Raúl Elvir Rivera

por Fernando Silva

Raúl Elvir Rivera, poeta- ¡...compañero y amigo mío muy querido...! Cuánto tiempo hace de aquella época donde juntos en el Instituto de Oriente y Mediodía de Granada, cortábamos retoñitos olorosos de ilusión a la orilla del anhelo, queriendo ser poetas. ¿Qué entendíamos nosotros sobre eso de «poetas»...?

Volviendo a ver para atrás reparamos que hemos guardado dentro de nosotros, de un modo natural, recuerdos y vivencias que después las puede uno recuperar también naturalmente. En el Instituto de Granada, allá por los últimos años de la década del 40, nos encontramos de frente, Raúl Elvir, Ernesto Gutiérrez y yo. Me acuerdo que cada uno de nosotros empezaba a escribir. Cada quien estaba enterado sobre lo que el otro hacía, porque de alguna manera ya nos habíamos leído. Estaba «El Diario Nicaragüense» y «El Correo», diarios de Granada, adonde conseguía uno, con ruegos, que le metieran de ipegüe en un rinconcito del periódico algún versito. En el Colegio también en alguna ocasión (en lo que llamaban Actos Culturales), nosotros nos colábamos para recitar, y es cierto que alguna vez, recitamos versos nuestros con el nombre de otro que nosotros mismos inventábamos. Nos reíamos después cuando oíamos que comentaban muy favorablemente lo bueno de esos versos con nombres prestados. Y eso pasó a más cuando en el entierro del hermano de uno de los compañeros de clase, se pidió que uno de nosotros dijéramos un pequeño discurso al llegar el féretro al Cementerio. Me señalaron a mi para esa misión, y de acuerdo con Raúl y Ernesto, que estaban a mi lado en el momento de decir el discurso, comencé yo leyendo la cita de un eminente escritor Colombiano, el Poeta Jacinto Rodás Bracamonte (nombre ambientad por mí) y empecé a decir todo lo que se me antojó.

Eramos así llenos de ánimo, alegres y ocurrentes. Empezamos, sin embargo a darnos cuenta que entre el juego, la gracia que no teníamos por que apartarlo del asunto del «arte», había también una necesaria responsabilidad y, además, hacernos de una especie de compromiso con nosotros mismos y con nuestro tiempo. Teníamos que leer mucho, estudiar, platicar, preguntar, oír, opinar, y ser sobre todo humildes con todo. Esto dicho ahorita, además de lo ingenuo que suena, estoy pensando yo que no ha dejado de tener valor.

Bueno, pero todo no acaba ahí; creamos después una especie de «peña» literaria e invitamos a muchos estudiantes del Instituto, que no dio ningún resultado. Unicamente se quedó un joven que para nosotros nos resultaba un poco raro. Resulta que el joven ya tenía un rollo de poemas escritos con rima y todo lo demás, que desde un comienzo nosotros habíamos renunciado de todo lo que pudiera parecer sujeto a la «preceptiva literaria»; pero no fue ese motivo de distanciamiento, sino que lo incorporamos y el joven en mención se dedicó a convencernos a escribir rimado; pero curiosamente al poco tiempo él mismo se convenció y empezó escribir con mucha libertad y gracia. Ahora ese joven de entonces, es un destacado hombre de letras, muy conocido y apreciado, el poeta Eduardo Zepeda Henríquez, que vive actualmente en España, y es una figura relevante, representativo de la poesía hispanoamericana.

A propósito yo he escogido esta ocasión para querer decir algo sobre Raúl Elvir, contando esos recuerdos con el objeto de escribir algunas líneas que dieran el sabor del cariño y el recuerdo de quien siempre estimé mucho y que siempre lo quiero.

Además, no me creo yo muy apropiado para hacer reseñas literarias sobre la obra de personas que han gozado y gozan de la más tranquila, auténtica y sólida opinión sobre la textura y significado de su obra, más bien yo veo a un escrito —a un poema— como cosecha humana del pensamiento y contenido del corazón. La poesía, es un gusto que tiene una persona y que ese gusto lo da como hacen las frutas cuando están maduras. Así pues, ahora pongo aquí enfrente, en este mismo mueble de mi compu, la imagen de Raúl: tranquilo, risueño y con el gesto natural de quien está interesado en algo que está sucediendo de alguna manera.. o de la mejor manera como pueda verse una cosa. Un hombre que vivió apegado a su manera de ser auténtica, verdadera y simple, pero plena. Fue un estudioso del problema que se crean con los números y la cifras en ese mar lleno de corrientes y luces como son las matemáticas, en su profesión de Ingeniero, que además todo eso lo suavizó, lo humanizó con el cariño del que sabe llevar su misión junto a su pecho.

Fue un hombre que vivió de frente, ni un sólo momento se apartó de todo aquello que estuvo dentro de la realidad del pueblo y de la justicia.

Supo vivir. Supo ver el mundo por el lado donde el mundo puede ser mejorado con nuestras obras y nuestra voluntad. Constructor, hacedor, señalando el tiempo como un reloj con la punta de su lápiz sobre los planos elaborados en su mesa de ingeniero; pero también tuvo para con la comunidad el fluir de su propia alma, como una bandera su posicial ética - social. Amante de todo, sobre los hombros de la vida de la naturaleza. Gran conocedor de pájaros, como un mago sobre el horizonte haciendo movimiento con las manos. Pájaros como que si de su misma mente salieran así como salen en bandadas de las ramas de los árboles. Dueño y señor de la naturaleza recogida en su pupila, como así lo nombra en uno de sus poemas: -

«Será un día brillante\ como una bandeja de pájaros y
frutas»- Su poesía es así...-
«Algo dentro de mí
se restituye.
Algo dentro de mí
proclama su sustancia verdadera,
definitiva, elemental,
Poniéndose de pie.»
o aquel toque vivo como un chote en el ojal de su saco:
«Guardo el recuerdo de un canto
que escuché
en mi niñez
—sólo una vez.

Su obra es la obra de un gran poeta, de un gran hombre... y simplemente la obra, para mi muy querida, como la obra de mi amigo, cercana y viva, que la tengo ahorita aquí en mi mano como uno de sus pájaros.

Su obra escrita viene desde el 1946 hasta 1990 -La edición completa publicada por la Edit. Centro Nic. de Escritores— data de 1999.

«Circulo de Fuego»

Managua, 3 de Junio 2003.

[tomado de Nuevo Amanecer Cultural, El Nuevo Diario]

 
 

Página principal
Homenaje | Diccionario | Tribute
Poesía peregrina | Antología |
Editora:
Yolanda Blanco | Archivo fotográfico: Raúl Quintanilla|

Correo | © 1996-2005 Dariana