LA MARIA MARTINEZ
 
Era hermana de árboles
Niña,
se dormía de sol entre la milpa
cuando volaba pájaros su grito.
 
Un dúa subió la savia en ella y reventó mujer.
Sus pasos olían a madroño,
sus pechos llenaron la comarca.
 
Su sexo se oyó en todos los caminos
cuando los indios dijeron: está buena, está buena.
 
Las ramas secas se asomaron en renuevos verdes,
el día que subió la primavera,
los monos cara blanca le tiraban ramitas
cuando iba a traer agua a la vertiente.
 
No duró mucho su verdor,
maduró en nueve lunas
de barro y de madera.
 
Fue viente numeroso.
Sus hijos sembraron músculos
en Coajtepe, La Fuente, El Guapinol.
 
Ahora, anciana,
es solo una pregunta
de piedra, de silencio, de sombra.
 

 
LA LLEGADA DE LOS NICARAGUAS
 
Desde Tula venimos.
Desde Tula, la de espléndidas pirámides.
Desde Tula, donde las manos esculpieron la dureza.
Desde Tula, la espléndida, cuyo corazón dijo en piedra
su fe.
 
No fue un sol. No fue una luna.
Navegamos muchos soles de hambre;
navegamos muchas lunas de sed.
 
La sequía asolaba el Anáhuac.
 
No teníamos agua;
no teníamos maíz.
Los pájaros morían,
Caían de las ramas;
las flores se tronchaban en los tallos.
 
No había cantos.
No había flores.
 
Se pararon las aguas del cielo
por la cólera de Tláloc.
Se hundieron las aguas en la tierra.
Se secaron las acequias,
por la cólera de Tláloc.
 
Los sacerdotes echaron suertes al maíz,
observaron el vuelo de las aves;
las entrañas de diversos animales;
los dioses callaban con un seco silencio.
 
En vano le ofrendamos a Xilonen
mariposas azules, mariposas rojas;
los mejores pájaros: chichitote, zenzontle;
libélulas de alas iridiscentes.
 
Ni las lágrimas calientes de las mujeres,
ni el llanto angustiado de los niños,
ni la tristeza de los guerreros,
todo fue un vano.
Los dioses ordenaron partir... y partimos...
 
Ahora hemos llegado
“Nican náhuatl: Nicaragua”
“Hasta aquí los nahoas”.
 
Somos toltecas de rostro claro,
de recto corazón.
Por fin, hemos llegado y traemos un canto.
 

 
 
PORONGA
 
Manos precolombinas dieron forma a la sed,
modelaron el agua primitiva.
 
Fue después de la jícara,
fue después del huacal.
 
Las mujeres congregaron el barro,
en la plaza lo juntaron:
barro rojo, como el Oriente rojo;
barro negro, como el Oeste negro;
barro blanco, del color del Norte;
barro amarillo, del color del Sur.
 
Recorrieron la sed para buscar la forma.
 
Amasaron el barro,
lo redondearon,
lo cocieron.
 
La poronga trajo al río a nuestras casas,
recogimos el invierno con guizpal.
 
(1955)
 

 
INGRIMIDAD
 
Oía en sus venas el rumor del caoba,
cuando su carne encendía azerinas.
 
Es tan cierto que la luna goteaba azahares
en el silencio de sus ojos que nunca amanecían.
 
En ellos conocí todo el mundo:
el pequeño puerto de San Carlos,
el lago, el Río Frío, Los Chiles;
toda clase de flores: el malinche;
toda clase de pájaros: sinzonte;
toda clase de peces: roncador.
 
Los atardeceres de colores más bellos,
los astros más brillantes y cercanos.
 
Todo lo supe en ella:
tierra, linza, raíz.
 

 
FLOR Y CANTO
 
Creí en la eternidad del canto
y el viento se llevó tu nombre.
 
Creí en la eternidad de la flor
y la sombra se llevó tu rostro.
 
(1971)
 
 
 

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