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LA RUTA DEL SILENCIO
(A
José Coronel Urtecho, in memoriam)
«Finalement c'est toujours un idéal façonné dans
le silence d'une conscience qui marque
l'histoire, la meut et la génère...»
Marc
de Smedtt
«Ningún recuerdo basta para tapar el
hueco de su ausencia»
tras su callada y discreta despedida aquel
sábado 19 de marzo de 1994; el día de San José,
como quizás lo habrá deseado. -Mamá, la
llamaron de “Le Monde Diplomatique”, me
anunció Fabiola. Se murió el poeta José Coronel
y necesitan datos para una nota necrológica.
«Así recibo la noticia escueta - un golpe seco
en la mitad del pecho ...» La ausencia,
entonces, es ausencia y nada más que ausencia.
¿A quién recurrir para aceptarla? ¿A quién en
este París, donde todavía vivo? ¿A quién en la
nicaragüita, ajena a mi afán en
declararlo eterno por la condición de mi ternura
primordial y en mi sostenida curiosidad sobre su
vida y su obra? «Inútil preguntarle a la
tierra, a la mar, a la estrella polar...»
Ahora, igual que ayer «vuelve la
oscuridad, la lluvia, el viento» ya no tengo
su voz. Es el silencio. Un silencio sin fondo
que su muerte me ha puesto como un amuleto.
Necesito sacármelo del cuello. «No me
respondas hoy. Nada me digas./ Ni digas que "son
blancas las hormigas"/ porque son negras. Son./
Son de carbón». ¿Será también de carbón la
línea que nos separa? Ninguno quiso responderme.
De pronto: «Un pajarito canta entre las hojas
de una rama/ y su canto/ un silbido, tal vez una
llamada/ me saca de la historia/». Vuelvo a
su orilla que es presente, porque es cierto
«la muerte no interrumpe nada». Vuelvo a su
orilla, frente al lago, y ahí lo encuentro, como
siempre, con un libro en la mano. «Los robles
están cuajados de crespas flores nacaradas»
Nadie se ha ido. "Todo el ruido del lago/
lo repite el silencio".
«Y la paloma penadora que da un
quejido leve, profundo y espaciado que no se
sabe de dónde viene, cambia de sitio...»
abre las alas. ¡Sólo me queda su hálito poético!
No hace falta descolgarlo del árbol para verlo.
«Es el tiempo de los nidos y de los huevos de
colores». He vuelto del silencio. Hay un
mutismo que se desliza bajo la sombra del viento
y «el viento se ve en el agua», si él la
mira, siento, no está solo. «Paloma tora.
Paloma posolera. Paloma azul. Paloma patacona»,
aguarda, me pido. Entre el tumulto desbocado
te oirá el silencio, «el resplandor, el
movimiento/ el lago abierto... »
«Encuentro una piedra/ como una
perla».
Su hallazgo ha sido mi fortuna. «Todo lo que
se apunta con la lengua del lápiz» para
seguir hurgando en sus aciertos, postergando
esta extraña persecución de su intelecto por la
Nicaragua de nuestros sueños: el de Darío
universal, el de Sandino por la libertad, el
suyo, el mío. «Somos de abismos entre cuatro
sueños». Y concluido, si acaso el amor
puede concluirse, este empeño por asir la
summa de sus textos, «Monte. Montón/
Unidad global/ Enciclopedia Universal»; él
habría convenido en ser mi más lúcido
interlocutor. Tan sólo por imaginármelo en
jubiloso diálogo he sabido perseverar.
«Llévame de las pestañas a las montañas...»
Antes que caiga la noche.
«Son las 6 de la tarde. Ya no se
ve./ Encenderé la luz»/
y me iré a la fiesta del muchacho de
avant-garde, subversivo del vuelo
modernista, «irrespetuoso con los cisnes».
Y no obstante, ligero arlequín pirueteándole
al "maestro". Porque ya para entonces
eran suyas la poesía, la literatura, las
lecturas. Leyendo a Whitman y a Poe, antes de
marcharse a California, aprende inglés. Ahí la
new american poetry, experiencia
literaria original de gran influencia entre
creadores de latitudes diversas y luego en
Nicaragua W.C.Williams, Sandburg, Eliot, Pound,
Marianne Moore, gracias a sus traducciones, y
La nouvelle poesie française: Cocteau,
Apollinaire, Cendrars, Valéry, Claudel, también
en sus traducciones, y la Oda a Rubén Darío
distinta de las clásicas, cuya concordancia
entre elementos semánticos disímiles, ironía y
admiración interpoladas de datos biográficos,
nos remite a la oda de Paul Morand a Marcel
Proust. Un experimento de la poesía francesa en
lengua española y no sin mejores brillos,
preludio del Movimiento de Vanguardia que el
talento proteico del joven nicaragüense
convierte en ironías. Aquí rehusa y acepta al
"amado enemigo", incita a sus compañeros a
probar la iconoclacia. «Ella aunque pareciera
llena de disparates o locuras, era en gran
parte un rechazo del mundo burgués en que
vivíamos». Sería la primera
manifestación cultural que consiguió perturbar
el sueño de "los rubendariacos" de la
vieja Granada conservadora, «tan chatos, tan
pedestres, tan mediocres, tan incapaces, tan
poco interesados en las cosas que a mí me
interesaban y me gustaban».
Es claro, sus preferencias no son
políticas sino estéticas .«En ese tiempo
nunca me interesó el asunto político; solamente
estaba en oposición a la gente esa de Granada,
los burgueses granadinos...». Y en su
Granada, como «cuando Granada era Granada»
mientras la vanguardia hacía poemas, pasaba
encuestas, creaba y organizaba páginas y veladas
literarias para celebrar su rebeldía, en Las
Segovias, Augusto Sandino, con su Pequeño
Ejército Loco, rechazaba la injerencia de los
Estados Unidos en los asuntos internos de
Nicaragua. «Creo que entonces - dirá con
cierto desasosiego en 1980 - yo no tenía una
posición muy clara. De Sandino yo no
sabía mayor cosa, más que era un hombre que
estaba peleando contra los yanquis». Tampoco
su entorno social lo sabía. A muchos, más bien
le parecía favorable la influencia
norteamericana, «incluso se mostraban
interesados en que Nicaragua fuera satélite de
los Estados Unidos».
Para salir del marasmo, en que se
halla sumergida, Nicaragua necesita un hombre
capaz de gobernarla con autoridad, un
"antigabino", citan los editoriales de La
Reacción, el diario que fundaron "los
reaccionarios", los mismos de la vanguardia. El
término "reaccionario" tenía en aquel contexto
una connotación distinta a la actual, se refería
a una conducta de rechazo a lo opuesto o
contrario a la tradición hispana monárquica. Los
muchachos, adolescentes en su mayoría, mozuelos
imberbes, «en la España de Azorín», se
apoyan en la premisa de "un gobierno fuerte"
siguiendo a Charles Maurras y a la Action
Française. ¿La América de Netzahualcóyotl
a la zaga de la vieja Europa? «Buscábamos,
como en la literatura, la vanguardia de los
movimientos políticos, el dadaísmo político».
La política revestía para ellos un carácter de
reto a la inteligencia, experimentación de lo
diferente, inclinación por la novedad y las
cosas absurdas. ¿Su búsqueda sería más lúdica
que ideológica? ¿O más ideológica que
estratégica?
La ingenuidad y la osadía de los
jóvenes "reaccionarios" no encajó en los planes
del futuro dictador; al inicio les asignó alguna
función local o diplomática menor y luego
progresivamente los ignoró. Coronel «por
inercia o por falta de otra alternativa», se
mantuvo algún tiempo allegado al viejo Somoza,
aunque «me miraba como un soñador, más o
menos como alguien un poco loco». Los
proyectos que le proponía no eran viables. La
cultura y el poder nunca han hecho buenas migas.
Entonces, vino la separación, el divorcio. A
partir de este momento, la creación literaria
ocupará toda su energía: poesía, novelas cortas,
cuentos, ensayo, traducciones, teatro, historia.
Apoya programas culturales, colabora en la
fundación de revistas y editoriales: Los
Cuadernos del Taller San Lucas, El pez y la
serpiente, La Prensa Literaria, la
Revista del Pensamiento Centroamericano.
Anima vocaciones poéticas, prologa libros,
ejercita su admirable y erudita gimnasia verbal,
enseña y ayuda a los más jóvenes a descubrir
prosa y poesía. Nadie le ha negado ese generoso
didactismo.
En el remanso, tras muchas
«idas y venidas, vueltas y revueltas»
lo descubro cabalgando sobre poemas,
traducciones, imitaciones, odas, sonetos,
canciones. ¡La inagotable sorpresa! La algarabía
fónica de su Pol-la-D'Ananta Katanta Paranta
en espiral onomatopéyica, cuyo acento
procede de Homero; síntesis de su pericia
vital, poemario que no compuso ni organizó
porque no escribía poesía para libros y que
sólo el fervor de otros poetas hizo posible.
Libro único como el Leaves of Grass del
viejo Whitman, poetas y lecturas, «siempre mi
poesía se ha inspirado en lecturas». Temas,
lugares y estilos inseparables de su poética,
poesía de la intimidad como para las
Gymnopeias de Erick Satie, experimentos
lúdicos, parques, sonrisas, caprichos, con menos
aguafuertes o variaciones que los de Goya o
Paganini. «Sólo nos queda el aire y su
capricho». Poesía del amar, poesía del amor.
Otra vez el canto del Dante a Beatriz, los
sonetos de Petrarca a Laura, los versos de
Aragón a Elsa. Palabra y poesía para celebrar
a la compañera, poesía uxórica, poesía de «el
hombre de la Maruca» para su María.
"Pequeña biografia de mi mujer". Ritmo y
rimas populares, farsa y comparsa de la América
hispana, acentos, burlas y risas monorrímicas,
sones, sonetes y "chonetes" en La
Chinfonía Burguesa.
Así, ebria de poesía, abro las
páginas de sus dos únicas noveletas. En
la primera, el dandismo de un Narciso
incómodo, inadaptado, ajeno al laberinto de su
entorno, enamorado en su Fonteclara
intentando hacerla asomarse a su fuente. «El
hombre es el canto y la mujer el oído que lo
escucha. El hombre es el sol que da la luz y el
calor y la mujer la tierra que los recibe, la
luna que los refleja». Pero Fonteclara
también sucumbe a la mediocridad reinante. El
diletante exquisito y refractario vuelve a su
claustro, hará el resto del camino sin ella. En
la segunda, La muerte del hombre símbolo
un caudillo civil impugna las relaciones
dominantes, cuestiona las instituciones. “El
hombre-símbolo” reniega de cuanto ha
defendido. «No creo una palabra de todas mis
doctrinas políticas y sociales». Los
protagonistas de ambas noveletas
destilan una dosis de burla que es burla
simultánea del otro y burla de sí mismo. ¡Y el
perfil psicológico trazado con qué destreza!
Como la astucia y la picardía popular
nicaragüenses, por entregas, de sus
Fragmentos relacionados en la
inocencia absoluta de los niños de "El mundo
es malo". «Pitirre conoce
un nido de chorchitas, decía el diablo». Un
diablo intruso en medio de la transparencia de
los hechos sueltos y enlazados. Silencios que se
le escapan a la palabra cristalina, como «el
agua eternamente virginal y primitiva».
Y oyendo agua y palabra confundidas,
me percato que no me he ido lejos. El Sena y
sus puentes están a pocos pasos de donde vivo,
pero en este Rápido Tránsito de la vida
está más cerca de mí el majestuoso pasar del Río
San Juan, José Coronel Urtecho con su boina
vasca, su bastón de lúcido patriarca, la mirada
curiosa y vivaz, como la tarde de luz en que lo
encontré por primera vez (1972) en la librería
Cardenal de una Managua agitada y extraña que
yo apenas conocía. El poeta José Coronel,
viajero de norte a sur, de las avenidas de Nueva
York, Nueva Inglaterra o la vieja Nueva Orleans
a su Nicaragua natal. Del plural San Francisco
de California a su casa de Las Brisas en San
Francisco del Río. Siempre en sus afluencias
los ríos. El Missisipi, el San Juan, el
Melchora, el Medio Queso, el San Carlos, el Río
Frío. Sus ríos y el mío. Los suyos anchos y
extravertidos, el mío largo y Escondido. Tal
vez por esto mismo buscando siempre las
desembocaduras, como buscaban otros "viajeros
en el río" algo que nunca habían visto.
«En las selvas de La Azucena, también en la
margen izquierda del río, en la propia frontera,
no sólo territorio de Nicaragua sino también de
Costa Rica». Frontera que no existe y si
existe es indefinida, porque no tiene límites
«en la margen de un río y una selva sin
nombre, que no figuran en el mapa». Un lugar
como hecho para un poeta, para contemplar el
mundo sin fronteras. «Entre llanos, selvas y
ríos, en un lugar perdido...» donde
confluyen la soledad y la belleza, «la
soledad es cada vez mayor y más bella en el río
». Y aquí «Otra vez la primera pareja y el
nuevo Paraíso del primer hombre y la primera
mujer ». José y María. Lo divino y lo humano
en dulce diálogo.
El diálogo, no el silencio. El
diálogo, no aquel profundo silencio que
experimentaría cuando solicitó impaciente la
palabra del otro para trazar juntos la fisonomía
histórica de nuestra Nicaragua. Pero el cortex
complementario, la luz conciliatoria no están a
la vuelta del camino. La demagogia de
granadinos, la palinodia de leoneses, la presión
y la presencia extranjera, la dificultad de
armonizar los intereses antagónicos, la
imposibilidad de conjugar civilismo y
militarismo, las consignas de partido, la
generalización de las anarquías, las guerras
civiles han impregnado todo el Recinto. ¿Cómo
decirlo? «Hay unas gotas de sangre en tus
tapices». La Colonia, el laberinto de ideas
azarosas, el laberinto de voluntades en
conflicto, el dominio de haciendas, iglesia,
religión, feudos, criollos, mestizos, familias y
apellidos parece ineluctable. «En mayor o
menor grado todos participamos de las
condiciones generales de nuestro país,
especialmente de su pobreza y su ignorancia».
El diálogo, no la guerra. El diálogo, no el
silencio. El diálogo, no la indiferencia. Pero
la ideología tiene lenguaje, casa, cerebro y
corazón. Tres volúmenes de Reflexiones sobre
la historia de Nicaragua y no ha sido
posible aprehender la historia como diálogo,
cuántas páginas y no ha sido posible atrapar la
taumaturgia de la esperanza. Y si la palabra es
capaz del prodigio y si «la poesía es mejor
que la esperanza,/ porque la poesía es la
paciencia de la esperanza, y todas/ las imágenes
vivas de la esperanza/». ¿Por qué,
entonces, el estrecho dudoso y la ruta del
silencio son tan largos? Digamos que son dos
eufemismos que al «lector de historia que no
se resigna a tener encadenadas la inteligencia y
la imaginación» lo llevan a pensar que
todavía podemos esperar, que después de todo
será mejor «el crepúsculo con una estrella al
fin...»
Y los primeros signos del final
aparecen tras la inminencia telúrica que sacudió
a la capital en 1972. La economía, que
continuaba en manos de un reducido número de
familias, empresas y latifundios, favorecía el
crecimiento de la desigualdad y la violencia
paralelamente al avance de una cultura plagada
de estereotipos. La posibilidad de derrocar al
último Somoza, «después de tanto latrocinio»,
comienza a atisbarse. Entonces, Coronel pasa
revista al pasado, piensa en sus Memorias,
"Mea Máxima Culpa". Necesita explicarse y
explicarnos la visión política de la primera
etapa de su vida; proyecto sugestivo que
lamentablemente no concluyó, pero la conciencia
acendrada de la función del intelectual en la
sociedad le conducirá de nuevo al diálogo.
Ahora, en el punto de mira ha puesto la alianza
entre el poder económico y la cultura, entre la
Empresa Privada, los artistas y los
intelectuales. Deja por un momento su
retirada vida en las márgenes del Río San
Juan y viaja a la capital para conversar con una
elite de empresarios, formada en las
Universidades de los Estados Unidos, para
quienes el desarrollo de la economía de mercado
permitiría superar el impasse. Raudo, el
portentoso orador busca apoyo para cuanto
pudiera traerle mejor vida a lo suyo: el arte,
la poesía, la educación, la cultura. Esa sería
su única ilusión y su mayor delito. En aras suya
anduvo siempre haciendo concesiones. Instigador
permanente. Pretende rescatar a la Empresa
Privada con Tres Conferencias: "Los
intelectuales y los hombres de Empresa", "El
hombre de empresa, el intelectual y la cultura
en Nicaragua", "Realidad y perspectiva de
la cultura nicaragüense".
Aquí,
como en ninguna otra de sus actividades de
cultura, a sus sesenta y ocho años (1974),
despliega su erudición, hace gala de su
indiscutible capacidad de oratoria, deja
plasmada su convicción intelectual y su ideal
poético. En la pluralidad de su exposición
integra los hitos fundamentales de su concepción
del mundo; de unos esboza definiciones, de otros
nos ofrece preclaras observaciones. La cultura
en crisis y en consecuencia la lengua, que
manifiesta dicha crisis; la cultura vía de
acceso a la universalidad, experiencia
individual y colectiva, antecedente del
desarrollo económico, y la incuria de la cultura
nicaragüense, colofón insoslayable. La política
instrumento de poder o callejón sin salida de la
cultura; la literatura propiamente dicha y la
poesía traslación de la realidad a un plano
superior; el intelectual y su función en la
sociedad, el hombre de negocios como hombre de
cultura en una Nicaragua con «hacendados que
lean a Hesíodo o Las Geórgicas de Virgilio y
comerciantes que puedan citar el Beatus Ille de
Horacio, intelectuales que consulten el texto
original de La Poética de Aristóteles, en el
sentido de una profunda continuidad humana y
cultural».
¡Que
la Empresa Privada contribuya a producir no sólo
dinero o bienes materiales sino también cultura!
«...pensamientos, ideas, arte, ciencia y
sabiduría y más concretamente, libros y
revistas y poemas y novelas y cuentos y ensayos
y artículos periodísticos y piezas de teatro y
música y danzas y cuadros y murales y esculturas
y artesanías y espectáculos y actos o
happenings callejeros y programas de radio y
televisión que en realidad valgan la pena y
casas y edificios y repartos y centros urbanos y
bellas ciudades, no sólo para habitar y
negociar, sino también para admirar y recrearse
en ellas como seres humanos, es decir, como
gente culta y civilizada». Que el país
entero pueda «conocer a Cervantes, tenerlo
con nosotros en Soconusco». Que la educación
y la Universidad cesen de ser «una farsa, un
artefacto, una fábrica de empleados, servidores
de la Empresa Privada o de los organismos del
Estado». Que junto al nombre de poetas,
artistas, músicos, pintores, filósofos y
pensadores de todos los confines figure el de
los nicaragüenses y por encima de todos el de
Rubén Darío, convertido ahora en paradigma
cultural; porque la lucha de la vanguardia,
rectifica, no era contra Darío sino contra sus
falsificadores, porque «con Rubén y en Rubén
es que los poetas nicaragüenses, frecuentemente
en rebeldía frente al mismo Rubén han
descubierto al menos su universalidad, tal vez
no propiamente la universalidad nicaragüense
como experiencia colectiva o realidad histórica,
sino más bien su personal universalidad en
relación a la poesía como categoría universal».
Los poetas están llamados a
recuperar las esencias de nuestra cultura
mestiza-americana. Asi lo han demostrado, por
ejemplo, Salomón de la Selva en Alcomixtli
Netzahualcoyotl, Ernesto Cardenal en el
Homenaje a los indios americanos, Pablo
Antonio Cuadra en El Jaguar y la luna, y
Joaquín Pasos en sus poemas a la sabiduría, al
misterio y a la profecía de lo aborigen. Porque
Coronel, como diría Ortega y Gasset
refiriéndose a Oswald Spengler en el Prólogo a
La decadencia de Occidente, «cree
descubrir la verdadera sustancia, el verdadero
objeto histórico en la cultura". Pero
adquirir sentido histórico no puede ser una
tarea solitaria sino colectiva, su realización
depende del diálogo. «... la historia se hace
hasta cierto punto gracias al diálogo. ... al
diálogo como sustitución de la polémica, al
diálogo cuya esencia es la libertad». ¿No
era esto lo que él tanto anhelaría alcanzar?
En 1980, al inicio del periodo de la
Revolución recuerda: «Cuando di las Tres
Conferencias, no tenía esperanza alguna en que
la burguesía pudiera hacer algo a favor del
país, porque de la burguesía nunca he esperado
nada yo, porque es incapaz de nada que valga la
pena y nunca he creído en ella en ninguna forma,
porque eran hombres de operaciones, de
manipuleos económicos, aún ahí mismo en esas
Conferencias manifiesto mi rechazo a ellos como
clase y como actitud humana, de modo que
esperanzas en ellos nunca tuve. Sin embargo, sí
creía que ellos hubieran podido contribuir a
destituir a Somoza con maniobras». De nuevo,
actor y espectador de su tiempo, reflexiona en
voz alta y entre confesión autobiográfica y
recapitulación histórica, puntualiza: «Hasta
entonces había creído en la superación
de la burguesía, a pesar de que yo sabía que no
había más oportunidad que el Frente...« Y la
poesía política que no había escrito, la escribe
ahora. "Paneles de infierno", el averno
para esclavistas, tiranos, asesinos, dictadores,
oligarcas, banqueros estafadores, militares,
toda clase de explotadores. "No volverá el
pasado" el exterminio del mal acumulado en
su "insoslayable" Nicaragua. La sabiduría de los
años y la feliz carencia de soberbia que en él
coexisten lo llevan a dialogar con "los
muchachos", poetas, escritores, editores,
artistas, militantes, dirigentes, «porque
prefiero equivocarme a no poner del todo mi
confianza en ellos».
Paradoja de una inteligencia
rigurosa, aparentemente incompleta que deja al
desnudo la sensibilidad de una individualidad
cambiante, múltiple, diversa, extranjera incluso
a ella misma. «No sé si soy o he sido o si
seré José». El carácter versátil, la
experimentación permanente, la necesidad
constante de lo nuevo, se hacen tangible en
todas sus búsquedas. Con razón, comentaría su
más digno compañero de generación, Pablo Antonio
Cuadra: «José Coronel Urtecho es un ejemplo,
tal vez límite, de esa multiplicidad: lúdico,
lírico, narrativo, exteriorista, intimista,
religioso, erótico, clásico, neolingüista,
comprometido y anárquico, parece un insaciable
inaugurador de caminos que inmediatamente
abandona». Ernesto Cardenal dirá que «la
movilidad es un constante signo de vida en él, y
lo único permanente en su temperamento son las
mutaciones... hombre de muchas piezas, como
decía Unamuno, inquietísimo y distinto cada
día». En él operan tomados de la mano el
intelectual y el hombre en su tiempo histórico.«Yo
busco sobre todo ese conjunto significativo de
relaciones inteligibles que constituye en último
término la verdad histórica y cuando es ésta lo
que se busca con absoluta sinceridad, el error
mismo puede servirnos para llegar a ella».
Si los
cimientos de la historia se levantan sobre el
diálogo, la entelequia de su discurso se forja
en la libertad. De ella procede la dialéctica de
sus registros ante todo en sus reflexiones sobre
la Historia: «sin libertad no puede haber
conversación. La libertad es la esencia del
diálogo - tanto del que mantiene el hombre
consigo mismo como del que sostiene con los
demás - que por definición, consiste únicamente
en el libre intercambio de distintos saberes y
pareceres o maneras de ver». El hombre debe
estar en capacidad de trascender sus
equivocaciones, superar los particularismos,
continuar su búsqueda hasta coincidir en la
universalidad. ¿Cómo pedirle, entonces, otra
cosa? Como si a un hombre que aspira ir a Venus
se le exigiera antes fabricar astrolabios...
La dinámica de su
pensamiento trasciende toda interpretación
aislada, los orígenes de su sensibilidad
estética revelan la mayéutica de su quehacer
intelectual y lo sitúan «entre los pocos que
aún creen o esperan que puede pensarse en
términos de humanismo y universalidad».
Alguien ha dicho que su personalidad supera en
importancia a su obra y que es uno de esos
autores que como Sócrates no necesitaba haber
escrito libros porque habló mucho y enseñó
dialogando. Su Oráculo de Delfos no le dijo que
sería "el más sabio de los hombres" sino
el maestro amado y respetado. «¿Con qué
nombre se nombra/ la noche de tu estirpe?»
Poeta sí que fue y su poesía: una polifonía de
experimentos e innovaciones, síntesis de
influencias culturales, ejemplo raro de
diversidad y dinamismo, prueba y evidencia de
que «todo pasa menos la poesía», porque
ella «inventó el unicornio, el centauro y el
fénix».
Fiel a su vocación poética, por
contradictorio que parezca, su obra tiende a
formar un conjunto heterogéneo coherente. Basta
acompañarlo por los meandros de su experiencia
intelectual y humana para comprender que no
necesitaba absolución alguna, que su finalidad
no era política, aunque parodiándolo a lo mejor
lo fue, a pesar suyo y contra sí mismo. «No
sé si soy si he sido o si seré José». Lo
que tuvo de versátil, de plural, de desarraigo,
de poeta, nutren mi admiración y mi respeto. Una
sola de sus Anotaciones es tan profusa
«Para saber que es cierto lo que creo», que
son «cuatro las dimensiones del hombre: la
económica, la intelectual, la estética y la
mística. El que carece de alguna de ellas no es
hombre completo». Y ya no cabe ninguna
caravana más en nuestra ruta, Maestro. ¡«Es
la armonía de tu silencio»!
Gloriantonia
Henríquez
París, oct.
2004.
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