|
La poesía de
Yolanda Blanco: Cantos de inocencia
y de experiencia
Steven F. White *
Tal como William Blake, la poeta nicaragüense
Yolanda Blanco (nacida en Managua en 1954)
demuestra en su obra poética un entendimiento
profundo de cómo la inocencia y la experiencia
son "dos estados contrarios del alma humana".
Estos dos modos de percibir, además, deben
iluminarse de una forma dialéctica, ya que la
experiencia no es la negación de la inocencia,
sino una coexistencia contraria capaz de
producir una síntesis mayor basada en la visión
de la imaginación humana hecha tangible a través
de la poesía. 1 Lo que importa es la
tensión creadora en todo intento humano de
resolver este diálogo de contrarios. La
inocencia y la experiencia, según Blake, no se
tratan de la niñez y su ausencia necesariamente,
sino de dos zonas interpenetrantes o fronterizas
de la vida humana entera. El movimiento entre la
inocencia y la experiencia, tanto para Blake
como para Blanco, acaba transformándose en una
lucha radical para conseguir la liberación del
hombre y de la mujer en términos sexuales,
religiosos y políticos.
Las dos agrupaciones que inventó
Blake para sus poemas también se aplican a la
obra de Yolanda Blanco que se puede analizar de
la siguiente forma: Así cuando la lluvia
(1974), Cerámica Sol (1977) y
Resistencia de árbol (1992) son
cantos de inocencia; Penqueo en Nicaragua
(1981) y Aposentos (1985)
corresponden a los cantos de experiencia. Se
puede leer a Blake a través de un análisis de
ciertos emblemas opuestos, como, por ejemplo, el
cordero y el tigre. En la poesía de Blanco
ocurre un fenómeno simbólico semejante cuando se
contrastan distintas imágenes de la fruta que
aparecen en Así cuando la lluvia y
Penqueo en Nicaragua:
Estás muy joven
para cortarte.
Ya hueles
es cierto,
como a madroños
como a mameyes
y me estás invitando
a besarte.
¡Ah! ponte a punto
muchacho.
(Así cuando la lluvia)
“Los cadáveres del pueblo”
La muerte ante sus casas
se les disfrazó de guardia.
Cayeron bajo el horror de los cohetes.
Perseguidos desaparecieron.
Ráfagas de garands los desgarraron.
Chavalos quinceañeros
veinteañeros
los muchachos:
Han caído como caen las frutas
cuando están a punto.
Brindaron su sazón a Nicaragua.
(Penqueo en Nicaragua)
De la misma manera, “la florecita blanca”, “las
flores de la luz” y la “alegría florida” de los
cantos de inocencia de Blanco deben coexistir
dialécticamente con “las flores del Horror” y
las flores silvestres haciendo la guardia que
“amanecen sobre las fosas comunes” en los cantos
de experiencia.
En los mundos poéticos de Blake y
Blanco, entramos en el estado de la experiencia
no cuando tenemos una conciencia del deseo
sexual, sino cuando fuerzas mayores exteriores
intentan restringir, limitar y controlar el
deseo sexual. La inocencia es, precisamente, la
libertad de hacer el amor y de escaparse de la
idea de la sexualidad como algo degradante.
2 De hecho, Ona, en el poema de Blake “A
little Girl Lost” (Una muchacha perdida),
celebra su contacto sexual con un muchacho y
experimenta un profundo terror sólo en la
presencia posterior de la figura paternal cuya
mirada antagónica se relaciona metafóricamente
con el “libro sagrado”. Aunque su obra muchas
veces tiene un carácter misógino y homocéntrico,
Blake es, quizás, el primer escritor que usó la
palabra “patriarcal” de una forma negativa.
3 Debido en gran parte a su contacto con
algunos escritores asociados con el círculo de
Joseph Johnson en Londres a finales del siglo
XVIII, sobre todo con Mary Wollstonecraft,
Blake concibió una obra que contiene muchos
elementos protofeministas. Blake intenta
demostrar en su poesía que una fuente de los
males sociales se encuentra en las estructuras
patriarcales del nexo padre-cura-rey-Dios.
Menciono la indignación de Blake que
nace de su reconocimiento de habitar un mundo
profundamente opresivo en cuanto a lo sexual
porque creo que forma la base del vínculo tal
vez más importante entre las obras de Blake y
Blanco cuyo libro Aposentos ataca
ferozmente la sociedad patriarcal contemporánea.
En la primera estrofa de “Una muchacha perdida”,
Blake se dirige de una forma profética y
visionaria a “los niños de una Edad futura” que
leen la “página indignada” en que aparece su
poema porque quiere que ellos (y ellas también)
sepan que había una época (la de Blake) en que
“el Amor, el dulce Amor, se consideraba un
crimen”. El paso de dos siglos desmiente el
optimismo implícito en el poema de Blake, según
Yolanda Blanco en “A una niña del siglo futuro”:
Si preguntaras…
Si las burlas…
¿Dónde ocultar
tronco cabeza extremidades?
Si mi vientre…
¿Dónde los hijos?
Si la madre…
¿Cuáles encéfalos aortas
productivas?
Ay, niña mía del siglo que viene
inquiridora,
¿Cómo decir
Cuánto hablar?
Anfibia soy
Ornitorrinca
Marsupial.
Desgraciadamente, según informa la poeta, la
mujer sigue siendo regida por las leyes
biológicas y normas sociales que le son
impuestas que tienen que ver con su capacidad
reproductiva: la identidad de la mujer está
ligada de una forma absoluta –“marsupialmente”—a
su progenie. En el poema de Blanco, la profecía
con su mirada hacia el futuro expresa un
pesimismo con raíces en una prehistoria
zoológica.
En Aposentos Blanco
describe los parámetros de su lucha contra la
desigualdad entre los sexos y disputa la
caracterización de la mujer como “humana de
segunda”, “costilla secundaria”, “macho
castrado” y “cuarto mundo”. En “Mujer loba de la
mujer”, después de cuestionar los papeles
esteriotipados de los dos sexos determinados por
la sociedad y perpetuados por los padres a
través de la familia, Blanco pregunta a la mujer
en su poema: “Es dogma que sólo has nacido/ para
lumbre del hogar…?” En “Por la calle,
zagaletonas me rebasan, las piropean…”, la
hablante lírica condena a las mujeres
(“emperifolladas” y “encueradas”) que se
conforman a una imagen sensual superficial
impuesta por el mundo masculino:
Como gata panza arriba me defiendo
de pajarapinteadas niñas
de sus senos opulentos…
En “Acontece”, Blanco rechaza, además, el
macro-sistema jurídico de la sociedad inventada
por los hombres para controlar a la mujer
considerada como una persona anónima:
Perenceja Mengana Fulana
qué de códigos
artículos
decretos
te atenazan.
Esta realidad injusta encuentra su reflejo en el
micro-sistema íntimo de la jurisdicción de la
casa:
Cuánta onza
pañales
Cuánto trapo
aplazan tu canto
tu sudor legítimo
ajeno al parto
Y esa ley, puño y letra del amado
Y esa costumbre rictus grito del amado.
Tanto Blanco como Blake en sus cantos de
experiencia expresan la política interna y
externa de la institución del matrimonio y
demuestran cómo la opresión de la mujer se debe
a su asimilación de los valores masculinos.
La percepción de ambos poetas de la
injusticia social también abarca los males que
se pueden atribuir a la sociedad moderna
capitalista. El famoso poema de Blake “London”
describe el sistema explotador de un país que se
está industrializando. La repetición de la
palabra “every” a través del poema produce el
sentido de un absoluto universal que corrompe la
inocencia de una forma total: hasta los niños de
las prostitutas sifilíticas nacen ciegos. En su
poema irónico y sardónico “De un mundo feliz”,
Yolanda Blanco entabla un diálogo intertextual
con Darío cuando se dirige a la mujer y dice:
¡Es tuya el alba de oro
de un mundo feliz
con talidomidas
y smog!
Blanco se refiere, por supuesto, a la novedosa
medicina de la generación de su madre que al
eliminar la náusea asociada con el primer
trimestre del embarazo tenía el defecto de
producir deformidades en el feto. La
contaminación del medio ambiente, como se sabe
de sobra, causa enfermedades respiratorias que
afectan adversamente a la población infantil de
una forma desproporcionada.
Este paisaje urbano devastado de los
cantos de experiencia puede considerarse una
especie de antipastoral para
yuxtaponerse con el espacio pastoral idealizado
de los cantos de inocencia. En el caso de
Yolanda Blanco, (como por ejemplo en el poema
“Trato de moldear…” de Así cuando la
lluvia donde dice “He querido atrapar/
el eco de los/ tropeles nahuas./ Rastreo tu
huerto/ Macuilxochitzin” y sobre todo en el
libro Cerámica sol), este terreno
idílico se asocia con la tierra mítica y
endiosada de lo indígena nicaragüense antes de
la llegada de los españoles. Como explica la
poeta en un breve prólogo al libro: “De la
intención del poemario diré, que la sangre
contigua me ha impulsado, y un ardiente afán de
recobrar la palabra primigenia, el decir
ab-origen de los aquellos tiempos, cuando todas
las cosas eran dioses y diosas”. 4
Estas ideas crean un contexto
literario en que la poeta que se nombra con
insistencia (Yo, Yolanda viviendo en León de
Nicaragua”) logra convertirse en sacerdotisa
indígena precisamente para poder comunicarse con
las fuerzas sagradas: “De cacao refulgente es la
bebida que preparo/ azul el altar que levanto/
olorosos los maderos del zahumerio”. Se puede
leer este poema, “Canto a los soldados del sol”,
con su descripción de las preparaciones para el
combate y el sonido del “justo tambor de la
sagrada guerra”, como un texto revolucionario
producido durante un período de censura y de
fuerte represión en Nicaragua.
De la misma manera, no se debe
analizar los cantos de inocencia y de
experiencia de Blake (escritos entre 1788-1794)
sin tomar en cuenta la presencia secreta de la
Revolución Francesa y el pensamiento implícito
de ciertos escritores de su época como, por
ejemplo, Edmund Burke. 5 He aquí,
entonces otro rasgo que comparten ambos poetas
en cuanto a la búsqueda de un nuevo sistema
político de mayor igualdad: Blake repudia el
régimen autocrático y feudal derrocado por el
pueblo francés; Blanco, por su parte, denuncia
la tiranía somocista en Penqueo en
Nicaragua (escrito entre septiembre de
1978 y marzo de 1979), un libro que describe un
semejante cambio social repentino y de tipo
insurreccional. Penqueo en Nicaragua
además, con su crónica del pueblo alzado de
Monimbó, es una continuación de la poética
indigenista de Cerámica sol.
Hay, sin embargo, una diferencia fundamental
entre los dos poetas. Blake sabe reconocer,
describir y denunciar la injusticia social, pero
parece no poseer la conciencia incendiaria
necesaria para proponer soluciones a estos
mismos problemas que destaca con tanta lucidez
en un poema como "London". Peor todavía, es la
interpretación factible de "The Little Black
Boy" y "The Chimney Sweeper" como textos que
carecen de ironía y que abogan por una
aceptación pasiva de la injusticia y el
sufrimiento. En cambio, la obra cíclica de
Yolanda Blanco sí ofrece respuestas potenciales
en la forma de alternativas radicales para
reemplazar los antiguos y represivos sistemas
políticos y religiosos, además de las normas
injustas y poco egalitarias que predominan en
las relaciones sexuales.
El eje del movimiento de los cantos
de inocencia de sus primeros dos libros a los
cantos de experiencia de Penqueo en
Nicaragua y Aposentos es
la figura de la poeta transformada en
sacerdotisa, voz vaticinadora , y maga
mistagógica que afirma las doctrinas
iniciáticas. El paisaje de Así cuando la
lluvia y Cerámica Sol se
transforma primero en los parámetros humanos de
un país específico ("un pecho que continúa
latiendo /al ritmo revolucionario") en
Penqueo en Nicaragua. En este territorio
definido se lucha por motivos morales contra "la
bestia" apocalíptica que fue la tiranía
somocista con la esperanza de reintegrarse (tal
como se manifiesta en la obra de Blake) a un
nuevo Edén. Los límites del sitio de la
inocencia anterior y recobrada luego se
extienden para convertirse en el origen del
poder sagrado femenino en Aposentos:
"De la ubicua tierra/arranco mi fuerza". La
poeta, entonces, se encuentra "inmersa en firmes
ciclos", con una clara conciencia de su
"alquimia fundadora" y "lo alquímico del sexo".
La base de su sabiduría se radica en el cuerpo
femenino. La poeta expresa un gran conocimiento
de su anatomía y de su realidad biológica
vinculada a los grandes ciclos de la naturaleza
con un lenguaje preciso y científico para poder
afirmar su nueva identidad poderosa e
independiente: "Yo/ déspota de mi flora
silvestre". Así se logra sobrevivir el
desencanto y el pesimismo de la experiencia. Es
preciso, además, según la poeta, invocar la
solidaridad espiritual de otras mujeres:
Mujeres mías
insurrectas
las Antígona, las Rafaela Herrera
las Luisa Cáceres
¡Frunzan mi ceño
disconforme
yo
názcanme!
Este nuevo espíritu que se propone en la obra de
Yolanda Blanco abarca la sexual, lo político y
también lo religioso como en "Oración", el
último poema de Aposentos:
En nombre del pubis
y de los senos
y de la santa mente
crezca mujer
Amén.
Resistencia de árbol,
una serie de veinte y cuatro poemas breves, es
una especie de regreso al paisaje de la
inocencia de Así cuando la lluvia
pero con una pureza lingüística mayor. Estos
poemas, con su notable sutileza japonesa y su
certeza infalible de tipo zen, demuestran una
gran serenidad y paz interior. Hay un
reconocimiento, sin embargo, de que el deseo de
permanecer en la inocencia deshumaniza la
experiencia convirtiéndola en una zona
innecesariamente horrorosa y limitante en cuanto
a la imaginación humana. La hablante lírica,
después de abrirse un camino "dando con el mazo"
en Aposentos, afirma su alianza
trascendente con el mundo natural en
Resistencia de árbol:
Buscando la luz,
topo la oscuridad.
Resuelta a la oscuridad,
salgo a la luz.
*
poeta y profesor estadounidense,
cuya
traducción de Poeta en
Nueva York de Federico García Lorca
(Farrar, Straus & Giroux., 1988) fue reseñada
por The New Yorker como “una
traducción espléndida”
Notas
Alfred Kazin. “Introduction.” En
The Portable Blake por William
Blake. Ed. Alfred Kazin (New York: Viking,
1946): 41-42.
Véase Mary Lynn Johnson.
“Feminist Approaches to Teaching Songs,”
en Approaches to Teaching Blake’s Songs of
Innocence and of Experiences. Ed. Robert
F. Gleckner y Mark L. Greenberg (New York: MLA,
1989): 61.
Véase Alicia Ostriker. “Desire
Gratified: William Blake and Sexuality.”
Blake: An Illustrated Quaterly 16
(1982-83): 156-165.
Yolanda Blanco. Cerámica
sol. (León , Nicaragua: UNAN, 1977): 1.
Véase W. J. T. Mitchell. “Image
and Text in Songs,” en
Approaches to Teaching Blake’s Songs of
Innocence and of Experiences. Ed. Robert
F. Gleckner y Mark L. Greenberg (New York: MLA,
1989): 46.
|