formulación mítica de la nacionalidad, darle
estatura histórica y vigencia poética. Su
discurso ejemplifica de manera evidente la
importancia que el mito de la Tierra Prometida
tiene en la formación de su obra poética y en su
visión de la historia de Nicaragua. Esto se
realiza en los restantes poemas de la colección
y en gran parte de su obra posterior, en sus
evocaciones humildes y preciosas, en la
reconstrucción de sus facciones y sus formas, en
su geografía adornada de paisajes, en sus
animales y sus árboles. Es el rostro que se
asoma en "Patria de tercera", el rostro de los
seres que luchan con dignidad y se imponen a la
mentira; y la mujer sabia y sufrida que emerge
del poema titulado "India", llena de recuerdos y
sinsabores, madre del miedo, silenciosa y
tierna, enigmática; o el legendario personaje de
"Horqueteado" cabalgando hacia la muerte como el
Cid Campeador, volviendo al lugar de sus
orígenes en busca de descanso. En estos seres el
poeta busca el rostro de la Patria, el perfil de
ese espacio de promisión. Es la mitología de lo
cotidiano, del campesino cuya concepción del
tiempo y el espacio está medida en indefinidos
términos existenciales y no en cronológicas
particiones sucedáneas. Es el "Ahí nomasito
queda, patrón" del poema "Camino" donde hay un
replanteamiento de los términos en que vivimos
nuestra vida. Es la ingenua maldad de "La
loquita", en la infinita soledad de Sarabasca en
"El negro", o en la infancia de yo poético, en
la inocencia de "Inventario de algunos
recuerdos". Estos seres se encuentran enmarcados
en un espacio físico que el poeta se interesa en
reconstruir, el espacio de promisión se nos
presenta ahora en la mínima dimensión de sus
detalles, en sus ciclos y sus fragancias, en sus
terribles crueldades y su magia. Las visitas del
Tío Invierno o las acrobacias de los monos en
las márgenes del Tepenaguasapa, los desgarrados
combates del congo y el infierno inmediato de la
quema. Estamos ante una revaloración del espacio
físico, de la tierra y sus misterios, es la
visión cotidiana de un espacio mítico, porque
como dice en "Oda fluvial": "¡Nunca miré sobre
el espacio nuestro / tanta virginidad!..."(160).
En esta comunión con la naturaleza "Inscripción
en un árbol" tiene un valor especial,
ejemplifica el misterio del espíritu, la unidad
entre soplo y vida, viento y espiritualidad.
Es significativo que Poemas
nicaragüenses termine con el poema "Vaca
muerta". Nuestra historia no ha sido la historia
exitosa de un pueblo en paz y desarrollo, la
nuestra ha sido una historia sangrienta y
violentada por la guerra. La ilusión de la
Tierra Prometida ha terminado a menudo en el
desengaño y la destrucción. Nuestras ilusiones
revolucionarias nos han llevado una y otra vez a
tiranías más sangrientas y dolorosas que las que
hemos dejado atrás. Esa es la enseñanza de este
poema: "No era el amor, ni la rosa, ni la voz
del viento en el deshabitado murmullo de la
noche. // Era ella, muerta"(165). Aquí tenemos
el desengaño, el encuentro inesperado, la
ilusión que se desvanece en un momento para
encontrar solamente la muerte, el vacío de la
tristeza, "Su maternidad en la esfera de sus
ubres / dormidas para el hijo, / para la amistad
/ para la tierra". El hombre que busca el amor
encuentra la muerte, en la esperanza de la rosa
se presentan las ubres vacías. La metáfora es
dolorosamente certera para expresar nuestra
realidad nacional, nuestra historia
nicaragüense, donde la búsqueda de la Tierra
Prometida acaba en el Paraíso Perdido. La vaca
muerta simboliza y representa al pueblo de
Nicaragua, sus ilusiones, sus luchas, sus
desencantos. Pero como en todo ciclo vital, la
vaca muerta volverá, el ser humano, repuesto de
todos sus dolores y pesares volverá a soñar,
volverá a perseguir a la quimera, volverá a
inventar su Paraíso. "Para que ella fuera de
nuevo / rosa, clavel o ceibo"(166).
De regreso en Nicaragua después del priplo
suramericano donde publicó Poemas
nicaragüenses, PAC estudia Derecho en la
Universidad Nacional de Oriente y Mediodía, en
Granada, pero la jurisprudencia no lo satisface
plenamente y abandona los estudios al promediar
el cuarto año. PAC regresa al campo y se dedica
a la ganadería y la agricultura, donde el poeta
encuentra la mayor fuente de inspiración y
conocimiento. Para esta época Nicaragua
atraviesa una etapa de intensa actividad
política. Retirados los Infantes de la Marina
americanos Sandino empieza las negociaciones de
paz que abrían de culminar con su asesinato, a
manos de Anastasio Somoza García, en 1934.
Al año siguiente PAC contrae matrimonio
con Adilia Bendaña Ramírez con quien habría de
compartir el resto de su vida y procrear cinco
hijos.
[sigue
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