|
Crónica sobre Helena Ramos en la Feria del Libro
por Franklin Caldera*
Desde hace algunos años,
mantengo correspondencia electrónica con
 |
| Helena Ramos en Leningrado,
cuando estudiaba segundo año de universidad
(1983), con diente de jabalí colgado del pecho |
Helena Ramos (née
Yelena Rounova) sobre temas de literatura y cine. Pude
verla por primera vez, el 8 de noviembre de 2004 cuando,
flanqueada por los poetas nicaragüenses Horacio Peña y
Danilo López, leyó sus poemas en el Colegio
Universitario del Condado de Miami-Dade, como invitada
especial a la Feria Internacional de Libro que se
celebra todos los años en la Florida.
Helena habló de sus
experiencias con el español, idioma que aprendió en su
adolescencia, pero que domina mejor que muchos
escritores que lo hablan desde la cuna. Tiene un Máster
en periodismo cultural de la
Universidad Estatal de Leningrado. Allí conoció a su
actual esposo, Juan José Ramos Guzmán, nicaragüense,
que, en la misma universidad, obtuvo un Máster en
Educación Física y Deportes (con especialidad en
deportes acuáticos). Helena reside en Nicaragua desde
1987. Incansable investigadora de nuestra literatura,
entre sus muchas labores culturales se cuenta el rescate
de la obra de las poetas más olvidadas de su patria
adoptiva.
Nació en 1960, en la
ciudad de Yaroslavl, fundada en 1010, a orillas del
Volga. Actualmente cuenta con más de 625,000 habitantes.
La poeta recuerda su ciudad natal, famosa por sus
iglesias de cinco cúpulas del siglo XVII: “Carece del
encanto un tanto espectral de
Leningrado/Petrogrado/Petersburgo. Es antigua, de calles
reposadas y tilos mansos y hay algunos templos en verdad
memorables. A veces se puede oír el tiempo”.
Es hija única. La madre
enseñaba química y biología en secundaria; su padre,
ingeniero especializado en la construcción de barcos, se
dedicó a la docencia en una escuela técnica. Su abuelo
poseía una biblioteca bien surtida y, recuerda Helena,
“tenía infinita paciencia para leerme en voz alta libros
infantiles. En este sentido, la tradición rusa es
riquísima. Creo que la primera poeta que me leyeron fue
Agnia Bartó. Hasta la fecha no me he puesto a averiguar
más sobre ella, es una de mis tareas pendientes”.
Escribió su primer poema
a los 6 años, cuando sus padres compraron un apartamento
y decidieron hacer una gran fiesta. Helena (a la sazón
Yelena o Aliona, una forma muy rusa del nombre Elena)
pensó en lo que pasaría si de pronto llegara un pelotón
de ratas. Nos cuenta: “Nunca les he tenido miedo a los
roedores. Lo que me atrajo era la oportunidad de jugar
con el miedo ajeno”. Y compuso el siguiente poemita que
luego tradujo al español de manera equirrítmica:
Qué pueden hacer las ratas
en medio de nuestra fiesta?
Comerse las ensaladas,
tomarse todo el vino,
llegar sin ser invitadas...
Qué vamos a hacer entonces?
De niña, la intrigaban los poemas, nada
infantiles, que le leía su abuela Elena, “porque tenían
misterio”. Y misterio es lo que abunda en su poesía:
Acertijos dentro de enigmas, fantasmas, amores
imaginarios, vientos, relámpagos...
Nadie recuerda a
Carmen Sobalvarro,
incluido en su poemario Río de sangre será mi nombre
(Fondo Editorial CIRA, 2003), evoca a esa poeta
vanguardista, nacida en Ocotal en 1908, a quien
“crónicamente omiten en las investigaciones”. Con versos
tan estimulantes para la imaginación como “En un armario
vacío, donde / una camisa rosada, planchada, manchada de
tinta, aguarda / probablemente a nadie”, el poema se
originó en un viaje de Helena a Ocotal en 1998, para una
investigación sociológica. Allí se alojó en la casa
antigua y espaciosa de la alcaldesa.
 |
| Helena Ramos en
Leningrado (1979), con su perrita Mao-Tse
Tunga |
Nos dice: “El
cuarto de huéspedes quedaba a distancia de todo.
Buscando las ventanas, abrí un armario con una camisa
muy solitaria. La segunda daba a un corredor y la
tercera, a un patio. Todo vacío y silencioso, sólo un
gato forastero”. Durante el día preguntó a varias
personas sobre Carmen Sobalvarro, pero nadie sabía nada
de ella: “La soledad de la noche se fundió con este
olvido”.
Su libro está lleno de
sorpresas. Con paso firme y mirada al frente, nos va
llevando por un mundo personal muy accidentado en el que
el pasillo de una vieja casa solariega puede de pronto
convertirse en un camino enmontañado. Si contemplamos
desde una colina un mar de hierbas, podríamos terminar
ahogados en un océano de sangre.
“¡Al diablo con la
lírica! Simplemente hicimos el amor” grita como si
marchara al frente de una manifestación de muchachos y
muchachas con flores y flautas. De pronto se detiene y
nos pregunta: “¿De qué novela plagiaron el Prado
Ecuestre?”. Huéspedes de sus palabras, nunca sabemos si
vamos a toparnos con Leonel Rugama, Edgar Allan Poe, el
Che Guevara o Carlos Martínez Rivas en su infierno de
cielo. “Spaghetti with mushrooms (deliciosos)”,
dice alguien y otro contesta: “La rueda del hambre y de
la muerte pasa primero sobre los pobres”. Después nos
vamos a casa cantando una canción infantil: “una vaca,
un niño, un perro, una vieja…”
Cuando Helena Ramos (née
Yelena Rounova) regresó a Nicaragua, nos pusimos
tristes.
(Península de la Florida,
2 de diciembre de 2004).
*escritor nicaragüense
|