Entrevista a Ana Ilce

 

Ana Ilce Gómez (Masaya, 1945) es una de las poetas más olvidadas por la crítica nacional, sólo jóvenes como Yaoska Tijerino, han visto en su obra Ceremonias del silencio, un texto canon dentro de la producción poética nicaragüense de los últimos tiempos. Gómez recientemente obtuvo el primer lugar en el concurso de poesía “Mariana Sansón” convocado por Anide. En esta ocasión, Ana Ilce Gómez nos brinda una entrevista en exclusiva para el NAC en la que abordarnos diversos tópicos.

CM: ¿La poesía en usted ha sido motivacional, circunstancial o pulsional, es decir, ha sido una pasión?

AIG: Ha sido una poesía que nace dentro de mí, ha sido fundamental, necesaria en mi vida.

CM: ¿En qué sentido ha sido necesaria?

AIG: En que expreso lo que he sentido, deseado, querido y la poesía ha sido el vehículo primordial para ello.

CM: ¿Exactamente qué fue lo que la llevó a escribir poesía?

AIG: Siempre viví rodeada de mi padre, quien era un gran artista, un gran escultor, eso de una u otra forma me contagió en mi vena de artista, de poeta. Es así que desde los 8 ó 9 años que yo empiezo a escribir, aunque empecé a tener a conciencia de ello un poco más entrada en la edad.

CM: ¿Cómo trabaja la poesía?

AIG: Es toda una labor creadora. Existen dos momentos, uno de ellos es cuando el poema me anda rondando en la cabeza y poco a poco va tomando forma. El otro es cuando la poesía me asalta en cascada, me vienen una tras otra las frases y me veo obligada a copiarlas, a calcarlas de mi cerebro al papel. Siento la necesidad de liberar esas ideas.

CM: ¿Hay temas que la obsesionan?

AIG: Muchos y pocos, la creación por ejemplo, la vida, la felicidad el espacio-tiempo. Si vos te das cuenta todos son temas antiguos, lo único que varía de generación en generación o de período en período son las variaciones de ello, es decir la forma, el estilo. Además habría que agregarle los temas sociales, pues el poeta no debe estar desconectado de su tiempo, ni de su sociedad.

CM: ¿En esta nueva obra con la cual ganó el premio de poesía “Mariana Sansón” hay correspondencia con su clásico Las Ceremonias del silencio?

AIG: Sí, y no, pues Las Ceremonias del silencio es una obra de juventud en la que curiosamente le canto a la vida de una forma extraña, dura, descarnada, son poemas cargados de angustia, de dolor. Sin embargo, en esta nueva obra me encuentro más reposada, más optimista.

CM: ¿A qué se deberá ese cambio?

AIG: Vos sabés que uno es un ser cambiante, yo siento que he adquirido madurez, plenitud, serenidad. Todo ello se refleja en este nuevo libro. En esta obra me interrogo existencialmente. Un poco influida por las corrientes orientales de pensamiento.

CM: ¿Es que considera que occidente ha entrado en decadencia cuando me dice que lee mucha filosofía oriental?

AIG: Sí, ha fallado en su búsqueda y por ello el refugio de muchos occidentales son las expresiones filosóficas orientales. En la reciente guerra inaugurada por los EU la razón occidental nuevamente falló.

CM: ¿Cómo recibió el premio?

AIG: Pues de forma serena, siempre he estado preparada para las sorpresas debido a mis lecturas.

CM: ¿Cómo la ha tratado la crítica?

AIG: No me quejo de ella. Han sabido valorar y enmendar mis fallas.

CM: ¿Proyectos?

AIG: En este momento publicar el libro, después de ello, leer y seguir con mi labor creativa.

[tomado de “Nuevo Amanecer Cultural”, El Nuevo Diario]

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ana Ilce y su proverbial silencio

María Lourdes Pallais*

Recuerdo cuando, a fines de los ochenta, entrevisté a Ana Ilce Gómez tras la publicación de su poemario Las Ceremonias del Silencio, hasta la fecha su único libro que, no obstante, la colocó en la cima de la poesía nicaragüense que entonces surgía con la misma intensidad que los slogans revolucionarios.
 

Desde entonces, tuve claro que Ana Ilce (Masaya, Nicaragua, 1945) no era del montón. Ella es como su poesía: adusta, sencilla y devastadora. Más aún, aunque la perspectiva de su obra es intimista, ni ella fue nunca militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional ni tampoco permaneció ajena al entorno social y político.
Aunque poco conocidos en América Latina, sus poemas han sido traducidos al francés, inglés, italiano y rumano. Es la única mujer de 13 poetas incluidos en el compendio Poets of Nicaragua, A Bilingual Anthology, 1918-1979 (selección y traducciones de Steven White; Greensboro, EU: Unicorn Press, 1982).
Su obra aparece en la Antología de la poesía nicaragüense (www.dariana.com), elaborada por la literata Yolanda Blanco.
 

Han pasado más de dos décadas desde la publicación de su primero y único poemario, pero, para los que conocen la poesía centroamericana, Ana Ilce Gómez es una leyenda que no murió con la revolución ni su lírica sacó hálito de ella.
Quizás porque mantuvo el rigor de su fulminante poética, Ana Ilce acaba de recibir un importante premio en su país: El Premio Nacional de Poesía Mariana Sansón 2004, por su segundo libro —aún sin publicar—, Poemas de lo humano cotidiano.
 

En homenaje a Ana Ilce, reproduzco Petición, una sus recientes creaciones:

Está bien,
no entraremos en querellas.
Ya que me has prometido
pero aún no me has dado
el cielo y las estrellas,
ya que has insistido en que pida
para ser satisfecha sin medida,
dime,
¿podrás desviar al viento para que no
me toque?
¿A la muerte para que no me elija?

 

*narradora y periodista nicaragüense

[tomado de La Crónica de Hoy, México]

 

 

 

 

Ana Ilce Gómez y su pasión por la palabra

Vidaluz Meneses*

Todas y todos sabemos en nuestro país lo que representa Ana Ilce como poeta. A mediados de la década de los 70 leímos con pasión ese gran libro suyo, verdadero testimonio dramático de la existencia femenina, titulado Las ceremonias del silencio. Allí revela, con madurez y precisa desnudez, su pasión por la palabra, como ella misma lo dice desgarradamente: “ulcerada por la pasión de la palabra”.

Mucha gente creyó, debido al retiro voluntario y al aislamiento de su persona, que Ana Ilce Gómez había clausurado definitivamente su producción poética. Pero no es así y con gran alegría hemos descubierto las integrantes del Jurado que esta “hilandera del tiempo”, como dijo de ella Pablo Antonio Cuadra, ha seguido cultivando, con la serenidad, el sosiego y la lentitud que la caracteriza, su poesía depurada, severa, precisa, atravesada por una intensa y profunda reflexión sobre los misterios de la temporalidad, de la vida y, por supuesto, de la maternidad. Así, dice al referirse a las amenazas y a los terrores cotidianos, que “nada ni nadie/asombrará o derribará/a esta mujer/que sabe que proviene del vientre/suave y palpable de otra mujer/y no de una insólita costilla”.

No pocas veces, cuando he sido invitada a discutir sobre la creación literaria desde la perspectiva de género, uno de los ejemplos del que me he servido para probar la actitud machista y parcializada presente en la valoración de lo escrito por mujeres, es lo que el agudo escritor nicaragüense, Beltrán Morales, dijo a fines de los años 70 en su ensayo sobre Las ceremonias del silencio: “La poesía que Ana Ilce escribe, sin dejar de ser ni por un momento la poesía de una mujer sumamente sensible, es como si hubiera sido escrita por un poeta del sexo masculino en este sentido: la técnica que domina es patrimonio exclusivo de algunos maestros, brujos y hechiceros de la tribu; y no de maestras, brujas y hechiceras. Ana Ilce se ha apropiado de un “culto, un rito, un lenguaje” que son ya suyos y que nos devuelve con la misma propiedad y sabiduría con que los varones de estirpe poética suelen dárnoslos”.

El también conocedor de la poesía de Ana Ilce, Álvaro Urtecho, sostiene que, dados los avances de la sociedad, la conciencia de género que ha sido promovida por el feminismo en el mundo contemporáneo y el desgaste de la actitud machista tradicional, seguramente Beltrán a estas alturas no hubiese emitido tal opinión.

La poeta Helena Ramos, con quien también compartimos la experiencia como Jurado, se refiere a la obra ganadora, Poemas de lo humano cotidiano, en estos términos: “La nueva Ana Ilce es tan precisa y profunda como la de su libro anterior, pero mucho más autoafirmada y asertiva. Atrás quedó el insidioso ayer cuando ella ofrendaba al mundo la desmoronada corona de su júbilo; ahora está pendiente de la red de infinitudes, gozando los misteriosos obsequios de la cotidianeidad. Una alegría madura, sobria, que consuela y alumbra nuestra oscuridad esencial”.

[tomado de Revista ANIDE]

*poeta nicaragüense

 
 

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