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Presentación del libro De lo urbano y lo
sagrado
de Yolanda Blanco
Fernando Antonio Silva*
Tengo
el honor de presentar el libro de Yolanda
Blanco, “De lo urbano y lo sagrado”, premio
único del Concurso Nacional de Poesía Escrita
por Mujeres “Mariana Sansón” 2005, en su tercera
edición, promovido anualmente por la Asociación
Nicaragüense de Escritoras (ANIDE), aportando
con ello a la excelencia literaria, en homenaje
a esa gran mujer que fue Mariana (León,
1918-2002), una de las principales fundadoras de
la literatura moderna nicaragüense, escrita por
mujeres.
Conocí
a Yolanda a mediados de los años 70, en medio de
una febril actividad cultural que se
desarrollaba en la Universidad Nacional Autónoma
de Nicaragua en esta ciudad de León. Tiempos de
actividad política y movimientos sociales, de
lucha contra la dictadura Somocista que
desembocaron al final de la década, con el
derrocamiento de la misma por una Revolución
Popular. Tiempos de transformación profunda en
nuestras vidas individuales y colectivas que
marcaron nuestra generación cultural, donde
fuimos testigos y partícipes del momento
histórico.
Nos
reuníamos un grupo de jóvenes que estudiábamos
diferentes carreras en la UNAN , alrededor de la
Editorial Universitaria, cuyo Director en ese
entonces era el poeta Ernesto Gutiérrez que a su
vez, era también, director de la Revista
literaria de la Universidad, “Cuadernos
Universitarios”, siendo el secretario de la
misma, el poeta Fanor Téllez. Los estudiantes
teníamos nuestro espacio en la Universidad con
la publicación de la revista literaria
“Taller”, sucesora de la revista Ventana,
producto del movimiento literario del mismo
nombre fundado en la los años 60 durante el
rectorado del Dr. Mariano Fiallos Gil y
dirigida por los estudiantes, en ese entonces,
Sergio Ramírez y Fernando Gordillo.
Yolanda aparece entre nosotros cuando la Revista
“Taller” cursaba su segunda época (año 1974),
bajo la dirección de Alejandro Bravo y quien les
habla, habiendo publicado sus primeros poemas en
1971, en la primera época de la revista. Venía
ella con sus ojos vivísimos y frescura de
belleza oriental, por la cual todos nosotros,
en algún momento, palidecimos. Traía su primer
libro bajo el brazo: Así cuando la lluvia
(ed. Hospicio, León 1974). Aparece ella pues,
con una obra, un logro, una sorpresa, con magia
y virtuosismo telúrico, celebratorio de la
naturaleza, llena de ritmos en un lenguaje
propio y renovador afianzando el hilo conductor
de la gran poesía del paisaje nicaragüense:
Llueve
en
Teotecacinte Cusmapa
en
Tepesomoto Cuspire Soslaya.
Grandes charcos
cubrieron los caminos
del Sinecapa
el tule Yaoya y
Mayales.
Si vas a Limay llevá
capote;
y también llueve en
Macuelizo
en Ciminguasca y
Alcayán.
Todo es verdecito en
Tisey en Totumbla
Garúa en Guisisil.
Truena en Yeluca y
Apají.
En Nandasmo temporal
seguido.
Me he mojado en todo
Nicaragua
ya llueve.
La
presencia de Yolanda en nuestra generación, para
mí, fue fundamental. Era la mujer con la que
discutíamos y disentíamos de teorías y
experiencias literarias, de compromisos
políticos-sociales, propuestas artísticas,
alternativas poéticas y poses personales.
Conversaciones riquísimas sin caer nunca en
palabreríos Bizantinos sino más bien
retroalimentación, enriquecimiento espiritual y
dialéctico aprendiendo todos de todos. Sobre
todo de ella, intelectual, culta y erudita,
segura de sí misma, de su belleza, de su cuerpo
arisco, de su permanente asombro poético.
Porque en Yolanda la poesía sucede siempre como
asombro de la creación, que luego afirma en una
constante espiral reveladora de lo creado y lo
posiblemente creado: llovizna/ en las
ondas del charco/ se revela el cielo.
Es así
como Yolanda avanza sin apartarse de su “yo”
poético consciente del oficio y gozosa del don
creador en Cerámica Sol (Separata
Cuadernos Universitarios, UNAN-León, 1977),
soñando despierta durante el día con la alegría
del alfarero creando cerámicas con rayos de sol,
barro de sol, asoleado, pintado con pinceles de
sol, en un jolgorio tribal de celebración y
contemplación indígena al dios Sol: Sale
el sol/ va cruzando como un niño los ríos. /
Sube el sol/ y escala el día./ Está trepando
como un cabro la cima./ Baja el sol hasta el
crepúsculo tímido/ está recogiendo sus rizos/ y
sus barbas emplumadas. Nuevamente en
su espiral renueva el pasado atravesando,
alegrísimo, todos lo momentos de nuestra poesía
indígena, afirmado con sus propias palabras en
el prólogo de este poemario: …la sangre
contigua me ha impulsado, y un ardiente afán de
recobrar la palabra primigenia, el decir
ab-orígen de los aquellos tiempos, cuando todas
las cosas eran dioses y diosas.
En su
siguiente libro Penqueo en Nicaragua
(ed. Unión. Managua, 1981), la sensibilidad
poética de Yolanda también sufre, como sufre el
ser humano del cual nunca se desvía aferrándose
siempre a su persona. Su persona-poeta, su
persona-persona, su humanidad de mujer en el
mundo, recordándonos que el poeta es ante todo
una persona que vive su época asumiendo el
momento histórico con el coraje de enfrentar la
injusticia de la dictadura somocista que le
tocó vivir. En este poemario la alegría se
vuelve tragedia y su lírica sufre la épica de la
guerra insurrecional. Escribe por lo tanto
poemas testimoniales de la lucha armada, poemas
de denuncia a las relaciones injustas y la doble
moral de una sociedad tradicional y machista,
poemas que revelan la aspiración y participación
activa de la mujer en una sociedad transformada
por una revolución. La tristeza y el horror
entonces, no amilanan ni estancan su proceso
humano y poético salvándose con la victoria del
pueblo donde su fuerza creadora busca una salida
para transformarse en júbilo nuevamente:
¡Adelante pueblo/ ahora/ adelante siempre!.
Aquí,
Yolanda se detiene un poco, pero, para tomar
impulso, volviendo su mirada hacia dentro de sí
misma, evoluciona, involucionando casi a un
estadío fetal para renacer en su yo Mujer. Se
recrea a sí misma en “Aposentos”
(conTextos del Pen Club de Venezuela, Caracas,
1985), reconociéndose en toda su amplitud de
género. Con paso firme se inserta en la
post-modernidad en la literatura escrita por
mujeres actualmente en Nicaragua con identidad
biológica, libre de ataduras, dueña de su
cuerpo, de su mente, de su alma: “Varios
ánimos me habitan/ hay muchos cuerpos
aposento./ Hay quienes les dicen abismo/ paridad
dicen cuantos:/ Ver la casa de mi cuerpo/ ver el
cuerpo de mi casa con amplias/ puertas y
ventanas;/ techo, alero, cobija,/ nidal o
hamaca;/ casa albergue o caverna,/ casa labio o
espada;/ de cuatrocientos hijos/ hospedaje,
posasda./ De espíritu y ansias/ y dudas,
poblándome. Debo decir que hubo estrógenos/ y
humores cálidos balanceando/ el acidulce de mis
aposentos: / Habitarlos. Aquí la
alegría se mantiene, aunque más reflexiva y a
veces indómita arremetiendo furiosa contra
tabúes y cortapisas, mojigaterías e
hipocresías. Hay celebración y adoración de su
ser orgánico, ama y es amada, sin que nadie le
diga cómo, dónde ni cuándo: Si exaltando
mi existencia/ cuento la tuya/ y la canto/
-lúcida mujer mujeril-/ mi cuerpo será el texto/
para celebrar tu cerpo/ melancólico varón
varonil/. Poesía de mujer escrita por
mujer, nueva poesía, la nueva lírica de género.
Así el epígrafe de Rimbaud al inicio de este
libro: ¡La mujer encontrará lo
desconocido! ¿Sus mundos de ideas serán
diferentes de los nuestros? -ella encontrá
cosas extrañas, insondables, repugnantes,
deliciosas; nosotros las tomaremos, las
comprenderemos.
Con
este libro más reciente: De lo urbano y lo
sagrado, ganador del concurso que ahora
nos reúne, Yolanda nos presenta una antología
personal, mostrándonos siempre su evolución
lírica en las diferentes etapas de su vida.
Recoge nuevamente la frescura y luminosidad
primigenia en sus diferentes secciones: 1)
Cerámicas Indias: el gozo creador
se reafirma siempre con el asombro celebratorio
de las cosas mínimas de la naturaleza
manifiestas en versos limpísimos y poemas de
textura vegetal: Una hormiga es hecha de
vidrio / igual que los ojos del dios.
Y en otro poema: Es de hoja oscura /
la chicharra / bate sus alas entre las ramas /
revolotea hacia el sol.
2) En
Serenata con Luna, la poeta
uitiliza el recurso exteriorista en poemas
narrativos vanguardistas con tono épico-líricos
donde se rememoran nostalgias y personajes,
utilizando lenguaje popular nicaragüense tanto
en sus nicaraguanismos y dichos populares como
en neologismos y canciones : Usted, / muy
a pesar de todo / sin embargo / tan solo / el
soplatubas, el rascaguitarras, / el azotapianos,
/ el chichero. Yergue el clarinete / empina el
trombón / la tuba agacha dócil / chicheramente
corcovea / : ese toro no sirve / ese toro no
sirve. Y en otro poema: Mi
violín de talalate lo saluda.
Esta
tónica se mantiene en la tercera Sección:
En la cola del supermercado donde sus
poemas toman el giro de la denuncia y conciencia
social en solidaridad con los desposeídos y
explotados: Agarre un tomate / sopese su
redondez / y el mundo en diminuto que sostiene
el rojo de su hilo. Nunca conceda un
pensamiento, / un “gracias” / a todos los
espalda rotas / a los espaldamojadas / que los
han sembrado, aporcado y recogido / antes de
iluminar su mesa. Se reúnen en esta
sección poemas diversos, podría decir, poemas
dispersos y rescatados, desde reflexivos
personales hasta los de referencias històricas
y del oficio poètico: Cuando al mirarme
en el espejo / veo en mi cara el rostro de mi
madre / cresco en tiempo / me ilumino inmensa.
Y en otro poema : Buscando la
clave / de lo que algún día / podría
convertirme, / escribo; / acomodo palabras / las
amigo.
En la
última sección, De lo urbano y lo
sagrado, que le da el nombre al libro,
Yolanda nos recibe en toda su amplitud de mujer
de mundo en el mundo, habiendo recorrido su
propio tiempo y nos lo ofrece con toda la
madurez y serenidad de haber logrado construir
su obra a conciencia. Recurre entonces a sus
viejos amores intelectuales, recreándolos y
renovándolos. De esa manera nos señala en el
poema a García Lorca: dèjame hacerte
gemir igual que un pájaro con el sexo atravesado
por el viento. Poeta sin vergüenza de romper
moldes/ sin temor al ridículo o a llorar en
medio de la calle/ poeta en Nuena York, yo
tambièn sé cómo cantas por los ombligos de los
muchachos que juegan bajo los puentes.
Yolanda se universaliza retomando a Rubén,
Salomón de la Selva, José Coronel Urtecho,
Ernesto Cardenal y reflexiona sobre sí misma
viéndose, reflejándose en otros y otras,
volviendo la cabeza hacia atrás, a sus orígenes
para partir liberada de todos, incluyendo ella
misma: Un extraño destino
me trae a Nueva York. / Yo que he hablado con
los àrboles y la lluvia / yo nefelibata
contenta / ¿qué hago en esta desarbolada
sabana? Enterrada bajo el puente de Manhattan
/ una olla de barro contiene un espíritu: el
mío. / Encuentro mi yo en el Yo. / Conexión con
una realidad más grande que la mía, / pero en
mis adentros.
Y
continúa más adelante …Otra visión
ofrezco: al prepararse para dominar una técnica,
/ recibir también educación para la vida. /
Aprender a no ser dividido. / Ser ser
integrado. …El poeta: ser integrado, unido. / …
La poesía: brotando de la luz interior del
poeta, / haciendo resonar ideas, emociones, lo
vivo del lector. / La poesìa: dàndonos la mano
/Extendièndonos la mano para ayudarnos a subir a
niveles más altos.
El
libro cierra con fuerza interior y frescura
creadora. Amarra y sella Yolanda su obra
poética con identidad profundamente lírica, la
que nos entrega con sus dones a manos llenas,
riéndose al danzar con la lluvia en las nubes
agitando su corona de laurel y su falda de
güipil. Vuela feliz Yolanda satisfecha de su
creación diciéndonos: gratitud de pàjara
/ que bebe el tiempo / es la que siento.
Con
este Poemario-Antología, Yolanda recoge la
bandera de sus predecesoras, de Mariana Sansón,
María Teresa Sánchez y Claribel Alegría como
iniciadoras de la poesía moderna nicaragüense
escrita por mujeres como dije al inicio de esta
lectura; se ubica con sus contemporáneas de los
60 y 70, Michele Najlis, Vida Luz Meneses, Ana
Ilce Gómez, Rosario Murillo, Ligia Guillén,
Gioconda Belli, Daysi Zamora, Carla Rodríguez,
Gloria Gabuardi, Marianela Corriols, Ninfa
Farach, alza vuelo con sus ahora contemporáneas
de los 80 y 90: Karla Sánchez, Isolda Hurtado,
Blanca Castellón, Carola Brantome, Martha Leonor
González, Helena Ramos y comparte con las más
recientes del siglo XXI. Mujeres que surgen
individualmente cada una con su propia
identidad, profesionales, abogadas,
periodistas, sociólogas, médicas, madres,
libres e independientes sin ataduras
generacionales ni bendiciones patriarcales,
abriendo las puertas de la post-modernidad a la
nueva poesía, la escrita por mujeres.
28 de mayo, 2005
Entrega de Premio a Yolanda Blanco
III Concurso Nacional de Poesía Mariana Sansón
Museo y Archivo Rubén Darío. León, Nicaragua
*poeta y médico nicaragüense
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