Alvaro Urtecho*
Nacido en Masaya en 1944, Fanor Téllez es
una de las más altas personalidades poéticas
de su generación, la generación del 60 que
ha producido intelectuales y poetas de la
categoría de Francisco Valle, Francisco de
Asís Fernández, Luis Rocha, Julio Cabrales,
Iván Uriarte, Edwin Yllescas, Carlos
Perezalonso, Jorge Eduardo Arellano,
Napoleón Fuentes, Beltrán Morales y otros.
Se graduó de abogado en 1968 y trabajó en la
revista «Cuadernos universitarios» de la
UNAN, de 1974 a 1979, destacándose por sus
notas críticas y por haber sido el primer
antólogo de la poesía femenina en nuestro
país. En los años 80 partió a Venezuela en
donde realizó estudios literarios de post-grado
con una tesis sobre las hierofanías en la
poesía de Vicente Gerbasi. Su talento
crítico lo ha revelado en su estudio sobre
el Misterio indio de Joaquín Pasos, pero es
en la poesía en donde se ha consagrado
definitivamente como un poeta constante,
permanente, atento siempre a las antiguas y
nuevas corrientes, habiendo una considerable
cantidad de libros que destacan por sus
propuestas novedosas, su profundidad y su
frescura de tono y dicción. Ellos son: La
vida hurtada (1973), Los bienes del
peregrino (1974), El sitial de la
vigilia (1975), El don afluente
(1977), Edad diversa (1993), El
pie sobre el camino (1996), Boca del
vino (1998), Oficio de amarte
(1999), y Días del hombre (2001).
En sus primeros libros, publicados en la
década de los 70, acusa la influencia
saludable de la poesía norteamericana,
especialmente la beatnik, revelando
un lenguaje suelto, coloquial, celebrando la
alegría de vivir en la tierra nativa con sus
mitos y figuraciones y mostrando cierta vena
religiosa que aflorará con más profundidad
en ese multilibro que es Edad diversa,
compuesto de varios ciclos poemáticos
gestados y elaborados durante su desolada
experiencia venezolana. En ese denso libro
de madurez y lucidez reflexiva, dejada ya
atrás la poesía con referentes anecdóticos y
provincianos, Téllez profundiza, como ningún
otro poeta lo ha hecho en Nicaragua, sobre
el acto de la escritura, sobre la escritura
como transfiguración, la escritura como
revelación del Ser. Introduciendo símbolos
de varias mitologías, y de la propia
experiencia personal, Téllez reflexiona
sobre el destino del hombre y del universo
como detritus. Una visión del lenguaje que
es una crítica del lenguaje mismo, una
poética que se contempla a sí misma en su
propio proceso circular.
El pie sobre el camino,
escrito a su regreso a Nicaragua, profundiza
en la vena religiosa que revelaba ya desde
sus comienzos. Bajo la inspiración del
evangelio según San Juan, así como de
elementos de la poesía religiosa náhuatl,
este poemario está colmado de reflexiones,
confesiones, oraciones y plegarias en un
lenguaje libérrimo y desenfadado, crítico y,
aunque parezca paradójico, desmitificador,
analítico e impugnador del discurso
religiosos tradicional. Un texto postmoderno
en cuanto supone una de-construcción y un
desmontaje, una nueva mise en scéne, una
nueva posición del sujeto religioso. Aparte
del sincretismo (fusión de la religión y la
expresión poética indígena en el catolicismo
ecuménico) subyacente en la obra, Fanor
Téllez aborda el sentido de lo Sagrado y de
la Deidad, partiendo de una experiencia
raigalmente existencial. El sujeto aquí
accede a los fulgores de la revelación a
partir de las experiencias concretas de la
vida cotidiana que incluyen estados anímicos
de deterioro y soledad, y del erotismo,
entendido éste no solo en su sentido
fisiológico sino místico.
En Boca del vino hay un regreso al
ámbito provinciano de sus primeros libros,
pero esta vez logrando verdaderos medallones
de inolvidables personajes populares de su
Masaya natal que recuerdan a los epitafios
de Edgar Lee Masters. Una procesión de
imágenes de la vida alcohólica que incluye
no solo referencias a la subjetividad
personal de donde parten las singulares
percepciones, sino elementos folclóricos,
citadinos y de religiosidad popular. Una
especie de diario escrito bajo los efluvios
de la botella.
Oficio de amarte,
aparte de su espléndida modernidad carnal e
intelectual, es una recreación de la
tradición trovadoresca, en cuando es una
exaltación del amor galante, de la dama
ideal cantada por el caballero.
Extraordinario libro de arte amatoria que es
también una bitácora de torturas interiores.
[tomado de El Nuevo Diario]
-
* poeta y
ensayista
nicaragüense