Marta Leonor
González
y Huérfana
embravecida
por José María Mantero*
El discurso estético de la poesía nicaragüense
escrita durante el siglo XX se ha generado a
partir de determinadas circunstancias sociales,
políticas y económicas, marcado por el diálogo y
por la búsqueda de nuevas vías de expresión.
Dentro del contexto de una poesía pos-sandinista
emerge la voz poética de Marta Leonor González
(1972). Escrita a partir de 1990, la poesía pos-sandinista
es una reacción a la poesía exteriorista y a la
producción de los talleres de poesía del
Ministerio de Cultura de Ernesto Cardenal, sin
desvincularse de su influencia; más bien,
representa una extensión de los elementos
exterioristas, hasta el punto en que se
redescubre el potencial de la metáfora, se
redobla la voz poética y la interioridad
personal se vuelve el punto poético de
referencia. El mundo exterior al escritor sigue
presente a través del diálogo, la acción y la
descripción (Sobalvarro, "Las mentiras" 25),
pero se utiliza como un vehículo en lugar de ser
un fin aparentemente autónomo de la interioridad
psicológica. Pedro Xavier Solís ha denominado
esta época iniciada en 1990 como un "período
pos-utópico" que se plantea los sueños de la
época sandinista: "Caracteriza a este período
post-utópico la evaporación de dos mitos: el
mito de la Revolución y, consecuentemente, el
mito de una quimérica edad de oro al final del
tiempo lineal" ("Percepciones" 7-8). Como
sostiene el crítico Serdán Zelaya:
"La generación de poetas de 1990 se diferencia
del resto, porque en ella el distanciamiento con
otras generaciones literarias es más firme y
sostenido. Esto es debido posiblemente a la
postura de apoyo incondicional, a favor de la
Revolución y de justificar la guerra en la que
miles de jóvenes perecían, que asumieron la gran
mayoría de los intelectuales y artistas,
promoviendo la grandeza del heroísmo, rindiendo
culto desmesurado a una cultura de martirio y de
muerte. Toda esta propaganda literaria funcionó
como un shock cultural a esa generación". (1)
Periodista para el diario LA PRENSA de Managua,
y editora del Suplemento Cultural de "la prensa
Literaria" así comoco-editora de la revista
literaria 400 ELEFANTES y autora del poemario
HUÉRFANA EMBRAVECIDA (1999), González encaja
plenamente con la poesía pos-sandinista al
alejarse paulatinamente de una poesía como
proyecto nacional y elaborar una voz que busca
universalizar las circunstancias individuales,
rompiendo con el utilitarismo lingüístico y
usando un lenguaje violento para representar su
entorno. Como ha afirmado el crítico Juan
Sobalvarro, "Marta Leonor González es quizá la
poeta de más furia que hayamos visto en
Nicaragua" ("Un vistazo" 3). Escribe Zelaya que
"Su poesía es dura, agresiva, inconforme. La
rabia de sus versos posiblemente escandalicen"
(1). En el análisis, nuestra intención es
demostrar que, en sus poemas, la poeta hace de
esta furia un instrumento lingüístico que logra
comunicar la violencia presente en la vida
cotidiana de la Nicaragua de hoy.
En Nicaragua, la voz poética de la mujer empezó
a surgir durante la época de dominio somocista,
creando una poesía que partía de las
circunstancias nacionales y de la conciencia de
la lucha contra la dictadura. Como ha escrito
Daisy Zamora, "Encontramos elementos recurrentes
y, por tanto, fácilmente detectables en los
poemas de las mujeres nicaragüenses, que revelan
un mundo, un universo poético concreto,
americano, arraigado en su historia y en la
tierra de su historia" (56). Las poetas de los
ochenta y de los noventa extienden esta visión
macrocósmica respecto a la dinámica nicaragüense
y, a la vez, reaccionan al legado cultural,
político y social de la época sandinista.
Según Gioconda Belli, estas escritoras
incipientes "expresan su rebeldía a partir de
una visión más íntima que, sin renunciar a las
aspiraciones sociales, toma conciencia de las
propias limitaciones y se sitúa, con menos
romanticismo y más ambigüedad, frente a una
historia que quiere ver desde su individualidad;
desde la particularidad de su circunstancia
personal" (vi). La década de los ochenta supuso
un pausado alejamiento de los temas de la
revolución, la retórica de ´la mujer´ y la del
amor (Sobalvarro, "Un vistazo" 3), hasta llegar
a la década de los noventa cuando se vislumbró
una nueva re-elaboración y re-creación de la voz
poética a la luz de una Nicaragua cuya población
buscaba expresar su frustración ante las
condiciones socioeconómicas individuales y
nacionales. Como muestra de esta desilusión, el
aumento de las pandillas juveniles y bandas de
delincuentes se percibe como si una y otra
manifestación formaran parte del mismo proceso
de empobrecimiento generalizado de la población.
Es decir, el desempleo y la pobreza producen una
fuerza de trabajo disponible para engrosar las
filas de la delincuencia organizada o la
violencia individual en busca de sobrevivencia.
(Vargas 23)
La toma de conciencia individual frente a
desigualdades socioeconómicas y su expresión a
través de actos violentos implica la necesidad
de reconocer la posición privilegiada desde la
cual se elabora el discurso hegemónico. Como
manifestación de un contexto, la violencia
tiende a definirse a partir de datos que se
centran en torno a actos físicos de violencia:
atraco, asalto, violación, robo o asesinato, por
ejemplo. En otros contextos se suelen aceptar
otras especificaciones más globalizadoras de la
violencia. Jon Sobrino, por ejemplo, ve cinco
tipos de violencia:
1) la institucionalizada; 2) la arbitraria del
Estado; 3) la de la extrema derecha; 4) la
terrorista; y 5) la de la insurrección (359).
Hélder Câmara escribe del espiral de la
violencia, en la cual la injusticia es una forma
de violencia que atrae otra violencia, que atrae
una respuesta a esta violencia, etc. (29-30).
En las naciones en vías de desarrollo, la
pobreza es un tipo de violencia
institucionalizada, ya que las víctimas sufren
las consecuencias económicas debido a lo que
J.S. Reinders ha llamado "a particular
historical project" (56). En el siglo XIX,
Friederich Engels reconocía el daño que pueden
producir las estructuras económicas en un país
en vías de industrialización:
If one individual inflicts bodily injury upon
another which leads to the death of the person
attacked we call it manslaughter; on the other
hand, if the attacker knows beforehand that the
blow will be fatal we call it murder. Murder has
also been committed if society places hundreds
of workers in such a position that they
inevitably come to premature and unnatural ends.
Their death is as violent as if they had been
stabbed or shot. Murder has been committed if
society knows perfectly well that thousands of
workers cannot avoid being sacrificed so long as
these conditions are allowed to continue. Murder
of this sort is just as culpable as murder
committed by an individual. (108)
Más actualmente, el término "pobreza
institucionalizada" fue aplicado en 1968, en el
Segundo Congreso del Episcopado Latinoamericano.
En la "Conclusión de Paz," el documento afirma
lo siguiente:
América Latina se encuentra, en muchas partes,
en una situación de injusticia que puede
llamarse de violencia institucionalizada cuando,
por defecto de las estructuras de la empresa
industrial y agrícola, de la economía nacional e
internacional, de la vida cultural y política,
poblaciones enteras faltas de lo necesario,
viven en una tal dependencia que les impide toda
iniciativa y responsabilidad, lo mismo que toda
posibilidad de promoción cultural y de
participación en la vida social y política,
violándose así derechos fundamentales. Tal
situación exige transformaciones
globales,audaces, urgentes, y profundamente
renovadoras. No debe, pues, extrañarnos que
nazca en América Latina ´la tentación de la
violencia´. (Doig 743)
Tal violencia institucionalizada es un síntoma
de la relación parásita entre la pobreza
material y la violencia física. Aunque el nexo
entre la violencia y las circunstancias
económicas ha sido ampliamente documentado,
Robert Ayres ha destacado esta conexión y alude
a que no hay un futuro económicamente estable en
América Latina sin la resolución de este
asunto:
Because a considerable body of evidence supports
the notion that young men in particular respond
to the economic returns to crime, and because
young men obviously will perceive those returns
as greater if legitimate employment is scarce or
non-existent, there is a strong argument that
unemployment is a major factor in crime and
violence in the urban areas of Latin American
and the Caribbean. (14)
Al ligar el delito y la violencia al nivel de
empleo (o desempleo), Ayres no sólo critica la
situación actual de tantos países
latinoamericanos, sino que comienza a elaborar
una solución al afirmar que hay que redescubrir
las causas de la pobreza y las nuevas
aproximaciones a su reducción (4).
En América Latina, según datos del Banco
Mundial, el 60% de la población es pobre
(Londoño 4); y en América Latina, Nicaragua es
una de las naciones de mayor pobreza. Aún en la
llamada década de prosperidad universal de los
noventa, los datos de Nicaragua demuestran que
tal prosperidad sólo ha llegado a algunos
sectores de la sociedad en ciertos países
latinoamericanos. En 1990, el 62% de la
población de Nicaragua vivía bajo condiciones de
pobreza, y el 16% de extrema pobreza; para 1999,
las cifras habían aumentado: el 82% de la
población vive en pobreza, y el 42% vive bajo
condiciones de extrema pobreza (Vargas 2), "lo
cual significa que los Programas de Ajuste
Estructural [firmados en 1998] han provocado un
ensanchamiento de la pobreza, y por ende un
aumento del abismo entre ricos y pobres" (Vargas
19). Entre 1990 y 1997, el número de delitos
incrementó un 223.63%, de 28,005 a 62,268
(Vargas 89), dato revelador de la conexión entre
violencia y pobreza, fácil de perder entre la
derrota electoral del Frente Sandinista de
Liberación Nacional (FSLN) en 1990 y la retórica
actual del Partido Liberal Constitucional de
Arnoldo Alemán.
Escritos después de la derrota electoral del
FSLN, los versos de HUÉRFANA EMBRAVECIDA emplean
un lenguaje violento que destaca el contexto
desde el cual surge su voz artística. Dentro de
los límites del análisis, el título del poemario
es significativo en sí al implicar la furia de
una persona que se siente sola ante sus
circunstancias particulares y que maneja la
poesía como si fuera una especie de arma: la
violencia de la metáfora contra la violencia
social. Como parte de la corriente poética
pos-sandinista, los poemas de González entran en
diálogo con sus circunstancias históricas y con
el devenir de su pueblo a partir de ese
desasosiego "pos-utópico" identificado por Pedro
Xavier Solís. Las imágenes físicamente
violentas--el portazo, los aullidos, los golpes
de las olas, la costa embravecida--están
complementadas con metáforas que sugieren una
violencia social más profunda: "la úlcera
descompuesta," "el rostro acuchillado," "el
cáncer uterino" y "la boca llena de sangre,"
entre otras. En los versos, la conciencia de la
violencia emerge del pánico del yo: ese pánico
existencial que surge como primera reacción ante
la fetichización de los individuos. El comienzo
del poema "A propósito de un pensamiento vago"
es una primera reacción violenta, potencia ante
la impotencia del ser humano: "Camino por las
calles con el deseo de matar, / de renunciar a
la mirada triste de mi enemigo" (1-2, 11).
Aunque el tono de los primeros versos nos
recuerda al poema de Neruda "Walking around"--el
paseo urbano, ese ansia de "dar muerte a una
monja con un golpe de oreja" (Neruda 219)--, la
conclusión del poema de González se aleja de esa
crisis existencial de los surrealistas y se
acerca a una aceptación de la muerte, siempre
cercana: "morir es resbalar, / romper el pasado
sin cansancio, / es desuñar una mañana inventada
/ y después morir" (7-10, 11). La muerte es la
omnipresencia de la violencia, de ese último
instante que, sea físicamente violento o no,
supondrá una ruptura drástica e inmediata con la
actualidad.
Por otra parte, González afirma que la muerte
también puede servir para descifrar el pasado al
obligarnos a tomar conciencia de nuestra propia
mortalidad individual y social. El poema
"Invierno no" empieza con los siguientes versos:
"Este día no tiene dientes, / le han cortado sus
dedos índices / para no tocar la historia" (1-3,
16). La afirmación de que el "día no tiene
dientes" hace referencia a cualquier proyecto
socio-histórico que busca desconectar la
actualidad del pasado y así subrayar la nueva
época en que se vive (tal como Violeta Chamorro
y el Presidente Alemán volvieron a cambiar el
nombre de calles, escuelas y edificios
gubernamentales, poniéndolos nombres
pre-sandinistas). ´El día que tiene dientes´ no
es necesariamente el del presente, el de hoy: el
que muerde es el día ya pasado: hoy su huella
queda impresa y no se borra. Lo mejor, afirma
González a través de estos versos, es que este
día toque la historia: permitir que se mantenga
el contacto entre el presente y el pasado para
mejor elaborar el futuro y evitar esa escisión
violenta--y artificial--entre el hoy y el ayer.
El poema continúa e introduce la figura de un
vagabundo:
Lagrimoso impaciente vagabundo por Managua
con melena hedionda y dril arrugado
lleva consigo bandadas de pájaros sordomudos
y los mediodías le han curtido la piel.
Fétido este domingo de cáncer en la esquina,
de brazo erupcionado
expuesto al próximo basurero indómito. (4-10,
16)
González se sirve de la figura del vagabundo
para destacar sus posibles condiciones de vida y
subrayar la importancia de recordar para
aprender de la continuada duplicidad del llamado
"entorno natural." Es decir, la escritora
cuestiona la noción de que el vagabundo sea un
producto "natural" del progreso social y destaca
la calidad "cultural" del ser humano como
reflejo y producto de su medio ambiente. Los
detalles en esta parte del poema ofrecen una
visión desgarradora de este hombre: el pelo
apestoso, la ropa arrugada, la piel quemada por
el sol. Y el día es el escenario en el cual
opera el hombre: es un "domingo de cáncer en la
esquina, / de brazo erupcionado." La violencia
del lenguaje elabora una yuxtaposición temática
entre la figura desdichada del hombre y la
continuidad del tiempo, creando así el nexo
entre la situación del vagabundo y la época
histórica que le tocó vivir. Pero González
muestra que el día es indómito y no tiene
piedad, concluyendo el poema de la siguiente
manera:
Jueves rió parcamente
enseñó al mundo su úlcera descompuesta,
pus y sangre.
Arañado por los segundos de una
tarde en alambrados
el invierno
tiene tu rostro
y gente en los buses llegando tarde a sus
trabajos. (19-26, 17).
Para el final del poema, la escritora ha logrado
unir los elementos sociales del poema a los
elementos individuales, más personales. El día
implacable se mofa y muestra al mundo su propio
sufrimiento histórico-la úlcera, "pus y
sangre"-ante el sufrimiento personal del ser
humano. Pero los versos concluyen y se centran
en torno a la experiencia humana, a ese contacto
con otros a través del recuerdo- "el invierno /
tiene tu rostro"-y de la necesidad económica de
trabajar. Aunque no tiene la violencia de un
cáncer o una úlcera, la imagen de los autobuses
llenos de personas que llegan tarde a sus
trabajos nos retrata y nos hace partícipes en el
pánico social de las necesidades materiales.
En el poema en prosa "Visaje de jinetera,"
González se apropia de un lenguaje violento para
describir un fragmento de su entorno social: "La
jinetera espera que la noche arruye sus pezones
colorados, la entrepierna tibia, el cáncer
uterino amado por el falo mocoso de un conductor
de taxi. Los reflectores ciegan sus ojos en la
siguiente esquina cerca de donde los domingos
reza" (26). Los personajes han cambiado de papel
y de nombre, pero el trasfondo sigue siendo el
mismo: el individuo. A diferencia del vagabundo,
la prostituta entra en contacto directo con
otros seres humanos, pero porque ella también ha
de satisfacer sus necesidades económicas. No
obstante, ella sigue asistiendo a misa los
domingos y no expresa contradicción entre su
devoción católica y sus actividades nocturnas.
Todo lo contrario: su fe le ayuda a poder seguir
prostituyéndose: "La jinetera ama la pascua de
resurrección, adora la iglesia y disfruta de la
misa cuando el cura escala sus piernas con
imaginación de adolescente llegando a la cima de
sus montecitos explorados, ella sueña con el
sermón de domingo en diciembre y ama a cada
hombre en el nombre del padre" (26). Al no estar
escrito en mayúscula, "el padre" puede
representar su padre biológico; pero dentro del
contexto del poema, una lectura de "padre" como
"Dios" o "cura" entra en diálogo con la temática
de los versos: su necesidad física, emocional y
económica ligada a su religión. Ella no
encuentra contradicción en sus acciones porque
no hay tal contradicción: su devoción religiosa
le permite territorializar su propio erotismo:
ella misma logra domesticar su deseo y alejarse
de preocupaciones moralizantes.
Como en "Visaje de jinetera," en otros poemas
González también utiliza un lenguaje violento
para destacar la calidad solitaria de la
existencia humana. En "Retrato de hombre
callejero"-otro poema en prosa- , la poeta nos
ofrece una descripción de un hombre
profundamente despreciable: "La joroba le
apretaba la camisa a cuadros. La barba húmeda
con indicios de telarañas que amanecían
enredadas en los ventanales de una nariz con
secreciones, abrupta, indecisa al estornudo, al
contacto con la respiración entrecortada de una
bronquitis que adormecía a la bestia, al hombre
que vivía en él" (27). Las imágenes son
físicamente chocantes: la joroba, la barba
húmeda con telarañas, la nariz "con
secreciones," la respiración entrecortada y la
bronquitis. Hasta este punto en el poema, el
hombre existe dentro de su soledad, dentro de un
mundo en el cual no entra otra persona. Pero
continúa el poema:
Tenía la manía de amar a las mujeres que
aparecían en los periódicos a aquellas que
semidesnudas adornaban sus pubis con hojitas de
higuera , con ramitas de olivo en la boca
simulando disfrutar la carne de sus amantes. Era
poeta. Se quedaba esperando la lluvia después de
contemplar las montañas y sus ojos ardían en la
espera junto al rocío de la mañana cuando él
creía amanecer junto a su amada. (27)
Aunque comparte su soledad con otras mujeres,
estas mujeres brotan de las páginas de los
periódicos y sirven únicamente para aumentar su
alejamiento existencial de otros seres humanos.
No es casualidad que crea amanecer "junto a su
amada" tras ver las fotos en los periódicos; ni
tampoco es capricho que esta persona sea poeta,
vate cultural, observador y traductor de
acontecimientos. En "Retrato de hombre
callejero," la violencia del lenguaje nos traza
un panorama en que las circunstancias personales
del poeta son causa y efecto de su entorno
socio-cultural, creando un ciclo vicioso
microcósmico que refleja algunos de los dilemas
de la Nicaragua de hoy.
Otra muestra de un panorama personal trazado por
la violencia del lenguaje es el poema "Animal
cazador de guerra," cuyo comienzo establece el
tono visualmente gráfico del poema:
Todavía puedo ver muertos en tu garganta
y arrastrarlos hasta la comisura de tu boca
con los pies inflados y de los ojos
brotándoles gusanos. (1-4, 22)
Las referencias a lo fallecido y a la
putrefacción de lo físico-muertos, gusanos,
inflamaciones-se relaciona directamente con el
pasado compartido al "ver [los] muertos" en la
garganta y "arrastrarlos hasta la comisura de
[su] boca:" tira de los cadáveres como si
estuviera tirando del recuerdo, pero evocando no
la alegría de una época alegre sino la amargura
de un tiempo compartido. Los recuerdos-los
"muertos en tu garganta"-tienen los pies
"inflados" y los ojos llenos de gusanos,
símbolos de una vida que se alimenta de lo
muerto y lo deteriorado, de un deseo ilusorio de
recuperar una historia perdida. Las imágenes
violentas del texto prosiguen y adquieren un
tono de recuperación sociohistórica:
Como la vendedora que exhibe los sesos de las
vacas
con sus hilillos de sangre sobre la mesa,
riñones, hígados y corazones lavados
que no sangran como el tuyo,
con la sanguaza en delato
y los tasajos de carne extendidos
pestilentes como los pies de un soldado
que fue tu hermano
animal cazador de guerra. (9-17, 22)
En la introducción, se pudo percibir que la
poeta se apropia de lo muerto para crear el
ambiente y el tono del poema; ahora, en el
último fragmento, González desarrolla las
imágenes y llega al punto final de su texto: su
propia indagación e introspección en torno a los
conflictos bélicos en Nicaragua durante los
setenta y los ochenta, años de su propia
adolescencia. La escritora comienza esta parte
animalizando al individuo-el hermano del final-,
pero sin llegar a despersonalizarlo del todo ni
convertirlo en una masa inerte de músculos y
fibras. Referencias a "los sesos de las vacas,"
"los hilillos de sangre," "riñones," "hígados" y
"corazones" hacen hincapie en la fragilidad del
ser humano: somos, ante todo, máquinas en
descomposición en busca de la permanencia
física. Pero el próximo verso subraya la
capacidad trascendente de la existencia
individual, ya que estos órganos de vacas "no
sangran como el tuyo." Al final del poema, los
pedazos de carne apestan "como los pies de un
soldado" que "fue tu hermano," terminando donde
empezó el texto: con el recuerdo de lo muerto y
de lo acaecido. La guerra se asocia con las
imágenes visualmente violentas, y la
circularidad del poema nos remonta al vicio
histórico de la guerra y de cualquier combate
armado. Para el último verso, la distancia entre
el ser humano y el animal se ha vuelto nebulosa,
inconclusa, capaz de ser ocupada por la razón
humana y, a la vez, por los instintos
primitivos.
En el poema "Mariposa que duerme en la ciudad
sin sueño" también surge el tema de la nostalgia
histórica como consecuencia de la reflexión
personal. En él, la escritora utiliza la figura
de la mariposa como metáfora del paso de los
años y símbolo de la violencia con la cual el
tiempo se apropia del futuro:
Después de trece años encontré la mariposa
el regalo de mayo,
aplastada por el peso de las páginas
que guardan el olor a libros viejos,
sus alas desprendían un polvillo negruzco
azulado
mezcla de tipografía y papel amarillento,
sus ojos fijos tenían la ausencia del amante
y de aquellas tardes en jardines y basureros
donde repentino el amor se hacía a grito. (1-9,
29)
El pasado se introduce en el poema desde un
principio-"Después de trece años"-para
establecer la corriente cronológica,
interrumpida para evocar la calidad efímera de
la vida y establecer el trasfondo del texto: la
fragilidad de toda creación orgánica. "Aplastada
por el peso de las páginas," la mariposa ha sido
víctima no sólo del paso de los años sino
también de una intención aparentemente inocente
de guardarla como recuerdo y como especie de
talismán contra el paso del tiempo. Pero su
descubrimiento entre las páginas del libro y el
"polvillo negruzco azulado" que cae de sus alas
subraya la continuidad del tiempo cronológico y
el proceso sorprendentemente violento de
descomposición: el insecto se ha convertido en
mero reflejo de tiempos pasados-presente en sus
"ojos fijos"-en vez de criatura partícipe de
acontecimientos actuales. Para el final del
poema, la poeta intuye que la presencia de la
mariposa muerta nos revela un secreto que, en la
vida, aún no se puede conocer: "mariposa que
ciñes tu ojo / cuando el anochecer enciende sus
pequeñas luces / y deambulamos perdidos en la
ciudad / donde nadie duerme" (18-21, 29). La
manifestación del insecto muerto entre las
páginas del libro nos hace conscientes de
nuestra propia mortalidad, mientras la evocación
de encuentros furtivos nos convierte en
cómplices de una sociedad en la cual todos
corremos el peligro de sacralizar nuestro
pasado, incapaces de enfrentarnos con nuestras
circunstancias. La implicación de los versos es
violenta: nos arriesgamos a morir solos y
hastiados, desvinculados de nuestra naturaleza y
de nuestra particularidad histórica.
Otros poemas de la colección logran
contextualizar la actualidad personal por medio
de referencias semánticas sutilmente violentas.
El poema que abre la colección, "1985. Diez años
después," indaga en el paso del tiempo a partir
de la muerte: "El corazón que está en mis manos
/dice: lentitud de vida corre por la sangre,
/los restos de esta tarde se irán conmigo" (1-3,
9). Toda vida va encaminada hacia la muerte, y
cuando muera la narradora el tiempo no seguirá y
el transcurrir del día morirá con ella. Continúa
el poema más abajo: "las venas se enfriarán como
vigas de cemento / opacas de naturaleza" (6-7,
9). Lentamente-tal como se seca el cemento-,
dejará de correr su sangre hasta abandonarla al
término natural de la vida: la muerte. González
logra contextualizar el poema dentro de su
historia personal-aparte de las circunstancias
nacionales-y lo une al tono del resto del
poemario al subrayar el caracter violento de
todo fin.
El poema "Fechado" parte de este tono personal
temporal, comenzando con versos que destacan el
impacto del día:
Marzo 19, 1995 deja en ella la dura mordida,
el repentino golpe de la caída en la húmeda
arena,
el portazo y la puerta que rechina
en su santuario en llamas
los vestigios de una tarde hepática
y la blancura de dos cuerpos
uno en otro [.] (1-7, 15)
Aunque en el primer verso queda confusa la
referencia a "ella," se puede percibir un
vínculo a la narradora debido al caracter
confesional del poema, como si fuera una entrada
en el diario personal. A partir de la mención de
la fecha, se nos vienen encima las imágenes de
una finalidad violentamente inesperada: "la dura
mordida," "la caída en la húmeda arena," "el
portazo y la puerta que rechina / en su
santuario en llamas" y "una tarde
hepática,"descripciones que fluyen por medio de
las veinticuatro horas del día, medida
cronológica que es a la vez comienzo y fin. El
poema prosigue con otros símbolos violentos y
llega a su conclusión:
[los dos cuerpos] apresurando entrar al ojo de
una hiena
que rasca la tierra
que muerde escupiendo la hora de su muerte,
las conchas en la playa rocosa,
mientras el animal aullidos deja
y las olas golpean las piedras. (8-13, 15)
De nuevo surge un vocabulario violento: "muerde
escupiendo," "aullidos" y "golpean." La cadena
de referencias-los "cuerpos [. . .] apresurando
entrar al ojo de una hiena / que rasca la
tierra"-y la aparente inconexión de las
metáforas destacan esa degradación del tiempo,
del ser humano y de toda relación humana, a
pesar de la posible calidad de estos momentos
inevitablemente efímeros.
Otros poemas señalan este fatal desenlace: "Ayer
fue" se centra en torno a la calidad pasajera de
la actualidad; "De los días que rompen otras
muertes" parte de la guerra civil que se luchó
en Nicaragua durante los ochenta; "Sin morirse
toda" indaga en la entrega completa de la
enamorada a su destino; y "Empezar por el frío"
asocia el frío climático a la posible frialdad
emocional de la vida individual y de la muerte
existencial. Aunque estos textos encajan
plenamente en el hilo temático de la muerte, por
lo general no emplean el lenguaje patentemente
violento que se ha observado en otros poemas de
la colección.
A la conclusión del libro, la persona que lee se
encuentra sumergida en frases, términos y
vocablos que subrayan la condición
intrínsicamente violenta de la escritura y de la
literatura: subvertir, alterar, levantar los
techos de la sociedad. Al cabo, Huérfana
embravecida logra recoger la tradición poética
nicaragüense y proseguir con su propia idea de
la expresión artística sin sentir la necesidad
de imitar desmesuradamente modelos anteriores ni
de escribir una poesía políticamente
comprometida. Como la poesía escrita
anteriormente en Nicaragua, la poética
nicaragüense actual es intérprete de las
circunstancias nacionales y espejo de las
coyunturas entre épocas, polémicas y--ante
todo--individuos.Elaborados durante la década de
los noventa, los poemas de HUÉRFANA EMBRAVECIDA
buscan replantearse la voz del yo y articular
impresiones a partir de metáforas que resaltan
la violencia y la pobreza material en la vida
diaria nicaragüense. Como ha escrito Serdán
Zelaya, "En Huérfana embravecida encontramos
diversos tonos de voz, predominando la que ´odia
con tedio embelesado´ que es resultante directo
de la sombría post-guerra en la Nicaragua de la
década de los noventa. Una generación en donde
predominan el desencanto y descubridora de un
escepticismo cruel ante la vida" (1). Lo que da
vida a los poemas es la combinación de
concientización social con el frenesí de la voz
del yo, características que forman parte de una
poesía pos-sandinista que no siente la necesidad
ni la urgencia de comprometerse políticamente,
que no pasa por la organización colectiva, que
no está apriorísticamente comprometida con una
responsabilidad cívica, sino que entra en
diálogo explícito e implícito con su entorno por
medio de un lenguaje metafórico y renovador. A
través de los poemas de HUÉRFANA EMBRAVECIDA y
de una voz poética que se destaca por la
violencia de su lenguaje, Marta Leonor González
afirma la necesidad de escribir una poesía que
parte de la voz personal, que se centra en torno
a las circunstancias del presente y que
participa en la creación de una nueva identidad
poética en la Nicaragua actual.
OBRAS CONSULTADAS
Ayres, Robert L. Crime and Violence as Development Issues in
Latin America. Washington, DC: The World
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Belli, Gioconda. "La rebelión continua." En Milagros Terán
Las luces en la sien. Managua: Vanguardia, 1993.
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*profesor de Xavier University, Ohio, EE.UU. |