Poemas de la

 Generación de los 90

 


Karla Sánchez  | Isolda Hurtado  |  Milagros Terán  |  Tania Montenegro  |  Helena Ramos  |  Abelardo Baldizón  |  Blanca Castellón  |  Carola Brantome  |  Danilo López  |  Marta Leonor González  |  Héctor Avellán  |  Ezequiel D’León Masís |  Juan Sobalvarro  |  Marcela Duchamp


 

 

 

 

Karla Sánchez

(León, 1958)

 

Locura congénita

            (..Tendí cuerdas de campanario a campanario; guirnaldas de

             ventana a ventana; cadenas de oro de estrella a estrella, y

            bailo)

                        J.A. Rimbaud

 

Puedo decir con precisión que esos versos tienen

un significado:

                        Motel en Soledad

Mezcla de lluvia soplando memorias

locura ancestral brotando rojas semillas

estimulando en suave caricia la noche que pasa

 

Las suaves manos de mi padre alisan

 

Sus dedos sella canto de rey sin súbditos

y una llama sólida

baile de continuo pensamiento-

eleva altisonantes monólogos

de lobo solitario

                        que aúlla tendido sobre el pavimento

 

Interminables volutas de nubes grises

brotan de su boca

depositando en cada uno

su carga de congénita locura

            así

                        grises volátiles entrelazan mi alma

            para ser arlequín o pensador

                        o simplemente

                                    ploma tornasol.

 


Isolda Hurtado

(Granada, 1957)

 

Florece el naranjo

Es hora de prolongar el ritmo donde reposa el silencio

crear vértigos

            tal vez el horror

afilar la ironía

            morirme de risa de mí misma

acariciar los bordes del mutismo a pura palabra.

 

            Al sol oculta su luz cada amanecer

En el tiempo mi espacio se agranda o disminuye

            Y mi amor enloquece

 

Las palmeras se agitan altas tras su fondo verde

las hormigas en fila disponen bajitas

faenas largas en corta vida

mas ni alta ni larga es mi espera.

 

Al labrar la tierra perfilan un sabor agridulce ciertos frutos.

Sí.  Así las horas pálidas de espanto me enterncecen

hasta explayar mis ansias sobre las avenidas

donde posa la tristeza.

 

Allí todo es mío y nada tengo

florece el naranjo

cuando el polvo barre la tarde.

 

Agosto 30, 2000

 

(De Florece el naranjo, CNE, 2002)

 


Milagros Terán

(León, 1963)

 

Común es el amor

Común es el amor en sus inicios

cuando extiende sus ramas y toca

tu cabello, y lamina de pulsos

la epidermis. Común cuando se desvanece

y es agua que se escurre por la pendiente

como cera ante el fuego.

Ordinario el destierro, su dolor

el cuchillo en el vientre,  la torre

de Babel y su infortunio.

Común ese desapacible insomnio

la góndola que aguarda agazapada

en la corriente donde el garfio iluminado

nos acecha. Frecuente la sonrisa,

la nostalgia de ayer, el futuro terror

y su placer, el motor de la vida,

la poesía.

   

(De Plaza de los comunes, 2001)

 


 

Tania Montenegro

(Estelí, 1969)

 

El ñatazo

..............................¡Oh Gsik!

Ella ama a varios hombres
que son eso y más.
El más provoca reacciones encontradas en todos,
algunos se sienten halagados con la observación
uno se niega totalmente a aceptarlo.
Ella ama a las mujeres escondidas en cuerpos masculinos,
por eso se siente lesbiano,
como también le gustan los hombres, se siente homosexual,
y, como es un hombre en el cuerpo equivocado
se siente lo que llaman transexual y bisexual.
Pero es feliz en el cuerpo femenino porque como en el fondo se siente ‘hombre’, le gustan las mujeres,
y se disfruta a sí mismo sintiéndose sí misma,
entonces Sí misma se ama toda.

Piensa:
El es una aguja cosida a la lengua, el manjar de una cena para dos.
El entra y sale sin entrar, sale y entra sin entrar...
y sin entrar-entra.
El acalora sin calor.
El duele y desaparece.

Y entonces llega ella.
Sí misma baila con ella espalda con espalda
y pantorrilla con pantorrilla.
Ellas se miran y enloquecen.
El sonríe.


 

Abelardo Baldizón

(Berlín, 1980)

 

Obito

En momentos extraños

Se olvida la monstruosidad.

 

Estas breves horas

Instantes de sosiego.

Entonces y para nada

Descansamos.

 


 

Blanca Castellón

(Managua, 1958)

 

Estación lluviosa

Mira la lluvia como si me vieras dibujando el paraíso. Entiéndela. Es la

misma humedad que te ofrezco en los días comunes. Huele la lluvia. Tócala.

Mójate las manos.

Escucha cómo se cuela mi silencio entre sus gotas.

   


 

Helena Ramos  

(Yaroslav, 1960)

 

 Almandina

Desgrana en un platillo

Suculencia de sangre.

Goética, grandiflora,

Atiza greñas nocturnas,

Desfoga la memoria

Ajena.

 

Mana en rostros,

Banderas

 

Desde la peña sola

De náyade y mártir.

 

(Tomado de la revista Tribal Literario, julio 2002)

  


 

Carola Brantome  

(San Rafael del Sur, 1961)

 

Para visitar una isla

Ah…coge entre tus manos

Las dos mitades

Como dos palmas resquebrajándose,

Que, repléganse borbotando

No quieren irse

Y

Huyendo-

Se pliegan

Al hondo gozo

De férreo cetro

Que no desiste derretirse

En sal.

Ahogado ya el ay quejido,

El fruto ungido es,

Y,

Santos óleos fluyen vencidos

Cuando el animal

Del agua salido ha.

 

(del libro Marea convocada, tomado de “Ruben’s Orphans: Anthology of Contemporary Nicaraguan Poetry”, selection and translation by Marco Morelli, Painted Rooster Press, New York 2001)

 


Danilo López

(Managua, 1954)

 

Alhambra

Entré, maravillado por la ceguera

o ciego por la maravilla.

La arquitectura que había soñado era

pequeña comparada con los jardines,

fuentes y muros que me contemplaban.

 

En una alcoba antiquísima,

un vano imitador de Mio Cid tocó el futuro con su espada

y tocó mis pupilas con su brillo.

Me contó lo que fue mi pasado.

Le referi lo que sería su futuro.

Ambos nos contemplamos incrédulous y

caminamos hacia el Salón de los Ecos.

 

En la mitad del ancho cuadro había

un círculo en el piso, una bóveda en el cielo.

Pequeños orificios adornaban las cuatro paredes.

Todo secreto susurrado en los orificios,

retumbaba en los oídos de quien estuviera

bajo la bóveda.

 

Antes de vernos desvanecer mutuamente,

tuvo valor para contarme su congoja.

Yo no tuve coraje para mostrale su verdadero destino.

Mil años después descubrí la misma mirada incrédula

en mi tataranieto, y las antiguas imágenes

volvieron lentas a juntarse.

Recordé las figuras del Patio de los Arrayanes,

las Fuentes abruptas de Mahoma

y las alfanjes blandidas por Alí.

 

En una esquina, arriba de los almenares,

dos soldados musulmanes jugaban su última partida de ajedrez

al sol.

El álgebra terminaba de inventarse

y mil diseños de un pórtico secreto

–que Le Corbusier quiso emular en vano-

se superponían en fachadas brasileñas,

goletas españolas y universidades americanas.

 

Comprendí que el destino que un día

oculté, tenía su heredero en aquel preciso momento.

Busqué, también sin éxito, un túnel al futuro y me encontré

en la misma rutina de jardines, fuentes y muros.

En una alcoba antiquísima un vano imitador de Mio Cid

tocó el futuro con su espada

 y ambos comprendimos la mágica trampa de que fuimos objeto

miles miles de años después.