Horacio Peña

por Alvaro Urtecho

Nacido en Managua, en 1936, después de bachillerarse en el Instituto Pedagógico trabajó en el diario La Prensa y en el servicio cultural de la Embajada Americana. A comienzos de los 60 dio a conocer dos textos que determinarán su orientación hacia la poesía de denuncia y protesta con fondo religioso y existencialista: «La espiga en el desierto» y «Canto para poner a Dios de moda», éste último inscrito en la corriente beatnik. Un verso cercano a la prosa narrativa y a los procedimientos cinematográficos. En 1962 publicó el Diario de un joven que se volvió loco, un texto muy dentro de los parámetros de la literatura existencialista con análisis e instrospección de la angustia y el «temblor» kierkeegardiano. De 1963 estuvo becado en España y en Francia, y en 1967 ganó el para entonces célebre Premio Internacional de Poesía Rubén Darío, integrado por un jurado a nivel continental. Dirigió la revista ENCUENTRO de la UCA y desde 1979 reside en Austin, Texas.

Tanto Ars moriendi (Premio Rubén Darío) como la colección de poemas titulada La espiga en el desierto, presentan una personalidad definida, un poeta preocupado fundamentalmente por la situación de desamparo del hombre en la Era Atómica, un existencialista cristiano (de la línea a fin de Berdiaev y a Marcel, aunque también al cine de Berman y al de la nouvelle vague francesa) acosado por la visión apocalíptica y el fantasma permanente de la muerte, captada siempre en su sentido metafísico. Un místico que recurre deliberadamente al prosaísmo, un poeta que prefiere el ritmo y la andadura de la prosa y no el verso como unidad eufónica. Sus largos poemas revelan evidentemente la influencia del cine y la búsqueda de un correlato objetivo permanente a la manera de Eliot, incluso hay uno. («No necesariamente en Hiroshima, mi amor») que parece un guión cinematográfico; la sombra de la literatura escandinava metafísica(Lagerviqst) así como la del Nouveau Roman (Sarraute, Duras y otros) en cuanto a la utilización del monólogo interior como proceso escritural.

 

Pablo Antonio Cuadra lo relaciona con el Salomón de la Selva de El Soldado desconocido y el Joaquín Pasos del «Canto de guerra...» en el sentido de percibir una realidad catastrófica. Independientemente de la novedad temática, su lenguaje no suele conseguir el suficiente espesor para expresar la emoción y el dramatismo propios del tema. Más acertados me parecen, dentro de su Ars moriendi, sus «frisos con arqueros escondidos», en donde sí logra comunicar algo de la angustia del cristianismo renovado de la década de los 60, es decir, el critianismo de la Nueva Teología Dialéctica, que no hay que confundir con el de la llamada Teología de la Liberación, una especie de versión contemporánea de Kierkegaard:

 

«Desde el principio te quemamos con fuego negro

para que supieras lo que es estar solo.

Tu inocencia se nos subía al rostro

por eso comenzamos a golpearte

y luego te golpeábamos de nuevo

sin saberte decir el mal que había hecho»

(«Cordero»)

 

«Retrato de un desconocido» es un poema importante en tanto logra un ritmo sostenido de verso largo y polimétrico y expresa el sentimiento de extrañamiento del hombre en la impersonal urbe moderna. Aunque lleno de citas eliotianas, Peña consigue comunicar una sensación de movimiento y modernidad, apropiándose de un territorio nuevo para la literatura nicaragüense, introduciendo un arquetipo de la negatividad, un antihéroe:

 

«Ahora te despiertas y tu cuerpo te pesa

como si la muerte te estuviera meciendo

subiendo desde los pies a la cabeza...»

 

Peña también es narrador (El enemigo de los poetas y otros cuentos, Edit. Texto, San José, C. Rica, 1976) y autor de obras de teatro en donde aborda una temática afín a la de su poesía, la cual se ha enriquecido últimamente con sus poemas del exilio. También ha hecho estudios críticos sobre Darío y Whitman y otros temas de literatura norteamericana. Sobre su obra han escrito autores disímiles como Julio Cabrales, Jorge Eduardo Arellano, Giuseppe Bellini, Raúl Orozco, Clemente Guido, Ernesto Gutiérrez, Beltrán Morales y otros.

 

[tomado de Nuevo Amanecer Cultural, El Nuevo Diario]

 
 

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