Este nuevo espíritu que se propone en la obra de Yolanda Blanco abarca la sexual, lo político y también lo religioso como en "Oración", el último poema de Aposentos:

Resistencia de árbol, una serie de veinte y cuatro poemas breves, es una especie de regreso al paisaje de la inocencia de Así cuando la lluvia pero con una pureza lingüística mayor. Estos poemas, con su notable sutileza japonesa y su certeza infalible de tipo zen, demuestran una gran serenidad y paz interior. Hay un reconocimiento, sin embargo, de que el deseo de permanecer en la inocencia deshumaniza la experiencia convirtiéndola en una zona innecesariamente horrorosa y limitante en cuanto a la imaginación humana. La hablante lírica, después de abrirse un camino "dando con el mazo" en Aposentos, afirma su alianza trascendente con el mundo natural en Resistencia de árbol:

Steven F. White: St. Lawrence University, 1992

Tomado de la ponencia “La poesia de Yolanda Blanco: cantos de inocencia y de experiencia” presentada en Simposios en Nicaragua, Brasil y Chile.

Steven F. White ha escrito Poets of Nicaragua: 1918-1979, Poets of Chile: 1965-1985 and The Birth of the Sun: Selected Poems of Pablo Antonio Cuadra 1935-1985. También tradujo Poeta en Nueva York de Federico García Lorca, publicado por Farrar, Straus & Giroux.

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Hablar del natural funcionamiento del organismo de una mujer como mujer, supone desgarrar velos que cubren el “pudor” o la “moral” burguesa y, por tanto, los motivos se tornan subversivos. La subversión producto de la conciencia de ser mujer, sustenta plantarnos como mujeres: Gioconda Belli, por ejemplo, hace de un acto de reconocimiento una proclama:

Asimismo, leemos en Yolanda Blanco:

En nombre
del pubis
y de los senos
y de la santa mente
crezca mujer
Amén.
(”Oración”)

[...]

Otras de las voluntades formales es el uso del léxico y habla nicaragüenses, en procura de la identidad nacional en nuestros poemas. Yolanda Blanco, en esta dirección, ha dotado de poeticidad su palabra sólo apelando a la fonética, al léxico y a la semántica indígena y popular:

Llueve
en Teotecacinte Cusmapa
en Tepesomoto Cuspire Saslaya.
Grandes charcos
cubrieron los caminos del Sinecapa
el Tule Yaoya y Mayales.
Si vas a Limay llevá capote;
y también llueve en el Macuelizo
en Ciminguasca y Alcayán.
Todo es verdecito en Tisey en Totumbla.
Garúa en Güisisil.
Truena en Yeluca y Apají.
En Nandasmo temporal seguido.
Me he mojado en toda Nicaragua
ya llueve.
(“Llueve”)

Así, Yolanda Blanco enumera los insectos o salta de alegría adolescente ante la lluvia o el verano, nombra la tierra y desentierra objetos prehispánicos. Doncella, más que mujer, pero creando y poblando el mundo. El testimonio y la denuncia de la secular dependencia y sumisión de la mujer, son temas en los que Yolanda Blanco incursiona también con una poesía de protesta, transida de dolor e ira:

Virgen de Acahualinca: Torre Sitiada
Niña de Paraparos: Nieve Poluta
Doncella de Sinaloa: Rosa Violata.
Caen las muchas, las tantas
arrastran los yerros de lascivia verde
las demencias enjauladas
la libido de maqueados maletines.
Y el llagado desgarre contra natura
la crudelísima sangre involuntaria
los pechos encogidos para siempre.
Ay cuánto!
Cuánto escupirlo!
Aherrojarlo.
Lapidarlo.
(“Las rosas violatas”)

Daisy Zamora (Poeta nicaragüense. Ex Viceministra de la Cultura. Ha publicado los siguientes poemarios: La violenta espuma, En limpio se escribe la vida, Clean Slate)

Tomado de: La mujer nicaragüense en la poesía (Antología), Ediciones Nueva Nicaragua, Managua, 1992.

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Aposentos de Yolanda Blanco --vivienda de una valiosa poetisa-- es uno de los libros de más calidad producidos por autor nicaragüense en este último quinquenio. Ella pertenece al grupo de poetisas que enriquecieron la República de poetas de los años sesenta de adelante. Desgraciadamente ha sido otra víctima del éxodo. Su último libro apareció en Venezuela donde se licenció en Letras. Ahora reside en los Estados Unidos.

Pablo Antonio Cuadra    (Poeta nicaragüense. Maestro de generaciones de poetas nicaragüenses. Director del diario La Prensa. Entre sus obras cabe mencionar: Canciones de pájaro y señora, Poemas nicaragüenses, El jaguar y la luna, Cantos de Cifar, Siete árboles contra el atardecer.)

Tomado de: ”La Prensa Literaria” junio de 1989, Managua

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Anais Nin ha advertido en sus completos ensayos sobre la feminidad que cierto sector --obviamente mujeres-- al asumir la escritura y, en especial, la escritura que recrea, que aborda el cuerpo (y/o la sensualidad/sexualidad), han ‘doblado’ la voz del ‘otro’, del hombre, en un afán de desparpajo que en vez de permitirle hacer escuchar su canto-aullido (como diría Michaux) la convierte en un eco del discurso que ha implantado la masculinidad.

Pero la discusión no termina allí. Otros y otras se han debatido entre la existencia o no de una literatura femenina. de una ‘manera’ --incluyendo elementos formales-- de escribir propia de la mujer.

Un buen sector, en el que destaca la escritora italiana, que nos visitara recientemente, Dacia Mariani, prefiere decir que existen mujeres que escriben y hombres que escriben y que cada uno maneja códigos distintos, sobre todo los referentes a la intimidad, a la subjetividad.

En nuestro país, y en concreto, en lo referente a las jóvenes generaciones de poetas, esa discusión pica y se extiende. Se palpa una obsesión por definir dicho trabajo, por rotularlo.

No obstante, Yolanda Blanco, poeta nacida en Nicaragua y residenciada en Venezuela por largos años, licenciada en Letras, ex integrante del Taller Calicanto, con estudios en Arte en la Universidad La Touraine, de Francia, más que entrar en la discusión va al papel y con plena conciencia asume que hay que exacerbar la realidad femenina “para que reviente, porque si bien han cambiado algunas cosas, porque si bien hemos tomado conciencia de algunas cosas, muchas siguen igual”.

Y es que Yolanda Blanco se centra en ese tema --así lo confiesa-- respondiendo a una obsesión, a una gran necesidad. “Yo tenía que decir lo que he dicho en Aposentos. Quizá más adelante diga otras cosas”.

Ciertamente Aposentos, libro recientemente editado en la Colección Plural del Pen Club de Venezuela, es un manifiesto. Un manifiesto hecho sin fórmulas, pero innegablemente escrito por una mujer.

Nunca se diría que ese libro --comenta-- lo escribió un hombre. Y más que decir que es una escritura femenina podría decirse que es hasta feminista.

Yolanda Blanco dice feminista para explicitar el carácter cuestionador del mismo, el carácter de testimonio social que allí se recoge.

Al respecto agrega que la lucha está planteada, porque “la mujer busca definirse como busca el continente definirse. Se están como reestableciendo las relaciones hombre-mujer. La mujer se masculiniza, en el buen sentido, y el hombre se feminiza. La esperanza es que ambos ganen en este proceso”.

Por ello dice, al cierre de uno de sus poemas: “Para ser un mundo/ cuentas conmigo./ Para hacer otro mundo/ cuento contigo”.

Patricia Guzmán  (Poeta y ensayista venezolana. Directora de la página literaria de "El Universal", editora de la página literaria del Diario de Caracas. )

Tomado de Aposentos: El cuerpo para nombrar a la mujer” “El Universal”, Caracas, 1985.

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Después de una errática publicación de poemas primerizos en la revista universitaria Taller, No. 6 de 1971, Yolanda Blanco publicó Así cuando la lluvia, un cerrado y unitario poemario pluvio-céntrico y arbóreo, que la sitúan dentro de la calidad y línea de la poesía patria. Su poesía es el gozo de la criatura que percibe el mundo con pureza de corazón y vida de tan nueva que no tiene pasado, sólo la vecindad breve de la infancia y la adolescencia que recién termina. Su lenguaje mismo es de doncella en fiesta con la naturaleza, una comunión con ella antes de la manzana y los querubines guardando el jardín y el remolino de fuego lanzando rayos. Su actitud está hermanada a la del seráfico de Asís que predicaba a los pájaros y cantaba al sol y al agua como por mandato evangélico, en recaptura o asalto, por la gracia, al jardín de los orígenes. Aquí la lluvia, los nombres de la tierra, nombres de muchachos tímida pero alegremente mencionados; aquí los árboles y las plantas y los frutos y las hojas y las flores; aquí los insectos y el verano; aquí las aves; aquí la amistad; aquí la música y las orquestas. Aquí Yolanda.

Fanor Téllez  (Poeta nicaragüense. Subdirector de la Revista de Cuadernos Universitarios de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, León, 1974-1977. Entre sus poemarios están: La vida hurtada, Los dones del peregrino, El sitial de la vigilia.)

Tomado de: Poesía escogida de mujeres nicaragüenses, Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, León, 1975.


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