P O E S I A   P E R E G R I N A

 

 

Antología de poemas a la madre

Dada la abundancia de poemas a la madre en otras literaturas, llama la atención su escasez en la poesía nicaragüense.  No encontramos ninguno en las antologías generales publicadas en los últimos 40 años (el Pez y la Serpiente, Cuadernos Universitarios, las recopiladas por Ernesto Cardenal, Jorgue Eduardo Arellano, etc.).

            Quizá esto se deba a la influencia subconsciente ejercida por Darío, quien de su madre conservaba sólo recuerdos borrosos.  Otro motivo sería el desprecio intelectual hacia los poemas a la madre que por el abuso, se habían reducido a fórmulas trilladas (como los poemas a la patria o a la bandera), esnobismo no justificado, pues en arte los temas no tienen valor en sí, sino según lo que el artista pueda hacer con ellos.

Más frecuente han sido en nuestra literatura (¿resabio machista?) los poemas al padre. Dos saltan a la mente: el de Juan de Dios Vanegas (“Mi padre era carpintero”) y el de José Santos Rivera (“Mi padre era alto como una puerta”).  Pero el tema no es privativo de los escritores varones y ha sido tratado, entre otras, por Marta Leonor González en “Hombre de Lejos”, visión desgarradora de la imagen del padre en la cultura nicaragüense, y por Ligia Guillén (“Elegía a la muerte de mi padre”).

            En las dos antologías generales publicadas en la primera mitad del siglo XX, “Nicaragua Lírica” (1937) de Augusto Oviedo y Reyes y “Poesía Nicaragüense” (1948) de María Teresa Sánchez, a pesar de ser voluminosas, el porcentaje de poemas a la madre es ínfimo, y los incluidos pertenecen a poetas que no lograron trascender la barrera del tiempo: Agustín González y Moncada, León Debayle o Mariano Fiallos Gil, Rector Magnífico de la Universidad Nacional de Nicaragua. También cantaron a sus progenitoras poetas regionales, no incluidos en nuestro Panteón Lírico, pero a veces con más lectores fieles que muchos consagrados. Un ejemplo es el poeta de Jinotega, Alfredo Alegría (cuyos coterráneos recitaban de memoria aquello de “Yo crecí como un becerro al pie de la montaña segoviana”).

            Con la irrupción de la poesía escrita por mujeres en los años 60, entra por la puerta grande en nuestra literatura, la figura materna, usualmente en forma de poemas a la experiencia de ser madre (recordemos “Dando el pecho” de Gioconda Belli: “Empiezo a dar leche como una vaca tranquila / Ella vuelve a ser mía / pegadita a mí / dependiendo de mí / como cuando sólo yo la conocía / y vivía en mi vientre”). En la actualidad, el autobloqueo ha sido superado, y es frecuente encontrar el tema en los nuevos poemarios, tratado siempre en forma original, con esa perspectiva vanguardista propia de nuestra poesía.

            Cuando Ligia me propuso que hiciésemos esta antología, pensé que no íbamos a encontrar material suficiente. Pero buceando (con la ayuda de Yolanda Blanco) en las agitadas aguas de la poesía nicaragüense, encontramos perlas escondidas, incluso de nuestros poetas más destacados (José Coronel Urtecho, Carlos Martínez Rivas, Julio Cabrales, etc.).                           

            Pocos saben que Darío tiene un breve poema dedicado a su madre, Rosa Sarmiento (1843-1895), que no incluyó en ninguno de sus libros.  El poema, escrito en su juventud, se lo dictó Darío ante de morir al padre del pintor Ramón Fina quien a su vez se lo recitó al poeta español Rafael Duyos, en Tanger, en 1940. Duyos le obsequió una copia de su transcripción del poema a Justino Sansón Balladares, quien, de España, se la envió a José Jirón Terán. Fue incluido en las “Poesías inéditas” de Darío, editadas en Madrid en 1988:  

Franklin Caldera  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

P O E S I A   P E R E G R I N A

 

Antología de poemas dedicados a la madre

   Carlos Martínez Rivas

Julio Cabrales

Rubén Darío

José Coronel Urtecho

María Teresa Sánchez

Jorge Eduardo Arellano

Daisy Zamora

Yolanda Blanco

Franklin Caldera

Ligia Guillén