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María
Teresa Sánchez (1918-1994)
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por Alvaro
Urtecho
Nacida en Managua el 15 de octubre de 1918, ha
sido “la primer mujer de letras que ha tenido
Nicaragua y su importancia ha sido grande como
promotora de la cultura nicaragüense”, según
Ernesto Cardenal. Para Luis Alberto Cabrales,
“comparte la supremacía poética centroamericana
con Claudia Lars y Clementina Suárez”. Por su
labor de fundadora y principal animadora del
Círculo de Letras “Nuevos Horizontes” en los
años 40, fue elogiada por Carlos Fonseca, por
estar abierto a todas las tendencias ideológicas.
Poeta y narradora, obtuvo el Premio Nacional
“Rubén Darío” en 1945. Años después publicó su
conocida Antología de la Poesía Nicaragüense que,
pese a sus irregularidades, sigue siendo fuente
de obligada consulta. Viajó por los países
centroamericanos promoviendo la cultura
nicaragüense. En su círculo se produjeron
verdaderos acontecimientos culturales como la
conferencia sobre Huidobro de Joaquín Pasos y la
presentación del gran poeta español republicano
León Felipe. En la década de los 80 recibió la
Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío.
Si hay una palabra constante en
la poesía de María Teresa Sánchez es el adiós,
el adiós a todo y a todos, el adiós al mundo.
Hay como un desprendimiento franciscano, una
especie de orfandad cósmica en ella, algo así
como la quería Rilke: un emprobecerse para
purificarse, a partir de la contemplación de las
cosas y los seres; una sensación apaciguada por
una devoción religiosa no solo contemplativa
sino militante. ¿Habrá algún texto en nuestra
tradición poética religiosa que aventaje en
esplendor y sencillez a éste?: “La flor de mis
labios es besada,/ la piedra que mi mano ha
esculpido,/la clara luz que llega a mi ventana,/
la luz del sol y el calor del nido./La blanca
harina a diario tan deseada/ que la boca del
pobre no ha comido;/la manta que me libra de la
helada/ y la obra que me libra del olvido...”
Aparte de ese tono místico, que caracteriza
buena parte de su obra, María Teresa, como la
Agustini y la Ibarborou, canta, en sus bien
trazados versos, el dolor humano, los hontanares
de la tristeza y la desolación. Soledad,
premonición de la muerte, angustia, intimidad
del Yo acosado, son temas fundamentales en su
poesía, hasta ahora insuficientemente conocida,
debido a que no tenemos una recopilación de su
obra.
El crítico guatamalteco Ramiro
Córdoba, al referirse a su segundo libro (Oasis,
1943), escribió lo siguiente: “Aspiremos en sus
páginas un olor de campo silvestre, sin ver
sobre él el vuelo de las cantáridas, las que
hicieron danzar, enloquecidas, a muchas de
nuestras vacantes criollas”.
Bibliografía: Sombras, Managua,
1939; Oasis, Managua, Nuevos Horizontes, 1943;
Canción de los caminos, Managua, 1949; El hombre
feliz y otros cuentos, Managua, 1957; Canto
amargo, 1958; Poemas de la tarde, 1863; Poemas
agradeciendo a Dios, 1964; El poeta pregunta por
Stella, 1967.
[tomado de Nuevo Amanecer
Cultural, El Nuevo Diario]
Escritoras
nicaragüenses: ilustres desconocidas
Helena Ramos
Entre tantos olvidos que arrastramos, es
realmente dramática la omisión que sufre la obra
de Margarita Gómez Espinosa (1915-1997). Desde
1962 hasta 1979 ella se desempeñaba como
agregada cultural de la Embajada de Nicaragua en
España. El poeta Carlos Martínez Rivas
(1924-1998), que rara vez escribía prólogos,
hizo uno para su libro Rubén Darío, patriota.
En 1956 fue electa Mujer de Nicaragua por la
Unión de Mujeres Americanas. En 1974 la Academia
Real de Cádiz la designó miembro correspondiente.
Como no era simpatizante de la Revolución
Sandinista, durante la década del 80 Gómez
residió en Guatemala, donde trabajó como docente
y colaboró en publicaciones periódicas. Regresó
a Nicaragua en los 90; radicaba en Jinotepe,
donde falleció.
Ahora la Biblioteca de Jinotepe lleva su nombre,
y en 1999 la Comisión 2000 la designó Ciudadana
del Siglo de su departamento. Sin embargo, de
poco sirven estos honores si la obra de
Margarita Gómez es inaccesible para el público
nicaragüense. La bibliografía de la autora
consta de 13 títulos: Pétalos (Jinotepe:
Tipografía Carazo, 1941); Alma indígena (Jinotepe:
Tipografía Carazo, 1942); Nuevos rumbos
(Managua: Tipografía Heuberger, 1955); Por almas
y por mares (Madrid: Editorial Colenda, 1956);
La bruja (Barcelona: Ediciones Rumbos, 1958);
Pío XII (Barcelona: Ediciones Rumbos, 1959); La
maraña (Barcelona: E.H.E., 1960); Rubén Darío
patriota (Madrid: Triana, 1966); Encuentro en
Ibiza (Madrid: 1969); Mallorca, isla invadida
(Madrid: Gráficas Feijó, 1971); Rubén Darío,
poeta universal (Madrid: Paraninfo, 1973); Así
es Nicaragua (Madrid: Paraninfo, 1973); Herencia
fatal (Madrid: Papelería Rei, 1977).
10 de estos libros fueron publicados en España y
en su mayoría no están disponibles en las
bibliotecas de Nicaragua. A inicios de los 90 la
Licda. María Manuela Sacasa de Prego, Presidenta
del Instituto Cultural Rubén Darío, una
organización no gubernamental de índole
cultural, presentó al Instituto Nicaragüense de
Cultura un proyecto para la adquisición de estos
libros, pero, como siempre, no hubo fondos.
Nunca hubo tiempo para valorarla
Pero todo lo anteriormente expuesto palidece
ante el calamitoso destino que corrió el legado
artístico de María Teresa Sánchez (1918
(¿?)-1994), poeta, narradora, promotora cultural
y artista plástica. Seguramente, este nombre es
casi desconocido fuera de Nicaragua, y tampoco
es muy conocido dentro, pese a que la autora
posee todos los méritos para ello. Luis Alberto
Cabrales (1901-1974), poeta e historiador
nicaragüense, uno de los fundadores del Grupo de
Vanguardia, expresó en 1958 –sin exageración
localista– que María Teresa Sánchez "comparte la
supremacía poética centroamericana con Claudia
Lars (1899-1975) y Clementina Suárez
(1902-1991)".
Pero si estas dos autoras son consideradas
figuras básicas de sus respectivas literaturas,
María Teresa Sánchez es una artista marginal. En
parte eso se debe a que la literatura
nicaragüense posee una gala tan formidable como
Rubén Darío y por ende, se da un lujo de no
prestar atención a nombres "menores". Haber
crecido a la sombra de un genio tiene sus
desventajas, y tal sombra siempre resulta más
densa para las mujeres.
La biografía de María Teresa Sánchez está llena
de lagunas. Ni siquiera se conoce con certeza en
qué año había nacido. La fecha oficial es 1918,
pero, según sus declaraciones hechas en 1993,
había nacido en 1924 y se agregó años porque
quería pasar por persona mayor de edad con el
fin de sacar permiso para fundar la Editorial
Nuevos Horizontes.
Ella evitaba hablar de su familia de origen
porque ésta, al parecer, era un tanto irregular.
Perdió a su padre cuando tenía 2 años, su madre
pronto encontró otra pareja y María Teresa fue
criada por su abuela. Creía que aquélla era su
madre y sólo cuando tenía 9 años, una vecina le
contó la verdad.
Escribió sus primeros versos a la edad de 6 ó 7
años. Dr. Salvador Buitrago Díaz publicaba sus
escritos en su periódico y preparó el prólogo
para su primer poemario, Sombras, editado en
1939 en sólo 50 ejemplares.
Estudió dos años en el Colegio de la Inmaculada
Concepción y luego, en el Colegio Francés de
Granada, del cual fue expulsada por "rebelde".
Después viajó a México. Regresando en barco a
Nicaragua, el 17 de abril de 1939 conoció al
judío húngaro Pablo Steiner (1915-1985),
intelectual europeo que huía del nazismo, y en
quince días se casó con él. Ha sido un
matrimonio muy singular, basado en el cariño y
la afinidad, y, aparentemente, abierto para
ambas partes. Rolando dio de buena gana su
afecto y su apellido al hijo e hija de María
Teresa, nacidos fuera del matrimonio.
En 1940 la pareja fundó la Editorial Nuevos
Horizontes y el 17 de abril de 1942, el Círculo
de Letras, que también editaba la revista
literaria del mismo nombre. María Teresa fue
directora de todas estas entidades, y nadie puso
jamás en duda su diligencia. En 1944 la
editorial adquirió una imprenta, donde fueron
publicadas numerosas obras claves de la
literatura nacional.
María Teresa Sánchez lideró la vida cultural de
Managua durante los años 40 y 50 y se convirtió,
según Pablo Antonio Cuadra, en un "Ministerio de
Cultura privado".
En 1945 ganó el Premio Nacional Rubén Darío de
poesía. En 1948 publicó su antología Poesía
Nicaragüense –aumentada y reeditada en 1965–,
que también recibió el mismo premio (1948). En
1949 editó la antología Poesía mariana
nicaragüense.
Su círculo de letras ha sido el más
significativo en la vida cultural capitalina.
Publicaba revistas (Nuevos Horizontes y Pipil),
libros, Cuadernos de Literatura Extranjera,
organizaba concursos, recitales y conferencias,
promovía visitas a Nicaragua de personalidades
literarias de la talla del poeta español León
Felipe ().
En 1957 y 1958 volvió a ganar los Premios Rubén
Darío por sus obras El hombre feliz y otros
cuentos (narrativa corta) y Canto amargo
(poesía). Es la única persona que obtuvo dicho
galardón en cuatro ocasiones.
Desde finales de los 50 comenzó a escribir
Poemas de soledad y de misterio, libro de
cuentos El zoológico de Dios y la novela La niña
y la bomba (no se sabe dónde se encuentran los
textos). También incursionaba en las artes
plásticas: pintura y escultura.
En los 60 aún editaba Nuevos Horizontes junto
con su hijo Pablo Steiner (1936-1987),
dramaturgo y crítico teatral y cinematográfico.
Apoyaba la lucha antisomocista, estuvo
involucrada en la conspiración de 1954, en el 67
escondió en su casa a Carlos Fonseca Amador
(1936-1976), líder del Frente Sandinista de
Liberación Nacional, buscado por la seguridad de
Somoza "vivo o muerto". Como represalia, le
confiscaron la imprenta.
El estilo de vida de María Teresa Sánchez era
muy poco convencional; en su juventud ella había
sido osada y rajatabla. Igual que Josefa Toledo,
fue acusada de recurrir a servicios de literatos
varones; pero si doña Chepita no se dignó de
tratar de refutar estas acusaciones, la reacción
de María Teresa era mucho más belicosa. Cuando
durante un evento cultural un tipo le acusó de
haber plagiado textos de Manolo Cuadra (escritor
a quien la ligaban afectivamente), ella sacó de
su bolso una pintura de labios, se coloreó las
palmas de las manos y le estampó al ofensor dos
bofetadas carmesíes, profiriendo: "Soy lo
suficientemente inteligente para no necesitar
robar poemas". Genio y figura.
Pese a la amistad que ella mantenía con varios
líderes sandinistas (incluyendo a la poeta
Rosario Murillo, esposa de Daniel Ortega), se ha
convertido en opositora del Gobierno del FSLN.
Las muertes de su marido e hijo la sumergieron
en una profunda tristeza. En 1993 dijo en una
entrevista: "Viajé a Inglaterra, a Francia, al
Canadá, a Costa Rica, buscando el país del
olvido. No existe." Siempre llevaba luto y vivía
en su enorme casa acompañada sólo por su
empleada, un viejo perro salchicha y las
tortugas de tierra.
Con el paso del tiempo, María Teresa se ha
vuelto más dependiente de la opinión pública y
trató de hacer olvidar sus osadías. Mentía
piadosamente sobre su vida sentimental, aun
cuando los hechos que pretendía negar eran muy
fáciles de descubrir con sólo cotejar las fechas
(como, por ejemplo, darse cuenta de que su hijo
e hija no podían ser engendrados por su esposo,
por la simple razón de que nacieron antes de que
ella y Pablo Steiner se hubieran conocido). Le
preocupaba mucho su buena imagen. "Una cosa es
ser poeta y muy otra, ser una puta", comentó en
varias ocasiones. Asumía una actitud defensiva,
porque sabía que la gente continuaba recordando
sus romances de antaño; durante toda la vida
llevó el estigma de ser una mujer libertina. La
censuraban incluso los varones cuya vida sexual
era siempre lo menos ejemplar posible, como, por
ejemplo, el poeta Carlos Martínez Rivas
(1924-1998).
Murió en el Hospital Bautista de una dolencia
pulmonar; como era de suponerse, le organizaron
un funeral pomposo y luego, la olvidaron. No se
sabe qué ocurrió con sus manuscritos. Ella
siempre seguía escribiendo pero dejó de publicar.
Nunca hubo tiempo, memorable poema que aparece
en la antología reunida por Daisy Zamora, llegó
hasta la imprenta por mera casualidad: María
Teresa, crónicamente descuidada con sus papeles,
regaló el original a un amigo, quien, a su vez,
lo proporcionó a la antóloga.
La bibliografía de la literata consta de 9
títulos: 8 publicados en vida y uno póstumo. La
mayoría es muy difícil de encontrar, y varios no
están disponibles en bibliotecas públicas. ¿Cómo
podemos, en estas condiciones, estudiar y
justipreciar la obra de estas escritoras?
[tomado de 7 días] |