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El imaginista fija una serie de imágenes que son
el inventario de la condición humana y de los
horrores de la guerra. Imágenes de la guerra y
contra la guerra: “trapos manchados de sangre”,
“hombres que se quejan mucho”, “bocas retorcidas
de dolor”, “dientes aferrados”, un “muchacho
loco que se ha mordido la lengua / y lleva de
fuera, morada, como si lo hubieran ahorcado”,
sudores, “todos los piojos”, “hospicios de
huérfanos”, “charcas putrefactas”, “la boca de
un cadáver”, pedos, sobacos apestosos, caspa,
ratas.
Pero el imaginista también cultiva la figura, o
sea, la metáfora, que será un rasgo
característico, acaso el más notorio, de la
poesía de vanguardia. Para De la Selva: “Todo el
idioma de los hombres está compuesto de
metáforas; no tiene sino metáforas. Sin
metáforas no hay idioma, no hay nombres, ni
verbos, ni adjetivos, ni las demás partes de la
oración; y no importa que, por comunes y
corrientes como son, no paremos mientes en ella”.23
Los vanguardistas bien podrían afirmar que sin
metáfora no hay poesía, aún más, que la metáfora
es la poesía. En El soldado desconocido, el
poeta hace gala de modernidad, o sea, de poder
imaginativo, analógico. En su poema “La bala”,
el pequeño artefacto de bronce y plomo es dotado
en una sorprendente prosopopeya de alma y de
sentimientos, el alma de una bala presentada a
través de las sinestesias. “La bala” es acaso el
texto vanguardista que ofrece la mayor
complejidad metafórica de su tiempo.
Imágenes visuales y metáforas, asimismo imágenes
auditivas: las onomatopeyas, tan requeridas en
la experimentación vanguardista, efecto nada
gratuito ni ocioso porue contribuye a la
fidelidad de la representación. Si en el poema
“Las ratas” se imita la risa de autoburla o
ironía:
¡Ja! ¡ja! ¡ja!
en “Granadas de gas asfixiante” las palabras
saltan en verdad en sílabas desintegradas para
reproducir el estallido, tan lúdico como
terrible:
Pló-pló-pló-pló hacen las granadas,
y cuando caen, plúm.
Reparando en ciertos motivos y otros elementos
dispersos en El soldado desconocido, descubrimos
un temprano neohelenismo, que se origina en la
búsqueda de la inteligencia anglosajona de la
latinidad, reflejada en la pasión por la
antología griega de dos imaginistas, Hilda
Doolittle (H.D.) y Robert Aldington. Pound
fomentaba la lectura e imitación de clásicos
como Sato, Catulo, Propercio y Ovidio, en los
años inmediatamente anteriores a la aparición
del nicaragüense. Su helenismo y latinismo son
también imaginistas. Pienso en poemas como la
“Oda a Safo”, “El canto de la alondra”, “Epigrama”,
“La paz” y “Elegía”, que ya apuntan a sus
extensos poemas de madurez, pasando por la prosa
y las recreaciones de Las hijas de Herechteo y
poesías (Panamá, Guillermo Andreve, 1933).
Simultáneamente, este poeta culto, se recrea en
motivos y metros populares ingleses e hispánicos
(Inglaterra y España son matrices de América y
de su americanidad). Hay poemas en El soldado
desconocido que se inscriben en el
neopopularismo, pero siempre culto. Este
neopopularismo suyo proviene de baladas y
cantares germanos, irlandeses e ingleses. Véase
este ejemplo, de arte menor:
Mar del Norte, Mar del Norte,
si en ti me ahogo,
lávame los sudores,
mátame todos los piojos,
¡déjame la carne blanca
y los cabellos de oro!
(“Cantar”)
O este otro “Cantar” en metro de arte-mayor:
La muerte que espero, qué hará que no viene?
Hace tiempo la aguardo: olvidado me tiene.
¡Se habrán cerrado todos los caminos!
Olvidado me tiene, por otros amores;
o tal vez se retarda, segando flores.
Oí su voz: ¡El viento entre los pinos!
En Cuba, en 1921, De la Selva dató dos poemas
sueltos, “Danzón” y “Habanera”, que estrenan la
poesía afroantillana mucho antes que Nicolás
Guillén y los otros poetas de la negritud: ritmo
caribeño, sensualidad, tema negro. De modo que,
si volvemos a considerar la fecha de publicación
de El soldado desconocido, 1922, quizá podríamos
aseverar que De la Selva es uno de los
iniciadores en lengua española de la tendencia
neopopular que tendría tantos cultivadores en la
década del treinta y máxime cuando sus “Cantares”,
procediendo de otras literaturas, ensanchan las
posibilidades. Su neopopularismo despunta en
Tropical town and other poems (1918), y en este
libro inglés es hispánico y criollo, distinto a
los cantares de El soldado desconocido, y
desembocará en un libro inédito como tal,
parcialmente publicado en la revista Antorcha de
México, Oda a la Tristeza y otros poemas (1924),
cancionero sencillo y sentido, hijo, en efecto,
de la Tristeza, procreado en la melancolía por
el amor perdido y por la falsa Alegría,
prostituida en callejones y callejuelas del
centro urbano de la Nueva España o México. Mal
amor y mal de amor, quejas de soledad y muerte
rezagadas desde la época colonial, que a veces
lamentan los reinos moros reconquistados y a
veces son canciones medievales de amigo que se
torna malo y engañador. Lirismo y lírica con
guitarra de aquí y de allá. De la Nueva España,
del Nuevo León y de la Nueva Granada y de la
España de Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti y
Federico García Lorca. Sobre todo García Lorca
(“Susana”).
Entre los poemas dispersos en las décadas del
veinte y treinta —”Himno de fe al desocupar las
bayonetas yankis el suelo patrio”, “Canto a
Costa Rica”, “Amanecer”— hay uno, “Alejandro
Hamilton” (sonata), Panamá, 1935, que acaso
podría cerrar esta su primera fase. Cierra y
abre. Cierra su fase vanguardista y abre la de
sus poemas largos, que se hacen poemas-libros.
Estructurado como las sonatas en cuatro partes:
I Andante, II Scherzo, III Adagio y IV Rondó,
narra las vidas y personalidades de los
fundadores del “Día yanqui”, especialmente de
Alejandro Hamilton. Retrato sucesivo y
superpuesto. Poema anecdótico, por lo tanto,
pero que trasciende y se soluciona líricamente.
A partir del andante, cada una de las tres
partes del poema desarrolla un motivo apenas
sugerido en la anterior: una solución musical,
lírica, vaga, más que episódica: Henry Adams,
Alejandro Hamilton y su mujer Shyler y la mujer
de Monroe. Poema de la descendencia y la
esterilidad, del prejuicio puritano y la
vergüenza, de la mujer norteamericana y del
mundo mítico y simbólico universal de la mujer,
referido a los códigos de la cultura
norteamericana.
Poeta bilingüe, postmodernista en inglés e
imaginista en español; helenista por imaginista,
culto y popular, neopopular de fuentes
irlandesas, germánicas y hispanoarábigas y
dentro de este ismo, iniciador de la poesía
negrista o de la negritud caribeña. Poeta
testimonial, protestatario o de denuncia,
conversacional, realista, prosaísta, narrativo y
anecdótico y refinado; tradicional e innovador,
formal e informalista. Arrancó de estructuras
simples a las más complejas de la copla, del
romance, del cantar al poema largo, del verso al
versolibre y al versículo, del soneto en inglés
al poema polimétrico. Toda esta diversidad de
formas, direcciones, motivos y funciones del
poema, de la poesía y del poeta simultáneamente
planteados y cultivados no hacen más que
ratificar la índole vanguardista, aún más,
moderna de De la Selva.
IV
Entre El soldado desconocido, 1922, y Evocación
de Horacio, 1948 y 1949, transcurren dos décadas
y media, que, bien vistas, resultan una
determinante laguna en la trayectoria poética de
De la Selva. No vuelve a publicar un solo libro
análogo en significación a El soldado
desconocido; aunque hace periodismo, ensaya
novela y teatro y publica algunos magníficos
poemas largos en revistas costarricenses y
mexicanas y una plaquette de cincuenta
ejemplares numerados y firmados de un poema
desigual, Defensa del pudor (México, Turanzas,
1943). En las postrimerías de estos veintiséis
años, el político, ideólogo y activista, con el
que había convivido desde los veinte, desplazaba
notoriamente al poeta. Y si en los años
siguientes no lo anuló, abarató, desnaturalizó
“su estro (hablando de él la palabra estro
conserva su prístino esplendor) rebajándolo a un
plano un tanto espurio de prosaísmo cívico.
Política y Academia”.24
Integrado al Grupo Jalapa, De la Selva se había
dedicado casi por entero a la campaña que llevó
al licenciado Miguel Alemán Valdés desde la
gobernatura del estado de Veracruz (1936),
pasando por la Secretaría de Gobernación (1940),
hasta la presidencia de México (1946-1952). Su
hermano, el licenciado Rogerio de la Selva, fue
secretario privado del presidente Alemán. Y del
poeta se decía que era la eminencia gris y el
poder detrás del trono (dos extranjeros junto al
emperador azteca y el virrey mexicano que es el
presidente republicano. Tamaña transgresión y
provocación, que los De la Selva y la honra y
fama del poeta han pagado a muy alto precio).
Ilustre familia (1954), está dedicada al
presidente Alemán, “en reconocimiento de su
genio de gobernante democrático”. Así, De la
Selva —y con él toda su familia, el clan de
hermanos literatos, políticos y pintores,
descendientes de los Della Selva italianos, que
en América han “blasonado de cristianos viejos”,
como se decían ellos. Estas águilas anidan sólo
en las más altas tierras, lema de su Ex-libris—
participaba de nuevo y hasta con cierto
protagonismo, de otro período crucial de la
historia de México: el inicio del desmontaje de
la Revolución Mexicana, o sea, la política
alemanista por el presidente Alemán, y su
momento triunfal, el sexenio, que se caracterizó
por la transferencia del poder de los Generales
a los Licenciados, es decir, de los míticos
centauros que combatieron en los campos de
batalla a los técnicos civiles que integraron la
burocracia como una nueva clase política. En
1946 el PRM (Partido de la Revolución Mexicana)
pasaba a ser el PRI (Partido Revolucionario
Institucional), desplazando las veleidades
izquierdistas, agraristas o románticas y
ofertándose a la burguesía como institución
estable. Gobierno derechizado. Obras públicas
que enriquecieron al presidente y a los
funcionarios. Concentración de riqueza y
corrupción. Crecimiento económico por sobre
todas las cosas y desatención social.
Desmantelamiento del sistema ejidal en el campo,
imposición del “charrismo” sindical (1948) y
purgas, persecución y cárceles a líderes
izquierdistas. Urbanización caótica.
Industrialización masiva, elevadas tasas de
crecimiento económico y surgimiento de una clase
media consumista. En agosto de 1948, en la
cúspide alemanista, el poeta, que regresaba de
una gira diplomática por Europa, se declaraba en
un poema reveladoramente escrito en inglés y que
guardó inédito, harto de la vida política:
-
Enfermo, estoy enfermo, oh amigos, oh dulce
Virgilio,
-
Oh querido Horacio,
-
enfermo de vuestro pequeño dios Augusto y
vuestra adoración por él.
-
Y si de nuevo me reúno con vosotros en Roma,
-
que sea en otro tiempo:
-
ahora estoy confinado con Dante en el
Infierno, y desde allí, oh Dios, ¡qué
-
verdadera ascensión!
El arielista y socialista de su época
neoyorquina, el americanista de la acción
cultural de Vasconcelos en México, el
sindicalista, el antimperialista y el sandinista
dentro de Nicaragua, paralelo a la lucha del
General Sandino (1927-1934), y en el exilio en
Costa Rica (1930-31) y Panamá (1933-1935),
empezó un proceso que lo llevó a sustentar
posiciones opuestas a las sostenidas
anteriormente. “Ahora el clima dialéctico ha
cambiado. Las ideas son más flojas, casi
enteramente de sofisma y falacia; los hombres
son dogmáticos y matan —escribía De la Selva en
1946—. Ya en plena Segunda Guerra Mundial los
que se dicen de Marx asesinaron en las calles de
Nueva York a Carlos Tresca [director del
periódico anarquista Il Martello]. Marx se
hubiera horrorizado”.25 Pero el horrorizado fue
De la Selva y entre el abandono de unas causas y
la decepción de otras, terminó pensando y
actuando como la nueva clase política o
burocrática mexicana dentro de la cual se movía:
pagano, gozador de la carne, de la mesa y del
vino, pero católico beato y clerical —”Entre la
catedral y las ruinas paganas / vuelas, ¡oh
Psiquis, oh alma mía!”—; antifascista, pero
nostálgico por las pretéritas glorias del
imperio romano; antinazi, pero con toda una
mitología sobre la superioridad racial;
militante anticomunista, por demócrata, murió
como embajador en Europa (1957-1959) de la
dictadura somocista, que se transformaba en
dinástica al suceder al general Anastasio Somoza
García, su hijo el ingeniero Luis Somoza Debayle.
Las suyas fueron posiciones coincidentes y
aparentemente opuestas a las mantenidas por su
antiguo amigo, el filósofo mexicano José
Vasconcelos, a partir de finales de los veinte.
En este contexto se enmarca su segundo gran
período o etapa poética. Defensa del pudor
(1943) marca el inicio y Lira Græca (1957-58),
el final. Entre ambas obras, aparecen Evocación
de Horacio (1948 y 1949), Canto a la
Independencia Nacional de México (1955),
Evocación de Píndaro (1957) y Acolmixtli
Netzahualcóyotl (1958), libros-poemas o
poemas-libros que suelen ser recapituladores y
expositores de las nuevas (¿o tradicionales?)
concepciones y teorías del poeta: cosmovisiones,
interpretaciones, propuestas. Poemas síntesis,
que pertenecen a la familia de poemas extensos
de este siglo. Etapa y obra pretenciosa, sólo
quiere —y con frecuencia da— el do de pecho,
únicamente quiere ser poesía mayor, de tono y
tema mayor, del mayor poeta que habría en su
tiempo en América. Período ambicioso y obra que
ambiciona abarcar casi todas las culturas
antiguas: la judía, la grecorromana, la hindú, y
la náhuatl, para proponerlas a los pueblos de
América, en la intención universalizadora del
humanista; “porque es nuestro destino más
glorioso hacer de nuestros corazones, los
latinos de América, síntesis de la humanidad”,
tal la afirmación del poeta en su “Carta a la
Academia Mexicana de la Lengua” (1952). Según De
la Selva, los pueblos latinoamericanos, por
mestizos, no sólo son el resumen de la humanidad,
sino que parte de la raza cósmica, teorizada por
Vasconcelos, de donde deben tener por capitales
a Grecia y Tenochtitlán, a Roma o el Vaticano y
al Tepeyac. Por virtud del mestizaje, los
mestizos son dueños del mundo. Poeta humanista y
poesía humanista; la otra santidad, que es la
poesía, de la cual habla De la Selva, no es más
que una ética inspirada en el origen apolíneo
del poeta, un concepto complejo: el de areté o
virtud, acaso el más elevado, el de más alta
nobleza e individualidad en el mundo. El poeta
es Dios y santo, Zeus y Cristo, Júpiter y
Quetzalcóatl: divinidad redentora, liberadora o
civilizadora, que para él son lo mismo. Si en la
etapa inicial y en medio de los soldados, De la
Selva no se atreve y hasta siente vergüenza de
declarar su oficio, el de poeta, en esta su
segunda etapa, muy decidoramente, se ufana de
ser poeta, porque el poeta complementa la obra
de Zeus y de la humanidad. El poeta en
consecuencia perfecciona al mundo. Por él, a
través de su obra, la historia, la cultura, las
razas, las religiones, alcanzan la Gloria, la
Fama:
-
No niego al arquitecto. Celebro al ingeniero.
-
Pero al poeta lo coloco el primero
-
que junto al gobernante dé a la ciudad
espíritu...
No se trata de un poeta comprometido —que sí lo
es—, denunciando un sistema o un dictador, o
haciendo proselitismo en favor de un partido o
de una causa —Pablo Neruda comunista o Ezra
Pound fascista—, sino de un poeta instalado en
el poder ejerciendo el poder, gracias a su
linaje divino. Poeta oficial, voz cantante de la
divinidad o de un régimen, poeta vocero sentado
a la diestra de Dios Padre o en los jardines del
palacio, junto al rey, el tirano o el presidente,
que interpreta y oferta ese mundo al pueblo, a
sus gobernados o a sus súbditos. Con tales
intenciones y en este medio su obra se ve
obligada a revestirse de toda la presentación
tipográfica y erudita, bibliografías y notas, de
todo el protocolo, énfasis en una hipotética
excelencia, alarde, exclusividad para los
exclusivos, porque es poesía oficial, palabra de
Dios o de semidiós, o versos circunstanciales
que celebran el ascenso, la consagración, la
visita, el nacimiento, la boda, o los encuentros
de los habitantes del Olimpo o de la corte
celestial. Y aquí radica el origen de su fracaso
poético: un código y una escala de valores
artificiosos e insignificantes. No encuentra
auditorio. Se queda sin lectores desde la
segunda mitad del siglo XX.
V
Aunque toda poesía es ocasional, como decía
Goethe, estos poemas ocasionales parecen
inauténticos, falsos, y sus asociaciones y
analogías, forzadas. Poesía palaciega, redactada
para concurrir a concursos o para rendir tributo
o pleitesía; se sabe favorecida y lograda con
tan sólo ser aceptada por sus destinatarios. Dos
direcciones propias del ideario y de la poética
humanista de este De la Selva: la lírica
pindárica de los siglos VII y VI a.d.C. en
Grecia: himnos, peanes, encomios, ditirambos,
cantos procesionales, odas o epinicios, y la
poesía de justas y cortes del México virreinal
de los siglos XVII Y XVIII. Y, en efecto,
Defensa del pudor fue escrita, según Roberto
Guzmán Araujo, “para eternizar uno de tantos
actos de nobleza, de elegancia espiritual del
presidente caballero, don Manuel Ávila Camacho,
ante el dolor inmerecido por la parálisis de
Franklin D. Roosevelt, al tratar de ponerse en
pie, en su entrevista de Monterrey”;26 el Canto
procesional a su Excelencia Reverendísima el
Señor Doctor Don Luis María Martínez Arzobispo
de México (México, s.p.i., 1948, 16 pp.), para
festejar el vigesimoquinto aniversario de la
consagración del prelado, el 30 de septiembre de
1948; la Evocación de Horacio, para concursar en
los Juegos Florales Conmemorativos del IV
Centenario de la Fundación de Mérida, Yucatán;
las Tres poesías a la manera de Rubén Darío, en
elogio a las flores que pintó un mediocre pintor
de Nicaragua, Alejandro Alonso Rochi, en la
corte de Doña Beatriz Velasco de Alemán, esposa
del presidente mexicano. Y el Acolmixtli
Nezahualcóyotl (México, Talleres Gráficos de la
Editorial Cornaval, 1958), aunque datado en
1956, está ofrecido al licenciado Adolfo López
Mateos en su toma de posesión como presidente de
México en 1958. Pero lo más dramático es que el
poeta no alcanzaba ni los laureles ni los olivos
ni los apios ni las flores naturales de los
jueces ni la Gloria o Fama que entre los griegos
no tenía precio, compensatoria del tiempo
perdido. Iracundo, se lamentaba:
En el gran certamen de Mérida, Yucatán, a mi
Evocación de Horacio no tomaron en cuenta no
sólo para ninguno de los premios, sino que ni
para un modesto accésit o una mención honorífica,
y en el certamen todavía mayor, a que convocó la
Secretaría de Educación de México por acuerdo
del señor Presidente de la República [Adolfo
Ruiz Cortines], para celebrar decorosamente, se
decía, el bicentenario del natalicio del Padre
de la Patria, tan no hicieron caso de mi Canto a
la Independencia Nacional de México, que
declararon desierto ese concurso.27
[sigue] |