P O E S I A P E R E G R I N A
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Antología de autopoemas El arte es la suprema expresión del “ego”, en su sentido freudiano. Es producto de la libertad humana. Incluso en los entornos donde se impone desde el poder una tendencia determinada, debe darse la identificación del artista con la ideología dominante para que el acto creativo sea posible. Así, no dudamos de la fe religosa de los pintores y escultores del Renacimiento o de las convicciones revolucionarias de los “teóricos” del cine soviético. Pero la visión del auténtico artista es siempre discordante con el discurso oficialista, lo que se refleja en las tirantes relaciones de Miguel Angel con Julio II o en los conflictos de Eisenstein con la censura estalinista. (Tarkovski exploró en “Adrei Rublov” el tema del artista como eterno inconforme). Los autopoemas son el último refugio del espíritu rebelde en lucha constante con el mundo exterior. Curiosamente, no abundan en la literatura en español. Hermoso ejemplo es el de Rosalía de Castro con su: “Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros -- Lo dicen pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso, de mi murmuran y exclaman: -Allí va la loca soñando con la eterna primavera de la vida…”. También los Retratos de los Machado y el “Este Hilarión Cabrisas!… Si tú le conocieras!”. De la literatura universal, citemos aquel hermoso verso de Víctor Hugo tomado de su autopoema, Solamente dos años: “En el libro de mi alma ya no hay página en blanco”. Los mejores autopoemas reflejan emociones y experiencias universales. En este breve antología de autopoemas nicaragüenses, los autores a veces trascienden su individualidad identificándose con las cosas que los rodean. Azarías Pallais identifica su “yo” con las obras literarias y pictóricas que enriquecieron su mundo interior. Yolanda Blanco se “convierte” en la naturaleza circundante. Incluimos en nuestro recorrido, donde no faltan los autorretratos (Jorge Eduardo Arellano) y las autobiografías (María Teresa Sánchez), al poeta jinotegano Alfredo Alegría (“el poeta de las brumas”), ausente del Panteón nicaragüense, pero que, como muchos poetas departamentales, goza de prestigio entre sus coterráneos. Remitimos al lector al Autosoneto de Pablo Antonio Cuadra que publicamos en nuestro número-homenaje a ese gran poeta, y al mejor biopoema en castellano: el Preludio dariano de Cantos de vida y esperanza (“Yo soy aquel…”) .Franklin Caldera
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Antología de autopoemas
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