Poetas rinden homenaje a Mariana Sansón Argüello

por Carlos Tünnermann Bernheim

Imagino a Mariana siendo recibida en el Parnaso del más allá por los grandes poetas de su Nicaragua natal. A la cabeza viene Rubén Darío, el “Padre y Maestro Mágico” de todos nuestros poetas y escritores, quien se adelanta y le dice: “Bienvenida a este cielo de poetas, tú que siguiendo fielmente mi consejo, supiste desatarle todas las amarras a tu imaginación, alcanzando el alto vuelo reservado a los poetas capaces de descubrir el misterio que encierra cada palabra. Tú, Mariana, que acataste mi consigna: “Lo primero, no imitar a nadie, y sobre todo a mí”. Y así como mi poesía fue mía en mí, la tuya fue tuya en ti”. Entra, pues, a este recinto reservado a los escogidos de Apolo y de Pan. Incorpórate a la galería de mis Raros”.

Se acerca el inmenso Salomón de la Selva, a cuya estirpe familiar perteneció Mariana, y le dice: “Ven, acompáñame a las más altas tierras, donde sólo las águilas anidan”. Mas, ha llegado el humilde juglar, con su sotana raída, el padre Azarías Pallais, para invitarla a recorrer “los caminos que están por debajo de la historia” y a escuchar la Misa solemnis in la, la “sorda misa mayor, en la, para la ronca tumbazón del tambor”.

Y Lino Argüello (Lino de Luna), también de su estirpe, saluda a Mariana, que como él tuvo “preciosidades en el alma, cosas…” Y la invita a buscar a Dios donde lo encuentran las almas sensitivas de los bardos: “en los lirios, en las flores y en los prados”… en “los campos de esmeralda”, en el “horizonte con cerros suave lila, color de alma”.

Avanza, con sus ojos más azules que el mismo cielo, Alfonso Cortés, quien le extiende sus brazos y le dice: “¡Hija mía! Tú que sondeabas los secretos del Universo, de la Eternidad y de Dios mismo, y que fuiste como yo, amiga cercana, de confianza, de Dios mismo, y sentiste su presencia, y un día lo sorprendiste “doblando el cielo para guardarlo”, sabías que:

“Dios en la Primavera
pasea por la Tierra.
En el Invierno, duerme,
y su aliento nos hiela”.
“En el Verano suda faenas.
Y en el Otoño,
sus vestidos cambia
por los buenos”.
Ven conmigo, le dice Alfonso, a
“una estrella que nunca ha existido
porque Dios no ha alcanzado a
pellizcar tan lejos la piel de la noche”…


Llega, excitado, como un niño asustado, don José Coronel Urtecho, y repite lo que dijo a Mariana allá por el año de 1954, cuando escuchó, asombrado, su primer poema, por cierto escrito en un inglés elemental: “¡Formidable, formidable, señora! ¡curioso! Ese es el camino que debe seguir”. Ahí quedó trazado el rumbo de la poesía de Mariana. Don José le señaló el camino.

Entonces, aparece risueño Mariano Fiallos Gil, y la toma de la mano para que, “habiéndose ya desprendido de todos sus abolorios, las cosas se le acerquen para que les lea las líneas de las manos”… Y Mariana va poniendo nombre a las cosas e inventando cosas nuevas y animales fantásticos. Su desbordante imaginación la hace crear novedades con lo que desecha la gente o las olas del mar. “¡Ha llegado la maga! exclama Carlos Martínez Rivas y nos trae su “grafismo mágico”. “Son creaciones estereoplásticas, apunta el Maestro Rodrigo Peñalba, quien, igual que en el más acá, en el más allá siempre está muy cerca de los poetas. “Lo que pasa, dice entonces el joven poeta, Fernando Gordillo, “es que este mundo de Mariana Sansón Argüello es un mundo mágico, prelógico, donde las ideas como la materia en la retorta hirviente, se revuelven informes, inacabadas, y el valor conceptual de la palabra no se revuelve plenamente. Es decir, donde los elementos que componen el pensamiento, surgen antes que estén asentados en juicios y conceptos”.

“Observen, dice un ángel que llega con sus blancas alas, el padre Ángel Martínez,“de cada hora de Mariana su mundo propio y con su propia voz. Eso es para ella en ese mundo propio, que siempre lleva no sólo el eco, sino el sentido del universo, dar la hora, dar su hora con su propia voz”. Y luego el ángel de albas alas, recita el poema de Mariana:

“Da las horas
en el reloj de la iglesia.
Ellas te hacen sentir
dentro del corazón un mito.
Sumando eternidades,
mueres…
(y él repite: tic, tac…
tic, tac…)
¡De frágiles segundos eres!”


Con la sabiduría que siempre le distinguió, Julio Icaza Tigerino explica, “los poemas de Mariana Sansón Argüello son más para ser leídos que para ser escuchados, y desde luego, no admiten la música y el gesto de la declamación. Exigen hasta cierto punto el eco de la propia voz interior, porque son poemas hacia adentro y no hacia afuera, están llenos de intuiciones esenciales más que de realidades existenciales, de cosas para ser pensadas y no para ser dichas en alta voz”… “Pero indudablemente este interiorismo, este mirar el cosmos dentro de sí misma como con una mirada de afuera a dentro, representa una actitud fundamental en su poesía y es determinante de su forma poética o de su ausencia de forma poética. La voz de Mariana Sansón Argüello suena con acento claramente distinto en la poesía nicaragüense, y, como señalara uno de sus críticos, sólo encuentra alguna afinidad en la poesía de Alfonso Cortés”.

“Mariana Sansón Argüello” —dice Pablo Antonio Cuadra profundamente conmovido y recién llegado al Parnaso celestial— “encontró un nuevo camino para su lírica: abordar el lado oculto de las cosas, porque cada cosa (como la luna) tiene un lado visible y expresable, menguante o creciente, y un lado oculto e inefable, el lado del misterio donde corre más riesgo y peligro el poeta, pero el logro cuando lo hay se llama Prometeo, robo del fuego o del Ángel, robo del misterio o de la sombra de las cosas. He aquí lo que nos muestra de fuego, ángel, misterio o sombra esta mujer que vuelve con su canto nuevo de su nueva luna”.

Mientras esto sucede, allá arriba, abajo comienzan a formar una ronda en torno de Mariana sus hermanas y hermanos en el canto. Cada uno de ellos arroja una frase, como si fuese una fresca y roja rosa, en el féretro de Mariana. Escuchad:

Adoptando un tono doctoral y con ademán solemne, Eduardo Zepeda Henríquez, arroja su rosa: “Mariana Sansón Argüello, mujer sin letras como Teresa de Cepeda, pero dueña de una sensibilidad exquisita, y educada en una escuela de buen gusto y de refinamiento, ha llegado a la poesía, no por caminos musicales, sino por rutas inéditas, por misteriosos senderos. Y ha descubierto una poesía extraña, al “culto oculto”, que decía el poeta; un juego de luces y sombras, donde la palabra es sólo balbuceo”.

“No tan así, replica Ernesto Cardenal. Ella escribe una especie de poesía automática, auténtica, subconsciente. Sus poemas siempre son breves y misteriosos y ha escrito muchos miles de ellos. Lo que ha publicado es tan sólo una ínfima parte de lo que ha escrito”.

“Mariana, señala Julio Valle Castillo, quien ha traído su rosa más fragante, no es racionalista cartesiana, tal y como deben ser los surrealistas. Este caso poético que pertenece al surrealismo, es distinto. Mariana sueña que sueña, no como los surrealistas que se disponen a soñar, que exploran el mundo onírico; el subconsciente: viven los estados de vigilia. No, ella sueña que sueña y sueña; habla que habla y habla, porque oye, se oye. De aquí que Mariana no escriba, sino que transcriba, copie lo que escucha, lo que le dicta a sus oídos interiores un sostenido delirio auditivo a través de su tiempo”.

“¡De acuerdo!”, exclama Jorge Eduardo Arellano, mientras busca, nervioso y sudoroso, entre libros y papeles, la bella rosa que traía y que se le ha extraviado. La encuentra y sigue: “Al margen de su inmensa producción metafísica —un “caso” similar al de Alfonso Cortés, también de León como ella, pero con su originalidad distintiva—, Mariana Sansón Argüello desató, una vez más, su fecunda imaginación. Porque ha creado con su inquieta mente esotérica medio centenar de animalitos o curiosos seres, dignos de estudio a fondo”… “Sus entes, que pertenecen al universo integral de la autora, presentan un comportamiento especial y cierto grado de conciencia y humor que sustentan serias relfexiones sobre el hombre y su misterio”.

Dos mujeres poetas traen rosas de múltiples colores: rojas, rosadas, blancas y amarillas. Son Daizy Zamora y Gloria Elena Espinoza de Tercero. Daizy se inclina reverente antes de lanzar sus rosas y dice: “Lo que en otras latitudes y en diversos momentos realizaron Frida Khalo, Alice Rahon o Remedios Varó en las artes plásticas, lo cumple en la poesía nicaragüense, Mariana Sansón, quien se yergue, solitaria, como la única escritora heredera auténtica del surrealismo, de quien yo, hasta ahora tenga noticia. Misterio y desasosiego, magia y juego son palabras que describen el universo poético de Mariana Sansón, quien ejerce el oficio con verdadera vocación de libertad: el automatismo, el inconsciente y el sueño, la imagen onírica y la fuerza lúdica han sido medios válidos con los que la poeta ha penetrado hasta el fondo de la experiencia propia para desentrañar, de los mismos materiales que conforman la alienación de la mujer, un lenguaje escondido, soterrado bajo la superficie del lenguaje y de la vida cotidiana”. “Si Neruda dijo que “el poeta debe ser, parcialmente, el cronista de su época”, yo diría que Mariana es cronista de varios tiempos y en varios tiempos, dice Gloria Elena Espinoza. Por eso no puede decirse que pertenece a una generación determinada, sino que sobrepasa a toda cronología; y va y viene del pasado al futuro en un constante presente. Ella tiene la poesía a flor de labios, sin ajustarse a patrones preceptivos (…), salen así sus poemas, naturales, sin afectación, sin el apunte académico que los convertiría quizás en falsos o fríos… Nos encontramos con una poesía libre, de estructuras libres, con musicalidad interior, con estilo propio (…), una poesía que trasciende la realidad: de sentido quizás metafísico o cósmico. Una poesía del subconsciente y de la imaginación. Es una poesía, además, vivencial, misteriosa, hermética, intimista”.

Termina la ronda. Los poetas callan y se alejan. Sólo se oye ahora la voz de Mariana que nos revela el misterio de su poesía: “Es la acción mágica y creadora que produce en mí la palabra por sí propia… “Cuanto más nos dejemos llevar por la propia palabra, más libertad y mayor fuerza creadora llegará a tener y más vuelo habrá en nuestra creación. Un vuelo, no sé si de sueño o de ensoñación, de inconciencia o de súper conciencia; pero sí: más cerca y más lleno de Dios”…

León, 6 de mayo de 2002.

 

[tomado de "La Prensa Literaria", La Prensa]

 
 

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