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Ariel Montoya,
poeta del desarraigo
Ezequiel D’León Masís
Ariel Montoya (1964), surgido como poeta en los
años 80, dialoga acerca de “Perfil de la Hoguera”,
su reciente libro de poemas reunidos que será
presentado el próximo miércoles en el Salón de
los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío.
Es fundador y director de la revista cultural
“Decenio” y de la editorial del mismo nombre.
“Cuando estuve en el exilio publiqué “Silueta en
fuga” (Guatemala, 1989)”; ahora, doce años
después, acaba de aparecer esta edición de
versos donde se apuesta por “el arte que no
provoca, no es arte”, mientras la conversación
avanza los retratos de Federico Nietzsche,
Miguel Ángel Asturias y Carlos Martínez Rivas
que cuelgan de la pared de su sala amplia y
luminosa atienden con inercia nuestra plática.
¿Qué distancia guarda “Perfil de la hoguera”
respecto a la preocupación estética y temática
de “Silueta en fuga”?
La preocupación es la misma. “Silueta en fuga”
reúne una parte de mi poesía que escribo desde
una perspectiva exiliar aterrada por las
convulsas situaciones de la Centroamérica de esa
época. La temática es aferrarse siempre a esa
expectativa de la vida, porque toda poesía es
eso.
¿Es decir que a nivel de constancia poética,
persiste el exilio?
El hombre está en un constante exilio. Desde mi
experiencia personal, no me dejaron ir a un país
que yo hubiera elegido. En los acontecimientos
políticos del F.S.L.N. durante los 80 hubo una
pauta contraria a las voluntades individuales,
retomo eso y lo plasmo en mi poética. El
periodismo cultural nicaragüense ha enfocado eso
en mi persona como un aspecto pasional de rencor
al régimen que llegó al poder por medio de las
armas, pero mi poesía es parte de ese desarraigo
y de esa alegría.
¿Cuál es la experiencia de libertad en la
edición?
La libertad está marcada por dos elementos
básicos: el fuego o la hoguera misma como
elemento de convocatoria abierta a la
experiencia social, y la esperanza asediada
desde una perspectiva apocalíptica.
¿Podría encontrarse en el título “Perfil de la
Hoguera” alguna evocación de la hoguera
inquisitoria?
Joan Miró decía que “el arte que no provoca, no
es arte”. El título es una invitación discreta
al lector para que una vez que penetre en los
laberintos de ese criterio medieval inquisitorio,
se entere de que lo que está ahí es también una
invitación a la convivencia armónica del hombre
en espacios duros y difíciles como los actuales.
¿En estos días cómo entiende el oficio del poeta?
El poeta está siempre destinado a mantener en
primera línea el ministerio de la palabra y ese
ministerio lo convierte de facto en el vocero de
la esperanza infinita del hombre. Jorge Luis
Borges decía que uno de los rasgos claves de la
literatura era hacer de un pequeño entorno la
ruta donde pueda surgir una sucesión de hechos y
detalles infinitos. “Perfil de la hoguera”
refleja eso, no solamente desde la perspectiva
regional del exilio o del concep to del
“desexilio” de Mario Benedetti.
Jean-Paul Sartre reprocha a los poetas porque en
ese “ministerio de la palabra” conciben a las
palabras como objetos de estética y no como
palabras. ¿Cómo evalúa ese criterio?
Sartre tenía razón. Desde las épocas antiguas,
el hombre ha tenido momentos de elevado
esteticismo y de elevada ruptura con los métodos
conservadores. El que descubrió el fuego fue
tecnócrata de su tiempo a como lo fue Gutenberg
al inventar la imprenta. Muchas veces el
“hombre-masa”, que hace uso de recursos
matéricos, se olvida de la palabra que es la
memoria fresca de la diferenciación del ser
humano con relación al resto de los animales.
¿Ese tono frágil del “perfil” y la “silueta”
acuña la idea del detalle en la poesía?
Si llegara a divorciarme con Dios sería porque
no me hizo cantor ni pintor. Mis versos
provienen de una imagen plástica o
arquitectónica de la vida. “Silueta en fuga” es
una imagen plástica de una realidad social
completa. “Perfil de la hoguera” es el canto
abierto, herido y esperanzador de la situación
cambiante en que vivimos. Los dos títulos tratan
de reflejar una poética de la constitucionalidad
nómada del hombre.
¿Cómo considera a la generación literaria de los
años 80?
La “Generación del 80” es la generación de la
diáspora y del retorno, y también del sacrificio
impuesto. No tuvimos el privilegio de
enamorarnos de la vida democrática. Aun aquellos
que apoyaron la revolución no hubieran querido
ir a los campos de batalla. “Silueta en fuga”
fue uno de los primeros libros que publicó mi
generación. En ese sentido, la “Generación del
60” es sedentaria, porque hasta ahora están
publicando sus mejores obras y este tiempo les
pertenece totalmente a mi generación y a la tuya.
[tomado de
"La Prensa Literaria", La Prensa]
*poeta nicaragüense |