Francisco Valle (1942)

Alvaro Urtecho*

Nacido en León en 1942, Francisco Valle, uno de los poetas más auténticos y persistentes de su generación, estudió secundaria en el Instituto Pedagógico de Diriamba, realizando después estudios de filosofía y letras en la ciudad de México, urbe que se siente presente en su primer libro: Casi al amanecer (1964), colección de poemas llenos de imágenes surrealistas y violentamente expresionistas. Desde ese entonces, la crítica lo ha ubicado dentro del surrealismo por su ámbito sombrío y mágico y por la fuerza insólita de sus metáforas. Un surrealista neorromántico que ha encontrado su forma más orgánica y compacta de expresión en el poema en prosa: Laberinto de espadas (1974), La puerta secreta (1979), Luna entre ramas (1980) y Sonata para la soledad (1981), breves colecciones que, junto a otras posteriores («El botero de Raytipura», «Estrofas de cortesía», «Capítulo del culpado», «Apelajes», «Prosemas dominicanos» y otras) integrarán la edición de sus prosemas completos (Laberinto de espadas (Editorial Nueva Nicaragua, 1996).

Además de su dedicación al prosema, ese género cultivado entre nosotros por Mejía Sánchez y que Valle, con su desgarrado y lujoso lenguaje lleva hasta sus últimas posibilidades, ha reunido su poesía en verso, posterior a Casi al amanecer, en Mañana sin paraíso, libro que ganaría en 1990 el premio Nacional Rubén Darío «por su fuerza expresiva, unidad de estilo, experiencia y mundo personal, aportes novedosos y madurez versificadora».

El sentimiento de desamparo, de dolor universal, expresado en la dramática poesía de Valle nos recuerda inevitablemente a los expresionistas alemanes (Werfel, Trakl, Benn, Celan), y a poetas como Vicente Aleixandre, iluminados por una llama cósmica, o al Joaquín Pasos fatalista de «Nosotros». La conciencia de estar escindido, deparado, extrañado de sí mismo y de la esencia humana, le lleva a proferir una serie de lamentaciones y exceraciones que van conformando un código que impone sus leyes hasta el extremo de negar la realidad referencial: «Los niños se amustian/ sobre la consternada calle donde el silencio es agua/ y todo es ausencia/ porque Dios se escondió en la entraña de una piedra».

El mismo descubrimiento de la mujer está supeditado a los humores y hervores de esta conciencia ensimismada que lucha desesperadamente por hacerse sentir, por hacer realidad su imaginación a través de los recursos infinitos de la metáfora desenfrenada y en rotación. La experiencia erótica, expresada hasta sus límites en sus prosemas escritos a partir de los 90, le sirve para adentrarse en el caos original, en la desorganización de la materia crepitante y siempre nueva, en la exposición casi fisiológica de los miembros desarticulados en busca de la imposible unidad perdida.

Valle ha enriquecido sus prosemas incorporando el paisaje nicaragüense, vinculándolo a su espíritu luctuoso: viñetas vespertinas y nocturnas de León Viejo, San Miguelito, San Carlos, el Lago de Managua, el Momotombo, interioridades de pueblos y lugares que brillan como la luz de un cerillo y con todo el resplandor de la tragedia.

*poeta y ensayista nicaragüense

[tomado de El Nuevo Diario]


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Francisco Valle: “La neovanguardia no existe”

 

Ezequiel D’León Masís*

Francisco Valle (1942) publicó su primer poemario en México a inicios de la década de 1960, cuando estudiaba la carrera de Letras Españolas y tenía como maestro de Literatura Hispanoamericana a Ernesto Mejía Sánchez. Su obra ha desarrollado notablemente el cultivo del poema en prosa y es quizá la poesía más consistente entre la producción de los demás miembros de su generación. Además de “Casi al amanecer” (1964) tiene editado “Laberinto de espadas” (1974 y reeditado en 1993), “La puerta secreta” (1979), “Luna entre ramas” (1980), “Sonata para la soledad” (1981) y “Mañana sin paraíso” (1996). En una conocida universidad de Managua he convenido encontrarme con él para conversar acerca de la promoción de poetas que irrumpió en la literatura nicaragüense en los años 60 y de la cual es miembro.

¿Cuál es su visión sobre la generación literaria de los años 60 en Nicaragua? ¿representó una ruptura o una contínuidad?

La Generación del 60 es una continuación de la Vanguardia, no hace ruptura. En ningún autor del 60 hay ruptura. Casi toda la generación del 60 fue siguiendo los lineamientos de las estéticas vanguardistas anteriores. La generación fue promovida, guiada y publicada por Pablo Antonio Cuadra a través de LA PRENSA LITERARIA, en 1961 ahí aparecieron las primeras publicaciones.

Eran dos grandes grupos, el “Frente Ventana” que era el grupo político luchando contra el somocismo y donde estaban Sergio Ramírez y Fernando Gordillo. El otro es la “Generación traicionada” formado por Edwin Yllescas, Roberto Cuadra, Beltrán Morales y otros. Ellos hacen rebeldía en contra de las generaciones anteriores, pero sobre todo en contra del Modernismo y en contra de lo que ellos consideraban “mala literatura” en sus comunicados que fueron publicados por P.A.C. La “Generación traicionada” produce el primer escándalo de rebeldía de la literatura nicaragüense, quemaron innumerables obras en la Plaza de República, la Vanguardia había tenido pequeños escándalos, ellos lo heredaron.


¿En tal caso es una señal de rompimiento o ruptura?

No es una ruptura total, dentro de esa ruptura hay aceptación de valores, nombraron a lo bueno y lo malo, y quemaron lo malo. Luego realizaron presentaciones, recitales y lecturas en los primeros años de la década. Pero además de los dos grupos está el grupo de los “independientes”, como les llama Jorge Eduardo Arellano, y en los que estaríamos Luis Rocha, Fanor Téllez, Pablo Centeno Gómez, Carlos Perezalonso y yo.


¿Es válido utilizar el término “neovanguardia” para referirse a la Generación del 60 en Nicaragua?

Para mí la “neovanguardia” no existe. Lo que existe es la Vanguardia, la continuación y afluencia de la vanguardia que continúa a través de los años, y a través de los autores. La Vanguardia arranca en 1910 cuando en Europa se gestan los movimientos de ruptura con la cultura anterior.


¿Los críticos ligan la “neovanguardia” a las implicaciones políticas de una generación?

En ese sentido la “neovanguardia” sería el grupo “Ventana” porque es el único que tiene compromisos políticos.


¿Cuál era la idea del compromiso social y político?

La dicotomía política siempre existió a partir del 60, es decir, en la época de Somoza. Había una tendencia política y otra apolítica. La “Generación traicionada” se consideró siempre apolítica, luchó siempre dentro de los conceptos teóricos que expresaron en sus proclamas. Habría que revisar las proclamas en las cuales ellos teorizaban sobre arte, sociedad, poesía y vida civil. Mi relación con ellos fue esporádica, yo estaba en México y vine ya al país en 1964.


¿Cuáles son las influencias y tendencias que incidieron en su generación?

La generación del 60 se apoya totalmente en la Vanguardia, se apoya en P.A.C. y José Coronel Urtecho desde el punto de vista del verso libre y en Carlos Martínez Rivas, y Ernesto Mejía Sánchez desde el punto de vista de las formas tradicionales de la lírica española. Ernesto Cardenal con el exteriorismo ejerció influencia también en el verso libre, muchos de los poetas del 60 fueron exterioristas como Iván Uriarte o Yllescas. Después vino una situación política donde ya no era voluntad del poeta el adherirse al exteriorismo, sino que había ya una obligación de ser exteriorista.


¿Y las influencias extranjeras?

Para “Ventana” la gran influencia era el “realismo socialista” que se estaba haciendo en Rusia, era poesía de protesta y denuncia en oposición a la dictadura. Los “independientes” no comulgábamos con esa línea del “realismo socialista” y hacíamos nuestra labor de acuerdo a nuestra sensibilidad, éramos independientes de la “Generación traicionada” y de “Ventana”. Ahora, los poetas “beat” como Allen Ginsberg y Charles Bukowski tuvieron gran erupción en San Francisco, California, y eso tuvo una repercusión aquí. Recuerdo aquel poema llamado “Howl” de Ginsberg que influyó mucho. Los “beat” influyeron con su postura de vida heterodoxa entre el escándalo y la bohemia. Influyeron a la “Generación traicionada”, era una literatura distinta de ruptura social y anti-establishment.


¿Se podría situar a los poetas del 60 dentro de rasgos estéticos comunes?

Todos somos diferentes o yo soy diferente al grupo. Pero desde el punto de vista estético se puede decir que hay dos corrientes fuertes: la corriente exteriorista y el subjetivismo que viene de Carlos Martínez y Ernesto Mejía Sánchez. Beltrán Morales fue carlosmartinista y además fue uno de los más apasionados por la literatura, era muy informado, era iconoclasta, tenía mordacidad. En su “Panorama de la Literatura Nicaragüense” Jorge Eduardo Arellano habla un poco de los diferentes que pertenecíamos a la generación, sobre mi poesía se refiere a la influencia del surrealismo que ya antes la había notado P.A.C.


A veces se quiere enlazar a los poetas del 70 con los 60. ¿En qué aspecto podría haber vínculos?

En términos generales los miro diferentes, exceptuando a Álvaro Urtecho que prosigue una línea elitista y culturalista dentro de la literatura nicaragüense. Él es el que mejor recoge la herencia cultural, es decir, continúa la generación del 60 con las mismas savias fructificantes que vienen de Martínez Rivas y Mejía Sánchez. Álvaro Urtecho es esencialmente culturalista, él no concibe nada fuera de lo cultural, en las manifestaciones culturales, digamos, de alta calidad humana.


En la tradición literaria, ¿quién es el poeta vivo más importante?

Después de la muerte de José Coronel Urtecho, Carlos Martínez Rivas y Pablo Antonio Cuadra, es muy difícil arriesgar un nombre para establecer cuál es el poeta vivo más importante. No sé, si es como poeta, quién pueda serlo. La poesía nicaragüense, en cierto sentido, se está terminando. Los del 60 no hacemos más que un esfuerzo por continuar un poco la tónica de calidad que había anteriormente con Coronel, Pablo Antonio y Martínez Rivas. Determinar si lo hemos logrado o no, es algo que le toca a la crítica.


¿Cómo ve la literatura actual de nuestro país?

Es difícil tener una opinión válida sobre la literatura contemporánea nicaragüense joven que se está formando y está en proceso de publicación. El poeta es un largo proceso de madurez que se va haciendo con la experiencia y en un joven es difícil encontrar esa madurez. Claro que se dan casos en Francia como los de Rimbaud y Lautréamont que mueren jóvenes y con una obra inédita, pero son casos muy aislados. El tiempo irá dando a cada autor la cultura que es algo fundamental, aunque Nicaragua sea un país pobre y el poeta tenga que trabajar en medio de esa pobreza cultural. Se tiene que invertir más dinero en las artes y abrir espacios de publicación.

 

*poeta y ensayista nicaragüense

 

[tomado de “La Prensa Literaria”, La Prensa]
 
 

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