-
|
Fernando
Silva
El
hotel
Como era la última noche que iba a estar en
Boaco, no tenía ninguna razón para llegar
temprano al hotel adonde se había apeado.
Entonces se anduvo recorriendo el pueblo.
Fue al cine y después se quedó fresqueando
en el parque, dándose cuenta al rato que ya
casi nadie quedaba por ahí. Se vino entonces
tranquilo al hotel; pero a esa hora, ya
estaba cerrado, y para mayor tuerce, cuando
se buscó en el pantalón se fijó que tampoco
andaba la llave... El hombre empezó a
golpear la puerta. Consiguió, a pesar de
llamar varias veces, que alguien del hotel
le viniera a abrir. Entonces sacó de su
camisa el cuaderno que llevaba de su diario
y se sentó allí mismo en el pretil de la
acera y apuntó para no dejar fuera ningún
detalle, lo que le estaba pasando esa noche.
Leyó después lo que había escrito y tal vez
cansado, se ha de haber quedado adormilado,
sentado en la acera bajo el reflejo de la
luz del poste del alumbrado que le cortaba
la cara. Sintió algo así como frío, o más
bien como un repelo, tal vez por el miedo de
sentirse solo.
—¿No será, tal vez que me estoy muriendo...?
—se le ocurrió pensar.
—No. —Le dijo la muerte— Nadie se muere
antes de tiempo.
—¿...Ni yo, pues...?
—Ni vos tampoco, le dijo la muerte.
Eso también lo anotó en el cuaderno.
En ese momento alguien abrió la puerta del
hotel; pero él como estaba ocupado
escribiendo no dijo nada.
Esperó un rato todavía, cuando en eso, vio
la muerte que pasó a la orilla por donde
estaba sentado en la acera y entró al hotel
por la puerta abierta.
—¡Ajá! —Le gritó el hombre riéndose— ...entonces
es por otro y no por mí por quién venís.
La muerte salió enseguida del hotel.
El hombre la quedó viendo sin decirle nada,
mientras seguía escribiendo en el mismo
lugar adonde se había sentado.
La muerte dio unos pasos adelante y se
inclinó después, leyendo sobre su hombro lo
que el hombre tenía escrito.
—Corrija eso.. —Le ordenó la muerte.
El hombre puso el cuaderno sin entender
nada.
La muerte le agarró entonces la mano para
hacerlo escribir lo que le iba a decir.
—Escriba —Le dijo la muerte— ...que el día
de hoy 11 de marzo del año 2001, a las 2:00
a.m., ya no le quedan a usted más páginas
adonde pueda seguir escribiendo.
[Otros cuentos más. Managua, Anamá
ediciones, 2004, págs. 76-78]
|
|
-
|
|