LA LITURGIA CÓSMICA DE

 AZARÍAS H. PALLAIS

Un ensayo de interpretación de su poesía

 

 

José Argüello Lacayo*

 

 

                                           ...ahora sólo se oye la voz de los canales

                y, tierra, mar y cielo, canta mi corazón,

                a tres voces, la misa gregoriana del mundo.        

                         (Brujas de Flandes)

 


 

En el libro bíblico de Daniel, Azarías y sus compañeros mártires prorrumpen frente a Nabucodonosor en una  gran doxología que engloba a todos los elementos del cielo y la tierra: la lluvia y el rocío, el fuego y el calor, témpanos y hielos...También montes y cumbres, aves del cielo y peces del mar, pueblos todos de la tierra y el mismo Israel son convocados a participar en un gran coro de alabanza al Señor (Dn. 3, 57-82). El salmo 148 repite la misma exhortación.

                                                         

Tanto la liturgia de Israel en el Antiguo Testamento como la de la comunidad cristiana en el Nuevo Testamento se inscriben dentro de lo que podríamos llamar la gran liturgia cósmica de la creación. Para los profetas, el verdadero templo de Dios es su propia creación (2 Sam 7, 5; Is.66,1-2; Mt 5,34-35; Hch 7, 48-50) y su misma magnificencia se encarga de exaltar la gloria del creador.

 

Dentro del gran coro cósmico de las criaturas, la palabra humana articula y expresa la súplica y alabanza de todos los demás seres:

 

                                          Criaturas todas del Señor, bendigan al Señor,

                                          ensálcenlo con himnos por los siglos (Dn 3,57)

 

En las páginas finales de la Biblia, el Apocalipsis evoca una nueva creación donde ya no habrá más templo, pues  Dios habrá triunfado sobre el mal y la muerte y llenará con su presencia todo el universo. La Jerusalén celeste bajará del cielo ataviada como una novia que se adorna para el encuentro con su Esposo, y "ya no habrá muerte ni luto ni llanto ni dolor", porque Dios en persona habitará de nuevo con la humanidad: "Templo no ví ninguno; su templo es el Señor Dios, soberano de todo, y el Cordero" (Apc 21, 1-5.22). Al oficiarse las bodas perpetuas del Cordero con la humanidad, se renovará definitivamente la liturgia cósmica del universo (Apc 22,3; 4, 3-11).

 

Mientras dure sin embargo el tiempo de la redención, la comunidad cristiana se congrega alrededor de la liturgia terrena en algún lugar del espacio y en algún instante del tiempo."La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan, alaben a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Señor" (Concilio Vaticano II: Constitución sobre la Sagrada Liturgia 10).

 

El culto cristiano festeja ya aquí abajo la consumación final que inicia la resurrección de Cristo y anticipa desde ahora la plenitud escatológica de la creación. El pecado y la muerte aún desfiguran su rostro y por eso ésta gime en dolores de parto (Rm 8, 22-24), pero Cristo ya se avecina victorioso para restablecer la inocencia original del cosmos, de manera que éste irradie plenamente la luz de Dios.

 


 

Tales perspectivas bíblicas reaparecen implícitamente en la obra poética de Azarías H. Pallais. En su poesía se contempla con rara y bendita mirada de inocencia la gran liturgia cósmica de la creación.

 

Pallais no fue sólo un poeta sacerdote, sino un poeta sacerdotal en el pleno sentido de la palabra, pues su poesía celebra (en el doble sentido de festejar y oficiar) la gran liturgia cósmica.

 

Su punto de partida es una profunda sintonía con la creación,  basada en la empatía y la compasión. Imbuido de fraternidad franciscana, el poeta exclama:

 

                                        (Avecilla sin nombre, que vuelas, pasajera,

                                        tu eres mi hermano doble, mi corazón de afuera!

 

                                (Caminos)

 

El tierno diminutivo inicial resalta el cariño del poeta hacia un pajarito fugaz, del que ni siquiera sabe su nombre y en el que contempla su corazón de afuera. La misma palabra corazón es ya cifra máxima de intimidad y cercanía y se repite en esta otra estrofa referida al mar:

 

Cierra tus oídos, dime:

No te parece escuchar,

allá dentro, la sublime

misa cantada del mar?

 

Y si callas, en el son

benedictino del mar,

)no te parece escuchar

la voz de tu corazón?

 

(Espumas y Estrellas)

 

(Misteriosa inversión entre el corazón y el mar! Dentro de sí mismo, el poeta escucha la sublime misa cantada del mar y cuando guarda silencio, es su propio corazón el que retumba en el oleaje del océano. Pero no sólo se invierten los términos dentro/fuera hasta el punto de fundirse, sino que el bramido interminable del mar se le asemeja a un son benedictino, evocación inequívoca del coro monástico y de su plegaria litúrgica. Pero aquí es el océano quien celebra su misa cantada al estilo benedictino. Tal imagen es recurrente en la obra poética de Pallais, como lo demuestra su poema Misa solemnis in la:

 

             Oíd! misa solemnis, sorda misa mayor,

             en la, para la ronca tumbazón del tambor.

 

             .....

 

             Do, re, mi, fa, sol, la, misa del mar en la,

             thaa, llaa, ssa, thaa, llaa, ssaa!     


 

                                     (Piraterías)

 

La sintonía del poeta con el universo se extiende hacia los confines siderales, abarcando hasta las estrellas:

 

 

                          ...la estrella que, de lejos,

 

                                       Me mira, cuando, en noches profundas y calladas,

       mi vida, en las estrellas, vive, por las miradas.    

 

                                       (Caminos

 

Una estrella lejana lo mira: expresión de íntima relación personal, que atribuye personalidad a la estrella en cuya contemplación se pierde el poeta. Su vida misma pasa a vivir en las estrellas, por las miradas...Tan intenso es el sentimiento poético aquí expresado, que en el mismo acto de contemplar, se da un verdadero trasunto de vida entre un ser humano y un astro. (Y todo por una mirada!

 

Si observamos ahora la escala de la vida presente en estos tres ejemplos (astro, mar y ave), notaremos un desarrollo ontológico ascendente que abarca desde la materia inerme de la estrella, hasta la ebullición marítima del océano y la vida palpitante del ave; sin embargo, el poeta trasciende la lejanía ontológica y logra una apertura visceral, que le posibilita la comunión con cada una de estas criaturas. Comunión de vida verdadera que lo hace uno con el cosmos. Y en el caso del ave, lo hermana.

 

La comunicación se establece a través de los sentidos: mira el resplandor de la estrella, escucha y contempla el bramido del mar, y se entusiasma de cuerpo entero observando un avecilla pasajera. (Para Pallais, que tenía alma y sensibilidad de pintor, bastaba el replandor sutil de una estrella para vibrar en sintonía cósmica, pues el resplandor incorporaba la materia inanimada de la estrella al vasto mundo de la luz y el color, tan caro a su corazón. Decía por eso en Caminos que los colores cantan misa de Gloria y a causa de ellos prorrumpe en una gozosa invocación: Doy gracias al Señor, por esta milagrosa vendimia del color).

 


 

Sobre la poesía de Pallais escribió bellamente Ernesto Cardenal  en 1949: "Con la pureza del agua, utile et humile et pretiosa et casta, que decía San Francisco de Asís, la poesía de Pallais es una de las menos variables que hay, siempre igual a sí misma, pero sus versos corren con una novedad y frescura permanentes. Es una poesía limpia, de pulcritud holandesa, con sus versos muy aseados y formales, muy honestamente rimados. Siempre llevan la misma regla y el mismo hábito sus versos, uniformes parejas de alejandrinos como un desfile cadencioso de frailes. Con su doble pausa y unidos en el ángulo de las rimas esos pares de alejandrinos son al modo de arcos ojivales. Tienen una música que recuerda las cantinelas alternadas del rosario, las letanías monorrímicas, y ese ritmo de Salmos, Maitines, Laúdes, Vísperas y Nocturnos. Pero ese ritmo invariable no nos cansa nunca, porque al igual que en los cantos de la Iglesia, debajo corre una poesía fresquísima y sin rutina".

 

Cardenal destacaba ya entonces el subyacente ritmo litúrgico de las poesías pallesianas y las describía sirviéndose de imágenes monásticas; a sus pareados alejandrinos los comparaba con los arcos ojivales de las catedrales góticas. Al aplicarle los preciosos adjetivos que adjudicara San Francisco de Asís al agua en su Cántico de las criaturas, el poeta de los Salmos ponderaba la humildad y pureza de la poesía de Pallais.

 

Todo el imaginario religioso contenido en este denso párrafo de Ernesto Cardenal, resalta entre líneas el carácter místico de la poesía pallesiana. Pero para evitar equívocos, digamos que se trata de una mística "objetiva", extrovertida, capaz de detectar el divino primer brillo de las cosas, o sea, el propio fulgor de la creación emergiendo de las manos de Dios. La mirada de Pallais contempla el mundo en su esplendor original. Y por eso celebra alborozado la gran liturgia cósmica de las criaturas.

 

En su obra poética la liturgia de las criaturas envuelve y atraviesa todos los estratos del ser: arranca desde los duros minerales, atraviesa las plantas y los animales y desemboca en el acto de fe y adoración humana. Es una liturgia del agua (Sor Agua, Limpia Lavandera de Nuestro Señor), la luz (La luz va por las tardes...diciendo en los caminos: Gloria in excelsis Deo! La luz va por las tardes, de victoria en victoria y mi alma entusiasmada, canta misa de gloria), la espuma y la lluvia; una liturgia de los ciervos, las ardillas y los pájaros; una liturgia del tiempo y de la historia.

 

 

Amanece.

Arrodillada, la hora,

es una monja clarisa,

que junta, rica d´aurora

sus manos, oyendo misa.

 

 

                 (Epístola Católica a Rafael Arévalo Martínez)

 

 

Es la hora tenue de la alborada y el poeta evoca la tersa transición de la noche al día: el tiempo se recoge en una plegaria...Pero para Pallais la liturgia del tiempo no es sólamente cósmica, es también histórica: evocando la gran cultura griega, nos dice por ejemplo:     

                                                         

 

            Los caminos de Grecia. Caminos optimistas

            para que- , cinta blanca- , desfilen los artistas.

 

           El cortejo de Fidias: La magna teoría

           del Arte siempre blanco: Reza la luz del día


 

           Un padrenuestro sobre las metopas: Las rectas

           y las curvas son rosas de la gloria, perfectas.

 

           La estatua - la columna - el friso - el pedestal:

           Mayúsculas gloriosas de un florido misal.

 

           (Manos que en las columnas pusieron gracia - manos

           que bañaron a Grecia con luz de siete planos!

 

           (Por estas manos, Grecia, va por los siete planos:

           Doblemos las rodillas y juntemos las manos!     

 

 

Asombra aquí la conjunción del arte griego con la piedad cristiana: sobre el blanco esplendor de los mármoles griegos reza la luz del día un padrenuestro...Es un bautismo de gracia sobre la gran cultura griega. La gracia de Dios se congracia con la gracia de Fidias y las estatuas y columnatas griegas emergen ante Pallais transustanciadas en Mayúsculas gloriosas de un florido misal.(Las misteriosas mayúsculas góticas de Pallais son  reminiscencias de los antifonarios medievales y un claro indicativo del espíritu litúrgico de su poesía)....Exultante, se hinca finalmente en un acto de adoración a Dios, fuente y cúlmen de tanta belleza. Con la luz y los mármoles de Grecia, el poeta nicaragüense ha celebrado su Misa de Belleza:

 

 

 

Y, al despedirnos, Grecia, de tus frescos racimos,

con entusiasmo puro de Belleza, decimos:

 

(Estrella dulce y clara tu verso mensajero:

Espiga de la Virgen y Arturo del Boyero!

     

 

 

En Caminos (1921) Pallais nos sorprende con un poemario cuyos mismos capítulos evocan la monacal Liturgia de las Horas, pues recorre el día desde el amanecer hasta el anochecer: En las mañanitas inocentes, Los caminos del mediodía, Los caminos del

crepúsculo, Los caminos de la noche...Y cuando agota las horas del día, remonta su vuelo hacia Los caminos de la historia, echando una penetrante mirada retrospectiva hacia las grandes civilizaciones de Oriente, Grecia, Roma e Israel, de manera que todo el libro culmine en el capítulo Yo soy el camino, en donde presenta a Jesucristo como cúlmen de la historia.

 

Caminos es una obra de complejo entramado simbólico, pues a la vez que evoca los caminos del tiempo y de la historia, alude sin embargo también literalmente a los polvorientos caminos nicaragüenses que el poeta recorría en sus proverbiales andanzas evangélicas: caminos que se vestían de fiesta cuando llegaban las lluvias, para estallar en un verdadero festín de luces, colores, olores y sonidos:

 


 

Mayúscula segunda: Los caminos son venas

con sangre del sonido: rumorosas colmenas

 

para una miel sagrada: La fiebre del acento

que se enciende en las cosas por la magia del  viento.

Y tanto, por las voces, se eleva el peregrino,

que parece una escala de Jacob, el camino.

 

Rumor de la hoja verde, silencioso rumor:

No hay cosa en este mundo que tenga voz mejor.

 

Blasfemo, no has oído la voz de este rumor:

(Voz de las hojas verdes -voz de Nuestro Señor!

 

 

En estos versos todo delata el talante místico de Pallais: extrovertido hasta el deslumbramiento, escucha y contempla,  elevándose en recogida plegaria de alabanza. Los sonidos del camino se convierten para él en escala de Jacob, clara alusión al famoso pasaje bíblico de Génesis 28, 12-13: Mientras dormía (Jacob), soñó con una escala, apoyada en la tierra, que tocaba el cielo con su punta, y por la cual subían y bajaban ángeles de Dios. Yavé estaba de pie a su lado y le dijo: "Yo soy Yavé, el Dios de tu padre Abraham y de Isaac"...Pero la teofanía acontece para Pallais a través del sueño diurno del acto poético (embelesado escucha las voces del camino), permitiéndole extraer (como miel sagrada) su ímpetu místico del imperceptible y humildísimo silencioso rumor de las hojas verdes, a través del cual escucha a Jesucristo: (Voz de las hojas verdes -voz de Nuestro Señor!

 

(Quisiera ser un árbol, un árbol sin pecado,

para escuchar tus voces, Silencio consumado!

 

                             (Caminos)

          .....

 

          El niño hablará, los monjes hablaron;

          los árboles, ellos, nunca se mancharon

 

          con esa mentira de palabras, ellos,

          por aquel silencio, fueron siempre bellos.

 

                            (Bello Tono Menor)

 

 

La inocencia del árbol lo trasmuta ante sus ojos en fiel receptáculo del Silencio consumado, donde resuena la voz de Dios. Una vez más presenciamos aquí una curiosa inversión: es en las inocentes criaturas irracionales y no en el corazón del hombre, manchado por el pecado, donde más fielmente resuena la Palabra increada.()Cabe acaso una mística más extrovertida?)

 

El camino que recorre el poeta en su libro bulle de vida; en él las más diversas criaturas aparecen, incluyendo las amables sutilezas de la luz ((Luz callada, luz callada, luz de Dios, hermana mía!), el color, el sonido y los olores. Todos estos  fenómenos etéreos son incorporados en su poesía a la gran liturgia cósmica.

 

En Piraterías (1951), su último libro, publicado apenas tres años  antes de su muerte, Pallais pondera con ojos de pintor los colores del mar:

 

El verde glauco nunca podrías imitar,

es ese que dan las olas al reventar...

 

En los cañaverales, un color parecido,

has visto de incipiente verde recién nacido.

 

Y en las hojas inmensas del banano, también

un verde arrodillado, como diciendo Amén!

 

(Conmovedora imagen! El verde de los platanales se arrodilla en actitud de adoración; dentro de la gran liturgia de la creación, él también exclama su Amén!

                                                                      

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