Francisco Pérez Estrada (1917-1982)

por Alvaro Urtecho

Poeta, antropólogo social y reconocido investigador de nuestro folclore, Francisco Pérez Estrada (nacido en la isla de Ometepe en 1917) ha indagado con pasión y lucidez en las raíces indígenas de nuestra sociedad y nuestra cultura. Su poesía, breve, pero concentrada y profunda, da testimonio de esta búsqueda auténtica y vertical. Chinazte, su único poemario, publicado en 1960, apenas tiene 17 poemas, pero la mayoría de ellos son antológicos, como lo han señalado a su debido tiempo, investigadores como Jorge Eduardo Arellano y Franco Cerutti.

«Pérez Estrada penetró en la esencia del ser nicaragüense. Así lo sugiere el título Chinazte: semilla, siembra, cultivo de ese mismo ser que no puede ocultar su trasfondo indígena, su esencia popular y su sensibilidad telúrica, características que el poeta comparte y trasmite con economía de recursos y elementos», dice Arellano en la introducción a la tercera edición de dicho poemario.

Asimismo, el italiano Cerutti se ha referido a la genuinidad con la que se ha acercado al mundo indígena, y con «verdadera fuerza de poeta». Según Cerutti, es autor de «una de las líricas más bellas y expresivas de la poesía nicaragüense contemporánea, digna de ser comparada con las de los más renombrados y acreditados exponentes de todas las corrientes poéticas que se han ido alternando desde Rubén hasta hoy».

Refiriéndose al brevísimo poema «Flor y canto», comparable a cualquiera de los mejores textos de Pablo Antonio Cuadra basados en cerámicas indígenas, Julio Valle Castillo afirma que «es síntesis de dos mundos, biografía y autorretrato abstracto, ars poética y ética, metafísica náhuatl y occidental».

En Chinazte hay tanto memoria mítica y cosmogónica («La llegada de los mexicanos a Nicaragua» y «La virgen quiché») como conciencia de clase y afirmación de soberanía de los humildes y honestos («Nocturno en Granada»: Está segura esta casa en su silencio; /toda la familia duerme su convicción burguesa, / solo yo vigilo una inquietante estrella roja), tanto exaltación de la naturaleza y del futuro liberado («Alfonso Nurinda») como una visión desamparada y trágica del pueblo pobre e indio que recuerdan, en su desolación impactante, a Rulfo y, por supuesto, al Joaquín Pasos de Misterio Indio («Entierro de un pobre» y «La María Martínez»).

Estampas de Granada son como un complemento de su poesía: poemas en prosa, relatos breves, pinceladas azorinianas que revelan su devoción por los salones y retratos de las casas solariegas que describe con precisión y acendrado gusto.

Pérez Estrada es también ensayista: Los nahuas de Nicaragua, Ensayos nicaragüenses (Col. Cultural Banco de América, 1976). Historia precolonial de Nicaragua, Ministerio de Cultura, 1980; Las comunidades indígenas de Nicaragua, Guatemala, Univ. de San Carlos, 1956; Estudios del Folclore nicaragüense, Managua, 1965.

Estudió su bachillerato en Granada. A comienzos de los años 30, después de una estadía en Bluefields, se incorpora a la vida periodística, identificándose con el Grupo de Vanguardia y colaborando en los Cuadernos del Taller San Lucas con sus valiosos estudios sobre folclore, junto a Pablo Antonio Cuadra. Fue secretario de Carlos Cuadra Pasos y recibió un premio en 1948 de la Comisión Nacional Cultural de Argentina por su Teatro Folclórico publicado en la Editorial Nuevos Horizontes. Viajó a España y a México.

En 1981 recibió la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío. Al año siguiente murió en Granada.
 
 

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