LA RUTA DEL SILENCIO                                                                           

                    (A José Coronel Urtecho, in memoriam)*

 

«Finalement c'est toujours un idéal façonné dans le silence d'une conscience qui marque l'histoire, la meut et la  génère...»

Marc de Smedtt** 

  

            «Ningún recuerdo basta para tapar el hueco de su ausencia»  tras su callada y  discreta despedida aquel sábado 19 de marzo de 1994; el día de San José, como  quizás  lo habrá deseado.  -Mamá, la llamaron de “Le Monde Diplomatique”, me anunció Fabiola. Se murió el poeta José Coronel y necesitan datos para una nota necrológica. «Así recibo la noticia escueta - un golpe seco en la mitad del pecho ...» La ausencia, entonces, es ausencia y nada más que ausencia. ¿A quién recurrir para aceptarla? ¿A quién en este París, donde todavía vivo? ¿A quién en la nicaragüita, ajena a mi afán en declararlo eterno por la condición de mi ternura primordial y en mi sostenida curiosidad sobre su vida y su obra? «Inútil preguntarle a la tierra, a la mar, a la estrella polar...»

           

            Ahora, igual que ayer «vuelve la oscuridad, la lluvia, el viento» ya no tengo su voz. Es el silencio. Un silencio sin fondo que su muerte me ha puesto como un amuleto. Necesito sacármelo del cuello. «No me respondas hoy. Nada me digas./ Ni digas que "son blancas las hormigas"/ porque son negras. Son./ Son  de carbón». ¿Será también de carbón la línea que nos separa? Ninguno quiso responderme. De pronto: «Un pajarito canta entre las hojas de una rama/ y su canto/ un silbido, tal vez una llamada/ me saca de la historia/».  Vuelvo a su orilla que es presente, porque es cierto «la muerte no interrumpe nada».  Vuelvo a su orilla, frente al lago, y ahí lo encuentro, como siempre, con un libro en la mano. «Los robles están cuajados de crespas flores nacaradas»   Nadie se ha ido. "Todo el ruido del lago/ lo repite el silencio".

 

            «Y la paloma penadora que da un quejido leve, profundo y espaciado que no se sabe de dónde viene, cambia de sitio...» abre las alas. ¡Sólo me queda su hálito poético! No hace falta descolgarlo del árbol  para verlo. «Es el tiempo de los nidos y de los huevos de colores». He vuelto del silencio. Hay un mutismo que se desliza bajo la sombra del viento y «el viento se ve en el agua», si él la mira, siento, no está solo. «Paloma tora. Paloma posolera. Paloma azul. Paloma patacona», aguarda, me pido. Entre el tumulto desbocado te oirá el silencio, «el resplandor, el movimiento/ el lago abierto... »

 

             «Encuentro una piedra/ como una perla». Su hallazgo ha sido mi fortuna. «Todo lo que se apunta con la lengua del lápiz» para seguir hurgando en sus aciertos, postergando esta extraña persecución de su intelecto por la Nicaragua de nuestros sueños: el de Darío universal, el de Sandino por la libertad, el suyo, el mío. «Somos de abismos entre cuatro sueños».  Y concluido, si acaso el amor puede concluirse, este empeño por asir la summa de sus textos, «Monte. Montón/ Unidad global/ Enciclopedia Universal»; él habría convenido en ser mi más lúcido interlocutor. Tan sólo por imaginármelo en jubiloso diálogo he sabido perseverar. «Llévame de las pestañas a las montañas...» Antes que caiga la noche.

 

            «Son las 6 de la tarde. Ya no se ve./ Encenderé la luz»/ y me iré a la fiesta del muchacho de  avant-garde, subversivo del vuelo modernista, «irrespetuoso con los cisnes». Y no obstante, ligero  arlequín  pirueteándole al "maestro". Porque ya para entonces eran suyas la poesía, la literatura, las lecturas. Leyendo a Whitman y a Poe, antes de marcharse a California, aprende inglés. Ahí la new american poetry,  experiencia literaria original de gran influencia entre creadores de latitudes diversas y luego en Nicaragua W.C.Williams, Sandburg, Eliot, Pound, Marianne Moore, gracias a sus traducciones, y La nouvelle poesie française: Cocteau,  Apollinaire, Cendrars, Valéry, Claudel, también en sus traducciones, y la Oda a Rubén Darío distinta de las clásicas, cuya concordancia entre elementos semánticos disímiles, ironía y  admiración interpoladas de datos biográficos, nos remite  a la oda de Paul Morand a  Marcel Proust. Un experimento de la poesía francesa en lengua española  y no sin mejores brillos, preludio del Movimiento de Vanguardia que el talento proteico del joven nicaragüense  convierte en ironías. Aquí rehusa y acepta al "amado enemigo", incita a sus compañeros a probar la iconoclacia. «Ella aunque pareciera llena de  disparates o locuras, era en gran parte un rechazo del mundo burgués en que vivíamos». Sería la primera manifestación cultural que consiguió perturbar el sueño de "los rubendariacos" de la vieja Granada conservadora, «tan chatos, tan pedestres, tan mediocres, tan incapaces, tan poco interesados en las cosas que a mí me interesaban y me gustaban».

 

            Es claro, sus preferencias no son políticas sino estéticas .«En ese tiempo nunca me interesó el asunto político; solamente estaba en oposición a la gente esa de Granada, los burgueses granadinos...». Y en su Granada, como «cuando Granada era Granada» mientras la vanguardia hacía poemas, pasaba encuestas, creaba y organizaba páginas y veladas literarias para celebrar su rebeldía, en  Las Segovias, Augusto Sandino, con su Pequeño Ejército Loco, rechazaba la injerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos de Nicaragua. «Creo que entonces - dirá  con cierto desasosiego en 1980 - yo no tenía una posición muy clara. De Sandino yo no sabía mayor cosa, más que era un hombre que estaba peleando contra los yanquis». Tampoco su entorno social lo sabía.  A muchos, más bien le parecía favorable la influencia norteamericana, «incluso se mostraban interesados en que Nicaragua fuera satélite de los Estados Unidos».

 

            Para salir del marasmo, en que se halla sumergida, Nicaragua necesita un hombre capaz de gobernarla con autoridad, un "antigabino", citan los editoriales de La Reacción, el diario que fundaron "los reaccionarios", los mismos de la vanguardia. El término "reaccionario" tenía en aquel contexto una connotación distinta a la actual, se refería a una conducta de rechazo a lo opuesto o contrario a la tradición hispana monárquica. Los muchachos, adolescentes en su mayoría, mozuelos imberbes,  «en la España de Azorín», se apoyan  en la premisa de "un gobierno fuerte" siguiendo a  Charles Maurras y a la Action Française. ¿La América  de  Netzahualcóyotl a la zaga de la vieja Europa? «Buscábamos, como en la literatura, la vanguardia de los movimientos políticos, el dadaísmo político». La política revestía para ellos un carácter de reto a la inteligencia, experimentación de lo diferente, inclinación por la novedad y las cosas absurdas. ¿Su búsqueda sería más lúdica que ideológica? ¿O más ideológica que estratégica?

 

            La ingenuidad y la osadía de los jóvenes "reaccionarios" no encajó en los planes del futuro dictador; al inicio les asignó alguna función local o diplomática menor y luego progresivamente los ignoró. Coronel «por inercia o por falta de otra alternativa», se mantuvo algún tiempo allegado al viejo Somoza, aunque «me miraba como un soñador, más o menos como alguien un poco loco». Los proyectos que le proponía no eran viables. La cultura y el poder nunca han hecho buenas migas. Entonces, vino la separación, el divorcio. A partir de este momento, la creación literaria ocupará toda su energía: poesía, novelas cortas, cuentos, ensayo, traducciones, teatro, historia. Apoya programas culturales, colabora en la fundación de revistas y editoriales: Los Cuadernos del Taller San Lucas, El pez y la serpiente, La Prensa Literaria, la Revista del Pensamiento Centroamericano. Anima vocaciones poéticas, prologa libros, ejercita su admirable y erudita gimnasia verbal, enseña y ayuda a los más jóvenes a descubrir  prosa y poesía. Nadie le ha negado ese generoso didactismo.

 

             En el remanso,  tras muchas «idas y venidas,  vueltas y revueltas»  lo descubro cabalgando sobre poemas, traducciones, imitaciones, odas, sonetos, canciones. ¡La inagotable sorpresa! La algarabía fónica de su Pol-la-D'Ananta Katanta Paranta en espiral onomatopéyica, cuyo acento procede de  Homero; síntesis de su pericia vital, poemario que no compuso ni organizó porque  no escribía poesía para libros y que sólo el fervor de otros poetas hizo posible. Libro único como el Leaves of Grass del viejo Whitman, poetas y lecturas, «siempre mi poesía se ha inspirado en lecturas». Temas, lugares y estilos inseparables de su poética, poesía de la intimidad como para las Gymnopeias de Erick Satie, experimentos lúdicos, parques, sonrisas, caprichos, con menos aguafuertes o variaciones que los de Goya o Paganini. «Sólo nos queda el aire y su capricho». Poesía del amar, poesía del amor. Otra vez el canto del Dante a  Beatriz, los sonetos de Petrarca a  Laura, los versos de Aragón a  Elsa. Palabra  y poesía para celebrar a la compañera, poesía uxórica, poesía de «el hombre de la Maruca» para su María. "Pequeña biografia de mi mujer". Ritmo y rimas populares, farsa y comparsa de la América hispana, acentos, burlas y risas monorrímicas, sones, sonetes y  "chonetes" en   La Chinfonía Burguesa.

 

            Así, ebria de poesía, abro las páginas de sus dos únicas noveletas.  En la primera, el dandismo de un Narciso incómodo, inadaptado, ajeno al laberinto de su entorno, enamorado en su Fonteclara  intentando hacerla asomarse a su fuente. «El hombre es el canto y la mujer el oído que lo escucha. El hombre es el sol que da la luz y el calor y la mujer la tierra que los recibe, la luna que los refleja». Pero Fonteclara  también sucumbe a la mediocridad reinante. El diletante exquisito y refractario vuelve a su claustro, hará el resto del camino sin ella. En la segunda, La muerte del hombre símbolo un caudillo civil impugna las relaciones dominantes, cuestiona las instituciones. “El hombre-símbolo” reniega de cuanto ha defendido. «No creo una palabra de todas mis doctrinas políticas y sociales». Los protagonistas de ambas noveletas  destilan una dosis de burla que es burla simultánea del otro y burla de sí mismo. ¡Y el perfil  psicológico trazado con qué destreza!  Como la astucia y la picardía popular nicaragüenses, por entregas,  de sus  Fragmentos relacionados en la inocencia absoluta de los niños de "El mundo es malo".  «Pitirre conoce un nido de chorchitas, decía el diablo». Un diablo intruso en medio de la transparencia de los hechos sueltos y enlazados. Silencios que se le escapan a la  palabra cristalina, como «el agua eternamente virginal y primitiva».

 

            Y oyendo agua y palabra confundidas, me percato que no me he ido lejos. El Sena  y sus  puentes están a pocos pasos de donde vivo, pero en este  Rápido Tránsito de la vida está más cerca de mí el majestuoso pasar del Río San Juan, José Coronel Urtecho con su boina vasca, su bastón de lúcido patriarca, la mirada curiosa y vivaz, como la tarde de luz en que lo encontré por primera vez (1972) en la librería Cardenal de una Managua agitada y extraña que  yo apenas  conocía. El poeta José Coronel, viajero de norte a sur, de las avenidas de Nueva York,  Nueva Inglaterra o la vieja Nueva Orleans a su Nicaragua natal. Del plural San Francisco de California a su casa de Las Brisas  en San Francisco del Río. Siempre en sus afluencias  los ríos. El Missisipi, el San Juan, el Melchora, el Medio Queso, el San Carlos, el Río Frío. Sus ríos y el mío. Los suyos anchos y extravertidos, el mío largo y Escondido.  Tal vez por esto mismo buscando siempre las desembocaduras, como buscaban otros "viajeros en el río" algo que nunca habían visto. «En las selvas de La Azucena, también en la margen izquierda del río, en la propia frontera, no sólo territorio de Nicaragua sino también de Costa Rica». Frontera  que no existe y si existe es indefinida, porque no tiene límites  «en la margen de un río y una selva sin nombre, que no figuran en el mapa». Un lugar como hecho para un poeta, para contemplar el mundo sin fronteras. «Entre llanos, selvas y ríos, en un lugar perdido...» donde  confluyen la soledad y la belleza, «la soledad es cada vez mayor y más bella en el río ».  Y aquí «Otra vez la primera pareja y el nuevo Paraíso del primer hombre y la primera mujer ». José y María. Lo divino y lo humano en  dulce diálogo.

 

            El diálogo, no el silencio. El diálogo, no aquel profundo silencio que experimentaría cuando solicitó impaciente la palabra del otro para trazar juntos la fisonomía histórica de nuestra Nicaragua.  Pero el cortex complementario, la luz conciliatoria no están a la vuelta del camino. La demagogia de granadinos, la palinodia de leoneses, la presión y la presencia extranjera, la dificultad de armonizar los intereses antagónicos, la imposibilidad de conjugar civilismo y militarismo, las consignas de partido, la generalización de las anarquías, las guerras civiles han impregnado todo el Recinto. ¿Cómo decirlo? «Hay unas gotas de sangre en tus tapices». La Colonia, el laberinto de ideas azarosas, el laberinto de voluntades en conflicto, el dominio de haciendas, iglesia, religión, feudos, criollos, mestizos, familias y apellidos parece ineluctable. «En mayor o menor grado todos participamos de las condiciones generales de nuestro país, especialmente de su pobreza y su ignorancia». El diálogo, no la guerra. El diálogo, no el silencio. El diálogo, no la indiferencia. Pero la ideología tiene lenguaje, casa, cerebro y corazón. Tres volúmenes de Reflexiones sobre la historia de Nicaragua y no ha sido posible aprehender la historia como diálogo, cuántas páginas y no ha sido posible atrapar la taumaturgia de la esperanza. Y si la palabra es capaz del prodigio y si «la poesía es mejor que la esperanza,/ porque la poesía es la paciencia de la esperanza, y todas/ las imágenes vivas de la esperanza/».  ¿Por qué, entonces, el estrecho dudoso y  la ruta del silencio son tan largos? Digamos que son dos eufemismos que al «lector de historia que no se resigna a tener encadenadas la inteligencia y la imaginación»  lo llevan a pensar que todavía podemos esperar, que después de todo será mejor «el crepúsculo con una estrella al fin...»

 

            Y los primeros signos del final aparecen tras la inminencia telúrica que sacudió a la capital en 1972. La economía, que continuaba en manos de un reducido número de familias, empresas y latifundios,  favorecía el crecimiento de la desigualdad  y la violencia  paralelamente al avance de  una cultura plagada de estereotipos. La posibilidad de derrocar al último Somoza, «después de tanto latrocinio», comienza a atisbarse. Entonces, Coronel pasa revista al pasado, piensa en sus Memorias, "Mea Máxima Culpa". Necesita explicarse y explicarnos la visión  política de la primera etapa  de su vida; proyecto sugestivo que lamentablemente no concluyó, pero la conciencia  acendrada de la función del intelectual en la sociedad le conducirá de nuevo al diálogo. Ahora, en el punto de mira ha puesto la alianza entre el poder económico y la cultura, entre la Empresa Privada, los artistas y los intelectuales. Deja por un momento su retirada vida en las márgenes del Río San Juan y viaja a la capital para conversar con una elite de empresarios, formada en las Universidades de los Estados Unidos, para quienes el desarrollo  de la economía de mercado permitiría superar el impasse. Raudo,  el portentoso orador busca apoyo para cuanto pudiera traerle  mejor vida a lo suyo: el arte, la poesía, la educación, la cultura. Esa sería su única ilusión y su mayor delito. En aras suya anduvo siempre haciendo concesiones. Instigador permanente.  Pretende rescatar a la Empresa Privada con Tres Conferencias: "Los intelectuales y los hombres de Empresa", "El hombre de empresa, el intelectual y la cultura en Nicaragua", "Realidad y perspectiva de la cultura nicaragüense".

 

            Aquí, como en ninguna otra de sus actividades de cultura, a sus  sesenta y ocho años (1974), despliega su erudición, hace gala de su indiscutible capacidad de oratoria, deja plasmada su convicción intelectual y su ideal poético. En la pluralidad de su exposición integra los hitos fundamentales de su concepción del mundo; de unos esboza definiciones, de otros nos ofrece  preclaras observaciones. La cultura en crisis y en consecuencia la lengua, que manifiesta dicha crisis; la cultura vía de acceso a la universalidad, experiencia individual y colectiva, antecedente del desarrollo económico, y la incuria de la cultura nicaragüense, colofón insoslayable. La política instrumento de poder o callejón sin salida de la cultura; la literatura propiamente dicha y la poesía traslación de la realidad a un plano superior; el intelectual y su función en la sociedad, el hombre de negocios como hombre de cultura en una Nicaragua con «hacendados que lean a Hesíodo o Las Geórgicas de Virgilio y comerciantes que puedan citar el Beatus Ille de Horacio, intelectuales que consulten el texto original de La Poética de Aristóteles, en el sentido de una profunda continuidad humana y cultural».

           

            ¡Que la Empresa Privada contribuya a producir no sólo dinero o bienes materiales sino también cultura! «...pensamientos, ideas, arte, ciencia y sabiduría y más concretamente,  libros y revistas y poemas y novelas y cuentos y ensayos y artículos periodísticos y piezas de teatro y música y danzas y cuadros y murales y esculturas y artesanías y espectáculos y actos o happenings  callejeros y programas de radio y televisión que en realidad valgan la pena y casas y edificios y repartos y centros urbanos y bellas ciudades, no sólo para habitar y negociar, sino también para admirar y recrearse en ellas como seres humanos, es decir, como gente culta y civilizada». Que el país entero pueda «conocer a Cervantes, tenerlo con nosotros en Soconusco». Que la educación y la Universidad  cesen de ser «una farsa, un artefacto, una fábrica de empleados, servidores de la Empresa Privada o de los organismos del Estado». Que junto al nombre de poetas, artistas, músicos,  pintores, filósofos y pensadores de todos los confines figure el de los nicaragüenses y por encima de todos el de Rubén Darío, convertido ahora en paradigma cultural; porque la lucha de la vanguardia, rectifica, no era contra Darío sino contra sus falsificadores, porque «con Rubén y en Rubén es que los poetas nicaragüenses, frecuentemente en rebeldía frente al mismo Rubén han descubierto al menos su universalidad, tal vez no propiamente la universalidad nicaragüense como experiencia colectiva o realidad histórica, sino más bien su personal universalidad en relación a la poesía como categoría universal».

 

            Los poetas están llamados a recuperar las esencias de nuestra cultura mestiza-americana. Asi lo han demostrado, por ejemplo, Salomón de la Selva en Alcomixtli Netzahualcoyotl, Ernesto Cardenal en el Homenaje a los indios americanos, Pablo Antonio Cuadra en El Jaguar y la luna, y Joaquín Pasos en sus poemas a la sabiduría, al misterio y a la profecía de lo aborigen. Porque Coronelcomo diría Ortega y Gasset refiriéndose a Oswald Spengler en el Prólogo a La decadencia de Occidente, «cree descubrir la verdadera sustancia, el verdadero objeto histórico en la cultura". Pero adquirir  sentido histórico no puede ser una tarea solitaria sino colectiva, su realización depende del diálogo. «... la historia se hace hasta cierto punto gracias al diálogo. ... al diálogo como sustitución de la polémica, al diálogo cuya esencia es la libertad». ¿No era esto lo que él  tanto anhelaría alcanzar?

 

            En 1980, al inicio del periodo de la Revolución recuerda: «Cuando di las Tres Conferencias, no tenía esperanza alguna en que la burguesía pudiera hacer algo a favor del país, porque de la burguesía nunca he esperado nada yo, porque es incapaz de nada que valga la pena y nunca he creído en ella en ninguna forma, porque eran hombres de operaciones, de manipuleos económicos, aún ahí mismo en esas Conferencias manifiesto mi rechazo a ellos como clase y como actitud humana, de modo que esperanzas en ellos nunca tuve. Sin embargo, sí creía que ellos hubieran podido contribuir a destituir a Somoza con maniobras». De nuevo, actor y espectador de su tiempo, reflexiona en voz alta y entre confesión autobiográfica y recapitulación histórica, puntualiza: «Hasta entonces  había creído en la superación de la burguesía, a pesar de que yo sabía que  no había más oportunidad que el Frente...« Y la poesía política que no había escrito, la escribe ahora. "Paneles de infierno", el averno para esclavistas, tiranos, asesinos, dictadores, oligarcas, banqueros estafadores, militares, toda clase de explotadores. "No volverá el pasado"  el exterminio del mal  acumulado en su "insoslayable" Nicaragua. La sabiduría de los años y la feliz carencia de soberbia que en él coexisten lo llevan a dialogar con "los muchachos", poetas, escritores, editores, artistas, militantes, dirigentes, «porque prefiero equivocarme a no poner del todo mi confianza en ellos».

 

            Paradoja de una inteligencia  rigurosa, aparentemente incompleta que deja al desnudo la sensibilidad de una individualidad cambiante, múltiple, diversa, extranjera incluso a ella misma. «No sé si soy o he sido o si seré José». El carácter versátil, la experimentación permanente,  la necesidad constante de lo nuevo, se hacen tangible en todas  sus búsquedas. Con razón, comentaría su más digno compañero de generación, Pablo Antonio Cuadra: «José  Coronel Urtecho es un ejemplo, tal vez límite, de esa multiplicidad: lúdico, lírico, narrativo, exteriorista, intimista, religioso, erótico, clásico, neolingüista, comprometido y anárquico, parece un insaciable inaugurador de caminos que inmediatamente abandona».  Ernesto Cardenal dirá que «la movilidad es un constante signo de vida en él, y lo único permanente en su temperamento son las mutaciones... hombre de muchas piezas, como decía Unamuno, inquietísimo y distinto cada día». En él operan tomados de la mano el intelectual y el hombre en su tiempo histórico.«Yo busco sobre todo ese conjunto significativo de relaciones inteligibles que constituye en último término la verdad histórica y cuando es ésta lo que se busca con absoluta sinceridad, el error mismo puede servirnos para llegar a ella».

 

            Si los cimientos de la historia se levantan sobre el diálogo, la entelequia de su discurso se forja en la libertad. De ella procede la dialéctica de sus registros ante todo en sus reflexiones sobre la Historia: «sin libertad no puede haber conversación. La libertad es la esencia del diálogo - tanto del que mantiene el hombre consigo mismo como del que sostiene con los demás - que por definición, consiste únicamente en el libre intercambio de distintos saberes y pareceres o maneras de ver». El hombre debe estar en capacidad de trascender sus equivocaciones, superar los particularismos, continuar su búsqueda hasta coincidir en la universalidad. ¿Cómo pedirle, entonces, otra cosa? Como si  a un hombre que aspira ir a Venus se le exigiera antes  fabricar astrolabios...

           

                        La dinámica de su pensamiento trasciende toda interpretación aislada, los orígenes de su sensibilidad estética revelan la mayéutica de su quehacer intelectual y lo sitúan  «entre los pocos que aún creen o esperan que puede pensarse en términos de humanismo y universalidad». Alguien ha dicho que su personalidad supera en importancia a su obra y que es uno de esos autores que como Sócrates no necesitaba haber escrito libros porque habló mucho y enseñó  dialogando. Su Oráculo de Delfos no le dijo que sería "el más sabio de los hombres"  sino el maestro amado y respetado. «¿Con qué nombre  se nombra/ la noche de tu estirpe?» Poeta sí que fue y su poesía: una polifonía de experimentos e innovaciones, síntesis de influencias culturales, ejemplo raro de diversidad y dinamismo, prueba y evidencia de que «todo pasa menos la poesía»,  porque ella «inventó el unicornio, el centauro y el fénix».

 

            Fiel a su vocación poética, por contradictorio que parezca, su obra tiende a formar un conjunto heterogéneo coherente. Basta acompañarlo por los meandros de su experiencia intelectual y humana para comprender que no necesitaba absolución alguna, que su finalidad no era política, aunque parodiándolo a lo mejor lo fue, a pesar suyo y contra sí mismo.  «No sé si soy si he sido  o si seré José».  Lo que tuvo de versátil, de plural, de desarraigo, de poeta, nutren mi admiración y mi respeto. Una sola de sus Anotaciones es tan profusa «Para saber que es cierto lo que creo»,  que son «cuatro las dimensiones del hombre: la económica, la intelectual, la estética y la mística. El que carece de alguna de ellas no es hombre completo».  Y ya no cabe ninguna caravana más en nuestra ruta, Maestro. ¡«Es la armonía de tu silencio»!

 

               Gloriantonia Henríquez

                                                                                    París, oct. 2004.


 

* En el décimo aniversario de su muerte. En este artículo, las citas en itálica proceden de la obra de José Coronel Urtecho: poesía, narrativa, entrevistas, historia o ensayo.

** "Al final, es siempre un ideal forjado en el silencio de una consciencia el que marca la historia, la mueve y la fecunda". (Traducción de la autora ).

        

 

 

 

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