Marta Leonor González:
poeta rebelde y solidaria

Durante miles de años nos pasaron diciendo que somos débiles, delicadas, indefensas, cobardes, tontas, sentimentales, desvalidas... Intentaron apresar a todas en esta identidad de género falseada y nos enseñaron que no podemos y no debemos hacer muchas cosas sólo porque somos mujeres.

No es fácil desaprender esta debilidad que nos impusieron, pero estamos avanzando cada día. Estamos aprendiendo a ser libres y a luchar por nuestros derechos. El proceso de liberación pasa muchas veces por una gran rabia porque cuando las mujeres abrimos los ojos, nos damos cuenta de las injusticias que nos afectan y ya no queremos seguir aguantando.

Este sentimiento de liberación e indignación se expresa muy bien en la poesía de Marta Leonor González, joven escritora nicaragüense nacida en 1972. En 1999 ella publicó su primer libro, "Huérfana embravecida", título que refleja dos elementos principales del poemario: la soledad y la ira. Pero no es una soledad desamparada de alguien que está esperando a un príncipe azul para que la rescate. No, la autora es fuerte, determinada, se enfrenta a las verdades muy dolorosas, lucha por su dignidad y triunfa.

Habla de los horrores de todos los días: "basureros indómitos" que abundan en Managua, calles sucias, buses repletos, gente sufrida. Jamás aparta la mirada cuando ve suciedad, pus y sangre.

Usa palabra duras, implacables. No le tiene miedo a nada.

Es periodista de profesión. Ha laborado en el periódico "La Tribuna", donde, junto con otros redactores jóvenes, creó una página diaria de cultura. Ahora trabaja en "La Prensa Literaria" y dirige la revista literaria "400 Elefantes", un proyecto que sobrevive contra viento y marea.

La Boletina: ¿Qué personajes de tu infancia han influenciado tu desarrollo como persona y escritora?

Marta Leonor González: Mis abuelos Matilde Varela Romero y Exequiel Daniel Ortega Duarte son una gran influencia dentro de mi trabajo. Para mí, ellos representan un símbolo familiar. Mi abuela era una gran lectora y eso me condujo a mí a sentir interés por la escritura.

Mi madre Juanita Ortega Varela, es la continuación del camino, la mano que me guía y afirma en mi identidad de mujer. De ella aprendí a ser autónoma, siempre me inculcó la independencia y la seguridad. En mi poesía ella es la clave para encontrarme.

La Boletina: Sos de Boaco y no de la capital, donde se concentra la mayor parte de la vida cultural. ¿Cómo te vinculaste con la literatura?

Marta Leonor: En Boaco no había quien me guiara en ese sentido. En la década de los 80, cuando yo todavía era una adolescente y estudiaba en el Colegio San Vicente de Paúl, descubrí para mí la poesía a través de los poetas españoles. Mis primeras lecturas fueron aisladas totalmente de los círculos literarios de Nicaragua. Vengo a meterme en ese mundo del managüismo hasta en los 90.

La Boletina: ¿Cuándo comenzaste a escribir poesía?

Marta Leonor: A los 15 años ya escribía algunas cosas, pero siempre las deseché, borré, boté... A partir del 88 empecé a ver este mi trabajo con mayor seriedad.

La Boletina: ¿Por qué decidiste estudiar periodismo?

Marta Leonor: Creía que escribiendo sobre los problemas de la gente podía apoyarla. Mi trabajo siempre estuvo vinculado al periodismo cultural. Muchos lo ven como algo de último orden, un espacio en la página que hay que llenar, pero yo pienso que hace mucha falta porque el arte es parte del desarrollo de la sociedad.

La Boletina: ¿Cómo te has integrado al medio cultural capitalino?

Marta Leonor: Se me abrió un mundo diferente, que yo quería conocer. Con el tiempo me fui dando cuenta de que tenía predilección por unos autores y sentía negación por otros, aunque fueran muy famosos y tuvieran poder. Una imposición es una violencia y una agresión, pero es algo que vivimos diariamente.

La Boletina: ¿La crítica literaria de Nicaragua discrimina a las mujeres, especialmente a las jóvenes?

Marta Leonor: Estoy completamente convencida de que hay una alianza entre los círculos de poder dirigidos principalmente por los hombres.

Los críticos hacen un esbozo de la obra de una a partir de sus características físicas o de cualidades que no tienen nada que ver con la literatura. Y eso es una actitud de violencia, de irrespeto. Algunas mujeres también la practican, atacando a otras escritoras.

Si tenés menos de 30 años, te dicen: "Todavía sos joven, no has madurado, no te apresurés a publicar". Pero ¿cómo una va a desarrollarse si no tiene espacio, si los círculos literarios son tan reducidos y los fondos editoriales también? Y cuando un joven publica un libro, su obra no es tomada en cuenta para una mínima reseña, persiste la indiferencia, el adultismo, la violencia, la omisión, el callarte.

La Boletina: Vos misma has financiado la publicación de tu libro "Huérfana embravecida". ¿Por qué decidiste hacerlo?

Marta Leonor: Quería demostrarme a mí misma que yo podía publicarlo con mis propios fondos y también dar aliento a otras personas, demostrar que las cosas se pueden hacer.

La Boletina: ¿Cómo surgió la revista cultural "400 Elefantes", de la cual sos fundadora y miembra del Consejo Editorial?

Marta Leonor: Se fundó en octubre del 97. Creíamos y seguimos creyendo que nuestro deber es decir lo que la época nos demanda, cueste lo que cueste. No tenemos patrocinadores, pero eso significa tener más libertad para decir lo que nos da la gana.

La Boletina: ¿Tuviste que pagar un precio por ser crítica e independiente?

Marta Leonor: Sí. Sacar artículos que van en contra del sistema literario establecido significa censura: que no te publiquen nada, no te inviten a congresos, no te tomen en cuenta para las convocatorias. He sido hasta agredida.

La Boletina: ¿La revista "400 Elefantes" da preferencia a las obras de escritores jóvenes?

Marta Leonor: Sí. Casi siempre son los mismos nombres, pero no es porque somos excluyentes. Lo que pasa es que son autores que han persistido y sobrevivido, porque muchos se han quedado en el camino.

La Boletina: ¿Es difícil sobrevivir en Nicaragua como escritora joven?

Marta Leonor: Sí, es muy difícil. En los 80 una tenía más estímulos para publicar, existía el beneficio de las publicaciones masivas. Ahora se sobrevive duro porque la literatura no da de comer y una tiene necesidades básicas como cualquier ser humano: las poetas comemos, bebemos, nos vestimos, nos bañamos, pagamos luz, agua, teléfono... Una tiene que escribir de noche, estar persistiendo y persistiendo y persistiendo. Es duro.

La Boletina: A las mujeres nos cuesta mucho ser autónomas en nuestras relaciones de pareja, porque nos metieron en la cabeza que amar y obedecer es la misma cosa. ¿Cuál es tu experiencia en este campo?

Marta Leonor: Estoy casada con el poeta Juan Sobalvarro. Soy una mujer con mucha fuerza para llevar a cabo mis proyectos, pero siempre tengo a Juan apoyándome, sin ninguna restricción. Cuando hacemos "400 Elefantes" , hay discusiones y muchas veces no estamos de acuerdo. Allí vienen las concesiones: discutimos el problema y cada quien cede en algo. Pero no hacemos concesiones en la cama sino en la mesa de trabajo. Por aclaración.

La Boletina: Cada autora tiene su propia forma de reflejar en su obra el hecho de ser mujer. ¿Cuál es la tuya?

Marta Leonor: Yo no celebro el cuerpo de la mujer. Lo que hago es abordar los problemas cotidianos, porque eso es lo que yo veo a diario, es el tema que la sociedad me demanda. Esta es mi manera de celebrar a la mujer: reconociéndola como un ser total.

La Boletina: ¿Por qué tu libro se llama "Huérfana embravecida"?

Marta Leonor: Porque hablo de una mujer que está sola y muy enojada por lo que ve en su entorno. Tiene que enfrentar un montón de cosas sola.

La Boletina: ¿Cómo podemos librarnos de esta orfandad?

Marta Leonor: Para no estar huérfanas y embravecidas, hay que ser más auténticas y más solidarias entre nosotras. Debe haber autonomía, pero también hay que saber hacer concesiones.

La Boletina: Tu poesía está dando al traste con el mito de que las mujeres por naturaleza somos dóciles, dulces, indefensas. ¿Creés que la sumisión y el silencio ya dejaron de ser "virtudes femeninas"?

Marta Leonor: Sí. A estas alturas, ser sumisa es dejarse arrebatar el tiempo ganado por otras mujeres que han luchado para que haya más libertad y equidad.

[tomado de La Boletina]
 
 

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