María del Carmen Pérez Cuadra

 

RATONES TIERNOS

Para mi gata Anabell

I
Camino en las puntas de los pies,
así recorro la casa ya vacía.
Las camareras estarán en sus propios cuartos
rezando el Avemaría,
sus hijos adolescentes guardan los caballos
en los establos.
Yo recojo las migajas de pan y vino
después reviso que estén bien cerradas las ventanas.

II
Olfateo café con leche y bizcochitos de jengibre.
Los muchachos huelen a sudor de caballo
y se bañan en el arroyo que hay en el patio
no saben que los veo, nunca saben nada.
No me importaría ser esa potra domesticada
con la que están aprendiendo a ser hombres.

III
Ya vienen los muchachitos
corro a su encuentro
restriego mi olor en sus tobillos
les ofrezco una sonrisa de arroz en leche vespertino.
Y nada notarán, son tan voraces,
ni el aroma del clavo de olor ni el picor de la canela en rajas.
Como en rajas está mi deseo por ellos.

IV
Ríen carcajadas-aromas que vienen desde lejos,
hasta donde yo estoy,
a lo mejor no son risas sino simple olor a sexo de quinceañeros.
Vendrán a buscar la cena: sopa de lentejas,
asado de ternera, tortilla blanca y pioquinto.
Entonces, les pasaré el hechizo de mi cola blanca
y les pediré ayuda para alcanzar una jarra de azúcar.
Hoy les mostraré lo que esconde debajo de sus siete faldas
esta vieja gata.

 


 

COMO DE COSTUMBRE

Apareces de pronto
casi arrancando las puertas
llegas hasta donde estoy
y sueltas tus trescientos sesenta y cinco
perros hambrientos y rabiosos
esos que me hacen recordar lo dependiente que soy
Pero esta vez los tomates del refrigerador
                      -los que estaban podridos-
han echado raíces blancas y verdosas.
Detente, llévate tus perros
Si te acercas,
voy a gritar con todas mis fuerzas.

 

 


 

 

DE NOCHE VIENE A BUSCARME

El pez del insomnio
          nada entre el vapor vidrioso
de las cosas perdidas
                       entre los témpanos de luz mortecina
que invaden mis espacios domésticos más privados
                                                         de verdad íntimos
y yo lo veo acercarse.
           Me doy la vuelta, no quiero verlo
y él se viene despacio como volando
                      a besarme las nalgas, la espalda y la frente.
No quiero que me bese los ojos

Ya va a amanecer

 

 


 

 

CABALLERO OTOÑAL

 

Adelante,
dijo,
pasa sin anunciarte
gran danés azul de traje negro
con el paraguas de mango de plata.
El viento helado corroe los huesos
antiguos.
¿Querrás cepillar mi pelo de belladurmiente
en tarde calurosa de abril?
¡Oh, cadejo!
¡Oh, judío (h)errante!
Podría dejarte
que escales mis piernas de doncella
prometida en matrimonio
a su príncipe azul
que en verdad es verde,
pero sólo buscas el calor
de mis rodillas de almendra.
Te dejaré hacer lo que se te antoje,
pues el peso de tus patas ya
no podrá alcanzar a una pequeñita
novia en el primer estado de celo.
Sobar tu cabeza obediente
mientras inicias el rito
que acalorará mis senos
si procuras lamerlos
con tu lengua roja, alaste, gruesa, punzante
alargada en el gesto
de seductor experimentado.
Hoy no te pondré tu lazo de buenas noches,
no creo que esta noche
quisieras escaparte de mi regazo.
Compañero, no me dejes sola,
entrelaza tu rabo con el fin de mi espalda.
¡Ay, fiel caballero!
Suelta, por favor, el nudo de mi bata,
porque mucho tiempo desnombrar
nos toca.

 


 

 

LECTURA EN JUEVES SANTO

Leo sobre tus monos ornamentales
hechos letra adormecida
y me pregunto
cómo haces para vivir así
rodeada de tantos monos, fuentes, ángeles descascarados.
Aburre hondamente no saber nada de ti,
del dolor que te causa no poder tener sexo con tu perro tan amado.
De lo infeliz que eres al recibir el beso cotidiano de tu esposo,
darle de comer.
Pero tú te acurrucas como una mandarinita añeja
que deja su rastro en bitácora de viaje astral hacia la cursilería.
¿Podrás romper tu página y cargar con tu perro,
dejar ya de fingir tanta pedrería falsa y sumisa? 

 


 

 

EL MONSTRUO ENTRE LAS PIERNAS


Unos días terminaron fugaces
entre alas de cuervos
y patas de gallinas
en el refrigerador,
otras tardes se fueron lentas,
con voces de mujeres abejas
y bramidos de vacas encinta
rumbo al matadero,
muchas mañanas tibias
de tacitas de “café de leche”
y mediodías cerrados de lluvia.
Pasaron.
Cada sombra de barro-ceniza
pasó sin rozarme,
no como el tiempo
que me marca con arrugas
y piel seca.
Pero al fin uno de esos días
escuché la voz que decía mi nombre.
Hoy viniste de pronto a decirme:
«Nunca dejes que tu amor
crezca más que tu soledad»
y yo distinguí entre las láminas
de un cielo azul cobalto recortado
un adiós que me hacía muecas
con las manos.
Pero en realidad
era un barco de azúcar blanca
que buscaba sus propios rumbos
sobre mar de tinta china
y soledad hecha de piedra lunar.
Muchas sombras antropomorfas
pasaron.
Y aún así, ni
los días de cuervos,
patas de gallina y
vacas encinta,
almacenados en cubos de hielo,
me importaron.
Fue por eso que llegué hasta vos
para que mi amor creciera
como ramas incrustadas en el pecho,
sólo por molestarte, por causarte algún daño.
Y quise ser víscera de costado,
faro,
picaporte de toda puerta,
amuleto de toda ocasión
pero de todas formas se disfraza el miedo
es por eso que hoy escribo:
“No dejes que a tu amor
lo devore el monstruo que vive
entre tus piernas.”
 


 

 

EL AMOR ES UNA FORMA GEOMÉTRICA IRREGULAR

Temprano. Desperté
para ver el paisaje de tu cuerpo
a veces magnífico,
a veces misterioso,
y sé que no puedo morderte
alimentarme de tu carne,
sos inalcanzable, irretenible.
La pereza me carcome
en esa parte de no querer ver gente
por eso es que te busco
caballito de mar
caballito de feria
para recolectar, ordenar, coleccionar
pedazos sueltos, algo
que no sé si me hará feliz.
Solución recurrente:
tu voz da lecciones colonizadas
«La felicidad es una pistola caliente»
¿o transculturizadas?
No sé si te comprendo
por eso me conformo
con luchar por entrar en mí misma
abeja en su panal de miel
miel en su panal de abeja.
Allí, corazón,
cuando pases por esa puerta
el hilo de acero cortará tu cuello,
entonces te partiré haciendo formas irregulares,
quizá tréboles, quizá cerezos,
después,
voy a comerte.

 

 
 
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