Amor y
praxis en Plaza de los comunes
Rick Mc
Callister*
Al final del
sangriento siglo XX, cuando toda ideología se encontraba
hostigada por el anarco-conservadorismo del postmodernismo y
la praxis progresista sucumbió a los que se vendieron y se
rindieron, la única defensa contra el Nuevo Orden Mundial de
la económica nomadológica era el amor. Aunque unos dirían
que el amor funciona como un petit récit contra la praxis
opresiva, eso sería caer en la nostalgia posmodernista, la
que sólo permite una defensa individualista contra la
opresión y, de esta manera, niega toda posibilidad de
derrocarla [Lyotard 17]. Al contrario, el amor es la gran
narrativa por excelencia. Según Corintios I: 13: “Sin el
amor, no hay nada” [cit. Zizek 2000: 146]. Ataca ambos polos
del eje deleuziano de la demencia, derrocando tanto el odio
del polo paranoico como la envidia del polo esquizofrénico.
Favorece el cronotopo lineal a través de la pro-re-creación.
Como tal se opone al cronotopo nomadológico egoísta enfocado
en un presente eterno y estancado.
Unos, sin embargo,
dirán que el amor es tan común. Eso es precisamente el punto
que tiene Milagros Terán en Plaza de los comunes, y
encapsulado en el poema inicial y titular: Común es el amor.
El título, curiosamente, es una misprisma (o mal
entendimiento crítico-artístico) del italiano, donde “piazza
del comune” quiere decir “plaza de la polis o del Estado” [González
s.p.]. De esta manera, el libro representa una clinamen (o
desviación del orden establecido) hacia la voz del pueblo en
contra del dictamen opresor. Es una desviación
revolucionaria autoconsciente que derroca la oposición
premoderna entre el orden universal y la arrogancia de una
fuerza egoísta cuyo exceso forma la fundación del orden
universal [Zizek 1999: 291].
De acuerdo a su veta
popular su lenguaje es, por lo general, sencillo y directo,
aunque hay poemas como Fin de siglo que demuestran un
hermetismo bastante vanguardista. Sus preocupaciones son
principalmente populares y cotidianas, aunque en unas pocas
ocasiones son más bien nostálgicas que progresistas: e. g.
Vivo en un país de papel verde, Navidad de arena y Vacío de
domingo. Conviene recordar que la plaza pública en su
paysagéité (o función geográfica) representa tanto un sitio
de reuniones entre el vulgo como la cara del poder. En
cuanto a su visagéité o facialidad, es el icono propio del
régimen significante, la reterritorialización interna al
sistema [Deleuze & Guattari 1987: 115]. Tradicionalmente
contiene la barraca y la catedral, las sedes simbólicas de
praxis e ideología, y está rodeada de las tiendas y oficinas
de la clase pudiente. Es un lugar panóptico donde llega el
pueblo para atestiguar los instrumentos del poder y, a la
vez, para estar vigilado. De todos modos, representa un
poder legítimo y gobernado por reglas.
Las cinco divisiones
del libro corresponden a la evolución del amor en cuanto a
su fortaleza y sofisticación; empezando con el amor erótico
ensimismado al principio en Escaramuzas, seguido por el amor
del otro en Calles y diversos, el amor materno y familiar de
Columpios, el amor universal de Bahía, hasta el amor como
praxis en Cosecha.
El poema titular,
Común es el amor, ofrece una plaza llena de emociones y
sentimientos dialogantes y dialécticos. El amor es un juego
de cogitos en el que bailan un par de razones, siempre
atrayéndose, siempre empujándose [Deleuze & Guattari 1987:
131]: “Común es el amor en sus inicios / Común cuando se
desvanece”. Cada amor, según Ghérasim Luca, tiene en sí su
propia traición, su propia locura: “Para ser el gran amante,
el magnetizador y catalizador… hay que experimentar la
profunda sabiduría de hacerse un tonto por completo” [cit.
Deleuze & Guattari 1987: 134]. Es decir, hay que desechar la
protección de las defensas del racionalismo egoísta. Como
explica Terán:
Frecuente la sonrisa,
la nostalgia de ayer, el futuro terror
y su placer, el motor de la vida,
la poesía.
(Común es el amor)
La poesía, como el
amor, no es creada sino creadora [de Certeau 97]. Es un
non-savoir no autorizado que rompe las fronteras del ego [de
Certeau 30]. Fin de siglo, una re-creación del mito de Eros
y Psique, es el poema más hermético del libro. Capta la
dialéctica de la pasión en sus primeras etapas cuando es
nada más que una simple búsqueda de la jouissance (o
diversión) autoerótica nomadológica:
Díganle sí que cuando
el día muera
venga en la noche a visitar mi cama
y que cabalgue sobre mí.
( Fin de siglo)
Pero esto es, sin
embargo, también la jouissance desenfrenada del capitalismo
desterritorizado que chinga al pueblo [Deleuze & Guattari
1983: 293; Readings 77]; es el mismo deseo del petit objet
[Zizek 2001: 22]; un simulacro, una mera sustitución de lo
genuino [Zizek 2000: 20]. A pesar de su intensidad, no hay
verdadero amor ni jouissance completa sin inversión social
[Deleuze & Guattari 1983: 293]. Es más bien un deseo
arraigado en la carencia de la jouissance [Deleuze &
Guattari 1983: 154].
Contrario a Psique, la mujer rechaza la cara del amante:
Que no quede prendida
en mi memoria
la visión de su figura,
que puedan mis ojos esquivar su mirada.
( Fin de siglo)
Aunque unos verían la
negación de facialidad como un rechazo del patriarcado, eso
sería una lectura basada en un feminismo vulgar y derechista,
cimentada en un enfrentamiento posmodernista de voluntades
egoístas [Lyotard 17]. Lo que se encuentra es un deseo que
carece de objeto y límites [Deleuze & Guattari 1983: 293].
De esta manera, el egoísmo de la pasión ciega corresponde al
fanatismo [Zizek 2000: 13]. Más que todo, la enajenación del
poema es una afirmación autoconsciente de la intotalidad
ontológica de la realidad en que vemos “la noche del mundo”:
una suspensión momentánea del orden positivo de la realidad,
cuando se enfrenta la laguna ontológica que prohíbe una
realidad completamente cerrada en sí misma [Zizek 1999:
308]. Sólo la experiencia de la huida sicótica, la
autocontracción absoluta, explica esta libertad trascendente
espontánea [Zizek 1999: 309]. El amor verdadero sólo puede
realizarse dentro de una relación animada por una meta
no-sexual [Zizek 1999: 142]; cuando el eromenos (amado) se
convierte en erastes (amante) por devolver un amor arraigado
en respeto mutuo [Zizek 1999: 163]. Y, de hecho, vemos el
desarrollo de este amor a través de Escaramuzas.
Hay que señalar que
entre más cándida la admisión, más falsa es o parece ser [Zizek
2000: 46]. La realidad catastrófica y confesional tiene un
efecto irreal, ya que lo irreal se ha hecho un sustituto de
lo real. Es más difícil desenmascarar lo ficticio en la
realidad verdadera que en la realidad simulada [Zizek 2002:
19]. Así que este poema onírico nos recuerda que siempre hay
una laguna entre el objeto de deseo y su causa, el aspecto
mediatizador que nos hace desear el objeto. Por tanto,
siempre hay, por lo menos, un rasgo de melancolía en cada
amor verdadero [Zizek 2000: 20].
La sección Calles y
desvelos comienza y termina dentro de famosas plazas de
grandes ciudades imperiales. Demuestra la empatía humana
tanto como su necesidad en un mundo de inocencia perdida: de
relaciones quebradas y ciudades bombardeadas. Su ágape es un
amor que exhorta desconectarnos de nuestras comunidades
naturales [Zizek 2000: 121]. Es un derrocamiento subversivo
de jerarquía, un universalismo igualitario de la comunidad
de parias [Zizek 2000: 123]. Inocencia perdida, ubicada en
el Dupont Circle de Washington, demuestra el triunfo de dos
mujeres cuya amistad vence la tristeza de un matrimonio
fracasado en un país extranjero.
A pesar de haber
descifrado la falsa ebullición de la capital del
materialismo, esas mujeres “pasean del brazo”:
ahora princesas que se
asoman
desafiantes al siglo veintiuno
sin miedo a la soledad ni al vino.
( Inocencia perdida)
La sección Columpios
reafirma el papel de la mujer como el centro de la familia.
Como el título de la sección indica, no es una simple
mariolatría de la mujer como ser ideal sino un vaivén
dialéctico de triunfos y fracasos. La cúspide de esta
sección es Maternidad, una alabanza de los poderes creadores
y divinos de la mujer:
Mi ombligo es el
centro del universo
las cosas giran alrededor mío
y camino envuelta en una burbuja de energía.
Los dioses me protegen
–aun los que no conozco o he sentido–
van a mi lado, danzan alrededor.
Soy el centro
la cruz, la seña
que asoma de noche en la oscuridad
de los perdidos.
( Maternidad)
Cada cara, sin
embargo, tiene su cruz, y Paul Virilio señala que:
El hombre es el
pasajero de la mujer, no solamente en el momento de
nacimiento sino también en las relaciones sexuales. La mujer
es el medio que ha encontrado el hombre para reproducirse,
llegar a la tierra. La mujer es el primer medio de
transporte de la especie, su primer vehículo. El segundo es
el montar y acoplar de cuerpos disimilares listos para la
migración, el viaje en común [Virilio 159].
Así que la feliz
genealogía de Terán está atacada por Malas noticias y:
Esa imagen de Yasmín
en mi mente:
cubierta de cables y de tubos
a la semana de nacida.
( Malas noticias)
En Dispersa, Terán
demuestra la certidumbre de la observación de Virilio:
Soy núcleo, eje,
chofer.
estudiante y maestra,
esposamante, poeta.
Tantos sombreros para una sola
cabeza, que es así dispersa
no me encuentro,
y quiero.
(Dispersa)
Después de los
sinsabores de Una mañana todo es diferente, Terán redescubre
la esperanza del arco iris en Columpio con:
Los colores primarios
junto al blanco
y negro
de estos días.
(Columpio)
Los poemas de Bahía
demuestran una preocupación universal sobre una sociedad
imperial que exalta la enajenación del prójimo. Una bahía es
una gran laguna que puede ser de añoranza como en Vivo en un
país de papel verde, donde Terán anuncia:
Vivo en un país de
mujeres solas
y de hombres solos
que quieren encontrarse
pero cuando se ven sus ojos huyen.
( Vivo en un país de papel verde)
Junto con Navidad de
arena es un poema que rechaza el exceso de objets petits, o
semblanzas que prometan sin cumplir la jouissance, a favor
de valores precapitalistas [Zizek 2001: 22]–
Vivo lejos del sol
y de las salamandras
sin océanos, sin palmeras, sin Dios.
( Vivo en un país de papel verde
–que lo ven como un
episodio malvado de hubris [Zizek 1993: 97]:
Esta riqueza
envenena el alma.
La alegría se apena en las tiendas
Sube y baja perdida
las escaleras eléctricas
vestidas de lamé,
con Santa Claus sentando niños y grandes
en sus piernas
para negociar regalos y promesas.
(Navidad de arena)
Vacío de domingo
denuncia la oquedad espiritual de la sede del Nuevo Orden
Mundial en términos darianos premodernos a la vez que añora
la ausencia de empleados domésticos. Gemeinschaft ist
Gesellschaft: la sociedad humana se ha degenerado en
sociedad anónima [Zizek 1993: 211].
Este país ausencia de pisos enlosados
sin fumarolas ni pescadores descalzos
saluda este domingo
este vacío ronco de campana.
(Vacío de domingo)
Pero una bahía también
es un fenómeno geográfico de extraordinaria belleza como la
Bahía de Chesapeake, donde:
La luna es sólo una
amenaza
de deseo,
tentación oceánica
en esta bahía
donde mi corazón se abriga.
( Bahía)
Cosecha, la última
sección, ofrece un replanteamiento del problema de la
enajenación; esta vez con un tono optimista:
Llora el universo.
Innumerables las palabras.
El horizonte es uno,
aguardo.
(El horizonte es uno)
Vamos levantando
caminos ofrece una praxis basada en el amor universal hacia:
Los dolientes
habitantes de cuerpos
esperando abriles que no llegan
tratando de atrapar los sueños
al otro lado de la puerta.
Vamos levantando
caminos
soltando palomas
removiendo voluntades que quedaron
tiradas, esporádicas
una encima de otra.
Plaza de los comunes
se destaca sobre todo por su humanismo. Es un testimonio no
solamente de triunfos y sinsabores personales sino de las
posibilidades del amor como arma contra la soledad, la
enajenación nomadológica y el egoísmo. Es una genealogía
franca y valiente del desarrollo del amor y preocupación en
la que Terán demuestra tanto sus errores, debilidades y
contradicciones como sus éxitos y fortalezas. Es un libro
honesto y universal que nos enseña que el camino hacia un
mundo justo para todos, aunque no es ni fácil ni plano, es
alcanzable con la solidaridad.
Obras
consultadas:
Bakhtin, Mikhail
Mikhailovich. The Dialogic Imagination. Ed. Michael Holquist,
trans. Michael Holquist & Caryl Emerson. Austin: U Texas P,
1981.
Belli, Gioconda. El ojo en la pluma: Milagros Terán y
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Boundas, Constantin V. ed. The Deleuze Reader. New York:
Columbia UP, 1993.
Bourdieu, Pierre. Masculine Domination. Stanford: Stanford
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De Certeau, Michel. Heterologies. Trans. Brian Massumi.
Minneapolis: U Minnesota P, 1986.
Deleuze, Gilles. Dialogues. New York: Columbia UP, 1986.
& Félix Guattari. Anti-Oedipus. Trans. Brian Massumi.
Minneapolis: U Minnesota P, 1983.
Nomadology: The War Machine. New York: Semiotext(e), 1986.
A Thousand Plateaus. Trans. Brian Massumi. U Minnesota P,
1987.
González, Marta Leonor. Entrevista: Milagros Terán, amores
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Minneapolis: U Minnesota P, 1984.
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1991.
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Virilio, Paul. Speed and Politics. Trans. Mark Polizzotti.
New York: Semiotext(e), 1986.
Zizek, Slavoj. Tarrying with the Negative. Durham: Duke UP,
1993.
The Indivisible Remainder. London: Verso, 1996.
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London: Blackwell, 1999.
The Fragile Absolute. London: Verso, 2000.
On Belief. London: Rouledge, 2001.
Welcome to the Desert of the Real. London: Verso, 2002.
*Catedrático de Delaware State University.
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